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¿Quién metió búfalos en la casa del pato?

La desecación de la Ciénaga Grande esconde una historia de violencia y demuestra la torpeza para entender la riqueza económica que pueden proveer nuestros ecosistemas.

28 de marzo de 2015 - 09:00 p. m.
La empresa Agropecuaria RHC, socia de Asocebú, es la responsable de la desecación de la zona sur de la Ciénaga Grande. Su dueño aseguró haber comprado de “buena fe” las fincas. / Archivo particular
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Hay imágenes que tienen la esquiva virtud de persistir en la memoria. Las fotografías que conocimos los colombianos sobre la tragedia ambiental que ha ocurrido al sur de la Ciénaga Grande de Santa Marta son imágenes que tienen ese poder: se resisten al olvido. Hay en ellas una desesperanza escondida entre las motobombas, el tractor, los diques y los búfalos que han ido arrasando el santuario de cientos de especies de flora y fauna. Pero también una historia de estupidez y de dolor.

La historia oculta de las fotos

Las fotos fueron tomadas en los primeros días de diciembre de 2014. Pero entre diciembre y el 9 de marzo, cuando saltaron del escritorio de algún funcionario a las páginas de los periódicos, nadie hizo nada por apagar las motobombas con que se estaba secando un pedazo de la laguna costera más grande e importante del país. La excusa fue la de siempre: “Estamos investigando”.

Nadie movió un dedo desde que la empresa Agropecuaria RHC, cuyo nombre corresponde a las iniciales de su dueño, Rafael Hoyos Cañavera, un comerciante de Montería, se instaló en las fincas Mendegua, Mendegüita y Condazo para transformarlas a su gusto. La finca que RHC soñó por años se ha estado construyendo desde años atrás bajo la mirada pasiva de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag), la autoridad ambiental regional y el alcalde de Remolinos.

Inspirado seguramente en los relatos de amigos o quizás en las invitaciones de Asocebú y Fedegán, a RHC se le ocurrió que criar búfalos ganándole terreno a la Ciénaga era un gran negocio. Los robustos bóvidos procedentes del sudeste asiático tienen fama de ser buenos para terrenos cenagosos, encharcados, de tener ubres productivas, de proveer carnes de buen sabor.

RHC mandó a construir diques. Las estimaciones iniciales hablan de 27 kilómetros de diques. RHC instaló motobombas para desecar la Ciénaga. Quemó y taló la vegetación. En esas estaba cuando el helicóptero de la Fuerza Aérea sobrevoló las tierras que él reclama como suyas y funcionarios de Parques Nacionales obturaron sus cámaras.

Las fotos de la Ciénaga desecada cuentan una historia de ambición y de ignorancia. Las lagunas desecadas sobre las que ahora algunos búfalos hunden sus resistentes pezuñas se formaron durante decenas y miles de años. Son el hogar favorito de aves de patas perfectamente flacas, adaptadas al agua, como las garzas morenas y reales, como el alcaldito, como el carrao, como esa otra que llaman cabeza de cera o coscongo. Son el refugio de aves migratorias que cada año viajan cientos de kilómetros huyendo del frío de Norteamérica, como el pato barraquete, que se mezclan con sus familiares locales, el pato real y el pato malibú. Esto por mencionar unas pocas. Porque la lista de plantas, anfibios, peces y reptiles es larguísima.

La Ciénaga Grande es una receta mágica de aguas saladas del mar Caribe mezcladas con aguas dulces del portentoso río Magdalena y otros ríos y riachuelos menores que bajan de la Sierra. Una receta inimitable de canales llenos de lodos y arenas, repletos de compuestos orgánicos. De pantanos salinos con vegetación enraizada. De llanuras de manglares otras veces. De planicies aluviales. Cuerpos de dunas. ¿Sabrá RHC algo sobre la relación de los vientos alisios y estas lagunas? Seguro no. Es difícil imaginar que conozca alguna de las más de 800 investigaciones que se han realizado para entender los secretos de este lugar. De otra manera no estaría pensando en búfalos. Es la misma mentalidad de otros empresarios que terminaron ocupando innecesariamente 10 millones de hectáreas para ganadería en Colombia.

Los viejos pobladores de la Ciénaga conocían y apreciaban esa complejidad que RHC arrasó. Por eso sus casas palafíticas tienen patas flacas como las de las garzas y el carrao. “La Ciénaga es el riñón del país”, dijo alguna vez un habitante de Palermo. Otro dijo a la investigadora Sandra Vilardy: “La Ciénaga es la empresa más grande de Colombia… Yo te lo digo porque resulta que de esta ciénaga viven más o menos de 12.000 a 15.000 familias, pescadores, compradores, vendedores”.

