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«Mi hijo es un milagro»

Rafael Klug, padre del muchacho que estuvo entre la vida y la muerte, después de que fuera lanzado contra el pavimento por un vehículo conducido por un abogado ebrio, revive el drama de su hijo.

09 de octubre de 2010 - 09:00 p. m.
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Afirma que el causante de la tragedia se quedó sentado frente al timón más de 40 minutos, semidormido, luego de atropellar a cinco personas. Y relata los ‘milagros’ que salvaron a Daniel Klug.

Cecilia Orozco Tascón.- Usted se encontraba con su hijo cuando él y otras personas fueron atropellados por un vehículo conducido por un borracho. ¿Cómo recuerda ese momento?

Rafael Klug Unger.- Estábamos estacionados a un lado del carril de Transmilenio en la Autopista Norte, debido a que intentábamos llegar a un acuerdo por un choque simple entre el carro que conducía Daniel (17 años) y el de la señora que murió. Eran cerca de las once de la noche. Cuando firmamos, abracé a mi hijo y le dije: “Bueno, esto ya pasó, pero hay que aprender de la experiencia”. De pronto, miro la Autopista y veo un carro sin luces, que venía muy rápido hacia nosotros. No alcancé a reaccionar y ya el vehículo estaba golpeando una de las motos de la Policía que había parqueadas unos metros antes. Como el carro siguió, pese al choque, grité y me lancé a un lado. Cuando me paré, empecé a buscar a mi hijo y no lo encontraba hasta que lo vi tirado en el pavimento, muerto. Había mucha sangre a su alrededor.

C.O.T.- Usted ha dicho que su hijo fue reanimado por un médico que apareció de repente a su lado. ¿Eso es así?

R.K.U.- Sí. Cuando estaba arrodillado junto a Daniel, convencido de que no había nada que hacer, vi a alguien parado a mi lado. Era un hombre de mediana edad. No sé de dónde salió ni quién era y nunca lo volví a ver después de ese instante. Me dijo: “Soy médico, déjeme examinarlo”. Le contesté que estaba muerto. Me insistió: “Permítame verlo”. Se inclinó sobre él y me indicó que le tocara el tobillo y la rótula. En segundos, aseguró que había encontrado el pulso. Daniel, que antes estaba quieto y con la mirada fija, comenzó a hacer unos movimientos leves. El médico me pidió que no lo dejara moverse. Cuando volví a levantar los ojos, él ya no estaba ahí, pero había una ambulancia, parada a mi lado. Subimos a Daniel y mi esposa se fue con él.

C.O.T.- ¿De dónde salió la ambulancia?

R.K.U.- No sé. Supongo que venía por la Autopista. En todo caso, fue una gran coincidencia. Una tragedia absurda casi mata a mi hijo y muchas casualidades ayudaron a que hoy esté con vida.

C.O.T.- ¿Qué pasó con el médico?

R.K.U.- No sé. No lo volví a ver. Tampoco estaba con los otros heridos.

C.O.T.- ¿Le gustaría conocerlo?

R.K.U.- Varias veces le he enviado mis agradecimientos a través de los medios, pero no se ha manifestado. No volvió a aparecer.

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C.O.T.- Supongo que cree en los milagros.

R.K.U.- Es que Daniel es un milagro. Hoy está vivo y también resistió cuando apenas recién nacido presentó un problema en los pulmones que lo tuvo en cuidados intensivos más de un mes y salió adelante. Con este accidente pasó lo mismo. Al otro día de hospitalizado tuvo unas horas críticas por una gran hemorragia interna que se le presentó. Le tuvieron que hacer muchas transfusiones. En cuanto sellaron la arteria abierta, Daniel empezó a estabilizarse. Tres días después lo iban a operar de la pelvis para ponerle unas platinas y tornillos que necesitaba porque la cadera estaba rota. Cuando estaba listo para la operación, mi hijo ‘broncoaspiró’, se contrajeron los pulmones, le dio un paro cardiaco y ‘murió’ otra vez. La reanimación duró una hora y alcanzaron a contabilizar 18 minutos sin oxigenación en el cerebro.

C.O.T.- Se sabe que en esos casos el daño cerebral es irreversible. ¿Los médicos le explicaron por qué a Daniel no le pasó nada?

