«Nosotros no teníamos derecho a hacer nada. A partir de 1997, cuando llegaron las autodefensas al corregimiento La Libertad, en San Onofre (Sucre), se nos prohibió hasta llorar y velar a los muertos. La gente tenía miedo de salir a trabajar y las fiestas se volvieron una potestad exclusiva de los paramilitares. Ese año encontramos muerto a Arley Rivera, mi cuñado, al lado de María la Baja. Lo cogieron a la entrada del pueblo, lo subieron a un camión y lo mataron porque tenía una tienda rentable y la competencia, cercana a los paramilitares, quería sacarlo del paso. Como les sucedió a muchas familias en la costa Caribe, la nuestra se desintegró por culpa de la violencia. Nosotros éramos agricultores, pequeños productores y microempresarios. Estábamos acostumbrados a sembrar plátano y yuca, a cuidar los pastos y a comprar barato; por eso cuando llegamos desplazados a Cartagena, nuestra vida se tornó demasiado dura. Aún viven en mi memoria las masacres de El Salado (Carmen de Bolívar), Chengue (Ovejas) y Mampuján (María la Baja), zonas muy maltratadas por las guerrillas y los paramilitares. La guerra destruyó el tejido social y la gente le perdió credibilidad al Estado, a las instituciones.
Años después, cuando la seguridad había mejorado, decidí retornar a La Libertad. Frente a esa cantidad de víctimas que quedó, y viendo el sufrimiento de la gente, quise gestionar proyectos para restituir los derechos que los grupos armados al margen de la ley les vulneraron a los pueblos en la costa Caribe. Por eso me vinculé al proyecto piloto que impulsó desde 2005 la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación y que convirtió a La Libertad en sujeto de reparación colectiva. Recuerdo que Édwar Cobos, alias Diego Vecino, pidió perdón en la entrega del monumento a las víctimas de los Montes de María. Vi con buenos ojos que una persona que cometió tantos errores se haya arrepentido ante la comunidad, porque cuando un tipo le pide perdón de todo corazón a la gente, el corazón de la gente también cambia. Aquí lo que más quieren las familias es que les digan la verdad sobre sus muertos y sus desaparecidos. Y qué bueno lo que dijo Carlos Fernando Galán: “Nosotros perdonamos a Popeye, porque él contó la verdad sobre la muerte de mi papá”. Yo pienso lo mismo: que conocer la verdad ayuda a que las personas descansen.
Gracias a nuestra gestión ante la Unidad para la Consolidación Territorial, la Unidad de Víctimas, la Alcaldía de San Onofre y la Gobernación de Sucre, hoy tenemos en La Libertad 186 viviendas nuevas, hemos avanzado en la construcción de acueducto y alcantarillado, vías terciarias, polideportivo, centro de atención infantil y casa de la cultura. Eso demuestra que, si nos ponemos de acuerdo, podemos cambiar el territorio. La idea es reconstruir el tejido social, pero con cosas concretas para las comunidades, porque para que la gente deje a un lado el odio es necesario que se le resarza el daño causado. Por eso, luego de todo lo que pasó en esta región, vemos de buena forma los diálogos entre las Farc y el Gobierno en La Habana. Ahí lo que se debe tener claro es cómo se va a hacer el trabajo con los guerrilleros reinsertados, que no vaya a suceder con ellos lo mismo que con las autodefensas, que se desmovilizaron y, como no encontraron garantías ni empleo, se fueron para las bacrim. No queremos, aparte de Urabeños y Rastrojos, Farc 2, Eln 3, y así sucesivamente.
Además pedimos que la guerrilla se ponga de acuerdo y deje de matar a tanta gente. Yo sé que la paz se está negociando en medio del conflicto, pero ellos tienen que entender que están muriendo personas inocentes, en su mayoría de los estratos más bajos. Por el lado nuestro, debemos perdonar a las personas que nos hicieron daño; no podemos pensar en venganzas y en seguir con la misma cadena de muerte que durante tantos años nos desacostumbró a llorar. Yo, por lo menos, estoy aprendiendo a perdonar a los grupos armados que se metieron en la zona y creo que, entre más aceptemos a quienes libraron la guerra, la paz será una realidad más palpable en Colombia. No estamos diciendo que este proceso de perdón y reconstrucción en los Montes de María haya sido fácil, todo lo contrario. Sin embargo, hemos decidido perseverar y no vamos a desfallecer hasta salir adelante, porque estamos convencidos de que la reconciliación es lo mejor que nos ha podido pasar”.