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¿Qué le espera al ecoturismo comunitario?

En el Santuario de Flora y Fauna Los Flamencos (La Guajira) un grupo afro resuelve el alojamiento de los visitantes. La política de ecoturismo que estudia el Gobierno podría entregarle un mejor rumbo a su gestión.

11 de febrero de 2013 - 05:00 p. m.
En el Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos (en La Guajira) pueden verse bandadas de hasta 2.000 de estos animales que viajan desde las Antillas para dormir y alimentarse. / Fotos: Óscar Pérez – El Espectador
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Si se mira con detalle la alargada mancha rosada que pasadas las 4:00 de la tarde (de cualquier día de febrero) aterriza sobre Laguna Grande, en el Santuario de Flora y Fauna Los Flamencos, la mente puede separar de a poquitos los picos negros de las plumas carmesí y a la vez de las patas que se clavan rectas en el agua. Los alargados flamencos, que en esta época del año pueden moverse en bandadas de hasta 2.000 ejemplares, viajan desde las Antillas para alimentarse y dormir a 20 kilómetros de Riohacha. Al año, más de 10.000 turistas nacionales y extranjeros visitan La Guajira para contemplarlos. Turistas que hasta hace muy poco eran recibidos en condiciones precarias de alojamiento.

Aunque el potencial ecoturístico de Los Flamencos no se reduce al avistamiento de esta especie, pues en el lugar habitan unos 100 tipos de aves que viven del majestuoso y escaso bosque seco, y es tierra de imponentes paisajes, de wayuus, pescadores y mariscos, la histórica escasez de recursos estatales para la conservación y la falta de políticas sólidas que promuevan el lugar como verdadero santuario se ven traducidas en su desaprovechamiento como destino.

Es lo que puede concluirse al escuchar a Róbinson Galindo, jefe del parque, quien a la vez habla con optimismo de todo lo que está por hacerse: de las cabañas de vigilancia proyectadas, de la capacitación de guías, de la actualización y de la reimpresión de la guía de aves.

Asimismo, se emociona cuando describe cómo desde hace tres meses se avanza en la restauración del sistema de alojamiento: cinco cabañas y un restaurante administrados desde hace diez años por Henry Redondo y otros seis líderes afros. Cabañas que por la falta de mantenimiento hospedaban a los visitantes en condiciones precarias y que ahora están siendo recuperados con recursos de la Agencia de Estados para el Desarrollo Internacional (Usaid), gestionados por el Fondo de Patrimonio Natural.

Ahora que el Minambiente anunció su apoyo a la política de ecoturismo, propuesta por Parques Nacionales (que sería implementada en 23 reservas), se espera que el ecoturismo comunitario sea protagonista de debates y tome nuevos rumbos. En el país existen seis Parques Naturales, donde los miembros de la comunidad prestan los servicios ecoturísticos.

La idea, según explica Carlos Mario Tamayo, subdirector técnico de Sostenibilidad y Negocios Ambientales de Parques Nacionales, es que se deje de ver el ecoturismo comunitario como algo que sólo beneficia a estos seis grupos: “Queremos abrir el foco y explicarles a los pescadores, a las cocineras y a todos los demás actores involucrados en esta cadena del ecoturismo que ellos también pueden beneficiarse y a la vez ayudar a proteger los ecosistemas implementando prácticas sostenibles. Hay que dejar de ver el ecoturismo como un negocio y reconocerlo como un complemento de la conservación”.

Además, explica Tamayo, la nueva política de ecoturismo pretende resaltar la importancia cultural que albergan las áreas protegidas. Con el impulso de diferentes centros de interpretación se buscará, en conjunto con las comunidades campesinas e indígenas de las zonas, desarrollar estrategias para cuidar de los conocimientos ancestrales que el tiempo y la cultura occidental amenazan con extinguir: “Sabemos que gran parte del conocimiento de las comunidades indígenas y afrocolombianas puede aplicarse en la conservación. Además la gente tiene que saber del tesoro cultural que habita dentro de las reservas naturales”.

Estas propuestas se unen a otras que ya se han conocido, como la prohibición de construcción de infraestructura hotelera dentro de las reservas naturales, que serán reemplazadas por la adecuación de sistemas de alojamiento sencillos removibles, con el fin de no atentar contra la salud de los ecosistemas, de esta manera se dan los primeros pasos para que el ecoturismo en el país se mire con otros ojos.

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