La nanotecnología es uno de los campos más apasionantes de la ciencia actual. Si las conquistas de la era industrial fueron la invención del motor a vapor que impulsó los ferrocarriles y las factorías del siglo XIX, los logros que la nanotecnología podría alcanzar en las próximas décadas son de ínfimo tamaño, pero su alcance sin duda puede ser revolucionario.
Imagine por un momento que diminutos robots entren en su organismo para destruir células cancerígenas más eficazmente que cualquier fármaco conocido hasta ahora. Sueñe con materiales que, casi mágicamente, se reparen a sí mismos. ¿Ciencia ficción? Tal vez. Tal vez no.
Un grupo de investigadores de las universidades norteamericanas de Columbia y Arizona, y del Instituto de Tecnología de California lograron que dos robots construidos con moléculas de ADN (el material que compone nuestros genes) realizaran una serie de tareas básicas, como desplazamientos coordinados, que les dan esperanzas para pensar en la posibilidad de lograr que un organismo de estas dimensiones pueda llevar a cabo instrucciones más complejas; aún mejor, los resultados obtenidos en las pruebas, publicados en la revista científica Nature, abren la puerta para que estas máquinas orgánicas (si el término no es un contrasentido) operen en conjunto y puedan, eventualmente, tomar decisiones de acuerdo con un cúmulo de datos e información.
Uno de los mayores problemas que enfrentan los diseñadores de este tipo de tecnología es cómo comprimir la información que un robot necesita para su operación en el interior de una molécula. “El funcionamiento de los robots tradicionales depende del almacenamiento interno de una representación de sus objetivos y del ambiente en el que se desempeñan”, se lee en un aparte del informe de los investigadores. La respuesta a este desafío fue una especie de codificación del entorno en el que se mueven los nanorobots. Entonces, en vez de guardar complejas instrucciones en el interior de la estructura molecular, el organismo debe seguir una serie de parámetros que de cierta forma están expresados en su medio.
Mediante este enfoque, el equipo de científicos logró que los robots realizaran secuencias de acciones como avanzar, parar, seguir a otro robot y girar, de la misma forma que lo haría uno de sus primos de gran tamaño que ensambla carros en una línea de producción, por ejemplo. Los investigadores no descartan que una vez se mejore todo el proceso, los robots incluso podrán modificar su entorno, lo que potencialmente sugiere que el organismo sería capaz de tomar sus propias decisiones mediante el cambio de las instrucciones que sigue.
Las aplicaciones de este tipo de mecanismos pueden ser ilimitadas y prometen un revolcón en diferentes sectores, como la industria de la computación, que bien podría aprovechar pequeños obreros que ensamblen materiales diminutos que hoy en día son apenas un sueño para la construcción de circuitos y procesadores. Cabe aclarar que estos nanorobots serán capaces de trabajar con materiales orgánicos e inorgánicos, lo que los convierte en una fuerza laboral para tener en cuenta en los próximos años.