El pasado domingo, las autoridades marítimas del muelle de Manga, en Cartagena, recibieron un buque naranja, español, de 82 metros de eslora y 5,5 metros de calado máximo, que carga hasta 3.000 toneladas y tiene categoría 1C de rompehielos. Dicho de otro modo: el ‘Hespérides’ A-33 es largo como cuatro tractomulas en fila y tiene la capacidad de hundirse hasta cinco brazos unidos y quebrar a su paso, con su cabeza reforzada, los cuerpos de hielo.
Al otro lado de la línea, en el buque, el jefe científico de la sexta etapa de la Expedición Malaspina 2010, Rafel Simó, dice que está bien, gracias.
— Todo lo bien que se puede estar después de 30 días en el agua.
Vida sin oxígeno
El ‘Hespérides’ partió de Cádiz, España, el 15 de diciembre de 2010 para realizar la Expedición Malaspina. En la primera etapa, cruzó las aguas y visitó Río de Janeiro. Luego viajó a Ciudad del Cabo (Sudáfrica), atracó en puertos australianos, arribó a Honolulú (Hawái), atravesó el Canal de Panamá y recaló en Cartagena, donde finalizó la sexta etapa. Es la primera vez que el buque rebasa las fronteras del Mediterráneo y el Atlántico. “La navegación —afirma Juan Antonio Aguilar, capitán del ‘Hespérides’— tiene como objetivo estudiar la biodiversidad, la penetración de dióxido de carbono en el mar, la vida bacteriana a 4.000 metros de profundidad y el impacto del cambio climático”. Cincuenta y siete integrantes de la Armada Nacional y 37 científicos, que cambian en cada parada, conforman la tripulación.
El buque está equipado con instrumentos para la recolección y análisis de muestras. Por ejemplo, la roseta o CTD, un conjunto de botellas que alcanzan las profundidades y permiten medir la cantidad de sal, oxígeno y plancton; por su parte, un sistema de canastas como calcetines atrapa organismos en el agua. “Queremos buscar la huella humana en el océano más alejado de los continentes”, asegura Simó, desde el buque.
En su camino desde Hawái han descubierto que una región extensa, considerada zona muerta, tiene una concentración muy baja de oxígeno. “Y aún así hay vida, pequeños organismos que sobreviven”, cuenta Simó.
Buque de día, buque de noche
La rutina es sencilla. A las 4 de la mañana el buque se detiene; los investigadores meten los equipos al agua. A las 7 se une otro grupo de observadores y empieza una jornada de ocho horas, con recorridos en el mar cercano. Comen. Luego de la cena los científicos se reúnen. El itinerario se cumple de proa a popa: sólo una tormenta, al sur de Madagascar, detuvo a la expedición por cuatro días.
“Echar unas risas”
En la noche, unos duermen y otros trabajan. El buque estará una semana en Cartagena, Colombia, y terminará la travesía en Cartagena, España, a mediados de julio. Quedan ratos para cantar con la guitarra, “echar unas risas”, ver películas. Así han vivido, día a día, navegando 30.000 millas alrededor del mundo.
Expedición Malaspina 2010: a océano abierto
La Expedición Malaspina costó cerca de 17 millones de euros y estará en Cartagena hasta el 19 de junio. El proyecto es soportado por 114 investigadores españoles y 17 instituciones españolas.
La travesía recuerda al oficial de la armada Alejandro Malaspina, que el 30 de julio de 1789 comenzó una exploración naval por el mundo con objetivos políticos y científicos.
El viaje del ‘Hespérides’ ha tenido seis etapas. La tarea es, según el jefe científico de la expedición, Rafel Simó, “observar cómo se desarrolla la vida en un ambiente hostil”. La investigación requiere 5.500 gigabytes para almacenar la información y tiene 350 estaciones de muestreo en el océano. Los científicos han recogido una muestra de 270 litros de agua . Al ‘Hespérides’ lo acompañó el buque Sarmiento de Gamboa, que volvió a España el 10 de abril.