El hallazgo, publicado en la revista Nature, permite comprender el papel que ciertos genes juegan a la hora de determinar si alguien es alto o bajo y cómo éstos tienen una estrecha relación con enfermedades que causan problemas de crecimiento.
Fernando Rivadeneira, uno de los científicos que participaron en esta investigación bautizada Giant (en inglés significa gigante), explicó que la altura es un rasgo complejo en el que influyen tanto factores ambientales como la alimentación, pero que gracias a este trabajo se han podido determinar los genes que también inciden en la talla. El siguiente paso, aseguró, será buscar las alteraciones genéticas más raras.
De esta forma, se podrá predecir la estatura de los niños con un estudio genético y en caso de que no crezcan como se esperaba, detectar a tiempo alguna anomalía en su organismo.