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		<title><![CDATA[El Espectador - Google Discover - Salud / Salud-consciencia]]></title>
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		<description><![CDATA[Últimos contenidos seleccionados de El Espectador para Google Discover sobre Salud / Salud-consciencia.]]></description>
		<lastBuildDate>Tue, 08 Sep 2026 01:59:24 +0000</lastBuildDate>
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			<title><![CDATA[¿Le recetaron un anticoagulante? Esto es lo que necesita saber]]></title>
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			<dc:creator><![CDATA[José David Cruz Cuevas]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Millones toman anticoagulantes para proteger su vida, pero el miedo a sus efectos puede llevarlos a usarlos mal o suspenderlos.]]></description>
			<pubDate>Sun, 30 Aug 2026 15:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Millones de personas toman anticoagulantes para proteger su vida. Pero el miedo a los efectos adversos lleva a muchos a tomarlos mal o a dejarlos. Acá aclaramos las dudas más comunes.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/MBQDAJYKTFF4LLMWCVYZC4EW5U.jpg" alt="Organizar los medicamentos semanalmente es, en esencia, una forma de autocuidado. Una rutina simple, al alcance de todos, que salva vidas todos los días." class="wp-image-1880756" /><figcaption>Tomar un anticoagulante no es vivir con miedo. Es vivir protegido, con reglas claras que, una vez las conoce, son más sencillas de lo que imagina.</figcaption></figure>

<p>¿Puedo ir al odontólogo? ¿Puedo comer ensalada? ¿Qué pasa si me corto? ¿Me va a dar una hemorragia? ¿Puedo hacer ejercicio? Si usted toma un anticoagulante, probablemente se ha hecho al menos una de estas preguntas. Es normal: son medicamentos que generan mucha ansiedad. Pero la mayoría de esos miedos nacen de información incompleta o desactualizada. Tomar un anticoagulante no es vivir en peligro, es vivir protegido, siempre y cuando se conozcan unas reglas claras.</p>

<p>Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en Colombia y en el mundo, y muchas de ellas están directamente relacionadas con la formación de coágulos: infartos, ataques cerebrovasculares, trombosis venosa profunda y embolismo pulmonar. La fibrilación auricular — la arritmia cardíaca más frecuente del mundo, con una prevalencia estimada del 2 al 4% de la población — es una de las razones principales por las que se prescriben anticoagulantes. El corazón late de forma irregular; la sangre puede estancarse y formar coágulos que viajan al cerebro. También se usan en personas con válvulas cardíacas mecánicas y en ciertos trastornos de la coagulación.</p>

<p>Si su médico le recetó un anticoagulante, es porque evaluó que el riesgo de un coágulo es mayor que el riesgo de un sangrado. Es un medicamento que protege.</p>

<h2><strong>¿Todos los anticoagulantes son iguales?</strong></h2>

<p>No. Existen varios tipos con características distintas, y el que usted tome determina algunos cuidados específicos:</p>

<p>· Las heparinas se aplican mediante inyección subcutánea; son las que se usan frecuentemente durante hospitalizaciones o en las primeras fases de tratamiento de una trombosis, aunque en algunos casos se continúan de forma ambulatoria.</p>

<p>· La warfarina es el anticoagulante oral más antiguo y conocido. Es muy efectiva, pero requiere un control periódico con un examen de sangre llamado INR (por sus siglas en inglés), que mide qué tan anticoagulada está su sangre. La meta habitual del INR es mantenerse entre 2,0 y 3,0 por debajo hay riesgo de coágulos, por encima hay riesgo de sangrado. La dosis de warfarina es diferente para cada paciente y puede cambiar con el tiempo, por eso requiere seguimiento médico frecuente. Además, es un medicamento sensible a la luz y la humedad, por lo que debe conservarse en su empaque original.</p>

<p>· Los anticoagulantes de acción directa — apixabán, rivaroxabán, dabigatrán y edoxabán — son más recientes. No requieren control de INR, tienen menos interacciones con alimentos y su dosis suele ser la misma para la mayoría de los pacientes. El rivaroxabán debe tomarse con comida, porque su absorción mejora significativamente con los alimentos.</p>

<p>Una aclaración importante: la aspirina y otros antiagregantes plaquetarios como el clopidogrel no son anticoagulantes, aunque también aumentan el riesgo de sangrado y comparten algunas precauciones. Es un tema distinto que vale la pena discutir con su médico.</p>

<h2><strong>Las preguntas que todos se hacen</strong></h2>

<p>· ¿Puedo comer verduras verdes? Si toma warfarina, sí puede, pero manteniendo una cantidad constante. El problema no es comer brócoli o espinaca, sino comer mucho un día y nada al otro, porque la vitamina K presente en esos alimentos interfiere con el efecto de la warfarina. La clave es la constancia, no la restricción. Si toma anticoagulantes de acción directa, no hay restricciones dietéticas especiales.</p>

<p>· ¿Puedo ir al odontólogo si tomo anticoagulantes? Sí. La evidencia muestra que la mayoría de los procedimientos odontológicos de rutina — limpiezas, extracciones simples, restauraciones — pueden realizarse sin suspender el anticoagulante. De hecho, suspenderlo puede ser más peligroso: las complicaciones por trombosis cuando se interrumpe el anticoagulante son significativamente más frecuentes que los sangrados cuando se continúa. Lo que sí debe hacer es informar a su odontólogo y a su médico antes de cualquier procedimiento. Para cirugías mayores, el manejo es diferente y se planifica en equipo.</p>

<p>· ¿Puedo hacer ejercicio o actividad física? Sí, y de hecho debería. Un estudio con casi 1.000 pacientes mayores de 65 años que tomaban anticoagulantes encontró que quienes tenían mayor nivel de actividad física presentaban menos episodios de sangrado mayor. La actividad física moderada — caminar, nadar, montar en bicicleta — es segura y recomendable. Lo que conviene evitar son los deportes de alto contacto o con riesgo elevado de trauma. Ante cualquier duda, consulte con su médico.</p>

<p>· ¿Qué hago si me corto? Lo mismo que haría cualquier persona: presión directa durante unos minutos. Los cortes pequeños no son una emergencia.</p>

<p>· ¿Puedo tomar ibuprofeno u otros antiinflamatorios? Esta es una de las interacciones más peligrosas y frecuentes. Los antiinflamatorios como ibuprofeno y naproxeno pueden potenciar el efecto anticoagulante y aumentar mucho el riesgo de sangrado. Lo mismo aplica para la warfarina con muchos otros medicamentos — tiene numerosas interacciones farmacológicas. La regla de oro: antes de tomar cualquier medicamento nuevo — incluyendo los de venta libre, productos naturales y suplementos — consulte con su médico.</p>

<p>· ¿Por cuánto tiempo debo tomar mi anticoagulante? Depende de la razón por la que se lo formularon. En fibrilación auricular o válvulas mecánicas, la anticoagulación suele ser de por vida. En trombosis venosa o embolismo pulmonar, el tiempo mínimo suele ser de tres a seis meses, pero puede extenderse según su riesgo individual. Esta es una decisión que debe tomar con su médico. Nunca suspenda el tratamiento por su cuenta.</p>

<p>· ¿Qué pasa si olvido una dosis? Si toma warfarina y se acuerda el mismo día, tómela tan pronto como lo recuerde. Si ya es el día siguiente, no tome una dosis doble, simplemente continúe con su esquema habitual. Si toma un anticoagulante de acción directa, la regla general es: tómelo tan pronto como se acuerde, siempre que falten más de 6 horas para la siguiente dosis; si falta menos, salte esa dosis y siga con la siguiente. Nunca tome el doble.</p>

<p>El anticoagulante no es un enemigo al que hay que temerle; es un aliado que hay que saber manejar. La mayoría de las complicaciones que veo en el hospital no ocurren porque el paciente tome el medicamento, sino porque lo toma mal, lo suspende por cuenta propia o lo mezcla con algo que no debía.</p>

