Las tres modelos de la edición de Navidad de Vogue Paris de 2010 no tenían más de 10 años. Aparecían con tacones, vestidos al talle, joyas. En una de las fotografías, una de las niñas lucía un vestido rojo, recostada boca arriba sobre un tapiz de leopardo, con cara adusta. Los tacones eran vistosamente más grandes que sus pies. Estas fotografías, que hacían parte de un catálogo de regalos creado por el diseñador Tom Ford, causaron un escándalo en Francia. Las niñas, decían, no debían exponerse de ese modo.
Ahora que ha pasado más de un año, la senadora conservadora Chantal Jouanno entregó un informe al Gobierno. Allí advierte sobre un fenómeno definido como “hipersexualización” de los menores de 12 años: “la sexualización de las expresiones —dice el documento—, posturas o códigos de la vestimenta considerados demasiado precoces”.
Jouanno asegura que dicho fenómeno aqueja psicológica y afectivamente a los menores y también contribuye a la desigualdad entre géneros. “Se disfraza a las niñas como ‘golosinas sexuales’ —aseguró la senadora—, en una carrera por la apariencia, la belleza, la seducción, el culto del yo”. Esa carrera, que según Jouanno es impulsada por los medios de comunicación y la industria de la moda, produce daños “irreversibles” en las menores. Uno de ellos, la anorexia (según El País de España, el 37% de niñas menores de 11 años está a dieta).
Sin embargo, dice la senadora, ésa no es la única consecuencia. Pese a que las afecciones psicológicas y afectivas recaen sobre el individuo, el problema también implica a la sociedad. “La hipersexualización vehicula el estereotipo de la mujer/niña pasiva, definida por su apariencia y animada por la sexualidad” y, de ese modo, la desigualdad entre hombres y mujeres, desde una edad muy temprana, se intensificaría.
Álvaro Franco, psiquiatra infantil, asegura que esta práctica tiene doble filo. Por un lado, las niñas que trabajan en modelaje no tienen la “suficiente autonomía” para saber que ganan dinero. Por otro, como los seres humanos aprenden por imitación, si los modelos en que se basan las niñas son demasiado delgados “harán el esfuerzo por ser iguales y no tendrán un desarrollo adecuado”.
Para reducir el impacto de este fenómeno —por el que algunas escuelas en Francia han prohibido el uso de maquillaje y tacones a sus estudiantes—, Jouanno propone que los reinados infantiles sean eliminados de las agendas culturales y que sólo las mayores de 16 años participen en desfiles, “con el fin de no favorecer la imagen de niños transformados en adultos”.