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R.K.U.- No se lo explican ellos mismos. El médico que recibió a Daniel cuando llegó a la clínica, siguió reanimándolo a pesar de que sus colegas le decían que no insistiera. Él lo revivió, pero tuvo que inducirle un coma profundo. En ese momento nos advirtieron que no había actividad cerebral y que teníamos que esperar unas horas para saber en qué estado quedaría. Pasados dos días me acerqué a mi hijo, le apreté el brazo y le dije: “Aquí esta papá”. Él movió la cabeza. Los médicos no lo podían creer. Después, empezó a recuperarse, pero con el susto de saber cuáles daños podía tener su cerebro. Otra vez ocurrió un milagro: no hay ninguno, al menos hasta ahora, y esperamos que siga así.

C.O.T.- ¿Es verdad que hubo una tercera crisis cuando se creía que no iba a haber más inconvenientes?

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R.K.U.- Sí. Pasaron cuatro semanas largas y Daniel iba a salir de cuidados intensivos cuando empezó a hincharse. Le tomaron una ecografía, lo drenaron y nada daba resultado. Los médicos nos dijeron que tenían que operarlo porque estaba con fiebre y creían que había infección. Menos mal que intervinieron rápido, porque tenía peritonitis generalizada. Tuvieron que dejarle abierto el estómago. Con su mejoría, los médicos dijeron que era conveniente trasladarlo a la casa para evitar los virus hospitalarios. Ahora su condición sigue siendo delicada, porque perdió casi la totalidad de su masa muscular, pero la casa y las terapias le han servido para avanzar.

C.O.T.- ¿En total cuántos problemas físicos tuvo Daniel?

R.K.U.- En el cráneo tuvo tres o cuatro fracturas que a la postre afectaron su oído derecho, el cual está prácticamente perdido. Eso lo descubrimos hace sólo unos días. Tuvo dos costillas rotas, más la cadera y la pelvis. Venturosamente, no hubo daños en la columna vertebral. Ese es otro milagro y fue una gran suerte, porque los golpes le afectaron los dos lados pero no tocaron la columna. Después vinieron el paro cardiaco, la infección pulmonar y la peritonitis.

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C.O.T.- En esta historia todo es asombroso: el accidente es absurdo y sorprendentes las sucesivas “muertes” y recuperaciones de su hijo. ¿No ha pensado en eso?

R.K.U.- Le cuento: mi esposa y yo tenemos tres hijos: la mayor, de 19 años; Daniel, de 17, y la pequeña, de 14. Pero al comienzo estuvimos intentando tener hijos durante 9 años y ya nos habíamos dado por vencidos. Nosotros no éramos muy creyentes hasta un día que yo estaba en Ecuador. Unos amigos me dijeron que fuéramos a visitar a la Virgen de Cuenca, que era muy milagrosa. No sé por qué cogí el teléfono y llamé a mi esposa. Ella tomó el avión y fuimos. Llegamos a una especie de vallecito donde había un jardín con la imagen de la Virgen. No había ni curas ni monjas, y eso me gustó porque pensé que con ellos podía haber trucos. Le rezamos y le pedimos un hijo. Al mes, mi esposa ya estaba embarazada. Hoy somos muy creyentes. Creo que esa fe salvó a Daniel.

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C.O.T.- Fuera de las consecuencias físicas, es lógico imaginar que su hijo está sufriendo cambios psicológicos. ¿El impacto es notorio?

R.K.U.- Sí, totalmente. Después de este accidente, y pese a que siempre fue muy tranquilo, Daniel está tremendamente maduro, como si fuera mucho mayor de la edad que tiene. Él se acabó de “construir” con el accidente. Como digo yo, fue por “instrucciones” al otro lado y volvió.

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C.O.T.- ¿Cuál es su condición actual?

R.K.U.- Todavía habla con dificultad porque estuvo intubado mucho tiempo y las cuerdas vocales tardarán en estar bien. Está empezando a pararse con ayuda del caminador, aunque padece de mucho dolor y tiene que hacer varias terapias al día. Como no pudieron operarle la cadera por las complicaciones, a Daniel lo curaron a la antigua, con un sistema externo de soldar los huesos fracturados. Los médicos están esperando unos días y si no funciona, tienen que operarlo. Ellos aspiran a que Daniel pueda caminar dentro de unos tres o cuatro meses y si no hay ninguna novedad, dicen que podría estar recuperado dentro de un año.