<h2><strong>Señales de alarma: cuándo consultar de inmediato</strong></h2>

<p>· Sangrado que no se detiene con presión directa.</p>

<p>· Sangre en la orina o en las heces, o heces muy oscuras (color carbón).</p>

<p>· Moretones grandes que aparecen sin golpe evidente.</p>

<p>· Sangrado de encías o sangrado nasal abundante que no para.</p>

<p>· Dolor de cabeza intenso y súbito.</p>

<p>· Vómito con sangre o con aspecto de “cuncho de café”.</p>

<p>Tomar un anticoagulante no es vivir con miedo. Es vivir protegido, con reglas claras que, una vez las conoce, son más sencillas de lo que imagina. Su médico es su mejor aliado para resolver dudas y ajustar el tratamiento a su caso particular.</p>

<p>*José David Cruz Cuevas es médico internista de LaCardio.</p>

<p>👩‍⚕️📄<strong>¿Quieres conocer las últimas noticias sobre salud?</strong> Te invitamos a verlas en <a href="https://www.elespectador.com/salud/" target="_blank" title="">El Espectador</a>.⚕️🩺</p>]]></content:encoded>
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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Clínica Colombia</media:credit>
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			<title><![CDATA[Comunicar salud también es cuidar]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/comunicar-salud-tambien-es-cuidar/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Sandra Nieto Polanco]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[El desafío es conseguir que, en medio de tanto contenido, divulguemos información que realmente valga la pena.]]></description>
			<pubDate>Sat, 29 Aug 2026 15:36:50 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Opinión | El desafío es conseguir que, en medio de tanto contenido, divulguemos información que realmente valga la pena.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/4W5TCY6WZVE33EIB4UUCHE5FYE.png" alt="Comunicar salud también es cuidar" class="wp-image-5138134" /><figcaption>"En salud, la responsabilidad de la comunicación empieza cuando la divulgamos y alguien interpreta nuestro mensaje y decide qué hacer con él", Sandra Nieto Polanco, Directora de mercadeo y comunicaciones.</figcaption></figure>

<p>Cuando pensé en el abordaje de esta columna, tuve claro que quería partir de algo en lo que siempre he creído: comunicar es todo un arte. Es, quizás, una de las acciones más complejas del ser humano, porque está abierta a múltiples interpretaciones y, además, inevitablemente atravesada por las emociones. Es precisamente desde esta perspectiva que quiero hablar de comunicación en salud.</p>

<p>Hoy en día, las preguntas sobre salud pueden comenzar en el consultorio, pero también en un buscador, en una red social, en un grupo de WhatsApp o en una herramienta de inteligencia artificial. Un síntoma, una duda, o la experiencia de otra persona pueden convertirse rápidamente en el punto de partida para tomar una decisión.</p>

<p>Y ahí hay algo que quienes trabajamos en comunicación debemos tener siempre presente: detrás de una pantalla o un discurso, hay seres humanos con inquietudes. Hay una persona tratando de entender, prevenir, decidir, de encontrar tranquilidad, de sentir esperanza.</p>

<p>Por eso comunicar sobre salud implica una responsabilidad distinta, diría yo, incluso, mayor en comparación a muchos otros temas.</p>

<p>La información que ponemos en circulación puede acercar conocimiento, resolver dudas, promover hábitos de cuidado y ayudar a tomar decisiones informadas. Pero también puede generar miedo, confusión, falsas expectativas o desconfianza cuando es imprecisa, se presenta fuera de contexto o no cuenta con suficiente respaldo.</p>

<p>En salud, la responsabilidad de la comunicación empieza cuando la divulgamos y alguien interpreta nuestro mensaje y decide qué hacer con él.</p>

<p>Esta reflexión cobra todavía más importancia en un momento en el que todos competimos por la atención. Las plataformas premian la velocidad, los formatos son cada vez más breves y cualquier conversación puede convertirse en tendencia en cuestión de horas. En ese escenario es fácil reducir el éxito de una comunicación al alcance, las visualizaciones o las interacciones, que, a pesar de ser métricas necesarias, en salud no pueden ser las únicas.</p>

<p>Antes de preguntarnos cuántas personas vieron un contenido, deberíamos preguntarnos algo mucho más exigente: ¿qué puede provocar este mensaje en quien lo recibe?, ¿a cuántas personas verdaderamente ayudé?</p>

<p>Esas preguntas cambian la manera de trabajar.</p>

<p>Nos obliga a revisar una cifra antes de publicarla. A evitar un titular que genera más alarma que comprensión. A explicar que una experiencia individual no necesariamente puede extrapolarse a todas las personas. Y también a reconocer que, muchas veces, la respuesta más responsable es decir que todavía no sabemos.</p>

<p>La ciencia evoluciona, se cuestiona y construye nueva evidencia de manera permanente. Comunicar ese proceso con claridad y transparencia fortalece la credibilidad del conocimiento y, en consecuencia, contribuye a construir confianza.</p>

<p>Quienes trabajamos en mercadeo y comunicaciones sabemos construir narrativas, entender audiencias y encontrar formatos capaces de acercar un mensaje. Pero eso no nos convierte en especialistas clínicos. Cuando no conocemos suficientemente un tema, nuestra responsabilidad como comunicadores es acudir a quienes sí tienen ese conocimiento: profesionales de la medicina y la enfermería, investigadores, psicólogos, epidemiólogos y expertos de otras disciplinas. Son ellos quienes pueden aportar el rigor, el contexto y la profundidad necesarios para comunicar de manera responsable. Y estoy segura de que muchos estarán dispuestos, incluso encantados, de compartir su conocimiento para contribuir a una mejor comunicación en salud.</p>

<p>Uno de nuestros mayores retos consiste en hacer comprensible lo complejo sin volverlo inexacto. Un ejemplo de ello es todo el aprendizaje alrededor de este desafío y trabajo progresivo que hemos hecho en la Fundación Santa Fe de Bogotá. Nuestra comunicación parte de cinco acciones: educar, conectar, amplificar, inspirar, y la más importante, ayudar. Todas ellas tienen una condición esencial: la ética. Ofrecer información con impacto positivo, útil, clara y basada en evidencia.</p>

<p>Ese aprendizaje nos ha dejado una premisa sencilla: acercar la salud a las personas requiere generar confianza.</p>

<p>Para lograrlo, hemos desarrollado un completo ecosistema de comunicación, “Cuida Tu Salud®”, que integra redes sociales, página web, pantallas digitales, boletines, eventos y diferentes formatos de contenido, como nuestro podcast Cuida Tu Salud®, la revista digital, conversaciones en vivo y Cuida Tu Salud® Kids, con contenidos especialmente pensados para los niños. A través de este ecosistema buscamos transformar información médica compleja en conocimiento claro, comprensible y útil, adaptado a las diferentes audiencias y etapas de la vida, para acercar la salud a las personas y facilitarles la toma de decisiones informadas.</p>

<p>Otra de las certezas que nos ha dejado este camino es que la comunicación no debería partir de lo que queremos contar, sino de lo que las personas necesitan comprender y de cómo podemos estar a su servicio. Esto implica escuchar, reconocer las preguntas reales, anticipar temas relevantes y trabajar de manera articulada con quienes generan el conocimiento, revisando y evolucionando permanentemente nuestras formas de comunicar.</p>

<p>Por otro lado, la comunicación en salud nos exige adaptarnos de manera constante. Cambian las audiencias, los formatos, las preguntas y la tecnología. Hoy tenemos herramientas de inteligencia artificial capaces de producir y distribuir información a una velocidad extraordinaria. Esto abre posibilidades enormes, pero vuelve todavía más importante el criterio con el que decidimos qué información validar, contextualizar y amplificar.</p>

<p>El desafío es conseguir que, en medio de tanto contenido, divulguemos información que realmente valga la pena.</p>

<p>¿Toma más trabajo?, posiblemente sí, porque hay que hacerlo con conciencia, con detenimiento y múltiples validaciones. Debemos estar seguros de lo que decimos. La información debe ayudar a comprender y no a alarmar. Acercamos a la ciencia sin trivializarla, que sea útil para una persona antes que exitosa para un algoritmo.</p>

<p>Que cuide lo más valioso y frágil de la comunicación en salud: una confianza que puede tomar años en construirse y apenas unos instantes en perderse.</p>

<p>Hay una reflexión atribuida a la escritora estadounidense, Betty J. Eadie que resume bien esa responsabilidad: Si comprendiéramos el enorme poder de nuestras palabras, preferiríamos el silencio antes que casi cualquier expresión negativa.</p>

<p>En salud, cada palabra importa. Porque comunicar responsablemente también es cuidar.</p>

