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Renace el sarampión por culpa de los incrédulos

Los movimientos antivacunas son en gran parte los responsables de la reaparición de enfermedades que estaban siendo controladas.

22 de junio de 2011 - 05:56 a. m.
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Europa ha retrocedido una década en la lucha contra enfermedades como el sarampión y la rubéola, casi erradicadas a finales del siglo XX, por culpa del creciente número de personas que ha dejado de creer en la eficacia de las vacunas. España, que solo sufrió dos casos de sarampión en 2004, hoy acumula más de 1.300, cinco veces más que en todo 2010. Entretanto en Francia, han muerto seis personas y más de 300 han sufrido neumonías graves entre los más de 5.000 afectados.

El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades, agencia de la Unión Europea, ya emitió una alarma ante el descenso de la cobertura de vacunas y llamó la atención de los grupos denominados “antivacunas” para que reflexionen sobre sus decisiones.

Estos grupos, cada día más populares, movidos por ideas naturalistas, rechazan los productos de la industria farmacéutica atribuyéndoles consecuencias para la salud que no han sido documentadas. En algunos casos, se trata de malinterpretación de información científica.

Ese fue el caso de un artículo científico de  1998 que vinculaba la triple vírica con el autismo. Tras la divulgación de la publicación, se produjo un descenso de la tasa de cobertura de la vacuna por debajo del 80% en 2004 en España. Aunque la propia revista The Lancet, una de las más reputadas en el mundo científico, retiró el artículo porque el autor había falseado datos, los activistas lo siguen citando para alertar contra las vacunas.

En entrevista con El País de Espala, Lua Català, pediatra, homeópata y simpatizante de la Liga para la Libertad de Vacunación, la retirada del artículo de Andrew Wakefiled no es más que una prueba de “los intereses oscuros” que defienden las empresas farmacéuticas.

A pesar de que los grandes brotes acaban siempre con hospitalizaciones (y fallecimientos en algunos casos), Català defiende que las enfermedades infantiles prevenibles son “benignas”. Añade que “las vacunas hacen enfermar y causan síntomas más graves que las enfermedades que se intentan prevenir”.

David Moreno, de la Asociación Española de Pediatría, explicó a través del periódico español que “en solo un 5% de los casos, la vacuna del sarampión produce fiebre moderada que dura uno o dos días. La enfermedad dura una semana, con 39 o 40 grados de fiebre. En el 5% de los casos produce neumonía, y en el 10% otitis. En países pobres, la mortalidad está entre el 5% y el 10%”.

Padres en la onda antivacunas suelen argumentar que  las enfermedades infantiles transmisibles “refuerzan el sistema inmunitario”, y por tanto no hay razón para intentar prevenirlas. En la otra orilla están médicos como José María Bayas, presidente de la Sociedad Española de Vacunología, para quién todas estas personas están provocando “un retraso importante en la eliminación de enfermedades como el sarampión”.
 

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