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Luis Peña Bonilla: diario de una locura

La última prueba de supervivencia revelaría su desvarío y habría causado su muerte.

17 de junio de 2010 - 12:19 a. m.
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“Un alma gemela en el mundo, para que se cumplan los sueños de la raza humana. Cualquier cosa en el universo puede contar la historia de todas las cosas”. Es apenas una de las tantas frases sin sentido que consignó el intendente Luis Hernando Peña Bonilla en un cuaderno malgastado, en el que no dedicó ni una sola palabra a los suyos, y que ofició como una especie de diario de cautiverio. En el año 2002 el cuaderno fue enviado a su familia como prueba de supervivencia. Fue la última.

El diario del suboficial —plagiado el primero de noviembre de 1998 en la toma de Mitú—, ofrece pistas certeras del desvarío que se lo fue carcomiendo en lo profundo de la selva. Y refrenda la versión que entregó el intendente Armando Castellanos Gaona, rescatado durante la ‘Operación Jaque’: Peña Bonilla enloqueció. Hoy, 21 páginas compuestas por frases que no se relacionan entre  sí y dibujos que se alejan de figuras de la realidad, parecerían reflejar el estado de enajenación mental que se lo fue tragando a destiempos.

Más allá de los rumores que lo dan por muerto, nada se ha vuelto a saber del oficial Peña Bonilla desde hace ocho años. Los ex secuestrado coinciden en la misma versión: su demencia se habría vuelto insoportable para sus captores y habría sido asesinado a sangre fría en 2003. “Me dicen  que se aislaba mucho, que gritaba de la desesperación”, cuenta su hermana, Elsa Peña, mientras trata de explicar los garabatos contenidos en el diario. Dice ella que los hizo para tratar de escapar de la depresión del plagio, aunque tampoco se atreve a interpretarlos.

Según la versión del intendente Castellanos —que coincidió con el  año en que arribó el diario a la casa de los Bonilla—, el ‘carcelero’ Helí Mejía, más conocido como Martín Sombra, retiró al suboficial del campamento por su delirio y luego ordenó su asesinato, para lo cual consultó al Mono Jojoy. El crimen, relató Castellanos, se había perpetrado en San Vicente del Caguán (Caquetá), y allí mismo cavaron su tumba y lo enterraron con todo y cadenas. Una versión que contrasta con la que le entregaron algunos desmovilizados a Elsa Peña. Le dijeron que su hermano había sido remitido a una unidad psicológica. ¿En la selva, acaso?

Para Leonor Bonilla, madre del suboficial desaparecido hace ocho años, las esperanzas de tener noticias se esfumaron cuando el recién rescatado general Mendieta dijo sobre él que hacía rato no sabía de su paradero. “Él fue la última persona que lo vio con vida, después de su liberación (la de Mendieta) nadie distinto de las Farc puede darme razón del paradero de Luis Hernando”, afirma la mujer de 62 años que se rehúsa a darlo por muerto. Elsa tampoco claudica en sus ilusiones, aun cuando el propio Mendieta, sin mayores detalles, le relató que la locura de Peña fue su sentencia de muerte.

Ya van 11 años y 7 meses de incertidumbre para los Peña Bonilla. Hoy más que nunca la familia está de acuerdo con que cada día que pasa se van perdiendo las ganas de seguir luchando. Su diario,  el último recuerdo que conservan del oficial, reside intacto en el apartamento de Elsa, en Bogotá. Ella sabe que en ese cuaderno consignó las pistas de su desvarío. En uno de los fragmentos del diario, Peña Bonilla escribió: “Alá creó los ejércitos y los pájaros”. Más adelante reseñó lo siguiente: “Del sentimiento que damos a los grandes reinos, del reino universal depende nuestro destino…”. Y también describió: “Un elemento positivo: Dios; un elemento negativo, una pistola; los pensamientos siempre vas en ascendencia”.

Por momentos, sin embargo, pareciera que un toque de cordura invadiera su pensamiento y que salieran a relucir apuntes coherentes que hacen alusión a las clases de inglés que el liberado Alan Jara dictaba a sus compañeros de secuestro. Era la otra cara del intendente Peña Bonilla, una que trataba de salvar su genio alegre. Sus familiares aún navegan por las aguas de la incertidumbre y pretenden confrontar a Martín Sombra:. “Es la única persona que puede decir dónde está mi hermano”, concluye Bonilla y añade que la demencia de Luis Hernando Peña se dio por las humillaciones del secuestro y un cautiverio infame lejos de su familia.

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