<p>Por último, algo en lo que creo firmemente: Lo más importante de nuestras vidas, es la salud.</p>

<blockquote class="instagram-media" data-instgrm-captioned data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DcWWeePRnea/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style="background:#FFF;border:0;border-radius:3px;margin: 1px;max-width:540px;min-width:326px;padding:0;width:99.375%;width:-webkit-calc(100% - 2px);width:calc(100% - 2px)"><div style="padding:16px"> <a href="https://www.instagram.com/reel/DcWWeePRnea/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style="background:#FFFFFF;line-height:0;padding:0 0;text-align:center;text-decoration:none;width:100%" target="_blank"> <div style="display: flex;flex-direction: row;align-items: center"> <div style="background-color: #F4F4F4;border-radius: 50%;flex-grow: 0;height: 40px;margin-right: 14px;width: 40px"></div> <div style="display: flex;flex-direction: column;flex-grow: 1;justify-content: center"> <div style="background-color: #F4F4F4;border-radius: 4px;flex-grow: 0;height: 14px;margin-bottom: 6px;width: 100px"></div> <div style="background-color: #F4F4F4;border-radius: 4px;flex-grow: 0;height: 14px;width: 60px"></div></div></div><div style="padding: 19% 0"></div> <div style="display:block;height:50px;margin:0 auto 12px;width:50px"></div><div style="padding-top: 8px"> <div style="color:#3897f0;font-family:Arial,sans-serif;font-size:14px;font-style:normal;font-weight:550;line-height:18px">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0"></div> <div style="display: flex;flex-direction: row;margin-bottom: 14px;align-items: center"><div> <div style="background-color: #F4F4F4;border-radius: 50%;height: 12.5px;width: 12.5px;transform: translateX(0px) translateY(7px)"></div> <div style="background-color: #F4F4F4;height: 12.5px;transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px);width: 12.5px;flex-grow: 0;margin-right: 14px;margin-left: 2px"></div> <div style="background-color: #F4F4F4;border-radius: 50%;height: 12.5px;width: 12.5px;transform: translateX(9px) translateY(-18px)"></div></div><div style="margin-left: 8px"> <div style="background-color: #F4F4F4;border-radius: 50%;flex-grow: 0;height: 20px;width: 20px"></div> <div style="width: 0;height: 0;border-top: 2px solid transparent;border-left: 6px solid #f4f4f4;border-bottom: 2px solid transparent;transform: translateX(16px) translateY(-4px) rotate(30deg)"></div></div><div style="margin-left: auto"> <div style="width: 0px;border-top: 8px solid #F4F4F4;border-right: 8px solid transparent;transform: translateY(16px)"></div> <div style="background-color: #F4F4F4;flex-grow: 0;height: 12px;width: 16px;transform: translateY(-4px)"></div> <div style="width: 0;height: 0;border-top: 8px solid #F4F4F4;border-left: 8px solid transparent;transform: translateY(-4px) translateX(8px)"></div></div></div> <div style="display: flex;flex-direction: column;flex-grow: 1;justify-content: center;margin-bottom: 24px"> <div style="background-color: #F4F4F4;border-radius: 4px;flex-grow: 0;height: 14px;margin-bottom: 6px;width: 224px"></div> <div style="background-color: #F4F4F4;border-radius: 4px;flex-grow: 0;height: 14px;width: 144px"></div></div></a><p style="color:#c9c8cd;font-family:Arial,sans-serif;font-size:14px;line-height:17px;margin-bottom:0;margin-top:8px;overflow:hidden;padding:8px 0 7px;text-align:center;white-space:nowrap"><a href="https://www.instagram.com/reel/DcWWeePRnea/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style="color:#c9c8cd;font-family:Arial,sans-serif;font-size:14px;font-style:normal;font-weight:normal;line-height:17px;text-decoration:none" target="_blank">Una publicación compartida de Sección Salud de El Espectador (@saludable_ee)</a></p></div></blockquote>


<p><em>*Sandra Nieto Polanco, directora de Mercadeo y Comunicaciones de la Fundación Santa Fe de Bogotá.</em></p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Fundación Santa Fe de Bogotá</media:credit>
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							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Salud mental en tiempos de redes, IA y algoritmos: ¿qué pasa con los jóvenes?]]></title>
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			<dc:creator><![CDATA[Ana Vega]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[¿Qué pasa con la salud mental de los jóvenes? Especialistas analizan el impacto de las redes, la IA y las altas expectativas.]]></description>
			<pubDate>Sat, 29 Aug 2026 15:29:33 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para entender la salud mental de los jóvenes hay que mirar también el mundo que los rodea: presión, redes sociales, algoritmos, nuevas tecnologías y expectativas cada vez mayores. Esto dicen los especialistas sobre lo que está pasando con las nuevas generaciones.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/POAP6JZHTRFBTATWIAKWIHOGYU.jpg" alt="¿Cómo afectan las redes, la IA y los algoritmos a la salud mental de los jóvenes?" class="wp-image-5138135" /><figcaption>El problema, explican los especialistas, no está únicamente en cuánto tiempo pasan conectados, sino en qué encuentran allí.</figcaption></figure>

<p>Esta semana, Meta, la compañía propietaria de Instagram y Facebook, acordó pagar hasta US$18.000 millones para cerrar las demandas en 48 estados estadounidenses por la forma en que sus plataformas afectan a niños y adolescentes. El acuerdo llega después de años de cuestionamientos sobre el diseño de funciones que podrían favorecer un uso compulsivo de las redes sociales y sobre las medidas adoptadas por la compañía para proteger a los menores.</p>

<p>El pacto contempla la implementación de controles más rigurosos: límites de horas diarias de uso para cuentas de adolescentes, ocultamiento de los “me gusta”, bloqueos nocturnos, mayor protección de datos de los menores, entre otros. Aunque varios medios han calificado el acuerdo como “histórico” o como “el mayor fallo sobre seguridad infantil” en décadas, su alcance todavía está por verse y algunas de las condiciones invitan a matizar el balance.</p>

<p>Apenas dos días después de su aprobación, se conoció que una parte del monto acordado a pagar depende de que competidores de Meta, como TikTok y YouTube, adopten medidas similares. Además, por ahora, los cambios derivados del acuerdo se aplicarán únicamente en Estados Unidos.</p>

<p>Pero más allá de si estas medidas logran modificar la manera en que funcionan estas plataformas, queda una pregunta más amplia: <strong>¿qué significa crecer y relacionarse en un entorno en el que está ocurriendo mucho detrás de una pantalla?.</strong> ¿Qué ocurre a las 11 p. m., cuando un adolescente sigue conectado? Cuando deja de dormir para continuar frente a la pantalla, cuando recibe comentarios sobre su apariencia, se compara con imágenes que parecen representar cuerpos perfectos o se encuentra con contenidos que refuerzan sus inseguridades. ¿Qué sucede cuando, en lugar de hablar con un adulto, un amigo o un profesional de todo eso, ese joven decide preguntarle a ChatGPT o a otra IA qué es lo que está sintiendo?</p>

<h3><strong>Crecer conectado</strong></h3>

<p>Las nuevas generaciones han crecido en un entorno en el que internet dejó de ser una herramienta que se utiliza ocasionalmente para convertirse en parte de la vida cotidiana: allí estudian, se relacionan, se entretienen y construyen buena parte de su identidad. “Son generaciones nativas de internet. Han crecido en un entorno en el que lo habitual es tener acceso permanente a las redes sociales y comunicarse de manera muy rápida”, dice el doctor Santiago Solano, psiquiatra de La Fundación Cardioinfantil-LaCardio. “Y eso genera un montón de retos”.</p>

<p>Esta conexión permanente o “<strong>hiperconectividad</strong>”, agrega, “facilita la comunicación, pero también aumenta la exposición a situaciones como el bullying, el acoso o el maltrato, que pueden terminar afectando su salud mental.</p>

<p>La transformación tampoco está únicamente en la tecnología. La doctora María Fernanda Quintero Marzola, coordinadora de Psicología de LaCardio, señala que también han cambiado las exigencias, los estímulos, el ritmo de vida, las pautas de crianza, las estructuras familiares y las formas de relacionarse: “Las generaciones han cambiado, pero también el contexto en el que nos movemos ha cambiado, y eso ha generado un aumento de trastornos emocionales”, explica.</p>

