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Un secreto bajo el hielo

Grupo de físicos ultima detalles de un viaje en el tiempo para desentrañar qué podría ocurrir si el planeta se calienta.

16 de diciembre de 2009 - 05:26 p. m.
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Después de diez días en Copenhague, siguiendo la pista de las negociaciones sobre cambio climático, la paciencia comienza a evaporarse. ¿Por qué tiene que ser todo esto tan complicado?, preguntaba el lunes un periodista de The New York Times a la presidenta de la conferencia, Connie Hedegaard. “Si mi casa se estuviera quemando, decía, no me pondría a discutir cómo apagar el incendio con tantos políticos”. “Es la misma pregunta que me hago desde 2004 cuando comencé a asistir a las discusiones”, fue la respuesta de la ministra, quien poco a poco cambió una encantadora sonrisa por gestos de cansancio y molestia (el miércoles renunció).

Imagine por un minuto que va en un barco a punto de hundirse y lo acompañan 192 personas de distintos países: africanos, europeos, caribeños, latinos, gringos, chinos, indios, japoneses, rusos. Cada uno con una idea distinta sobre cómo se solucionan los problemas, todos queriendo asegurarse un lugar en el bote salvavidas, todos culpándose entre sí. Sólo faltaría añadir al barco las ONG de mujeres, las que luchan por la primera infancia, las que trabajan por los animales, las que atacan la pobreza, a los vegetarianos y a las industrias de autos, energía, tecnología, agrícolas, petroleras, a los escépticos que insisten en que el barco va bien y a los periodistas que confundimos a todos. ¿Podría ponerlos de acuerdo?

Decidí escapar. Pensé que era hora de ver todo este enredo desde otro lugar. Días atrás había enviado un correo al profesor Jorgen Peder Steffensen, del Centre for Ice and Climate de la Universidad de Copenhague. Es uno de los pocos lugares donde se almacenan muestras de hielo extraídas de las profundidades de Groenlandia y la Antártida, y que han sido el punto de partida para entender la historia del clima.

“Tengo tiempo el martes en la tarde. Soy un científico de núcleos de hielo y he estado trabajando en el Ártico y la Antártida durante 29 años. 3:00 p.m está bien para mí. Me puede encontrar en la calle Julian Maries Vej 30, 2100 Copenhague. Tercer piso a la izquierda. Oficina 212”, respondió. Una de las tantas protestas en las que a diario se corea “Stop climate change” retrasó el autobús. Finalmente, en la oficina 212 de un hermoso edificio de ladrillo, el Instituto Niels Bohr, encontré a un hombre alto, robusto, de barba poblada.

Me cuenta que ha realizado 34 expediciones a los polos. En total ha pasado seis años de su vida a menos de 30 grados bajo cero. Habla de Colombia como si hubiera estado ahí. Me explica que hace miles de años la sabana de Bogotá era un gran lago y hoy, en esos sedimentos bajo el suelo, se pueden hallar algunas pistas de cómo fue el clima de los trópicos. Le pido que me cuente cómo empezó toda esta historia del cambio climático. Se acomoda las gafas de lentes delgados sobre el borde de la nariz y comienza a narrar una fascinante historia.

Buscando agua de otra época

Cuando terminó la II Guerra Mundial y se creó el Plan Marshall para reconstruir Europa, el profesor Willi Dansgaard, quien más tarde se convertiría en su tutor, recibió como donación un espectrómetro de masa. El aparato debía destinarse a experimentos en medicina. “El profesor Dansgaard les decía a todos que tenía esta máquina, pero nadie se interesó”, cuenta Steffensen.

Ante la indiferencia de los médicos, sin saber qué hacer con el aparato, decidió un día tomar muestras de lluvia en Copenhague. Cada media hora recogió una muestra  de agua que luego procesó en el espectrómetro buscando medir la concentración de isótopos de oxígeno (átomos con carga). Steffensen abre los ojos, hace silencio para crear suspenso y dice: “¡Descubrió que podía calcular la temperatura de las nubes a partir de las muestras de agua!”. En un diario, Dansgaard escribió: “Si pudiera encontrar un lugar del planeta con agua antigua, podría averiguar cuál era el clima en otras épocas”.

