La empresa Veridian Credit Union, con sede en Iowa (Estados Unidos) y 500 empleados en su nómina, lanzó en enero un programa de salud para sus empleados con una advertencia clara: aquellos que no tengan hábitos alimentarios sanos, reduciendo así la tendencia a la obesidad, y no controlen el consumo del cigarrillo, tendrán que pagar un costo adicional por sus servicios de salud a partir de 2013.
Veridian Credit Union no es la primera empresa que propone penalizar a sus empleados si no mejoran su calidad de vida. Wal-Mart, por ejemplo, anunció que en 2012 pedirá una cuota especial a los trabajadores fumadores, al tiempo que liderará una campaña para dejar de fumar.
Año a año los empleados pagan tasas más altas en sus seguros de salud (de US$30 en 2001 a US$77 en 2011), mientras que las firmas empresariales ofrecen más programas de bienestar con el objetivo de incentivar a sus trabajadores para que lleven una vida más sana. Todo esto en un país donde la tasa de obesidad llega casi al 36% y los fumadores utilizan 25% más los servicios de salud que los pacientes no fumadores. Pero esto no ha sido suficiente.
De acuerdo con Gabriel Mesa, gerente de la EPS Sura, además de invertir en programas las Entidades Prestadoras de Salud deben crear estrategias de autocuidado. Según Mesa, en Colombia en promedio se invierten US$400 anuales per cápita en servicios generales de salud, lo que es insuficiente si no existen conductas de autocuidado.
En Colombia algunos seguros privados ya están implementando una prima extra para las personas con problemas de obesidad o fumadoras.
Sin embargo, convertir esa propuesta en una política de gobierno no sería tan sencillo. “Sería muy polémico —afirma Mesa—, porque la gente plantearía que no tiene la culpa de ser obesa. Además, sería un tema delicado, pues podría provocar discriminación. Pero sí se puede”.
Fernando Ruiz, director del Cendex de la Universidad Javeriana, apunta que la propuesta sería “viable y recomendable porque ayuda a la población a ser corresponsable con los recursos de salud”. A modo de ejemplo, Ruiz comenta que en Holanda los fumadores tienen un copago mayor por su atención médica. Pero no todos los casos de obesidad, por otro lado, podrían tratarse de la misma forma: “Habría que reconocer si la condición es de origen genético o por problemas de hábitos”.
En el fondo, el hecho de cobrar una cuota mayor obedece a que un número pequeño de pacientes con enfermedades relacionadas con el tabaquismo y la obesidad se lleva buena parte de los recursos de la salud. “Más o menos el costo promedio de un caso severo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica, como consecuencia del consumo de cigarrillo, es de $18 millones al año”, asegura Ruiz.
Y a esta cifra se suman las cuentas que hace Gabriel Mesa, quien asegura que en Colombia el 25% de los gastos en salud se invierten en el 0,5% de la población con afecciones como la diabetes, insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria y asma. Una cifra más amplia muestra que el 10% de los pacientes se llevan el 70% del presupuesto.
A pesar de ello, dice José Fernando Cardona, director de la Nueva EPS, penalizar con un aumento en las cuotas de salud no es la única manera de disminuir el consumo de cigarrillo y la obesidad. “En seguros privados se puede hacer. En un seguro obligatorio no sé qué tan efectivo sea. En el tema de fumar, no sólo con incentivos la gente deja el hábito. Lo más eficaz es crear barreras como poner impuestos a los cigarrillos y que existan espacios libres de humo”.