Un concierto tiene dos propósitos, lo que representa empresarialmente y los sueños que puede cumplir. Por eso, este siglo llegó con las pilas puestas y ha traído a Iron Maiden, Muse, Soda Estéreo, Placebo, Bjork, Marilyn Manson, R.E.M., entre otras grandes agrupaciones del rock y sus grandes variantes.
Sin embargo, nunca hubo una temporada en la que tantos artistas vinieran en un lapso tan corto, dejando un promedio de casi una banda por semana. Coldplay (4 de marzo), Metallica (10 de marzo), Franz Ferdinand (27 de marzo) Guns N’ Roses (30 de marzo) llegan para dejar a más de uno satisfecho, a otros arruinados y a algunos afortunados ad portas de los otros conciertos del año.
Ahora bien, en toda esta euforia de artistas hay dos partes muy importantes. Por un lado están los empresarios, quienes gestionan la presentación de estas bandas en el país, haciendo un negocio en el que lo más importante es la ganancia. “Los grupos vienen únicamente por plata. No les importa nada más, tanto así que, por ejemplo, Metallica llega tres horas antes del concierto y se van en cuanto acaban”, comenta Juan Arbeláez, director de proyectos de Evenpro.
De igual manera, Juan Pablo Ospina, de Show Businnes & Entertainment, comenta: “Estamos trabajando muy bien. Es una plaza que no han visitado algunos grupos, por esto Colombia es un atractivo, además estos conciertos favorecen al país porque la imagen que proyectan estos artistas de Colombia no se logra ni con una campaña multimillonaria”.
De esta forma se evidencia lo que está detrás de eventos que hacen felices a miles de personas, pero que acarrean cantidades inimaginables de gastos en publicidad, impuestos y logística.
Tan pronto como se confirma el arribo de la banda al país comienza el problema con los costos exagerados en la boletería. “El Gobierno quita el 30% de los ingresos, las medidas de la Alcaldía para la realización de los eventos es más difícil cada día. Para Metallica se necesita desplazamiento de policía, alquiler de espacios públicos, los camerinos de la banda cuestan $30 millones, son $15 millones en cerramiento”, agrega Arbeláez.
En este punto es donde hace presencia la otra parte del juego, el fan, esa persona seguidora ferviente de un grupo. “Ir a un concierto de Metallica es muy significativo para mí, porque crecí con ellos y gracias a ellos empecé a tocar guitarra”, comenta Germán Vásquez, fan de la agrupación estadounidense.
A esta clase de fanáticos el valor de la boleta les importa poco, pues cuando se ama a una banda se hace lo que sea, y una de las cosas más comunes son los concursos. “Haría de todo, me gustaría conocer a Axel Rose y decirle que él ha sido de gran ayuda en mi vida”, afirma Andrea Sanabria, presidenta del fan club Guns N’ Roses Colombia.
Así es la magia que encierra un concierto, esa experiencia única que inunda las venas de los asistentes hasta escuchar ese “Gracias Colombia” que no tiene precio.