Un gran número de nubes cubría el cielo de Tegucigalpa, la capital de Honduras, a medida que el sol sacaba a sus habitantes del sopor producido por el cambio de gobierno. Según decreto del nuevo ocupante de la casa presidencial, Roberto Micheletti, el día de ayer en todo el país arrancó a las seis de la mañana, justo al final del toque de queda decretado después de que prometiera “restablecer la hermandad”.
Los buses de transporte público salieron a realizar las acostumbradas rutas, mientras trabajadores públicos y privados, estudiantes de colegios y universidades privadas se disponían a cumplir con sus rutinas.
Los quioscos de periódicos y los voceadores de prensa ofrecían, por el precio de siempre, la noticia del año. “Micheletti sucede a Mel”, consignó en primera página el diario capitalino La Tribuna, mientras el Tiempo, de San Pedro Sula, ilustró su portada con una gran foto del juramento del nuevo gobernante.
La convocatoria a una huelga general por parte de los sindicatos y las organizaciones sociales leales a Manuel Zelaya, el mandatario elegido en las urnas en 2005, no tuvo la acogida esperada en los medios de comunicación del país.
“Honduras amaneció en completa normalidad. Las empresas que conforman la economía nacional están funcionando, los niños y jóvenes ya están en sus centros de estudio, los militares por el momento están acuartelados, mientras la Policía mantiene el orden cotidiano”, registró la edición digital del diario El Heraldo.
Horas más tarde, las pantallas de televisión se centraron en la limpieza del gabinete presidencial, cuando Micheletti juramentó a los nuevos ministros de Ciencia y Tecnología, Trabajo, Finanzas, Defensa y Relaciones Exteriores.
Acto seguido, el presidente se dirigió a todo el país para despejar las dudas que aún quedaban sobre su legitimidad: “Aquí no ha habido un golpe de Estado, sino una sucesión constitucional”.
Los principales gremios económicos respaldaron públicamente estas palabras. “Honduras es un país pobre, afectado por la crisis de la que no es responsable, y no es posible que los países desarrollados nos quieran hacer seguir pagando las consecuencias por no tener la información adecuada”, aseguró Benjamín Bográn, presidente ejecutivo del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), en entrevista con La Tribuna.
El país que ve el mundo
Más allá de las fronteras hondureñas, los titulares de prensa mostraban una realidad distinta.
Según el corresponsal de la agencia EFE en Tegucigalpa, un abundante grupo de seguidores de Manuel Zelaya fue el primero en desobedecer el toque de queda que rige en Honduras hasta este martes. En improvisados cambuches, no se cansaron de repetir que el nuevo gobernante había accedido al poder mediante una maniobra ilegal, además de denunciar disparos realizados por los soldados que custodian la sede del Ejecutivo.
Por su parte, Reuters informó que las marchas organizadas por los sindicatos fueron interrumpidas por la policía antidisturbios de la capital, que lanzó gases lacrimógenos desde helicópteros y arrestó a cerca de 30 manifestantes. Además, la agencia británica denunció que los militares suspendieron las emisiones de CNN en Español y Telesur, además de cambiar la programación de radio y televisión para sintonizar novelas, música tropical y programas de cocina.
La situación no era distinta a nivel diplomático. En Nicaragua, en el marco de una cumbre de emergencia, los países miembros del Alba dieron su apoyo incondicional a Manuel Zelaya, además de retirar su representación diplomática en Honduras (ver recuadro).
Al mismo tiempo, la Organización de Estados Americanos (OEA) conformó una comisión que en los próximos días viajará a Honduras para hacer un análisis in situ de la situación política del país. El grupo, conformado por representantes de México y Colombia, estará encabezado por el secretario general del organismo, José Miguel Insulza, y, en un posible escenario, puede decidir la expulsión del país centroamericano.
Pero una de las declaraciones más importantes fue realizada por el presidente estadounidense, Barack Obama, quien, en la reunión que mantuvo ayer con Álvaro Uribe en Washington, calificó de “ilegal” la acción que llevó al poder a Ricardo Micheletti. Y expresó: “Sería un terrible precedente si permitiéramos que este golpe de Estado tuviera éxito”.
La afirmación fue negada enfáticamente por el nuevo canciller hondureño, Enrique Ortez, quien aseguró: “Estamos dentro de un régimen jurídico”.
El factor Chávez
Aún no está claro si el presidente venezolano, Hugo Chávez, cumplirá su promesa de derrocar al nuevo gobierno de Honduras tras el golpe militar a Manuel Zelaya.
Un indicio sobre el futuro de una posible respuesta armada se dio ayer en Nicaragua, cuando Chávez prefirió tomar acciones diplomáticas contra el gobierno de Ricardo Micheletti.
La agencia privada Stratfor descarta un ataque inminente debido a la tensa situación política que enfrenta el mismo Chávez en Venezuela.
Alba cierra filas en torno a Zelaya
Durante la reunión de emergencia convocada en Nicaragua, los países miembros de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) tomaron una decisión trascendental: volverán a mantener contacto diplomático alguno con Honduras hasta que Manuel Zelaya sea restituido en la Presidencia del país.
“Nos declaramos en alerta permanente para acompañar al valiente pueblo de Honduras en las acciones de lucha que han convocado”, reza la declaración suscrita por los presidentes de Bolivia, Venezuela, Ecuador y Nicaragua, y refrendada por los representantes de Cuba, San Vicente y Las Granadinas y Antigua y Barbuda.
En el acto, el mismo Zelaya anunció que se dirigirá hoy a la Asamblea General de la ONU para denunciar el golpe militar que lo sacó del poder el domingo pasado.
“Están creando un Estado de terror en Honduras”, aseguró Zelaya a los periodistas que cubrieron la cumbre.