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Sutatausa es más que carbón

A poco más de un mes de la tragedia que enlutó a este municipio de Cundinamarca, Lisbeth Fog Corradine resalta el potencial que tiene para convertirse en un destino turístico. Columna de opinión.

20 de abril de 2023 - 02:49 p. m.
Genérica Opinión EE
Foto: Diego Peña Pinilla
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Sutatausa, población ubicada a menos de dos horas de Bogotá, antecitos de llegar a Ubaté, ha estado de luto por el estallido de seis minas de carbón que dejó 21 trabajadores muertos y a sus familias huérfanas la noche del 14 de marzo. Su alcalde, Jaime Arévalo, dice que aproximadamente el 80% de la población vive de la economía del carbón, o sea, no solamente se refiere a los mineros, sino a toda la cadena de suministros que genera. Menciona seis hoteles para quienes transportan el mineral, restaurantes, tiendas, montallantas, estaciones de servicio. Y aclara además que, de las 21 familias, 7 viven en municipios aledaños, o sea hay una población flotante que también se beneficia de este renglón de la economía. El restante 20% vive de actividades agrícolas y ganaderas, o trabaja en cultivos de flores de Ubaté y Nemocón, en la administración pública o en la informalidad. (Puede leer: Europa alcanzó récord en sequías y temperatura durante 2022)

Pero Sutatausa también es arqueología y paisaje, es historia social y geológica; es gente estupenda, es una parte de Colombia con gran potencial que valdría la pena desarrollar para ofrecer otras alternativas adicionales menos riesgosas y rentables.

Si los sutatausanos pudieran pensar en el mediano y largo plazos, podrían impulsar ideas innovadoras para sacarle jugo a sus tesoros. Por ejemplo, en la década de los años noventa las paredes del templo de Sutatausa, dedicado a San Juan Bautista, develaron una pintura mural que data del siglo XVII. El templo mismo, construido en tapia y calicanto en lo alto de la población, se convierte en el propio altar que mira hacia un parque en cuyas esquinas hay cuatro pequeñas capillas, en honor a los cuatro evangelistas. Todas con pinturas descoloridas por el tiempo, son parte de la historia de la región. Su Museo de Arte Colonial guarda objetos y pinturas como la de La Cacica, —que no era cacica sino la esposa del cacique—, con su precioso manto típicamente muisca. Todo este conjunto, digno de visitar, demuestra las relaciones de esa sociedad muisca de la colonia, con los frailes encargados de evangelizar y bajo la influencia española. (Le puede interesar: Capas de hielo de Groenlandia y Antártida pierden más hielo al año que hace 30 años)

Los Farallones de Sutatausa son únicos por sus formas y sus leyendas, pero en general, en todas las montañas que rodean la población afloran rocas que hablan de que hace millones de años esta zona era un mar pandito, lo que se confirma por los icnofósiles que allí se pueden encontrar, unas especies de madrigueras de organismos construidas en fondos marinos blandos y son testigos de los movimientos del agua oceánica; o huellas de animales, como pisadas, o acumulaciones de fósiles con conchas. De mar, este territorio fue reduciéndose en pantanos y llanuras costeras y fluviales, y después del levantamiento de los Andes formó la quebrada topografía que luce hoy en día. En algunas de esas rocas, además, es frecuente encontrar pinturas rupestres, que también cuentan historias sobre los habitantes de hace quizá unos miles de años.

El paisaje de Sutatausa combina también bosques de eucaliptos, acacias y pinos sembrados a mediados del siglo XX, con vegetación nativa y potreros para la agricultura —principalmente papa, arveja y maíz—, o donde pastan vacas, toros y ovejas, o los campesinos crían cerdos, conejos y gallinas. (También puede leer: Nevado del Ruiz: estos son los últimos cambios reportados en el volcán)

Por los senderos que recorren algunos caminantes hay restos de molinos antiguos, nacederos que proveen de agua a la población y sus alrededores, y cascadas escondidas entre la naturaleza nativa.

Artesanos, tejedores e hilanderas aparecen en el Festival anual Tejilarte, momento de unión, de compartir y de vestir ruanas, sacos, bufandas tejidas con las más variadas técnicas, mostrando la tradición del telar en Sutatausa.

¿Para qué cuento todo esto? Por el potencial que tiene esta población para convertirse en destino turístico con una historia que data de 1557, año de su fundación. Cuenta con una arqueología milenaria, unos senderos que atraviesan paisajes únicos, unos sutatausanos que podrían encontrar fuentes de ingreso adicionales en labores interesantes y lucrativas, si se organizan con tiempo y dedicación. (Puede interesarle: Arranca “sembratón” de cien mil árboles para la conservación de la Amazonia)

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Que bueno sería que, desde la Institución Educativa Departamental Integrada de Sutatausa, donde se educan alrededor de 500 niños y niñas, entregaran más información, conocimiento e ideas de emprendimientos para que sean ellos los que se apropien de su territorio y empiecen a generar propuestas que en unos años les genere sustento y den a conocer lo que por ahora pareciera ser una mina sin explotar.

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