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Ecopetrol, oficialmente la empresa más grande de Colombia, no supera los 8.000 empleados directos. Meter búfalos en lagunas que podrían estar repletas de peces, en tierras inundables aptas para ciertos cultivos, no parece el negocio más inteligente.

Pero esa es apenas una parte de la historia que cuentan las fotos de la Ciénaga. La otra parte de la historia la saben de memoria Ella del Castillo y Diana Carmona, de la Unidad de Restitución de Tierras de Atlántico. Para ellas, más que una tragedia ambiental, esta es una “historia del dolor de una comunidad”.

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El primer muerto fue Luis Mariano Pertuz, un profesor que daba clases de religión en el municipio de Remolino. ¿Por qué lo mataron los “paras”? Pudo ser por error o un error voluntario para escarmentar al resto de habitantes. Eso fue el 23 de junio de 1997.

El siguiente asesinato ocurrió el 16 de septiembre. Hombres con brazaletes de Auc asesinaron a la pareja Ana Margarita Gutiérrez y Andrés Pertuz Pertuz. Un mes mas tarde cayeron los “cachacos”, dos comerciantes. Quizás habían aprendido de la historia que no era tan buena idea reunir 3.000 personas como en las bananeras, ahí cerquita, en Ciénaga, para disparar sin misericordia. Que uno a uno la cosa resulta más fácil de esconder. En Remolino y sus alrededores han sido documentados 12.495 hechos violentos

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La mayoría de los habitantes de la vereda Santa Rita y del sector Los Patos se desplazaron. El poblado quedó solo. Unas 400 familias se dispersaron por la región. Pensaban que escapaba pero los persiguieron hasta Santo Tomás, a Palmar de Varela, a Sabanagrande, a Malambo, a los barrios pobres de Barranquilla donde se escondían. Para que vendieran la tierra.

Uno de ellos recuerda que fue un hijo del señor Domingo Ortega, hacendado, quien los buscó y los convocó a una reunión con su padre Jorge 40 y Mancuso.

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—¿Cómo están? —preguntó Jorge 40.

—Hombre, bien, gracias.

—Digan que están bien mal… Los he mandado a llamar para comprarles las tierras.

—Nosotros no las podemos vender porque ahí tenemos animalitos y cómo vamos a hacer eso.

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—Pero yo se las vine a comprar y les voy a dar $100.000 por hectárea

—Bueno, por ese precio, menos.

—Si no las venden hoy, no las venderán más nunca.

—Y por qué no las vamos a vender.

—Ya se los dije que no las van a vender más nunca.

RHC se ha defendido diciendo que compró esas tierras a Domingo Ortega, “una persona muy respetada”, porque no le vio problema, porque no sabía qué pasó antes. A un periodista de El Heraldo le dijo que “será el tribunal el que diga quién tiene la razón”.

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Es difícil que él tenga la razón. Por un lado está la Ciénaga acorralando sus argumentos. Por otro, existe un expediente con 7.000 folios presentado al Juzgado 2 de Restitución de Tierras de Santa Marta que recoge las reclamaciones de 150 personas de 36 familias.

Varias personas tendrán que explicar mejor sus actuaciones en esta historia: Manuel Domingo Ortega Polo, político de la región y comerciante; Alexis Ortega, hijo de Manuel Domingo Ortega Polo, quien trabajó hasta hace poco en la Gobernación del Magdalena; Ramón Prieto Jure, exalcalde del municipio de Pivijay y condenado por parapolítica; Pedro Manuel Gamarra Sierra, ganadero del municipio de Pivijay, hermano del exrepresentante a la Cámara José Gamarra Sierra, condenado por parapolítica, y por supuesto RHC, actual dueño del 70% de los predios solicitados.

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Por ahora parece que las imágenes sacudieron algunas conciencias y voluntades políticas. Desde que fueron publicadas, las autoridades responsables han realizado varias reuniones. En la última de ellas, ocurrida este miércoles, las directivas de Corpamag anunciaron que no permitirán que la tan codiciada zona del Corredor Portuario e Industrial entre Sitio Nuevo y Bocas de Cenizas se apropie de zonas declaradas de especial importancia ambiental dentro de la Ciénaga Grande.

Como dijo RHC, será el tribunal el que diga quién tiene la razón, si era tierra de los dueños de los búfalos o de los dueños de los patos.

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