“Toda la población está en la cama con un titirimundi en la cabeza, con un volcán en el pecho, con los ojos como dulces de moras y las narices como un pimiento morrón, pero feliz de haber sido atacada por una epidemia mundial, por una enfermedad auténticamente nacida, criada y cebada en el extranjero. Aquí lo exótico nos chifla”. Así describía un periodista de la revista Cromos, que firmaba bajo el seudónimo Dr. Mirabel, la incipiente pandemia de influenza que en todo el mundo terminaría por cobrar la vida de al menos 50 millones de personas.
El artículo titulado “Su excelencia la gripe” fue uno de los documentos que sirvió a los investigadores Abel Fernando Martínez, Fred Gustavo Manrique y Bernardo Francisco Meléndez, del Grupo de Investigación Historia de la Salud de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, para reconstruir la evolución de la epidemia en Bogotá.
Dicen los investigadores que el inicio de la epidemia fue tan abrupto que tomó por sorpresa a todos los organismos de salud de la ciudad, obligándolos a crear la llamada “Junta de Socorros”, para responder a una gripe que terminaría haciendo estornudar al 80% de la población bogotana. Se calcula que cobró la vida de 1.900 personas de las 141.639 que habitaban la capital.
Según los diarios de la época, la gripe empezaba “en medio de las ocupaciones habituales y después de la corta incubación empieza por un frío intenso, dolor de cabeza, huesos y de lomos; catarro de los ojos, de la nariz y de la garganta; malestar, borrachera, desvanecimiento, bostezadera y estiramiento de brazos, náuseas y a veces vómito…”.
En cuestión de días la ciudad quedó desolada: “Las oficinas públicas, los colegios, la universidad, las chicherías, los teatros estaban vacíos; los servicios urbanos se colapsaron; la policía, el tranvía, el tren y los correos se paralizaron, porque la mayoría de empleados enfermaron”.
Un poco más conmovedor resultan los tratamientos que el doctor Jorge Laverde, de la Universidad Nacional, sugeriría para sus compatriotas. Para las formas benignas, el reposo, las limonadas, la leche, los huevos y las bebidas con licor. “Para el estreñimiento, purgantes, para la fiebre, quininas, para los síntomas pulmonares, expectorantes; para los síntomas gástricos, vomitivos; y para los fenómenos nerviosos, bromuros y valeriana. Por alimento, leche, sagú y té y una agua aromática por bebida”.