C.O.T.- Se sabe que el abogado causante de esta tragedia venía de celebrar con licor un triunfo profesional. Pero, ¿qué hacía Daniel, de dónde venía y con quién estaba?

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R.K.U.- Él venía de regreso a casa con una amiga suya. Estaban haciendo deporte.

C.O.T.- Cuando la ambulancia se llevó a su hijo, ¿se fijó en el hombre que lo atropelló? ¿Qué imagen le quedó de él?

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R.K.U.- Me quedó grabada su imagen desde cuando venía derecho hacia nosotros. Recuerdo perfectamente el aspecto de su cara cuando iba pasando por los postes de luz, pero no veía sus ojos. Estaba dormido. Con decirle que no puedo acordarme de su mirada ni siquiera cuando estaba parado frente al carro destrozado que conducía Daniel, porque después de atropellar las motos y el vehículo, y cuando la gente ya estaba tirada en el pavimento, él no se bajó ni intentó hacerlo. Siguió aferrado al timón y lo movía como si continuara manejando, pero con los ojos cerrados.

C.O.T.- ¿Cree que no se percató de lo que había hecho?

R.K.U.- Estoy seguro de que no se dio cuenta sino mucho después.

C.O.T.- ¿Cuánto tiempo estuvo sentado en el vehículo después del atropellamiento?

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R.K.U.- Hasta cuando los agentes le leyeron sus derechos, es decir, unos cuarenta y cinco minutos después.

C.O.T.- ¿Usted ha hablado con él directamente o por teléfono?

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R.K.U.- No. Hace unos días él y su apoderado mandaron a decir que querían conversar con nosotros. Pero les contestamos que hablaran con nuestro abogado, porque no estamos preparados para verlo. Eso no quiere decir que le guardemos rencor.

C.O.T.- ¿Les han hecho alguna oferta de conciliación?

R.K.U.- Hace una semana, el apoderado de él se comunicó con mi abogado y le dijo que ya había llegado a acuerdos con los familiares de la señora muerta y con los demás heridos.

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C.O.T.- ¿A ustedes les interesa conciliar o prefieren el camino legal?

R.K.U.- Dejamos esas decisiones en manos de nuestro abogado.

C.O.T.- Si se lo encontrara de repente, ¿qué le diría?

R.K.U.- Me es muy difícil pensar en eso. Más bien le pido a Dios que ilumine a los jueces que tratarán este caso. Ellos tendrán que hacer su labor y él deberá asumir las consecuencias de lo que causó. Todo lo que uno hace, tiene efectos. Que no se entienda como una venganza, pero quien ocasionó este terrible accidente debe asumir el resultado por el enorme dolor que provocó su irresponsabilidad.

C.O.T.- ¿Habla así por el dolor físico de Daniel y por el emocional que usted sintió?

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R.K.U.- Por toda la familia, pero especialmente por el daño que le hizo a Daniel. Usted no sabe lo que es verlo postrado en una cama con varillas en las caderas, cadavérico. Sólo se le ven los ojos de lo delgado que está. Usted no sabe lo que es sentir el dolor físico que él está padeciendo y el dolor espiritual de la muerte de un hijo. ¡Es que Daniel se me murió dos veces en cuatro días! La familia se alteró por completo.

C.O.T.- ¿Cuál castigo cree que merece el abogado Abello?

R.K.U.- No soy yo quien lo decide. En todo caso, debe haber reparación y justicia para Daniel, el más afectado de los heridos, que tuvo que interrumpir su vida de estudiante y que no sabe aún cuáles secuelas tendrá, ojalá ninguna.

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C.O.T.- Ustedes y las familiares de la señora que murió se encontraban en la Autopista por un choque leve entre los dos vehículos y discutieron mucho tiempo. ¿No ha reflexionado sobre la tontería de arriesgarse a estacionar en esa vía rápida por un incidente tan sencillo?

R.K.U.- No he conversado con ellas de ese tema. Sin embargo, coincido con usted: fue una tontería. Desde el principio les dije que nos retiráramos porque era peligroso, pero ellas querían esperar a que llegara la Policía de Tránsito.

