¿Están los universitarios colombianos tras un mayo francés?
Hace 44 años, en Francia y en otras partes del mundo –Alemania, Italia, Perú, México, China, Polonia, Colombia, la antigua Unión Soviética, entre otros- se vivía la manifestación más grande que los estudiantes han podido desarrollar, un fenómeno social. Se estaba luchando por un cambio en las estructuras estudiantiles que más adelante se vería nutrida por reclamos de diferentes sectores sociales, movimiento que resquebrajarían la historia.
El movimiento estudiantil francés de Mayo del 68 nació por la necesidad de cambiar y reformar las instituciones universitarias y el atrasado sistema educativo que se vivía. Para muchos alumnos el preguntarse sobre su futuro era tema de preocupación porque temían que una vez titulados no obtuviesen empleo.
Las universidades colombianas, y en especial las públicas, se han caracterizado por sus revueltas y paros estudiantiles, “algunas veces marchan por ideales y reclamos justos, pero en otras ocasiones la violencia sin conciencia es la que predomina estos actos. En otras oportunidades se involucran personajes ajenos a instituciones, y obviamente los alumnos son los que quedan como vándalos”, dice Efraín Castro, historiador de la Universidad Nacional de Colombia (UN).
¿Los estudiantes colombianos tienen el mayo francés como un ideal revolucionario?
Para Consuelo Vanegas, ama de casa, las protestas estudiantiles traen desorden a las ciudades, revueltas y heridos: “Ya ni saben por qué protestar, creo que día a día piensan qué hacer para destruir la propiedad privada, acá en Bogotá por ejemplo el Transmilenio, un servicio de todos los capitalinos, que siempre se ve afectado por unos cuantos vándalos”. Mirada que no coincide con Gloría Gacha, otra ama de casa: “mi hijo estudia en una universidad pública, y sé los esfuerzos que hace para poder estudiar –no solo económicos, sino también académicos–, así que cuando sale a protestar de manera pacífica yo lo apoyo de corazón, porque quiero que tenga las oportunidades que yo no pude tener, quiero que salga adelante en su vida, y no que por el interés de unos pocos se vea afectado su estudio”.
En octubre del año pasado nuestro país vivió un hecho similar con estudiantes de universidades públicas y privadas, cuando salieron a protestar en contra de la reforma a la Ley 30. “Cuando recuerdo esa protesta en contra de la reforma estúpida, siento que de algún modo estábamos detrás de un mayo francés. Es que no podemos dejarnos guiar como ganado manso por el gobierno, y menos cuando de educación se trata, sencillamente porque es nuestro futuro el que está en riesgo y no el de ellos”, afirma René Lora, graduado en estudios literarios de la UN.
Yecid Calderón Rodelo, profesor universitario y filósofo de la UN, opina al respecto que “lo que pasó con la reforma de educación, la cual los estudiantes lograron tumbar, tuvo en principio muchos visos de lo que fue Mayo del 68, pero obviamente hay que mantener las proporciones, guardar sus diferencias entre un acontecimiento y otro. Mayo del 68 fue el momento en el que no solamente lo estudiantes irrumpieron en la escena pública exigiendo reformas, sino en general toda la sociedad, incluyendo la emergencia de los profesores que en ese momento eran nuevos –eran profesores de 25 a 30 años, como Michel Foucault, Félix Guattari, entre otros–, de muchos intelectuales que en este momento aun marcan una pauta en los estudios sociales, en los estudios culturales y en los estudios filosóficos”.
¿Los intelectuales colombianos aportan a los universitarios para fomentar un cambio en las estructuras sociales?
“A mí por ejemplo en la Nacional no me enseñaron filosofía de la liberación; me enseñaron a leer a Marx, Nietzsche, Kant, Descartes, Platón, Aristóteles, entre muchos otros –eso sí, muy bien–, pero no me enseñaron a ver mi realidad y siempre tenía esa inconformidad; por esa razón busqué lugares en América Latina donde pudiera tener esa educación critica de la cual adolecía en Colombia sencillamente porque no hay”, dice Calderón.
“Cuando uno es formado como intelectual en Colombia nunca le ponen a leer los textos de los intelectuales que te dictan clase, cosa que sí pasaba en Mayo del 68, por ejemplo Michel Foucault dictaba clase en aquel acontecimiento. Y eran textos críticos, que son los que aún hoy en día leemos y pagamos un “cojonal” de dinero por ellos, siguen siendo los autores de nuestro tiempo, pero que es un tiempo que sigue colonizado, entonces los intelectuales latinoamericanos en su mayor parte, pero sobre todos los colombianos lo único que hacen es repetir las doctrinas dominantes y hegemónicas que visibilizan fácilmente las voces disidentes; son filósofos de gabinete, para ellos la teoría va por un lado y la vida real por otro, les hace falta algo que Marx llamaba praxis”.
Los intelectuales en Colombia no hacen obra, sencillamente repiten las de los grandes pensadores mundiales y tratan de aplicarlas en nuestro contexto que es totalmente diferente, repiten lo eurocentrista.
¿En Colombia se puede aspirar a un mayo francés?
“Si seguimos bajo ese paradigma y sigue operando como una especie de ideal, pero nosotros como periferia, como Latinoamérica, como la parte trasera de la modernidad no podremos tener nunca un mayo del 68; sería muy interesante que pudiéramos agenciar una forma de resistencia realmente novedosa. No necesitamos imitar un paradigma; tengamos en cuenta que las problemáticas que tenemos son muy nuestras y muy particulares. Qué bueno sería que pudiéramos tener un Mayo del 68 en Colombia donde todos los intelectuales se unieran, donde todas las partes que quieren ser reivindicas lo hicieran también”, agregó Yecid Calderón.
“A nosotros –dijo– nos falta la unidad, porque somos personas muy “colonizadas”, por su parte, los francés no son colonizados, por el contrario son colonizadores, entonces por eso pudieron también tener un mayo del 68 a la altura del acontecimiento que conocemos, que consistió en fracturar la historia en un antes y en un después y lograr que todos los fenómenos contemporáneos en estética, en arte, en filosofía, en literatura, y en los diversos campos se transformarán”.
Una mirada social
Los estudiantes colombianos están tras un cambio estructural en la sociedad, que se ve reflejado con actos como marchas y protestas cuando es “tocada” la educación. Un ejemplo claro de ello, fue la fallida reforma a la Ley 30, donde decenas de estudiantes se pusieron de acuerdo para frenar un acto ya establecido por el gobierno.
Al igual que en el mayo francés, los estudiantes hoy en día se preocupan por su futuro académico y profesional, el ideal para ellos es graduarse y obtener un puesto de trabajo remunerado de la forma más adecuada y contando con herramientas a la altura requerida; por otro lado, los estudiantes también buscan que la universidad mantenga un buen nivel académico, y de esta forma que prevalezca la educación de calidad.
“Cuando la marcha es por una razón justa, y sé que como estudiante me afecta, sencillamente salgo a protestar. Me pregunto a veces ¿quién saldría si no nosotros a reclamar nuestros derechos? Créame que el gobierno no, mientras menos plata tengan que dar, es más beneficioso para ellos; lo que no analizan es que somos el futuro del país”, concluye Andrés Mayorga, estudiante de agronomía de la UN.
Por Camilo Jiménez, colaborador de Soyperiodista.com