Decidió entonces viajar a Groenlandia. Los icebergs podrían guardar esa agua en su interior. La II Guerra Mundial había concluido, pero la Guerra Fría avanzaba. Groenlandia era uno de los puntos más calientes de la confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Para sorpresa del hombre en busca de hielo antiguo, los norteamericanos habían instalado una base nuclear: Camp Century. El profesor Steffensen se ríe y se lleva las manos a la barba al contar esto. Los gringos tenían lo que él quería.

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En los años siguientes Dansgaard hizo todo lo posible por obtener una muestra de los núcleos de hielo que los militares habían extraído a más de un kilómetro de profundidad. Hacia 1967, “cuando se analizaron varios miles de muestras, apareció la fotografía completa del clima del planeta”, dice Steffensen mostrando una gráfica en la que una línea azul sube y baja. Representa los períodos calientes y fríos de la Tierra: “Cuando taladras en el lugar indicado y llegas a capas de hielo que nunca se han derretido, estás en un área donde se conserva la nieve que cayó hace cientos y miles de años”.

Así se reconstruyó el clima de los últimos 125.000 años. Más adelante se tomaron muestras de la Antártida y fue posible viajar más atrás en el tiempo, hasta 900.000 años. En una de las fotos que me muestra Steffensen aparece su esposa sosteniendo un bloque de hielo. “Es nieve que cayó en la época en que vivían los mamuts”, dice. En otra se aprecia alguien de la realeza danesa sosteniendo otro bloque. “Es nieve que cayó la mismísima noche de Navidad, el día que nació Jesús”. Toda la historia del planeta está allí, congelada y oculta.

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Saltos abruptos

Muchos se interesaron en la ciencia del clima. Hoy es el tema de moda. Se descubrió que el planeta estaba entrando en una época de calentamiento por cuenta de los gases de efecto invernadero. También se comprendió mejor la interacción entre vientos, mareas, glaciales. Y quizá lo más preocupante: un fenómeno que sería bautizado “The bipolar sea saw”. Se trata de una oscilación climática. Cuando el hemisferio norte se enfría, el sur permanece más caliente y viceversa. El peligro de esa oscilación es que en el pasado produjo saltos abruptos de temperatura de 10 a 14°C de un año para otro. Si hoy intentamos que en los próximos cien años la temperatura no suba 2°C, no es difícil imaginar el desastre que significaría uno de esos cambios.

“No sabemos por qué en los últimos 10.000 años desaparecieron esos cambios abruptos”, explica el profesor. Y eso es justamente lo que aterra a los científicos,  que por nuestra culpa ese “interruptor” se vuelva a encender.  Precisamente eso es lo que quiere averiguar Steffensen y necesita volver a viajar en el tiempo congelado en el hielo de Groenlandia un poco más atrás de 125.000 años, punto en el que se produjo un calentamiento similar al que hoy estamos viviendo.

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Es el momento en que el veterano científico se pone tenso: “Tenemos que ir al pasado y preguntarle: ¿se puede volver a encender este interruptor? Si la respuesta es no, yo estaré tranquilo, pero si la respuesta es sí tendremos que decirles a los políticos; ¡eyyy, paren esto ya, es muy peligroso!”.

No puedo irme sin saber qué opina de las negociaciones. “Si el problema se pudiera solucionar a la manera danesa —somos personas pragmáticas—, diría que le impusieran un impuesto a la gasolina, así la gente consumiría menos y la industria buscaría nuevas formas para producir a bajo costo. Pero todos los que vienen aquí tienen su propia forma de resolver los problemas y eso complica todo”.

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De vuelta a Groenlandia

Desde el año pasado, científicos del Centre for Ice and Climate de la U. de  Copenhague pusieron en marcha un nuevo proyecto. Durante seis meses construyeron una estación de exploración en Groenlandia para buscar hielo de hace 125.000 años.

Hasta 2010 estarán taladrando con el propósito de llegar a ese punto crítico, que según el profesor Jorgen Steffensen permitiría predecir si con el calentamiento global que hoy vivimos se podrían producir cambios de temperatura tan abruptos como los que experimentó el planeta hace miles de años.

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En caso de comprobarse su hipótesis, los modelos de predicción climática actuales tendrían que tirarse a la basura, y los 192 países que hoy están enfrascados en la negociación sentarse una vez más, esta vez a resolver el asunto sin dilaciones.

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