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Microbios para enfriar el planeta

Roberto Kolter, de la U. de Harvard, estudia algas y bacterias en el océano que podrían ayudar a regular el clima de la Tierra.

01 de diciembre de 2010 - 06:01 p. m.
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En el océano, principalmente cerca de los polos, una bacteria muy común pero muy poco conocida y un alga microscópica y unicelular empiezan una interesante amistad. La bacteria, llamada también roseobacter, y el alga, mejor conocida como cocolitóforo. La primera envuelve al cocolito, como protegiéndolo, a través de una biopelícula que va soltando una hormona para que pueda crecer sin contratiempos. Al mismo tiempo produce antibióticos que lo protegen de posibles infecciones producidas por otras bacterias patógenas.

“Es una simbiosis mutualista y benéfica que ayuda al alga, y a cambio el alga le da de comer a la bacteria y la mantiene”, explica el microbiólogo Roberto Kolter, del Departamento de Microbiología y Genética Molecular de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y director de la Iniciativa de Ciencias Microbiológicas de dicha universidad.

Pero esa amistad no dura toda la vida. Cuando el alga siente que está muriendo le manda una señal a la bacteria a través de una molécula similar a la lignina que produce un cambio en la fisiología de la bacteria: en lugar de seguir siendo benéfica, se vuelve parásita y empieza a producir una sustancia nueva, un algicida. La bacteria finalmente asesina al alga.

Si es que se vuelve asesina o ayuda a su amiga en un suicidio asistido, eso todavía no lo saben los investigadores. Pero no es esa la pregunta que quieren responder. Resulta que en el momento del “asesinato” expiden una sustancia, un gas llamado dimetilsulfuro, o DMS, que sube a la superficie, continúa su camino ascendente y ayuda a formar nubes. Y por supuesto, la formación de nubes tiene que ver con el clima.

Para que las nubes empiecen a formarse, esas “nubes semilla” necesitan la presencia de una superficie no gaseosa que permita que el agua pase de vapor a líquido. “Esas gotitas de agua no se generan al azar. Para pasar de ser gas a ser agua líquida, es necesario hacerlo alrededor de algo que atraiga al agua. Esa es una forma de azufre, es sulfato, que viene del dimetilo de azufre o DMS”, explica Kolter, y ese DMS es abundante cuando las bacterias liberan el algicida que finalmente mata a los cocolitos.

“Empezamos a investigar a nivel molecular la interacción entre bacterias y algas”, continúa. “Antes se pensaba que la muerte de las algas se debía principalmente a un virus. Lo que descubrimos, creemos, es que esas bacterias juegan un papel importante en su muerte”.

Los cocolitóforos tienden a juntarse y por ende a formar el algal bloom o florecimiento de algas, que desde los satélites se ven como grandes manchas verdes, marrones o rojas en el océano. “Cuando hay un bloom de algas y ellas mueren, en ese instante hay una concentración más alta de DMS en la atmósfera y se forman más nubes”.

El grupo de investigación ha llegado a la conclusión de que los microorganismos y la manera como interactúan en el océano desempeñan un papel importante en la regulación del clima.

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Si las aguas oceánicas se calientan, lo que aparentemente promueve la interacción entre bacterias y algas, luego la expulsión del DMS y como consecuencia la formación de nubes, podría decirse que se trata de un mecanismo potencial de autorregulación del clima marino local.

Y aunque algunos científicos han pensado en la posibilidad de que este proceso pueda convertirse en una alternativa para combatir el calentamiento global, Kolter no cree que sea viable, al menos no por ahora. “Yo diría que lo importante es reducir los gases de efecto invernadero, y no pensar que se puede mitigar a través de incrementar las algas porque qué tal que se dispare de una forma inesperada”.

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Kolter le ha dedicado su vida a las bacterias, dijo en Medellín, durante el foro organizado por la Corporación para Investigaciones Biológicas hace unos días. Las encuentra en todas partes, casi cree que el planeta les pertenece a ellas. “Llegamos a un mundo que estaba colonizado por microbios y ellos continuarán aquí cuando nosotros ya nos hayamos ido”.

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