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Viaje al centro de la Tierra

Terminó la segunda etapa del alucinante experimento que pretende descifrar cómo se forman los terremotos.

09 de septiembre de 2009 - 05:59 p. m.
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Con su característica obstinación y disciplina, los japoneses están embarcados en una tarea histórica: descifrar, de una vez por todas, el origen de los terremotos y tsunamis que cada cierto tiempo sacuden y destruyen la tranquilidad de su país.

El 29 de julio de 2005, desde el astillero del consorcio Mitsubishi, zarpó el Chikyu —que significa ‘tierra’ en japonés—. Se trata del barco más sofisticado en tareas de exploración, capaz de taladrar hasta profundidades de 6.000 metros. Tres cuartas partes del Monte Éverest al revés. A bordo del Chikyu viajan científicos japoneses acompañados por norteamericanos, chinos, de Corea del Sur y Europa que se han sumado a lo que algunos califican como uno de los superexperimentos del siglo.

Esta semana concluyó, entre abrazos y brindis, la segunda etapa del proyecto, que ha sido bautizado NanTroSeize, una abreviatura de Nankai Trough Seismogenic Zone Experiment. Lograron taladrar hasta una profundidad de 1.603,7 metros.

El sueño de Julio Verne

A diferencia de los protagonistas de Viaje al centro de la Tierra, la novela de Julio Verne, que se aventuran por la boca de un volcán rumbo al misterioso corazón terrestre, los exploradores orientales aprovecharán una herida en el fondo del océano Pacífico, la famosa falla de Nankai a 600 kilómetros del suroeste de Tokio.

En esta hendidura, donde se solapan las placas tectónicas, la Euroasiática y la de Filipinas, se originan el 90% de los terremotos que afectan a Japón y el 20% de todos los grandes terremotos del planeta, aquellos superiores a los seis grados en la escala de Richter. Se calcula que en esta caverna submarina cada 90 a 147 años se gesta un megaterremoto capaz de enterrar pueblos enteros. Terremotos que resultan de la acumulación de estrés entre las placas tectónicas. Una cadena de desastres que se pierde en la historia de Japón y los países asiáticos cercanos.

Nankai ofrece las condiciones más favorables para un viaje rumbo al centro de la Tierra. Mientras en el continente la corteza terrestre tiene un grosor de aproximadamente 72 kilómetros de roca sólida, desde el fondo marino ese grosor es apenas de más o menos ocho kilómetros. Los científicos creen que si llegan al fondo de la falla, toman suficientes muestras de las rocas que la conforman e instalando equipos de mediciones, abrirán una nueva era en el estudio de los terremotos y tsunamis.

¿Qué causa los terremotos?

“Esperamos instalar sensores en el fondo de la falla para registrar más de cerca los terremotos y para medir las presiones sobre la roca. Esperamos entender el proceso responsable de estos terremotos”, fueron las palabras con que Harold Tobien, de la Universidad de Wisconsin y codirector resumió el proyecto.

Su colega Masataka Kinoshita, también codirector, planteó que “es imperativo acercarnos al estudio de los factores que causan estos devastadores terremotos”. Aunque por supuesto los terremotos seguirán sacudiendo su país, Masataka confía en que todos los resultados de esta misión serán de gran ayuda para que las personas estén mejor preparadas para un desastre.

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Masataka y Tobien son los cerebros de un proyecto que nació hace 19 años en la mente de Asahiko Taira, del Centro Japonés para la Exploración de las Profundidades de la Tierra. Hace un tiempo, Asahiko recordó ante periodistas el origen de todo esto. “Se me ocurrió esta idea en 1990, cuando pensé que si Rusia y Estados Unidos investigaban el espacio exterior, Japón podría liderar la exploración del espacio interior, es decir, de las profundidades del mar”.

El proyecto que soñó Asahiko comenzó a hacerse realidad cuando en 2007 concluyó la primera fase, en la que se perforó en seis sitios hasta una profundidad de 1,5 kilómetros. Esta semana concluyó la segunda etapa. Por ahora el Chikyu permanecerá anclado en el puerto de Yokkaichi mientras sus tripulantes preparan una nueva expedición. Este año esperan concluir la tercera fase en la que podrían ir hasta los 5.500 a 6.000 metros. Una vez allí instalarían un sistema de monitoreo temporal por uno o dos años, para finalmente, en la cuarta y última salida del Chikyu reemplazarlo por un sistema de control definitivo. Eso no será posible antes de 2011.

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Con un oído electrónico en el fondo de la falla de Nankai, los japoneses esperan que los terremotos dejen de ser un fantasma rondando en sus vidas.

Para ver la cueva de los terremotos haga clic, AQUÍ

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