<p>Hablando de cifras puntuales que evidencian ese aumento, encontramos que en Colombia el<strong> 44,7 % de los niños, niñas y de la población juvenil</strong> hasta los 24 años presenta afectaciones en su salud mental, según cifras reportadas por <a href="https://www.unicef.org/colombia/comunicados-prensa/de-salud-mental-s%C3%AD-hablamos-unicef-colombia-propone-abrir-una-conversaci%C3%B3n-sobre" target="_self" rel="" title="https://www.unicef.org/colombia/comunicados-prensa/de-salud-mental-s%C3%AD-hablamos-unicef-colombia-propone-abrir-una-conversaci%C3%B3n-sobre">UNICEF Colombia</a>. Además, según la última Encuesta de Salud Mental realizada por el Ministerio de Salud, los diagnósticos de trastornos mentales se han duplicado respecto a 2015.</p>

<p>“Es muy importante entender lo que tiene que vivir el adolescente. Así vamos a tener unos adolescentes más sanos”, dice el doctor Miguel Ronderos, líder médico de Cardiología Pediátrica de LaCardio. “Y si tenemos unos adolescentes más sanos, vamos a tener unos adultos más sanos”.</p>

<p>Por eso, y para hablar de salud mental en adolescentes, lo primero que sugieren los médicos es tratar de entender <strong>qué significa ser adolescente hoy en día. </strong></p>

<h3><strong>Entre la niñez y la vida adulta</strong></h3>

<p>La <strong>adolescencia </strong>se caracteriza por ser una etapa de transición. Se atraviesan cambios físicos, hormonales, emocionales y sociales que pueden hacer que algunos comportamientos parezcan difíciles de interpretar para los adultos.</p>

<p>“Desde hace mucho tiempo se ha atribuido a la adolescencia la irritabilidad, la labilidad (entendida como cambios rápidos o intensos en el estado de ánimo), el sentir fastidio y ser un poco irritables con los padres”, explica la doctora Catalina Ayala Corredor, médica psiquiatra de niños y adolescentes de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB). “También pueden aparecer una postura más crítica frente a los adultos, un mayor deseo de independencia y cambios en el estado de ánimo”.</p>

<p>El doctor Ronderos se remite incluso a la palabra “adolescente” para explicar esta transición. “Yo relaciono adolescente con adolecer: adolece de la armonía que tiene el adulto y la armonía que tiene el niño, porque está haciendo una transición de la niñez a la vida adulta. Esa transición conlleva una serie de cambios fisiológicos y mentales”.</p>

<p>Por ejemplo, dice, durante esta etapa “va madurando el sistema hormonal hasta que se adapta al ciclo hormonal normal de una persona adulta”. Estos cambios, explica, pueden venir acompañados de <strong>nuevas sensaciones y estados emocionales </strong>que el adolescente todavía está aprendiendo a reconocer y manejar.</p>

<p>La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe la adolescencia como una <strong>etapa de rápido desarrollo físico, cognitivo y psicosocial</strong>, en la que también ocurren importantes cambios en el cerebro. Algunas áreas relacionadas con las emociones, la búsqueda de recompensas y el sueño maduran antes que otras vinculadas con la planificación, la toma de decisiones y el control de los impulsos.</p>

<p>A esos cambios fisiológicos, se suman algunas <strong>presiones sociales </strong>que también son más o menos propias de esta etapa. “Estas son generaciones en las cuales la incertidumbre frente al futuro les ha generado mucha angustia, porque son generaciones a las que les está costando más trabajo construir cosas a largo plazo”, explica Solano de LaCardio.</p>

<p>Conseguir trabajo, acceder a una vivienda, construir una relación estable o imaginar un proyecto de vida a largo plazo puede parecer cada vez más difícil. “Están creciendo con una sensación de inestabilidad muy marcada y eso termina teniendo un impacto”, añade el psiquiatra.</p>

<p>Y las expectativas no vienen solamente del futuro que imaginan. <strong>También de lo que otros esperan de ellos.</strong> “Pueden ser muy sensibles a las expectativas ajenas, tanto de padres como de la sociedad”, dice la doctora Quintero.</p>

<p>De ahí surge también una expresión que se ha vuelto frecuente para describir a los jóvenes: “generación de cristal”, un término que suele utilizarse para señalar una supuesta fragilidad. Solano, sin embargo, propone otra lectura: “No necesariamente se trata de que sean más frágiles. Solo que pueden ser más sensibles al fracaso porque perciben que hay mucho en juego en los éxitos sociales que se espera que alcancen”.</p>

<p>Y entonces, a este panorama se suma una diferencia importante frente a quienes atravesaron la adolescencia antes: buena parte de la vida social de los jóvenes ocurre <strong>hoy frente a una pantalla. </strong></p>

<h3><strong>Vivir frente a una pantalla</strong></h3>

<p>En Colombia, según datos de la<a href="https://www.crcom.gov.co/es/noticias/comunicado-prensa/crc-lanza-informe-sobre-consumo-audiovisual-infancia-en-colombia" target="_self" rel="" title="https://www.crcom.gov.co/es/noticias/comunicado-prensa/crc-lanza-informe-sobre-consumo-audiovisual-infancia-en-colombia"> Comisión de Regulación de Comunicaciones,</a> <strong>el celular es el dispositivo más utilizado por niños, niñas y adolescentes.</strong> El 61 % tiene uno propio: la proporción llega al 81 % entre los adolescentes de 14 a 17 años, al 55 % entre los preadolescentes de 10 a 13 y al 35 % entre los niños de 6 a 9 años.</p>

<p>Además, el 40 % tiene una cuenta en redes sociales, porcentaje que llega al 77 % entre los adolescentes.</p>

<p>El problema, explican los especialistas, no está únicamente en cuántos son ni en cuánto tiempo pasan conectados, sino en qué encuentran allí y <strong>qué efecto tiene sobre la percepción que construyen de sí mismos y de los demás.</strong></p>

<p>“Hay una cosa importante, y es que las redes sociales nos venden una imagen muy ficticia de la realidad y de la vida de otras personas”, explica Quintero. “Entonces hacen que se pierda el sentido de la realidad, del sentido de cómo es una vida normal. Y comienzan a generar una utopía de lo que queremos”.</p>

<p>Viajes, cuerpos, relaciones, trabajos, casas y estilos de vida pueden terminar convirtiéndose en referentes de lo que supuestamente debería ser una vida exitosa. Esto, señala la doctora Ayala, de la FSFB, puede “aumentar, cambiar o modificar las expectativas sobre las cosas que son deseables tener”.</p>

<p>La comparación también puede trasladarse al cuerpo: “frente al cuerpo y a la actividad física, esto genera alteraciones en la imagen corporal, en el autoconcepto, generando mayor riesgo de trastornos de conducta alimentaria que pueden terminar en ansiedad y depresión”, explica la psiquiatra.</p>

<p>Pero el efecto de las plataformas no pasa solamente por lo que muestran, sino también por <strong>la forma en que permiten relacionarse</strong>. “Somos personas sociales que necesitamos ese constante refuerzo del apoyo social”, explica Quintero. “El problema aparece cuando la interacción a través de las pantallas se convierte en el único medio de relacionarse”.</p>

<p>Las plataformas pueden generar una sensación de acompañamiento, pero <strong>no necesariamente reemplazan los vínculos construidos fuera de ellas.</strong></p>

<p>A esto se suma la lógica de la <strong>recompensa inmediata. </strong>Cada video, comentario, “me gusta” o notificación puede convertirse en un pequeño estímulo que invita a continuar conectado. Así lo explica la doctora Quintero: “Las pantallas nos ayudan a tener un refuerzo inmediato, una descarga de unos neurotransmisores puntuales a nivel cerebral que nos va a producir placer. Entonces es muy fácil quedarse pegado a una pantalla. Por eso no está del todo mal usarlas, pero no puede ser mi única forma de interacción”.</p>

<p>Dormir, estudiar, hacer ejercicio, conversar cara a cara, aburrirse, estar solo o simplemente desconectarse también forman parte de tener una buena salud mental y emocional.</p>

<p>El tema con las redes, sin embargo, no es solamente negativo. Esto es algo que aclaran los especialistas tajantemente: así como estas plataformas pueden alimentar la comparación, <strong>también han permitido que una generación hable de salud mental</strong> con una apertura que no siempre tuvieron otras generaciones.</p>