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C.O.T.- ¿Es cierto que usted ha pensado en dedicar parte de su tiempo a las campañas de prevención de accidentes de tránsito por consumo de alcohol?

R.K.U.- Conversamos con mi señora sobre ese tema desde cuando Daniel estaba en cuidados intensivos y sin saber si iba a sobrevivir. Cuando se formó esa enorme cadena de oración en la que participó gente de varias religiones, colegios y otros grupos que se armaron por solidaridad con nuestro hijo, se me ocurrió pedir que creáramos una cadena de responsabilidad para que la gente que esté con alguien pasado de copas, lo proteja e impida que haga una tontería. Esa cadena incluye, por supuesto, a los dueños de los locales donde se vende licor. Su responsabilidad no termina en la puerta del bar. Si cada uno se responsabilizara de lo suyo, se salvarían muchas vidas.

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C.O.T.- Disculpe le pregunto por un aspecto de su vida privada: ¿Usted toma licor y se pasa, a veces, de tragos?

R.K.U.- Lo paradójico es que somos una familia de poca vida social. Vamos ocasionalmente a una comida o a otras reuniones de amigos. Pero muy rara vez me tomo un trago. No me gusta y siempre me han caído mal los borrachos.

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C.O.T.- ¿Y su hijo? Ya tiene 17 años y muchos a esa edad se embriagan con frecuencia.

R.K.U.- Daniel jamás ha llegado a la casa pasado de copas. Por el contrario, él se encarga de cuidar a sus amigos.

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El accidente que conmovió al país

El causante del atropellamiento a cinco personas, de las cuales una murió, otra (Daniel Klug) quedó gravemente herida y tres más sufrieron fracturas y luxaciones, fue el abogado Fernando Abello, quien actualmente está detenido en su domicilio. El incidente ocurrió el 20 de agosto pasado, a las 11 de la noche, en la Autopista Norte de Bogotá, cuando Abello conducía después de haber consumido bebidas alcohólicas. Varios miembros de la familia Klug y parientes de la señora Zoila Rosa Pardo (fallecida) se encontraban en el sitio con agentes de tránsito resolviendo un choque que habían sufrido sus dos carros. Fue cuando apareció el vehículo de Abello, que nunca frenó ni viró hacia el centro de la vía.

Por el contrario, siguió derecho, se llevó por delante las dos motos policiales y arrastró un Mercedes de propiedad de los Klug. Una de las motos cayó sobre la señora Pardo, matándola en el acto. Las demás víctimas fueron disparadas contra el pavimento por el carro de Abello. Éste ha sido acusado por la Fiscalía de homicidio agravado y lesiones personales agravadas en la modalidad de dolo eventual. Según una reciente sentencia de la Corte Suprema, esos delitos en tal modalidad pueden tener una pena de 18 a 20 años de cárcel.

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Qué dicen los abogados

Nicolás González, penalista de la familia Klug: “La familia Klug se ha constituido en víctima dentro del proceso penal que la Fiscalía abrió de oficio por este caso, el cual se encuentra en etapa de audiencia de formulación de acusación. Se buscará que se garanticen los derechos de justicia, verdad y reparación de Daniel Klug, cuya vida y salud quedaron gravemente comprometidas. Se ejercerá también el correspondiente incidente de reparación integral, encaminado a que se reconozcan los perjuicios de orden material y moral que sufrieron el menor y su familia”.

Fernando Mejía, abogado de Fernando Abello: “Abello venía sufriendo depresiones fuertes y sentimientos de culpa por la tragedia que causó. Él y su familia también están viviendo su propio drama. Cuando estaba solo en su apartamento, intentó suicidarse cortándose las venas de las muñecas y el cuello. La Clínica Navarra y el Hospital Simón Bolívar, donde fue atendido, pueden dar fe de esta historia. Llegamos a un acuerdo de indemnización económica con todas las víctimas, salvo la familia Klug. Fernando pidió perdón; aceptó responsabilidad en el hecho, pero no aceptó los cargos. Defendí a Abello como culpable del delito de homicidio culposo hasta la errónea variación de la imputación que hizo la Fiscalía. Ahora lo defenderé como inocente del delito de homicidio con dolo eventual”.

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