Dice que no recibe instrucciones sino del Presidente y evade el tema de la contradicción verbal que sostuvo con el fiscal Iguarán.
Las agencias estatales de seguridad despiertan, por su naturaleza, suspicacias entre los ciudadanos celosos de sus derechos y libertades. Pero hace mucho tiempo que un gobierno no enfrentaba tantos y tan hondos cuestionamientos por el manejo de su política de inteligencia. El énfasis que las dos administraciones Uribe le han dado a la derrota de la guerrilla, junto con la creación de varias estrategias complementarias de antiterrorismo, han generado un ambiente, en esos organismos, que favorece las actividades de espionaje, seguimiento, escuchas y otras modalidades de invasión a la privacidad personal, con el argumento de que se persigue el bien superior del éxito del programa madre del Ejecutivo: la Seguridad Democrática.
Aunque pocos establecen alguna conexión con hechos del reciente pasado, debe de existir un hilo conceptual que une los sucesivos escándalos del DAS con el gigantesco lío por las interceptaciones de la Policía en julio de 2007, el cual cobró las cabezas de todo el generalato de la época, salvo la del actual director de la institución. Hoy, cuando ya es un hecho probado que hubo vigilancia oficial permanente a los magistrados de la Corte Suprema, por lo menos desde 2004, el problema ha tomado dimensiones mayores. Todos los altos tribunales le han solicitado al Jefe de Estado un pronunciamiento público y contundente contra esas actuaciones ilegales, y simultáneamente le han pedido a la ONU que envíe un relator especial para que observe el desarrollo y la imparcialidad de las investigaciones.
Uno tras otro, los directores del DAS han salido, algunos en mejor posición ética que otros, pero al fin de cuentas, todos sujetos a una mirada social de sospecha: Jorge Noguera enfrenta la posibilidad de ser condenado por varios delitos. Y Andrés Peñate y María del Pilar Hurtado serán examinados por la justicia para saber si les cabe responsabilidad por acción o por omisión. En medio de este agitado y nada halagüeño panorama, llega a enfrentar el espinoso caso Felipe Muñoz, un profesional graduado en Finanzas y Relaciones Internacionales y especializado en Planeación Urbana. Nada que ver con asuntos de espías, equipos de interceptación, agentes mañosos ni otro tema similar. De su astucia y capacidad de frenar los actos antijurídicos dependerá su nombre profesional del futuro. No es grato lo que le espera.
Cecilia Orozco Tascón.- Recientemente se conocieron unas grabaciones realizadas a los rivales electorales del Presidente en la campaña de 2006. ¿Qué ha hecho en este nuevo frente de investigación?
Felipe Muñoz Gómez.- Inmediatamente se supo que existían esas grabaciones, comenzamos un proceso investigativo que está dando buenos resultados. Hay unos indicios muy serios de que efectivamente hubo un equipo táctico móvil del DAS que pudo servir para unos propósitos distintos al que tenía encomendado. La tarea encargada consistía en hacer un sondeo del espectro en ciertos lugares donde estaban los candidatos, para evitar atentados. Personas cuyas identidades están por determinarse, ‘bajaron’ (copiaron del equipo móvil) unas conversaciones no sólo de los candidatos. También aparecen la Fiscalía y la Casa de Nariño.
C.O.T.- ¿Grabaciones de funcionarios de la Fiscalía y del palacio presidencial?
F.M.G.- No hablo exactamente de grabaciones, porque lo que aparece en el registro del equipo es una serie de códigos y apenas estamos empezando la investigación. Esos equipos se usan para evitar actos terroristas. Pero no se pueden utilizar en bajar grabaciones para guardarlas y llevárselas.
C.O.T.- De lo dicho por usted, colijo que había una orden para que esos equipos de interceptación estuvieran cerca de los candidatos. ¿Quién ordenó hacerlo y con qué fin?
F.M.G.- Lo que revela la investigación hasta ahora es que había una directiva que estaba encaminada a que parte de los equipos tácticos, y no sólo los del DAS, sino también los de todas las entidades de seguridad, controlaran el espectro en ciertos sitios neurálgicos para proteger a quienes participaban en el proceso electoral.
C.O.T.- ¿La orden de la que usted habla fue oficialmente del director del DAS en ese momento (Andrés Peñate)?
F.M.G.- Sí. La directiva que conocí es absolutamente legal y clara.
C.O.T.- ¿Tiene indicios de quiénes son los responsables del uso desviado de ese equipo?
F.M.G.- La investigación apunta con mucha claridad a un ex funcionario del área de desarrollo tecnológico y todavía se está investigando el resto.
C.O.T.- Cuando uno trabaja para alguien, suele ser solidario con sus causas, al menos hasta cierto punto. ¿Hasta dónde llega su solidaridad con el Gobierno?
F.M.G.- La única orden que el Presidente me dio desde el primer día es que les dé las garantías necesarias a las entidades de control para que se sepa absolutamente toda la verdad. Este no es un tema de solidaridades mal entendidas.
