Muchas de las aves, que año tras año migran de Norte a Suramérica buscando escapar del invierno, podrían morir en esta última travesía por culpa de la gran mancha de petróleo que afecta al Golfo de México.
De los 40 a 50 millones de aves migratorias, pertenecientes a 300 especies, se estima que unas 160 llegan a Colombia. De éstas, más de 40 se verán afectadas, ya que son aves que usualmente se detienen en las playas del Golfo de México.
David Caro, director ejecutivo de la Fundación Proaves, explicó que la ruta de migración de las aves siempre ha incluido una parada en las costas del sur de los Estados Unidos. Lo hacen para descansar y alimentarse antes de iniciar su viaje por el difícil tramo del mar Caribe.
Usualmente, el 30% de todas las aves mueren durante la migración por deshidratación o cansancio, lo preocupante es que estas cifras se van a incrementar debido al derrame de crudo. “Al no alimentarse, la tasa de supervivencia es muy baja, ya que no encontrarán crustáceos e insectos en la arena, sino petróleo”, explicó Caro. Si no consiguen alimento, no podrán aguantar un viaje tan exigente.
Será un grave golpe para las especies, ya que si mueren muchas aves durante la travesía, al volver a sus lugares de origen se diezmará de forma general la población. Según Caro, muchas especies que están amenazadas podrían llegar a desaparecer.
Inevitablemente tendrán contacto con el petróleo especies de gaviotas, chorlitos, pelícanos, piqueros, fragatas, algunos tipos de patos e incluso ciertas aves rapases como el águila pescadora. De éstas, hay especies como el pato barraquete aliazul o algunas garzas, que están en grave peligro de extinción.
Autoridades y científicos estadounidenses están preocupados por lo que pueda suceder en estos meses con la llegada de las aves. La estrategia que han diseñado para evitar el daño es la de engañarlas para que no se acerquen a las costas, donde pueden entrar en contacto con el crudo.
El gobierno de Estados Unidos ha decidido pagarles a varios granjeros, que tienen cultivos de arroz y productos sembrados en agua, para que inunden sus tierras, creando lagos o pantanos temporales y así las aves se mantengan alejadas de la playa.
“Lo que nos gustaría hacer es intentar minimizar las posibilidades de que estas aves tengan contacto con las áreas contaminadas de la zona”, afirmó el director del Servicio para la Conservación de Recursos Naturales de Estados Unidos, David White.
Aunque estos esfuerzos podrían ser efectivos para algunos grupos aislados de aves, “no van a tener ninguna trascendencia”, aseguró Caro, porque cada grupo y especie tienen lugares fijos desde hace cientos de años, donde se detiene, descansa y se alimenta. Además, crear lagos no garantiza que éstos tengan el alimento necesario. Según Caro, cambiar los patrones de conducta de estos animales, que se han afianzado a través de tanto tiempo, es una tarea casi imposible.
Aparte de los lagos artificiales, también se intensificarán las labores de limpieza, pues el petróleo no sólo elimina las fuentes de alimento de las aves, sino que también cubre su plumaje aumentando el riesgo de que mueran por hipotermia.
Hasta ahora 800 especímenes han sido rehabilitados y 250 devueltos a su hábitat natural. Muchos son pelicanos que soportan el proceso de fregado para quitar el crudo. Otras especies migratorias, usualmente más pequeñas, probablemente no soporten el proceso de limpieza.
A pesar del panorama, hay algunas personas que se mantienen optimistas frente a la situación, ya que en comparación con otros derrames, el impacto en la población de aves ha sido pequeño. Por ejemplo, el vertido de 1989 del Exxon Valdez en Alaska provocó la muerte de 250.000 especímenes. Muchos expertos creen que en los próximos meses se elevarán las cifras de muertes de aves, ya que el derrame del Deepwater es 10 veces mayor que el anterior.