<p>“Hoy en día este mundo global de redes sociales, de conexión permanente, hace que haya mayores oportunidades de expresar las emociones. Algunos creadores de contenido han hablado abiertamente de su salud mental y los jóvenes hoy se permiten ser más valientes con sus propias emociones y expresarlas más”, señala Ayala.</p>

<p>Esa posibilidad también ha contribuido a romper parte del estigma que durante años rodeó a los problemas de salud mental: “Esta generación es mucho más capaz de hablar de salud mental, puede hablar de sus propios problemas, puede entender el problema del vecino y lo hace además <strong>sin mucho prejuicio</strong>. Y es una cosa bonita”, dice el doctor Santiago Solano.</p>

<p>Las redes, entonces, pueden ser al mismo tiempo parte del problema y parte de la solución: un espacio donde se reproducen<strong> falsas expectativas, comparación y conductas perjudiciales,</strong> pero también uno donde se encuentran información, comunidades y personas que permiten que un joven descubra que no es el único que está pasando por algo.</p>

<h3><strong>Una nueva ficha en el tablero: la IA</strong></h3>

<p>Sumado a las redes, a las generaciones de ahora también les tocó crecer con chatbots disponibles las 24 horas del día para hablar de lo que sienten, piensan o reflexionan. Es, en gran parte, una herramienta nueva que está transformando la manera en que el mundo interactúa. Pero su llegada también ha abierto una discusión sobre <strong>los límites de su uso cuando se trata de salud mental.</strong></p>

<p>La doctora Ayala tiene una postura abierta frente a estas herramientas, pero advierte sobre un riesgo: la llamada “sicofancia”, es decir, <strong>la complacencia y la excesiva adulación </strong>que puede llegar a construirse cuando se habla con una inteligencia artificial como si se tratara de una consulta terapéutica.</p>

<p>El problema, explica, es que esa interacción no es humana y, por tanto, “no permite equilibrar lo que una persona quiere escuchar con la opinión o la intervención de alguien que puede cuestionarla”<strong>. Tampoco reproduce la complejidad de una relación interpersonal ni de un proceso psicoterapéutico.</strong></p>

<p>Añade también que la IA “no cuenta con la empatía, la experiencia clínica ni la capacidad de interacción que tiene un profesional de salud mental para contener a un paciente y, sobre todo, para identificar señales de riesgo, entre ellas el riesgo de muerte, el suicidio o la heteroagresión”.</p>

<p>La inteligencia artificial, por tanto, no es una herramienta inofensiva cuando se utiliza para interpretar síntomas o buscar respuestas sobre la propia salud mental. Su capacidad para generar respuestas convincentes puede hacer que una persona confunda una explicación bien redactada con una valoración clínica.</p>

<p>Para la doctora María Fernanda Quintero, la IA sí puede tener un papel como instrumento de apoyo, pero tiene límites claros.</p>

<p>“La IA sigue siendo un instrumento de ayuda en varias cosas, pero no nos ayuda a identificar realmente un riesgo real de la salud mental de las personas”, explica. Por eso, insiste en que no puede reemplazar una evaluación clínica ni una valoración individual que permita comprender las emociones, los pensamientos y las conductas de una persona dentro de su contexto.</p>

<p>El desafío, entonces, no parece estar únicamente en decidir si los jóvenes deberían utilizar o no estas herramientas. También está en <strong>enseñarles a reconocer qué puede ofrecer una IA y, sobre todo, qué no puede ofrecer. </strong>“Hay herramientas que se están construyendo y hay posturas e iniciativas muy interesantes”, explica la doctora Ayala de la FSFB, “el problema no es la tecnología, el problema es que detrás de la tecnología no hay un ser humano profesional en salud mental”.</p>

<p>Frente a todo este contexto de redes, algoritmos, expectativas e inteligencia artificial, los especialistas coinciden en algo más: muchas veces las conductas de los adolescentes se minimizan, se tratan con burla o se resumen en apodos o adjetivos, sin detenerse a preguntar qué hay detrás de ellas.</p>

<p>“Un mito que hay mucho en los jóvenes, especialmente en los adolescentes, es que las cosas las hacen por llamar la atención, las hacen solamente por manipular o solamente porque les presten atención”, señala el doctor Santiago Solano. Pero cuando hay un trastorno o una situación de salud mental en un joven o adolescente, “la presión de la red social, la presión del trend o de la moda, no es la única explicación. <strong>Con frecuencia también hay soledad, hay aislamiento, </strong>hay problemas en la relación con los padres y también hay una falta de empatía”.</p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">251046401034102</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Del corazón a los pulmones: los efectos del calor extremo y la mala calidad del aire]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/del-corazon-a-los-pulmones-los-efectos-del-calor-extremo-y-la-mala-calidad-del-aire-que-viene-con-el-nino/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Fernán Fortich]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Médicos e investigadores advierten que el calor, que se acrecentaría con la llegada de El Niño, puede afectar la salud de las personas.]]></description>
			<pubDate>Sat, 29 Aug 2026 14:16:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El aumento de las temperaturas que podría registrarse en los próximos meses trae consigo algo más que días calurosos. Médicos e investigadores advierten que el calor puede afectar la salud de las personas, con impactos que pueden ser especialmente severos en los menores de un año y los adultos mayores. ¿Qué podemos hacer?</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/ABJRAR7ELVGEJHFTSL4D5M3N6Y.JPG" alt="Ola de calor" class="wp-image-417418" /><figcaption>Ola de calor</figcaption></figure>

<p>En este momento, los ojos de gran parte de los meteorólogos del continente están puestos en lo que ocurre en el océano Pacífico. Los cambios “anómalos” en las temperaturas de estas aguas, ubicadas al occidente del país, podrían desembocar en un descenso marcado de las lluvias en gran parte de Colombia, en lo que se conoce como el fenómeno de El Niño.</p>

<p>Las estimaciones más recientes de la <a href="https://www.cpc.ncep.noaa.gov/products/analysis_monitoring/lanina/enso_evolution-status-fcsts-web.pdf" rel="">Administración Nacional Oceánica y Atmosférica</a> (NOAA, por sus siglas en inglés) apuntan a que “es probable que El Niño se manifieste pronto, con un 82 % de probabilidad entre mayo y julio de 2026, y del 96 % de probabilidad entre diciembre de 2026 y febrero de 2027”. Lo que aún queda por descifrar es su intensidad, aunque hay una alta probabilidad de que sea “fuerte” o “muy fuerte”.</p>

<p>Como lo explicó hace unas semanas la directora del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), Ghisliane Echeverry, la llegada de El Niño podría “superponerse” a las ya de por sí altas temperaturas que se registran en el país. Durante los primeros 13 días de mayo, por ejemplo, el Ideam informó que en Colombia se registraron <a href="https://www.ideam.gov.co/sala-de-prensa/noticia/gobierno-nacional-alerta-por-altas-temperaturas-y-aumento-en-probabilidad-de-el-nino" rel="">“condiciones significativamente más cálidas de lo habitual en distintas regiones del país”</a>. En el caso de Valledupar, la ciudad alcanzó los 38.4 °C, lo que representó una anomalía de +4.2 °C frente a su promedio histórico. Vale recordar, además, que la década entre 2015 y 2025 ha sido la más cálida jamás registrada por los científicos en el mundo.</p>

<p>La inquietud que esto genera no es solo una cuestión climática. Desde hace mucho tiempo, los científicos y médicos saben que el medio ambiente y los cambios que sufre tienen un impacto directo en la salud de las personas. Fabio Varón, especialista en Neumología de la Fundación Cardioinfantil (LaCardio), explica, por ejemplo, que El Niño “trae consigo sequías prolongadas, altas temperaturas e incrementos significativos en los incendios forestales. Estos eventos elevan la concentración de material particulado y otros contaminantes en la atmósfera, además de alterar la producción de polen y propiciar la distribución de hongos en el ambiente”.</p>

<p>Todo esto, agrega el especialista, contribuye a un panorama que “deteriora gravemente la salud respiratoria y eleva la demanda fisiológica del organismo, lo que no solo desencadena nuevas enfermedades respiratorias, sino que agrava las patologías preexistentes.”</p>

