El calor comienza a subir pasadas las nueve de la mañana en la playa de El Rodadero, en Santa Marta. Caminando descalza por la orilla, una señora va dejando una línea de huellas que por momentos se desvía. En su camino se atraviesan latas y botellas de aguardiente rotas. Detrás de ella, cruzando la calle, viene un ejército de personas con camisetas blancas y gorras beige.
Todas se organizan por grupos y escuchan atentamente a un hombre sobre la tarima: “Estamos acá para limpiar el mar, para aprender a manejar los residuos; hoy es el día del agua”. El que habla es Juan Felipe Escobar, operador logístico de ‘Todos por el agua’, una campaña del Ministerio de Ambiente apoyada por empresas como Coca-Cola, Drummond, Copa Airlines y General Electrics.
La iniciativa, que con la jornada de ayer cumplió 15 años y busca estimular la descontaminación de los ríos y los mares del país, se llevó a cabo en otras siete ciudades: Cartagena, Barranquilla, Leticia, San Andrés, Girón, Bahía Solano y Bogotá. En Leticia sacaron una estufa de las aguas, en Santa Marta encontraron un hígado de vaca y en la capital del país abundantes bolsas de condones. Desde que se creó, más de 14.500 voluntarios han participado de las jornadas, sacando pañales sucios de las playas o botellas de cerveza de los humedales.
Entre los 800 recolectores que se comprometieron con las playas de El Rodadero se contaban familias armadas con guantes y bolsas que recogieron la basura escondida bajo la arena. Otros, en cambio, se metieron con flotadores en el mar para pescar alguna botella de cerveza. Mirando a los buques que pasan a lo lejos, un señor suelta la bolsa de basura y apoya su mentón en el mango del rastrillo. Su nombre es Freddy Acuña y hace 26 años recorre esta playa. “Los turistas dejan más que todo colillas de cigarrillos y empaques de comida. Como trabajo acá en la playa ofreciendo carpas, me toca mantenerla limpia”, dice.
Hacia el mediodía el espacio para caminar se vuelve más estrecho. Golpeando con piedras que parecen cocos, los carperos entierran tubos metálicos para instalar cuanto antes las 596 carpas que necesitan los comerciantes para recibir a los turistas. “Me puse a limpiar hoy porque este es mi lugar de trabajo desde hace 30 años. Acá el patrón eres tú mismo, si no limpias la playa te va mal a ti”, dice una masajista que supera los 50 años y que barre todos los días la basura que dejan los surfistas alrededor de las carpas.
Pero no todos vienen tan seguido a El Rodadero. “Antes esta playa era como nuestro jardín: esquiábamos y los niños jugaban tranquilos. Ahora venimos muy de vez en cuando. Hoy vamos a limpiar nuestra playa”, dice una de las funcionarias de la minera Drummond.
En una esquina un viejo de ojos verdes lo contempla todo parado al lado de una palmera. En sus manos tiene una nevera redonda con cervezas y gaseosas. “¿Sí ve esta palmera? Cuando yo llegué a trabajar acá, en los ochenta, era pequeñita; ahora vea, ha crecido conmigo. Estas jornadas de limpieza deberían ser más seguidas”, explica Demóstenes, mientras otros compañeros de la misma edad le piden la nevera para sacar hielo.
Al mediodía los organizadores de ‘Todos por el agua’ vuelven a tomar el micrófono. “¡Lo logramos! 1.532 kilos en total: 33 de plástico, 52 de vidrio, 93 de cartón, y 1.354 entre otra basura”, dice uno de los líderes del proyecto.
Mientras hablan, los recreadores les muestran a los niños una botella de cerveza Águila encontrada con un coral que creció alrededor de su superficie.
Mientras el ejército de voluntarios con camisetas blancas sale del lugar, las gaviotas vuelven a volar cerca a las orillas. La señora que pasó caminando y dejó sus huellas vuelve a la playa amarrándose un trapo de cocina a la cabeza para protegerse de los rayos del sol.