El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Otro crimen con ácido

Su agresor la quemó en el pecho y el rostro después de robarla. Movimiento MIRA dice que ya van 100 víctimas.

27 de abril de 2012 - 06:54 p. m.
PUBLICIDAD

Cuando le faltaba apenas media hora para terminar su jornada laboral en una pequeña casa de cambio del barrio La Alquería, al sur de Bogotá, el pasado jueves a las 6:30 de la tarde comenzó la peor pesadilla en la vida de Janeth Beltrán Useche. Por la minúscula ventanita de vidrios blindados a través de la cual la mujer entrega el dinero que cambia a los clientes del negocio, un ladrón alcanzó a rociarle el pecho y la cara con ácido, minutos después de obligarla a entregarle las ganancias del día. La mujer de 34 años perdió el conocimiento.

Ayer, mientras llegaba a ver a su hija en la Clínica Palermo, Esperanza Useche, madre de Janeth, hacía el inventario de la desgracia: quemaduras de tercer grado en la cara, un orificio de cuatro centímetros de profundidad debajo del seno izquierdo, secuelas psicológicas para toda la vida. La voz se le quiebra.

Janeth Beltrán Useche, aún bajo los efectos de la anestesia, no sabe que la operaron de urgencia la madrugada de ayer y que, aunque el diagnóstico es optimista, su cirujano dice que hay que esperar la evolución para determinar si se necesitan más intervenciones quirúrgicas y cuáles serán las consecuencias permanentes del ataque. Tampoco sabe si hay o no pistas sobre el paradero de su agresor, ni cómo le fue a su hermano menor Brayan, de 22 años, a quien también operaron ayer debido a una fractura en el tabique.

Corriendo de médico en médico, Esperanza Useche cuenta que le han dicho que tendrán que pasar entre siete y ocho meses para saber a ciencia cierta cómo quedará el rostro de su hija, una mujer separada que mantiene sola a sus cuatro hijos de 6, 11, 12 y 15 años, y que tuvo que renunciar a su trabajo de 12 años en un asadero debido a un golpe en la mano derecha que, según su madre, sufrió montando en Transmilenio.

“Se partió la mano derecha en un Transmilenio y perdió la fuerza, pero esa empresa nunca le respondió económicamente con nada y, como ya no podía con el peso de las bandejas en el asadero, se consiguió hace siete meses el empleo en la casa de cambio”.

Un triste episodio que se suma a la lista de alrededor de 50 casos registrados en Bogotá de mujeres víctimas de ataques con ácido. Con una preocupación adicional: casi todos son atribuidos a ataques de celos o a otros temas pasionales, mientras que el de Janeth Beltrán Useche, al menos por ahora, se tiene la certeza de que se debió a un atraco.

“Eso indica que están usando los ácidos cada vez con mayor frecuencia como un arma delincuencial”, dice la concejal del movimiento MIRA Olga Victoria Rubio, autora de un proyecto de acuerdo que buscaba regular la venta de los distintos tipos de ácidos en la ciudad, el cual fue hundido por demoras en el trámite en febrero pasado.

Rubio, quien cuenta con datos según los cuales en todo el país las víctimas de este drama serían 100, dice que lo peor es la facilidad con la que se consigue el líquido, que cuesta unos $5 mil y se vende sin restricciones en todos los negocios de químicos de Bogotá. Eso en el caso de los ácidos sulfúrico, nítrico y fosfórico, pues el ácido muriático, al que se le ha dado un uso más casero, se puede adquirir en casi todas las tiendas de barrio.

No ad for you

Para el psiquiatra Henry García, de la Universidad del Bosque, se ha visto un cambio en los patrones de los ataques con ácido. Mientras los primeros estaban asociados a casos de venganza por celos, el uso de ácido ahora se ha extendido a otras modalidades de delito como el robo. Cree que lo que tienen en común los psicópatas que participan en estos hechos es su incapacidad de sentir culpa por lo que hacen.

Por su parte, Miguel Mendoza, profesor de la Universidad Javeriana experto en semiología de la violencia, cree que al ser mujeres las víctimas “el mensaje que se empieza a leer en esto es que los agresores no buscan destruir su reputación sino su aspecto físico, su belleza. Es un acto de venganza”. Un acto en que “el agresor busca dejar una huella nefasta”.

Temas recomendados:

Ver todas las noticias