A finales del año pasado, en época de multitudinarias marchas estudiantiles en contra de la reforma a la ley 30, un día la Universidad del Rosario amaneció con una serie de pendones que rezaban: “Así NO es el Rosario”, un mensaje acompañado de imágenes violentas: papas bomba, encapuchados, grafitis. A su lado pendía otro cartel con el anuncio: “Así SÍ lo hacemos los rosaristas de verdad”, junto a imágenes de jóvenes muy bien puestos.
Se trataba de una “campaña pedagógica” —en palabras del rector de la institución, Hans Peter Knudsen— que pretendía mostrar que en esta universidad “no había necesidad de representaciones violentas” para discutir las implicaciones de la reforma a la educación, sino que el debate se hacía en espacios de discusión serios.
El problema fue que así no lo interpretaron muchos estudiantes, quienes —como lo reconoce el mismo Knudsen— manifestaron que se sentían estigmatizados por marchar en las calles. Hubo una sensación de malestar entre muchos rosaristas que veían que, mientras afuera el movimiento estudiantil se hacía cada día más fuerte, en su claustro los estaban cohibiendo. “Algunos estudiantes lo consideraron una agresión, pero nuestro objetivo era enseñarles que había otros espacios y por eso abrimos un escenario de análisis y reflexión”, dice el rector.
En los pasillos de la universidad empezó a correr el rumor de que las facultades de Sociología y Antropología iban a ser cerradas. Luego se aclaró que no se trataba de un cierre sino de la suspensión del ingreso de nuevos alumnos. Según algunos estudiantes y egresados, este hecho tiene relación directa con la posición de la universidad frente a las marchas. “En esa época la participación directa de Sociología y Antropología en las protestas era muy fuerte. Algún día las marchas terminaron en disturbios en la universidad y eso provocó ese problema”, relata un recién egresado de la Facultad de Sociología.
A raíz de esto nació un grupo en Facebook llamado “No al cierre ‘temporal’ de las carreras de Sociología y Antropología en la UR”, que todavía sigue activo, con 171 miembros. También circuló una carta en rechazo a esta decisión, con fecha del 2 de diciembre de 2011 y firmada por los “estudiantes y egresados de los programas de Antropología y Sociología”. Los firmantes advierten que “es preciso tener en cuenta las graves consecuencias que se darían para los egresados (…) al momento de participar en una convocatoria laboral y académica, si sus carreras pierden prestigio con cierres temporales u obstáculos permanentes”.
También se critica el silencio con que la universidad manejó el asunto. El exalumno consultado coincide con esta afirmación: “Muchas de las cosas se han manejado de manera encubierta, fragmentada. A los profesores se les informó un día que se cerrarían las inscripciones porque se tenían que replantear los estándares de calidad de los estudiantes, porque los que estaban ingresando no tenían las características intelectuales ni morales para hacer parte de la universidad. Todo esto fue a partir de rumores. Nunca existió un comunicado oficial”.
El rector Knudsen responde que la intención era revisar procesos de admisión, “porque detectamos que estaban ingresando estudiantes con puntajes del Icfes muy bajos. Debíamos ser más exigentes”. Finalmente, la universidad desistió del cierre temporal.
“Pero esto sucedió un mes después —sostiene el egresado—, cuando los interesados en estas carreras ya habían buscado otras universidades. Se matriculó mucho menos gente de lo normal, lo que pone en riesgo el sostenimiento del programa”.
El rector advierte que mucho de lo sucedido pudo no ser más que “un mensaje equivocado”, y enfatiza que en el Rosario la voz de los estudiantes siempre ha sido escuchada.