C.O.T.- ¿De quién recibe usted órdenes? ¿Sólo del Primer Mandatario o en el trabajo diario tiene que acatar a asesores, secretarios y de pronto a algún ministro?
F.M.G.- Quiero aclarar que asisto al Consejo de Ministros y tengo interlocución con varios de ellos para diversos temas. Obviamente, también tengo que hablar continuamente con algunos de los funcionarios de la Casa de Nariño, pero en el marco conceptual solamente recibo instrucciones del Presidente.
C.O.T.- Y cuando va a dar declaraciones públicas, ¿el Mandatario le ‘da línea’ o lo instruyen simultáneamente Bernardo Moreno, José Obdulio Gaviria, Edmundo del Castillo u otros?
F.M.G.- Con José Obdulio Gaviria he tenido una o dos conversaciones accidentales; con Bernardo hablo a veces, cuando voy al Consejo de Ministros, y con Edmundo, temas de carácter jurídico. Pero tengo una línea muy clara del Presidente. Conversamos por teléfono unas siete u ocho veces a la semana y lo veo en el Consejo de Ministros o en el de Seguridad. O sea, tengo suficientes espacios para intercambiar información con él.
C.O.T.- Para usted, ¿el DAS es la agencia de inteligencia del Estado o la agencia de inteligencia del Gobierno?
F.M.G.- Es la agencia de inteligencia del Estado, pero obviamente, como los gobiernos cambian, en su momento el Gobierno de alguna manera le da ciertos acentos a lo que debe hacer el DAS.
C.O.T.- Se entiende que usted sea prudente en sus afirmaciones, pero fácilmente puede pasar de la prudencia al ocultamiento. Al menos, algunos medios han visto sus intervenciones de esa manera. ¿Cree que le ha faltado claridad?
F.M.G.- Lo que le puedo decir es que el DAS tiene un problema estructural complicado y que por eso se presentaron situaciones complejas que no se pueden minimizar. Si por prudencia he dado la impresión de negar los hechos, no ha sido mi intención hacerlo. Les he puesto la cara al Congreso, a las cortes, a los embajadores y a la prensa. Pero tampoco puedo caer en acusaciones, individualizaciones o suposiciones irresponsables. Hay que entender que existe un interés mediático muy alto. Si las pruebas son concluyentes, debo ser claro en transmitir esa información. De lo contrario, no puedo hacerlo.
C.O.T.- Después de una reunión del Presidente con las cortes y con el fiscal Iguarán, usted dijo que éste habría asegurado que no existían pruebas de que el Primer Mandatario u otros funcionarios de Palacio hubieran ordenado el espionaje a los magistrados. Pero horas más tarde, el Fiscal lo contradijo y señaló que él había guardado absoluto silencio. ¿Cuál de las dos versiones es la verdadera?
F.M.G.- Después de esas declaraciones, me reuní con el señor Fiscal en privado y comentamos el tema. Ese es un asunto superado.
C.O.T.- Pero ¿quién se ajustó a la verdad?
F.M.G.- Prefiero no hablar de eso. El Fiscal me concedió una cita, lo visité y tuvimos una conversación personal muy amable. Es tema superado.
C.O.T.- Insisto: ¿cuál de los dos tenía la razón?
F.M.G.- Es un tema superado.
C.O.T.- El abogado Ramiro Bejarano, contradictor del Gobierno, le envió un derecho de petición para preguntarle si era cierto que usted había ordenado examinar la época en que él fue director del DAS. Enseguida se publicó una información sobre presuntas chuzadas ilegales de hace 15 años y el Vicepresidente terminó sembrando sospechas sobre él. ¿Cómo explica esa situación?
F.M.G.- El doctor Bejarano me envió un derecho de petición que le voy a responder dentro de los términos legales y con el respeto que me merece. Le puedo hacer a usted unas afirmaciones categóricas: uno, no estoy montando ninguna campaña en contra del doctor Bejarano; dos, no tengo ninguna influencia en la política editorial de El Tiempo, y tres, tampoco influyo en los comentarios del señor Vicepresidente.
C.O.T.- Sin embargo, usted dijo que estaba preparando un informe para su citación al Congreso y que por eso investigaba el pasado del DAS. ¿No es mucha coincidencia?
F.M.G.- Repito que no he activado ninguna campaña de desprestigio en contra del doctor Bejarano. Es un desafortunado malentendido. Lo único que se ha hecho es mirar la historia del DAS, no sólo para preparar los debates que tengo pendientes en el Congreso, sino para definir la reforma de la entidad.
C.O.T.- Usted y el director de la UIAF les entregaron un informe sobre el espionaje a las cortes, a la Comisión Interinstitucional de la Justicia. ¿Por qué los magistrados se quejaron de que en la respuesta oficial ustedes sólo entregaron copias de leyes y decretos?