<p>Con material particulado, el especialista de LaCardio se refiere a las diminutas partículas sólidas y líquidas que permanecen suspendidas en el aire y que pueden ser inhaladas por las personas. Estas partículas provienen de fuentes como el humo de los incendios forestales, el polvo levantado por las sequías, las emisiones de vehículos y algunas actividades industriales. Las más pequeñas son especialmente preocupantes porque pueden penetrar profundamente en los pulmones e incluso alcanzar el torrente sanguíneo, aumentando el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.</p>

<p>La doctora Milena García, jefe de Neumología de la Fundación Santa Fe de Bogotá, sostiene que en su práctica médica diaria ha visto cómo la mala calidad del aire, que puede intensificarse con El Niño, ha exacerbado enfermedades respiratorias preexistentes, particularmente el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). A esto se suman casos de irritación de vías respiratorias e infecciones, especialmente en personas vulnerables.</p>

<p>“Algo importante es que estas condiciones no solo afectan a quienes ya tienen enfermedad pulmonar”, sostiene García, de la Fundación Santa Fe. “Personas previamente sanas pueden presentar tos seca, irritación ocular, congestión nasal o sensación de ahogo, especialmente en días de peor calidad del aire y altas temperaturas”.</p>

<p><strong>Pero, ¿cómo nos afecta el calor?</strong></p>

<p>En su libro, “Este calor te va a matar primero”, el periodista científico Jeff Goodell propone entender nuestra relación con las altas temperaturas como “un reto evolutivo”. Las primeras formas de vida en el planeta, asegura Goodell, no tenían un sistema para regular sus temperaturas internamente, y lo hacían, por ejemplo, buscando sombra (cuando hacía mucho calor) o acercándose a objetos calientes (cuando hacía mucho frío). Hace 260 millones de años, surgió un grupo de especies, entre las que se encuentran los mamíferos, que desarrollaron una forma de hacerlo internamente, los llamados “animales de sangre caliente”.</p>

<p>Aunque con algunos beneficios, como la reducción de posibilidad de infecciones en el torrente sanguíneo, este sistema tiene como costo el aumento de las necesidades energéticas del cuerpo. El ecólogo Kenneth Nagy, profesor emérito de la Universidad de California (Estados Unidos), <a href="https://journals.biologists.com/jeb/article/208/9/1621/9364/Field-metabolic-rate-and-body-size" rel="">lo confirmó en 2005</a> al hallar que “a nivel anual, es probable que las necesidades alimentarias de un endotermo (sangre caliente) sean unas 30 veces mayores que las de un ectotermo (sangre fría) de tamaño equivalente, una brecha que es 15 veces mayor durante los meses cálidos. La endotermia es un modo de vida muy costoso en comparación con la ectotermia”.</p>

<p>Como lo resume la editorial de una de las revistas científicas más grandes de Canadá, <a href="https://cdnsciencepub.com/doi/10.1139/apnm-2025-0262#core-collateral-refg14" rel="">la CSP</a>, “los periodos prolongados de exposición al calor suponen una carga acumulativa para el cuerpo humano, lo que puede desbordar los mecanismos de refrigeración del organismo, como la sudoración, y provocar así un aumento peligroso de la temperatura corporal central, lo que puede dar lugar a multitud de problemas de salud y, en casos extremos, a la muerte”.</p>

<p>Una de las formas en que el calor aumenta la exigencia del cuerpo es lo que ocurre con el corazón. Andrés Buitrago, jefe de cardiología de la Fundación Santa Fe de Bogotá, precisa que “el calor intenso obliga al corazón a trabajar más para regular la temperatura corporal, lo que puede aumentar el riesgo de deshidratación, alteraciones de la presión arterial, arritmias, infartos y accidentes cerebrovasculares, especialmente en personas mayores o con enfermedades cardíacas previas”.</p>

<p>Para poner esto en perspectiva, en Europa se estima que alrededor del 18 % de todas las muertes cardiovasculares son atribuibles a factores ambientales, como el calor y la mala calidad del aire.</p>

<p>Además de esto, el calor puede afectar otros aspectos de la vida, como el sueño. Un estudio publicado en la revista científica Sleep Medicine, dirigida por la Sociedad Mundial del Sueño, concluyó, por ejemplo, que “el efecto negativo del calor persiste en todas las mediciones del sueño y es más fuerte durante los meses y días más calurosos, en poblaciones vulnerables y en las regiones más cálidas”.</p>

<p>Ese estudio, publicado en junio de 2024, analizó 36 investigaciones que se han centrado en el calor y el sueño. Lo que encontraron es que el 81 % de los artículos y publicaciones concluyeron que las temperaturas más altas se asociaron con un sueño de peor calidad.</p>

<p>Para Varón, de LaCardio, el problema no se limita al calor. “Si a nuestro estilo de vida y a las exposiciones laborales les sumamos factores ambientales críticos como el fenómeno de El Niño y la contaminación atmosférica, las condiciones se combinan y aumentan el riesgo de descompensaciones graves en personas con enfermedades preexistentes”, explica. Según el especialista, estos factores no solo agravan distintos problemas de salud, sino que también tienen un impacto directo sobre el bienestar y la calidad de vida de la población.</p>

<p><strong>La alerta para los más vulnerables </strong></p>

<p>Una de las conclusiones más preocupantes del informe de <em>The Lancet Countdown</em> es que el aumento de las temperaturas no afecta a toda la población por igual. Los más expuestos al aumento de las temperaturas son los menores de 1 año y los mayores de 65. “En el período 2014-2023, las personas menores de un año y las mayores de 65 años en Colombia experimentaron, en promedio, un 694% y un 738% más de días de olas de calor por año que en el período de referencia de 1986-2005”, se lee <a href="https://lancetcountdown.org/wp-content/uploads/2024/10/Lancet-Countdown-2024_Colombia.pdf" rel="">en el reporte</a>.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/S2SCYFJ3XVGZJHCUAHJBGNOPTU.jpg" alt="El fenómeno de El Niño también tiene que ver con su salud" class="wp-image-2342090" /><figcaption>En Europa se estima que alrededor del 18 % de todas las muertes cardiovasculares son atribuibles a factores ambientales, como el calor y la mala calidad del aire.</figcaption></figure>

<p>Uno de los principales factores de riesgo es, como argumenta Claudia Briceño, jefe del departamento de nutrición de La Fundación Santa Fe, la deshidratación. “El agua es clara para la distribución y absorción de los nutrientes que consumimos, como los probióticos minerales y, entre ellos, las vitaminas. Entonces, cuando estamos deshidratados, estamos afectando a todos los órganos”, indica Briceño. La pérdida de líquidos no solo compromete funciones básicas del organismo, sino que puede desencadenar una cascada de efectos que afectan desde el metabolismo hasta el funcionamiento cardiovascular y neurológico.</p>

<p>A<strong> </strong>ojos de Carlos Trujillo, de LaCardio, otro elemento clave es la duración de la exposición al calor. Una jornada especialmente calurosa puede resultar incómoda; semanas o meses de temperaturas elevadas representan un reto mucho mayor para el organismo. . “Cuando esto ocurre, se espera una adaptación del sistema cardiovascular, pero en los mayores de 75 esta capacidad se pierde. Y esto se exacerba en personas que no han cuidado su estado de salud, pues hemos visto que personas con buena condición física son más resistentes a estos riesgos”. En otras palabras, el envejecimiento, las enfermedades preexistentes y una menor reserva fisiológica reducen la capacidad del cuerpo para responder a un estrés térmico sostenido.</p>

<p><strong>Las recomendaciones</strong></p>

<p>Ante la posibilidad de temperaturas más altas y episodios más frecuentes de contaminación atmosférica en los próximos meses, los especialistas insisten en que la prevención puede marcar una diferencia importante. Una de las medidas más sencillas, pero también más efectivas, es mejorar la calidad del aire en los espacios cerrados. “Siempre es un tema que se puede mejorar en nuestros ambientes, con, por ejemplo, filtros para el material particulado, que nos van a permitir cuidar nuestras vías respiratorias, como nuestro corazón”, dice Trujillo, de LaCardio.</p>

