Hace algunos años, el editor de la revista New Scientist, Roger Highfield, quiso averiguar si un solo hombre, ya entrado en años, barrigón, barbudo y solitario, un tal Santa Claus, era capaz de entregar regalos a todos los niños del mundo en el tiempo récord de una sola noche.
Teniendo en cuenta que hay alrededor de 2.000 millones de menores de 18 años, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la tarea sobre los hombros del viejo no resulta fácil. Implicaría unas 850 millones de paradas a lo ancho y largo del planeta para visitar a todos esos niños.
Según Highfield, autor de La física de Navidad, una primera y sencilla medida para ganar un poco de tiempo es que el generoso anciano viaje en sentido opuesto al de la rotación de la Tierra. Así obtendría unas 24 horas extras. Un tiempo todavía estrecho para la envergadura de la tarea.
Para Highfield, la clave radicaría en la velocidad del viaje. Pero para no quedarle mal a ningún niño, Santa tendría que viajar a la velocidad de la luz: 300.000 kilómetros por segundo. Algo fuera del alcance de los humanos. Santa sencillamente no podría sobrevivir a un viaje así y las leyes de la física clásica quedarían en entredicho.
¿Cuáles son las alternativas a la luz de la ciencia moderna para cumplir la misión? Margarita Rodríguez, de BBC Mundo, se dio a la tarea de pedir a algunos destacados científicos consejos para ayudar a Santa Claus. “Partamos de la base de que Santa Claus existe. Así, sin mucho pensarlo, para meternos en este juego mental”, escribió la periodista.
Para el mexicano Daniel Tapia, doctor en Física Experimental de Altas Energías, la tarea de Santa no resulta tan inverosímil a la luz de la mecánica cuántica. “El principio de incertidumbre de Heisenberg nos dice que si conocemos una variable muy bien, la otra variable no la podemos conocer con precisión. Podemos saber a qué velocidad viajará Santa, pero no su posición”, explicó el físico.
En ese orden de ideas, Santa puede estar en cualquier lugar del planeta a cualquier hora de la noche de Navidad. “Eso puede ser posible si Santa Claus es una superposición de estados cuánticos, es decir, una suma de muchos santas que se difuminan por todo el planeta”, concluyó Tapia.
Larry Silverberg, profesor de Mecánica e Ingeniería Aeroespacial de la Universidad de Carolina del Norte, en EE.UU., les salió al paso a los escépticos: “Los niños no deberían creerles a quienes dicen que Santa Claus no es real porque no hay forma de que pueda entregar juguetes en una sola noche. Sí hay una manera de hacerlo y está basada en la ciencia”.
En su opinión, si Santa estudia la Teoría de la Relatividad de Einstein y logra manipular el espacio y el tiempo, podría crear una máquina en la que todo se perciba de manera distinta, y mientras afuera de ella transcurrirían seis meses, adentro pasaría apenas un instante.
El físico mexicano Gerardo Herrera sugirió que Santa Claus haga una pequeña trampa y recurra a la nanotecnología. Imitando a científicos del Instituto de Tecnología de Karlsruhe de Alemania y del Imperial College de Inglaterra, podría usar nanomoléculas para envolver regalos, pues al distorsionar la reflexión de la luz ofrecen la sensación de invisibilidad. Así, Santa comenzaría a repartir regalos mucho tiempo antes y sólo en la noche de Navidad los descubrirían sus dueños.
A Pete Rodríguez, ingeniero aeroespacial que trabajó con la NASA, le parece que un supertrineo con tecnología de punta sería útil. Idea que para su colega Clinton Cragg, ingeniero principal del Centro de Ingeniería y Seguridad de la NASA, es insuficiente, pues los sistemas de propulsión y tecnologías de dispersión de calor con que cuenta la agencia no permiten alcanzar las velocidades que necesitaría el trineo.
Jim Daniell, jefe de Relaciones Públicas de una multinacional de transporte, no concibe a Santa Claus sin su herramienta tecnológica estrella, el tracking and tracing, que permite hacer seguimiento y rastreo a cualquier paquete en el mundo. O el Delivery Information Acquisition Device, un dispositivo con una batería que dura casi todo un día, cabe en una mano y tiene 128 megabytes de memoria para controlar un operativo tan enorme como el de repartir regalos por el mundo.
Cualquiera sea la respuesta para Santa Claus, no hay que olvidar aquello de que no hay cosas imposibles sino hombres incapaces.