La historia de Ronie Gnecco siempre estuvo ligada a los aviones. Desde niño, en su natal Valledupar, soñaba con estos aparatos y encontró en el aeromodelismo una actividad para dar forma a sus ilusiones. Terminó sus estudios de bachillerato, en el colegio Wistom Salem, en Bogotá, e ingresó a las Fuerzas Armadas, a la Escuela de Lanceros, donde tuvo la oportunidad de tomar un curso de paracaidismo, porque todo lo que suene a volar le llama la atención.
Para seguir dándole vuelo a su gusto por los aviones, Gnecco viajó a Estados Unidos, donde se graduó como técnico en estructura de aeronaves, con certificación de la Federal Aviation Administration (FAA) de ese país y consiguió un diplomado en Ingeniería Aeronáutica de la Universidad Embry Riddle Aeronautical University, en Daytona Beach, Estados Unidos.
Tenía claro que su objetivo era integrarse a uno de los dos fabricantes de aviones más importantes del mundo, el norteamericano Boeing o el europeo Airbus. En su radar advirtió una oportunidad con una empresa inglesa que le prestaba servicios a Airbus y llegó a la ciudad de Bristol, para vincularse como practicante. Pero su deseo era dar el salto sobre el Canal de la Mancha y aterrizar en Toulouse, Francia, donde queda la sede del fabricante europeo de aviones.
Como buen colombiano rebuscador, comenzó a aplicar a cuantas empresas relacionadas con la industria aeronáutica le pudieran ofrecer una oportunidad. Encontró una en la compañía Clairis Technologies, proveedora de Airbus, donde se desempeñó como ingeniero de mantenimiento en 2003. La empresa tenía un contrato para producir el piso de la parte delantera del fuselaje del primer avión A380 (el gigante que puede transportar a más de 500 personas). Gnecco recuerda que se desempeñó en funciones de soporte técnico durante el proceso de ensamblaje y se ocupó luego de redactar los métodos de mantenimiento del la aeronave.
En 2006 tuvo una participación más directa en la producción del avión. Fue encargado de la coordinación del equipo técnico, que realizó el mantenimiento, configuración y soporte de las pruebas de funcionamiento de los sistemas hidráulicos, electrónicos y neumáticos de la aeronave. Gnecco cuenta que “fue un trabajo arduo, que significó muchos días en vela haciendo las pruebas. Se trataba de la seguridad de millones de personas que viajan en estos aviones”.
Pero este año, con el A380 ya en etapa comercial, Airbus lo incorporó de manera directa a la compañía, en el área de Airtac (Aircraft Technical Aircraft On Ground Center). Tiene a su cargo la coordinación de los servicios técnicos a todas las aerolíneas del mundo que incorporen a su flota al gigante de los aires. “Es una labor que me gusta, lo considero un factor clave en el éxito del proyecto. Soy el responsable de que los aviones tengan en el aeropuerto de destino los componentes que requieren, incluso, cuando estén en vuelo. Además, me da la oportunidad de viajar mucho, algo que realmente me gusta”.
El A380 ha tenido inconvenientes para su entrega a las aerolíneas y clientes que lo han adquirido, sobre lo cual el colombiano reveló que se debió a un problema de compatibilidad del software de diseño que se utilizaba en las plantas de producción de partes distribuidas por Europa, lo cual se descubrió en 2006 y que impedía el ensamblaje. “Por ello tuvimos que instalar parte del cableado del avión de manera manual, y esto nos llevó más tiempo de lo que pensábamos”. Al vuelo, la compañía tuvo que hacer un esfuerzo e instalar el mismo software en todas las plantas. Solucionados los problemas, este año se entregarán 12 aviones y la meta es optimizar los procesos de producción a cuatro aviones al mes.
Hoy son 17 los clientes que han pedido 202 A380 y Airbus tiene una proyección según la cual durante los próximos 20 años se necesitarán 1.283 aviones de estas características, de los cuales aspira a vender la mitad. Un objetivo del que participa el colombiano Ronie Gnecco.