<p>A nivel individual, las recomendaciones apuntan a reducir la exposición a los factores de riesgo conocidos. Según Buitrago, de la Fundación Santa Fe de Bogotá, es fundamental mantenerse bien hidratado, evitar la actividad física intensa durante las horas de mayor calor, seguir adecuadamente los tratamientos médicos y estar atento a síntomas como dolor en el pecho, dificultad para respirar o palpitaciones.</p>

<p>“También es útil consultar los índices de calidad del aire y limitar la exposición cuando los niveles de contaminación sean elevados. A largo plazo, promover espacios verdes, reducir las emisiones contaminantes y fortalecer los sistemas de salud contribuirán a proteger la salud cardiovascular de la población frente a los desafíos ambientales actuales”, sostiene.</p>

<p>La urgencia de estas medidas podría aumentar en las próximas décadas. Según el Sexto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas, incluso bajo escenarios de transición acelerada hacia energías limpias, para finales de siglo cerca de la mitad de la población mundial estará expuesta a combinaciones de calor y humedad capaces de poner en riesgo la vida humana.</p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Climate Visuals</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[¿Afecta a los hijos que sus madres trabajen? La evidencia científica apunta a otra dirección]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/afecta-a-los-hijos-que-sus-madres-trabajen-la-evidencia-cientifica-apunta-a-otra-direccion/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redacción Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[¿Afecta a los hijos que sus madres trabajen? La evidencia acumulada durante 40 años desafía viejos supuestos sobre maternidad y empleo.]]></description>
			<pubDate>Sat, 29 Aug 2026 14:15:38 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante décadas, la idea de que las madres que trabajan fuera de casa podrían afectar el desarrollo de sus hijos ha alimentado debates académicos y sociales. Ahora, una revisión de 61 investigaciones publicada en <em>Science</em> concluye que ese efecto, si existe, es mínimo y que, en las familias de menores ingresos, el empleo materno suele estar asociado a beneficios.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/DZC7AQ3PWBEEZHDTYAQR6NCQ7Q.png" alt="Si quieres estar preparada para lo que sucederá cuando nazca tu bebé, te contamos los síntomas y fases del trabajo de parto." class="wp-image-1717284" /><figcaption>Si quieres estar preparada para lo que sucederá cuando nazca tu bebé, te contamos los síntomas y fases del trabajo de parto.</figcaption></figure>

<p>Un grupo de investigadoras se hizo una pregunta que ha generado debate durante décadas: ¿que las madres trabajen fuera del hogar afecta negativamente el desarrollo de sus hijos?</p>

<p>Para responderla, revisaron 61 estudios publicados entre 1980 y 2023 que utilizaron métodos estadísticos diseñados para identificar relaciones causales entre el empleo materno y distintos indicadores del desarrollo infantil, desde la primera infancia hasta la adolescencia. Sus resultados se publican esta semana en <a href="https://www.science.org/doi/10.1126/science.adt7494" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.science.org/doi/10.1126/science.adt7494">Science</a>, referencia de la mejor ciencia del mundo.</p>

<p>La respuesta a la pregunta que encuentran las autoras es que el efecto promedio es muy pequeño o estadísticamente inexistente, desde la primera infancia hasta la adolescencia. La idea detrás de la investigación es que existen argumentos teóricos en ambas direcciones. Por un lado, cuando una madre trabaja puede disponer de menos tiempo para el cuidado directo de sus hijos. Por otro lado, el empleo también puede aumentar los ingresos del hogar, reducir el estrés económico y permitir acceso a mejores servicios de salud, educación, nutrición y cuidado infantil. El resultado final depende de cuál de esos factores tenga más peso entonces.</p>

<p>Lo interesante es que las autoras no se limitan a observar diferencias entre hijos de madres que trabajan y madres que no trabajan. Intentan revisar estudios que utilizan metodologías de inferencia causal, es decir, diseños estadísticos que buscan aislar el efecto del trabajo materno de otros factores como educación, ingresos, características familiares o contexto social. Su conclusión principal es que, en promedio, el empleo de las madres no parece perjudicar el desarrollo cognitivo, educativo, conductual o socioemocional de los hijos. Los efectos encontrados suelen ser pequeños y, en muchos casos, no alcanzan significación estadística.</p>

<p>Además, la revisión encontró un patrón interesante: los hijos de madres que trabajan tienden a obtener mayores beneficios cuando pertenecen a familias de bajos ingresos. En otras palabras, el empleo materno parece tener un efecto especialmente positivo en hogares donde los recursos económicos son más limitados. Las investigadoras plantean que esto ocurre porque el dinero adicional que aporta el trabajo puede traducirse en una mejor alimentación, acceso a servicios de salud, materiales educativos, vivienda y, en general, mejores condiciones para el desarrollo de los niños. En estos casos, las ventajas asociadas al aumento de los ingresos suelen compensar ampliamente el menor tiempo que la madre puede pasar en casa.</p>

<p>Por eso, las autoras concluyen que, al evaluar los efectos sobre los niños y los beneficios económicos para las familias y la sociedad, el balance general del trabajo materno es positivo. A su juicio, las políticas o prácticas que dificultan la participación de las mujeres en el mercado laboral no solo pueden afectar sus oportunidades y autonomía económica, sino también limitar los ingresos de los hogares y reducir el potencial productivo de la economía en su conjunto.</p>

<p>“Este estudio demuestra que el debate sobre el empleo materno y el bienestar infantil debe abordarse superando estereotipos y simplificaciones”, comentó, citada en una nota de prensa, Maria Lo Bue, docente de Microeconomía y Economía del Desarrollo en University of Trieste (universidad estatal italiana), coautora, junto con Elizaveta Perova del Banco Mundial y Sarah Reynolds de la Universidad de California, Berkeley, del estudio. “La evidencia científica, recopilada durante cuarenta años de investigación, indica que el empleo de las madres, especialmente en presencia de trabajos de calidad y sistemas de apoyo adecuados, no obstaculiza el desarrollo de sus hijos y, de hecho, puede contribuir a mejorar las oportunidades de las familias más vulnerables. Es fundamental seguir invirtiendo en políticas que promuevan el equilibrio entre la vida laboral y familiar, la inclusión y la igualdad de oportunidades”.</p>

<p>Los estudios sugieren, agregó Lo Bue “que la clave no reside en si las madres trabajan o no, sino en la calidad del trabajo, la disponibilidad de servicios y las condiciones que permiten a las familias conciliar la vida laboral y familiar”.</p>

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						<media:content url="https://cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elespectador/DZC7AQ3PWBEEZHDTYAQR6NCQ7Q.png" type="image/png" height="655" width="984">						<media:description type="plain"><![CDATA[Si quieres estar preparada para lo que sucederá cuando nazca tu bebé, te contamos los síntomas y fases del trabajo de parto.]]></media:description>
										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Getty Images</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[La conversación sobre la salud mental debe cambiar]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/la-conversacion-debe-cambiar-emilia-restrepo-rectora-del-cesa/</link>
			<guid isPermaLink="true">https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/la-conversacion-debe-cambiar-emilia-restrepo-rectora-del-cesa/</guid>
			<dc:creator><![CDATA[Emilia Restrepo, rectora del CESA]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[A pesar de la conciencia que hay sobre la importancia del tema, en Colombia seguimos abordando la salud mental como algo marginal. | Opinión]]></description>
			<pubDate>Sat, 29 Aug 2026 14:15:07 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Si aspiramos a una Colombia más productiva, innovadora y equitativa, debemos reconocer una realidad ineludible: no existe competitividad sostenible sin bienestar. No existe aprendizaje significativo cuando las personas viven en estados persistentes de ansiedad, agotamiento o desesperanza.</em> | Opinión</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/EB6PTXIL7VE25LLO7KIHNE7SFE.jpg" alt="Opinión" class="wp-image-2844091" /><figcaption>Opinión</figcaption></figure>

<p>En 2020, cuando la pandemia nos tomó por sorpresa, la salud mental empezó a tener una relevancia distinta. Nuestra vulnerabilidad psicológica comenzó a medirse con un termómetro más compasivo y consciente. Hoy, seis años más tarde, muchas cosas han evolucionado con respecto a aquel primer gran llamado de atención sobre la salud mental.</p>

<p>Pero, a pesar de la conciencia que hay actualmente sobre la importancia del tema, en Colombia seguimos abordando la salud mental como algo marginal, muchas veces reactivo, casi siempre silencioso. La conversación, tal como la hemos tenido hasta ahora, ya no es suficiente. Y ese es, precisamente, el punto de partida: <strong>la conversación debe cambiar</strong>.</p>

