Los dos son artistas pero no se sienten cómodos con el término. Ya están por encima del bien y del mal y por eso se pueden dar el lujo de manifestar lo que quieran sin el temor de sonrojarse. Ella dice no tener ninguna relación con la palabra. No la reconoce como un componente de su personalidad sino que la entiende como una entidad ajena. Él, por su parte, piensa que la expresión está un poco trajinada y que ahora se le llama artista a cualquier persona que se comprometa con la labor de adornar paredes blancas.
Sin embargo, en el arte se conocieron mejor y, gracias a él, el país y el mundo tienen conciencia de que existen dos personajes llamados Olga de Amaral y Jim Amaral, dos seres humanos comprometidos entre sí, y con la intención de aportar con su trabajo soluciones coloridas a una realidad, muchas veces, cruda y gris.
No tienen la costumbre de exponer juntos. En Colombia hacía más de 20 años que no lo hacían, pero se dejaron tentar por el espacio óptimo de la galería La Cometa y ahí exhiben dos muestras con lo más representativo de sus trabajos. Pero ellos están juntos, mas no revueltos. Olga lidera su Strata, mientras que Jim tiene absoluto control dentro de sus Meridianos.
“No nos gusta mucho exponer juntos porque la gente no puede separar dos cosas que para nosotros van aparte: la pareja y la muestra. En muchas ocasiones resultamos más llamativos nosotros que las mismas piezas y de eso no se trata”, dice Olga de Amaral, una mujer a quien le gusta lo que ve en sus creaciones, pero no las observa por simple contemplación sino para sentir realizado un sueño. Se trata de algo que va más allá de los límites de la fantasía. Es una especie de pausa en el camino para reconciliarse con la vida y seguir adelante.
Lo que más le interesa a ella en este momento es la construcción de la luz y de los colores. Por ahora está fascinada con la tonalidad del oro, porque es la máxima representación de la reflexión de luz. Aunque no olvida los colores de la tierra. Él,
mientras tanto, dejó a un lado las creaciones con alto contenido sexual y se aventura en la elaboración de esculturas que, como su autor, hacen parte de una especie en vía de extinción.
“Mis esculturas no tienen caras porque eso hace parte de lo que pasa cotidianamente. Ahora hay muy pocos rostros y muchos números de identificación. Mis esculturas no son un hombre sino todos”, afirma con acento extraño Jim Amaral, quien llegó a Colombia cuando tenía 24 años y se dejó hipnotizar por una tierra de dimensiones reducidas y por unos seres humanos sin afanes.
Ambos utilizan la palabra espíritu para hablar de sus propuestas y, sin decirlo, parecen estar de acuerdo en que se trata de algo muy misterioso y que no se puede manipular, algo similar a la libertad que han encontrado los Amaral cuando se disponen a crear, cada uno por su lado. Son pareja pero a la vez son individuos auténticos que han hecho del arte un pretexto para vivir y que el tiempo y el talento los ha convertido en mucho más que dos artistas.
Hasta el 9 de diciembre en la galería La Cometa. Carrera 10 N° 94A-25. Teléfono 601 9494. Olga de Amaral ‘Strata’ y Jim Amaral ‘Meridianos’.