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Una sabana de agua

Mientras en algunas zonas ha empezado a bajar el nivel de agua, en otras como Cota y Zipaquirá sigue subiendo. Entre tanto, los afectados aumentan. En la Empresa de Acueducto hay un Centro Unificado de Mando que monitorea la situación.

22 de noviembre de 2011 - 10:41 p. m.
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Esta semana no ha sido fácil para los habitantes de la sabana de Bogotá: una vez más las lluvias inundaron cientos de hectáreas, que apenas empezaban a recuperarse del pasado invierno. El nivel del agua del río Bogotá sube y baja rondando los 6 metros con 50, máximos históricos que obligaron a la Gobernación de Cundinamarca y al Distrito a declarar ayer la alerta roja y poner en marcha un Puesto Unificado de Mando, que funciona desde el lunes en la Empresa de Acueducto y Alcantarillado.

De acuerdo con el último reporte de la Corporación Autónoma Regional (CAR), en algunas zonas como Chocontá, Suesca y Gachancipá los niveles del río han bajado varios centímetros. Pero en otros, como Zipaquirá y Cota, el caudal no para de crecer. Lo más preocupante es que, de acuerdo con los últimos monitoreos, es posible que se presenten nuevas crecientes en la parte alta del río, sobre todo si se tiene en cuenta que, según el Ideam, las lluvias continuarán hasta mediados de diciembre.

Detrás de las imágenes de cientos de hectáreas anegadas, ocultas entre las cifras, y al lado de los anuncios oficiales, se tejen miles de historias bajo las lluvias. Hombres, mujeres y niños que aún tienen fresca en su memoria las inundaciones de hace unos meses y que ven cómo regresa el agua sin darles tregua.

Sin escuela e incomunicados

Se llama Mariano Joaquín Silva. Llegó a vivir en una casita en la vía Suba-Guaymaral hace pocos meses, huyendo de la pasada temporada invernal, que terminó por desplazarlo desde San Miguel de Sema cuando se desbordaron la laguna de Fúquene y el río Suárez. Montado en una bicicleta, en la que intenta cruzar las aguas que tienen sumergida la vía, para volver a su casa, dice que la historia por esos lares no ha sido muy distinta. Antes de cruzar la vía por la que sólo pueden pasar los lugareños en bicicletas o caballos, sigue contando que ya ha tenido que vender cinco de sus 28 vacas para pagar el arriendo.

Luego se prepara para dar el primer pedalazo con unas botas pantaneras y agrega: “Ellos saben que esta vía ya se había inundado, sabían que había que limpiar, pero mire, el cauce está obstruido y por eso estamos en las que estamos”.

Constante vigilancia

Conduce una camioneta roja, la misma que en otras ocasiones lleva hombres para detener incendios. En la camisa dice que se llama Fabián Ramírez. Es uno de los bomberos que a esta hora siguen monitoreando el río a la altura de Cajicá, en la zona conocida como Maletines. Mientras anota en una planilla “6 metros con 25 centímetros”, la última medición ayer en la mañana, asegura que nunca en el municipio el río había crecido tanto.

Hace seis meses, el jarillón que debía protegerlos de las aguas terminó rompiéndose apenas el agua alcanzó los 5 metros con 40 centímetros. Esta vez, espera que los trabajos de los dos últimos meses funcionen. Para su tranquilidad, por el momento no hay personas afectadas, pero tiene claro que no puede perder de vista el aumento del río, para evitar de todas las maneras posibles que el agua vuelva hasta las viviendas vecinas de la zona, como ocurrió durante las pasadas lluvias, cuando todos los habitantes del conjunto Hatogrande, cerca de la hacienda presidencial, tuvieron que salir de sus casas anegadas por las aguas. “Por ahora lo único que esperamos es que este jarillón no se rompa”, dice con una mirada que delata que de suceder esto, no sabrían qué hacer.

Obreros invernales

Hace ocho meses que sus días transcurren en la Vía Teletón-Chía. Ocho meses en los que, debido al invierno, dejaron de limpiar canales y barrer peajes. Ahora llenan lonas con arena para tratar de detener el paso del río a la altura de la Universidad de la Sabana. Uno de ellos es Erley Verano Gómez. Tiene 22 años. Sabe que el río no da espera. Lo sabe porque vio, el pasado fin de semana, cómo las aguas contaminadas del río Bogotá volvieron a inundar casi 80 hectáreas de la zona donde ya habían adelantado trabajos de mitigación. A diario, el equipo de hombres fuertes y cansados levanta cerca de 200 bultos, mucho más pesados que de costumbre, por el agua que empapa la arena.

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Preguntas para Andrés González, gobernador de Cundinamarca.

¿Por qué se decreta la alerta roja en el río Bogotá?

Porque el río ya llegó a su límite por los aguaceros continuos y la saturación del nivel freático.

¿Qué implicaciones tiene la alerta?

Es un mecanismo de prevención para que los habitantes asuman conductas prudentes y que las autoridades adelanten un plan muy preciso de prevención. Incluyendo evacuaciones.

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¿Se contemplan evacuaciones?

Se están identificando zonas de riesgo, pero no se descartan.

¿Qué se hará ahora?

Estamos contemplando realizar inundaciones controladas en predios inundables, mantener el bombeo que hace la Empresa de Energía Eléctrica en la cuenca alta y continuar con el dragado.

¿Cuánta gente podría verse afectada?

Entre 100 mil y 900 mil personas.

¿Qué puede hacer la ciudadanía?

Tener claro su papel en el momento de una emergencia. Es importante que nos colaboren a seguir los planes de evacuación. Asimismo, que se cuiden de taponar alcantarillas y canales.

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