F.M.G.- No es así en el caso del informe del DAS. Desconozco los detalles del documento entregado a las cortes por la UIAF. La carta nuestra a la Corte es respetuosa y simplemente deja en evidencia que la investigación por la que preguntaba está en poder de la Fiscalía y que yo no tengo ninguna posibilidad legal de conocer más información.
C.O.T.- ¿Entonces usted no fue quien llevó simples copias de decretos y leyes?
F.M.G.- No.
C.O.T.- En consecuencia, fue Aranguren.
F.M.G.- No vi lo que él entregó.
C.O.T.- ¿Por qué renunció el antiguo jefe de prensa del DAS cuando empezaron las revelaciones periodísticas sobre el espionaje ilegal? Al parecer usted creyó que él tenía que ver con las filtraciones a la prensa.
F.M.G.- Cuando yo llegué, simplemente los funcionarios de libre nombramiento y remoción me pasaron la renuncia. La forma de enfrentar y de valorar el manejo periodístico en el DAS de quien en su momento era el jefe de prensa, era diferente a la mía. Y yo, en mi legítimo derecho de escoger a mi equipo cercano, tomé la decisión de trabajar con otra persona. Desde el punto de vista humano, entiendo que haya causado molestia, pero fue una decisión que tomé y que hoy volvería a tomar.
C.O.T.- ¿Su decisión tuvo que ver con que usted sospechó que su ex jefe de prensa le había filtrado la información a Semana?
F.M.G.- Ese asunto está en manos de la Fiscalía y allá tendrán que decidir sobre eso.
C.O.T.- Es sabido que con los escándalos salieron los jefes de inteligencia o contrainteligencia que estaban en el DAS cuando usted llegó. Pero ¿está seguro de que ya se desmontaron las estructuras que ellos manejaban, o existen todavía?
F.M.G.- Creo que si se habla de estructuras, se le da una connotación que no es justa. Hemos venido fortaleciendo los controles y permítame decirle que el gran reto en este momento es obtener una excelente reglamentación de la nueva Ley de Inteligencia, que pasó con un consenso muy amplio en el Congreso.
C.O.T.- Si miran en perspectiva los escándalos por los seguimientos a los magistrados, ¿qué no haría usted que sí hicieron los otros directores del DAS?
F.M.G.- No voy a contestar por los otros, porque cada uno gobierna en su período. Lo que sí le puedo decir con absoluta certeza es que no haría nada que no me dejara dormir.
Escándalos continuos: daño colateral en el exterior
Aunque jamás se pronuncia en público, el cuerpo diplomático ha expresado en recintos cerrados su asombro por la operación de espionaje del DAS a la Corte Suprema y a opositores del Gobierno. El Ejecutivo, sin embargo, siempre ha negado que eso sea cierto. El director del DAS matizó ligeramente sus respuestas al respecto:
C.O.T.- No es un secreto que la imagen de su entidad ha sufrido un gran daño interno, pero debe ser peor en el exterior, ¿ha hablado con los embajadores?
F.M.G.- Sí. Precisamente la semana pasada hice un almuerzo con todos los embajadores de la Unión Europea y haré lo propio con los embajadores de América y con los de Asia y África, en compañía de la viceministra de Relaciones Exteriores. Ellos hicieron preguntas y se les dieron las aclaraciones.
C.O.T.- ¿Están nerviosos con el curso de los acontecimientos en Colombia?
F.M.G.- No voy a entrar en detalles por respetar el manejo discreto de la diplomacia, pero la sensación que me quedó es que agradecieron la posibilidad de hablar directamente con nosotros.
C.O.T.- ¿Qué inquietudes le transmitieron?
F.M.G.- Sus inquietudes fueron razonables. Yo también las tendría si estuviera en su lugar.
El DAS, un quemadero
Desde cuando empezó la primera administración Uribe, no ha habido un solo director del DAS en salir de esa entidad sin líos. Felipe Muñoz es el cuarto director y enfrenta un escándalo de gigantescas proporciones.
C.O.T.- Salvo la particular situación jurídica del ex director Jorge Noguera, los enredos de sus antecesores parecen surgir de que ellos no controlaban la situación porque no estaban preparados en asuntos de seguridad e inteligencia. ¿Usted sí podrá?
F.M.G.- Con la estructura de controles que tiene actualmente el DAS, es difícil que no haya vigilancia de los procesos. Si se hiciera una analogía con la fiebre porcina, y cualquier área del DAS pone en riesgo la confianza ciudadana, la haríamos entrar en cuarentena.
C.O.T.- Por lo que se sabe, tendría que poner en cuarentena el 90% del DAS.
F.M.G.- Se equivoca. Hay muchas áreas que funcionan adecuadamente. La mayoría de los funcionarios del DAS cumplen día a día su labor de manera positiva.
C.O.T.- Los directores del DAS de las dos administraciones Uribe no se han retirado con buena fama y hoy están enfrentando cuestionamientos. ¿Cuál cree que será su suerte?
F.M.G.- Haré todos los esfuerzos que estén a mi alcance, con apego estricto a la ley, para recuperar la gobernabilidad de la entidad.