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Refugiados climáticos

Muy pronto serían más los desplazados por el clima que por la violencia.

08 de diciembre de 2009 - 05:49 p. m.
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En la villa esquimal de Sishmaref, en Alaska, las casas se están hundiendo y sus pobladores han debido retirarse de la costa. En la pequeña isla de Carteret, en el sur del Pacífico, los sembrados de manglares y los muros de contención no  pudieron  detener el agua. Los tugurios de Dhaka y otras ciudades en Bangladesh se llenan mes a mes con nuevos inquilinos, que han perdido sus casas en los deslizamientos de las riberas alimentadas por el deshielo del Himalaya. Y la nación Tuvalú, la más pequeña de Naciones Unidas, está a punto de abandonar la isla que ha habitado por siglos, pues la marea  arruina con frecuencia los cultivos.

 Mientras el club de presidentes del mundo se reúne en Copenhague, Dinamarca, para acordar metas de reducción de emisión de carbono, los rostros de estas y otras comunidades han aparecido con entendible frecuencia en los medios internacionales. Para cada reportero, son los “primeros refugiados climáticos”, víctimas de fenómenos relacionados con el calentamiento atmosférico y que, con mayor frecuencia durante la última década, han tenido que abandonar sus hogares alejándose de las costas y las márgenes de los ríos.

“Se predice que millones de personas tendrán que dejar sus hogares durante el próximo siglo por cuenta de los impactos del cambio climático”, afirma un reporte reciente de la organización inglesa Fundación por la Justicia Ambiental (FEJ, en inglés), basado en los estimados de incremento de las temperaturas y el nivel del mar del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU. Como muchos otros informes sobre la materia, el reporte de la FEJ cita al profesor de la Universidad de Oxford Norman Myers, quien para mediados de los noventa ya aseguraba que las cifras de refugiados climáticos superaban las de los refugiados por cuenta del conflicto armado o la pobreza. A comienzos del nuevo milenio, Myers proyectaba que en los años por venir, la cifra podría rápidamente pasar de 25 a 200 millones de refugiados climáticos.

Los desplazamientos ya comenzaron. En Tuvalú, un sexto de la población se ha trasladado a Nueva Zelanda y los restantes diez mil habitantes están en proceso de gestionar la compra de una isla y mudar a su gente. En Carteret, entre tanto, con el apoyo del gobierno de Papua Nueva Guinea, 2.700 isleños deben trasladarse próximamente a la isla cercana de Bouganville.

Tanto Tuvalú como Papua Nueva Guinea hacen parte de la Alianza de Países Insulares, la coalición de islas más vulnerables por el incremento del nivel del mar, que han llegado a Copenhague a dar una pelea perdida desde el comienzo: que los países desarrollados reduzcan en un 45% sus emisiones de carbono en comparación con los niveles de 1990 (Obama tan solo promete reducir en un 17% las emisiones norteamericanas de 2005).

Ayer, la Organización Internacional de las Migraciones divulgó en la Cumbre de Copenhague un informe en que reconoce la posibilidad de que el número de “migrantes climáticos” alcance los mil millones, antes de 2050. Esto es lo más cerca que estarán esta nueva forma de “refugiados” en la agenda de esta Cumbre. Pese a que decenas de expertos y líderes han pedido a las Naciones Unidas que establezca una marco legal internacional que proteja a estas comunidades vulnerables de la misma manera que la Convención de Ginebra de 1951 lo hace con víctimas de conflicto armado, el tema no está contemplado en la agenda de las charlas.

Esa será una de las tareas de los países  más vulnerables. Otra será lograr que las sociedades  desarrolladas, responsables de la porción gruesa del calentamiento, se comprometan a indemnizar a estas comunidades, cuyas emisiones no son si quiera considerables y cuyos territorios, como en la historia de Noé, se sumergen minuto a minuto.

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