<p>Los más recientes datos del Instituto Nacional de Salud (INS) revelan que para 2025 más de 28 mil personas intentaron quitarse la vida en el país. De estos, los jóvenes de entre 15 y 29 años concentraron más de la mitad de los casos.</p>

<p>Además, en el marco de la más reciente Cumbre de Universidades de la Alianza 4U, integrada por la Universidad del Norte, Universidad EAFIT, Universidad Icesi y el CESA, la salud mental fue el tema central de discusión y dio origen a un estudio que hoy ponemos a consideración del país. Sus hallazgos son claros: estamos frente a un desafío estructural que atraviesa generaciones, sectores y territorios, y que exige respuestas coordinadas, sostenidas y, sobre todo, más ambiciosas.</p>

<p>Si aspiramos a una Colombia más productiva, innovadora y equitativa, debemos reconocer una realidad ineludible: no existe competitividad sostenible sin bienestar. No existe liderazgo transformador sin salud emocional. No existe aprendizaje significativo cuando las personas viven en estados persistentes de ansiedad, agotamiento o desesperanza.</p>

<p>Este no es un reto exclusivo del sistema de salud, por el contrario, es un desafío que interpela a toda la sociedad:</p>

<p>A las familias, porque son el primer entorno de cuidado, confianza y contención emocional. A las empresas, porque el bienestar dejó de ser un beneficio complementario para convertirse en un factor estratégico de productividad, cultura organizacional y de sostenibilidad. Interpela a las instituciones educativas, porque formar profesionales no puede limitarse a la transmisión de conocimientos; implica acompañar el desarrollo integral de las personas, su propósito y su capacidad de enfrentar un mundo cada vez más incierto, e interpela, por supuesto, al Estado, porque la salud mental debe ocupar un lugar prioritario en la agenda pública, con políticas que trasciendan el corto plazo.</p>

<p>Pero cambiar la conversación también implica cambiar la forma en que entendemos el problema, porque no se trata únicamente de ampliar la atención clínica, aunque eso es indispensable, sino también de construir entornos (educativos, laborales y sociales) que prevengan el deterioro emocional, que promuevan el bienestar y que reconozcan la salud mental como un activo colectivo.</p>

<p>Se trata también de dejar de hablar de salud mental solo cuando hay crisis, y empezar a integrarla como parte central del desarrollo.</p>

<p>La evidencia está sobre la mesa. El momento exige actuar.</p>

<p>Por eso, el llamado es para que Gobierno, universidades, empresas, familias y sociedad civil tengamos una responsabilidad compartida. La salud mental no puede seguir siendo una conversación privada ni un tema secundario en la agenda nacional, porque detrás de cada cifra hay una persona, y detrás de cada persona que encuentra apoyo, propósito y bienestar, hay una posibilidad real de transformar su entorno.</p>

<p>En esa transformación, también se juega el futuro del país.</p>

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						<media:content url="https://cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elespectador/EB6PTXIL7VE25LLO7KIHNE7SFE.jpg" type="image/jpeg" height="655" width="984">						<media:description type="plain"><![CDATA[Opinión]]></media:description>
										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">El Espectador</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[La estabilidad financiera, un desafío para garantizar la atención de alta complejidad]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/la-estabilidad-financiera-un-desafio-para-garantizar-la-atencion-de-alta-complejidad/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redacción Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[LaCardio analizó los desafíos del sistema de salud y afirmó que la sostenibilidad permite mantener la atención y la innovación.]]></description>
			<pubDate>Sat, 29 Aug 2026 14:14:46 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En un contexto marcado por los desafíos financieros del sistema de salud, directivos de LaCardio plantearon que la sostenibilidad de los hospitales es un requisito para mantener la inversión en tecnología, investigación y atención de alta complejidad.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/TLBGXLGSINGIPNUN2AQ7HPBUAM.png" alt="Juan Gabriel Cendales, CEO de LaCardio, durante el encuentro en el que analizó los principales desafíos que enfrenta el sistema de salud colombiano. /LaCardio" class="wp-image-5093853" /><figcaption>Juan Gabriel Cendales, CEO de LaCardio, durante el encuentro en el que analizó los principales desafíos que enfrenta el sistema de salud colombiano. /LaCardio</figcaption></figure>

<p>En medio del complejo panorama que atraviesa el sistema de salud, marcado por dificultades en el flujo de recursos, problemas de acceso a medicamentos y crecientes desafíos financieros para hospitales y clínicas, desde LaCardio consideran que uno de los principales retos será encontrar mecanismos que permitan garantizar la sostenibilidad de las instituciones sin perder de vista el objetivo central: la atención de los pacientes.</p>

<p>Esa fue una de las principales reflexiones planteadas durante el encuentro <em>Hablemos de economía de la salud</em>, en el que directivos de la institución analizaron los desafíos que enfrenta el sector y presentaron los resultados alcanzados por LaCardio durante 2025, así como sus planes de crecimiento e inversión. Durante el encuentro, realizado en Bogotá, el CEO de LaCardio, Juan Gabriel Cendales, señaló que el sistema requiere respuestas coordinadas para recuperar la confianza, asegurar la disponibilidad de medicamentos y tecnologías, mejorar el flujo de recursos, fortalecer la gobernanza y garantizar que las decisiones financieras se traduzcan en un acceso efectivo para los pacientes.</p>

<figure><blockquote><p>“El excedente no es un lujo: es la condición material que permite que la misión asistencial continúe existiendo mañana”</p><cite>Juan Gabriel Cendales, CEO de LaCardio.</cite></blockquote></figure>

<p>En ese contexto, la institución manifestó su interés en mantener espacios de diálogo con autoridades, aseguradores, la industria farmacéutica y de dispositivos médicos, profesionales y otros actores del sector, bajo la premisa de que las soluciones sostenibles deben construirse de manera conjunta y considerando las necesidades de los territorios.</p>

<h2>La sostenibilidad, más allá de las finanzas</h2>

<p>Uno de los mensajes centrales de la jornada fue que la sostenibilidad financiera de un hospital no puede entenderse únicamente desde el balance económico. Según los directivos de LaCardio, contar con excedentes permite mantener la capacidad de renovar tecnología, fortalecer la infraestructura, desarrollar investigación clínica y responder a nuevas necesidades asistenciales. Como entidad sin ánimo de lucro, explicó la institución, los excedentes se reinvierten en atención médica, innovación, infraestructura, investigación y programas dirigidos a poblaciones vulnerables.</p>

<p>“Sin excedentes no hay renovación tecnológica, no hay investigación clínica, no hay margen para responder a una crisis. El excedente no es un lujo: es la condición material que permite que la misión asistencial continúe existiendo mañana”, afirmó Cendales.</p>

<p>Como parte de la presentación, LaCardio dio a conocer algunos de los indicadores de atención registrados durante 2025. De acuerdo con la institución, durante ese año realizó más de 146.000 consultas ambulatorias, atendió cerca de 100.000 urgencias, registró 26.000 egresos hospitalarios, practicó alrededor de 8.000 procedimientos quirúrgicos y efectuó 266 trasplantes de órganos, cifra que, según indicó, la convierte en el hospital que más trasplantes realiza en Colombia. Actualmente, la institución cuenta con 355 camas, siete unidades de cuidado intensivo y más de 60 especialidades médicas y quirúrgicas, enfocadas principalmente en la atención de pacientes con patologías de alta complejidad.</p>

<p>LaCardio también destacó algunos reconocimientos obtenidos recientemente, entre ellos el Ranking IntelLat 2025, que la ubicó en el séptimo lugar entre los hospitales de América Latina y en el primer puesto en Colombia en cardiología, además de ocupar el primer lugar regional en sostenibilidad. Asimismo, recordó que hace parte del grupo de hospitales acreditados con excelencia en el país y cuenta con certificaciones otorgadas por Icontec en sostenibilidad empresarial y buenas prácticas de gobierno corporativo.</p>

<p>Para los directivos de la institución, los desafíos que enfrenta el sistema de salud no podrán resolverse únicamente mediante nuevas políticas o mayores recursos. Consideran que también será necesario fortalecer la capacidad de las instituciones para trabajar de manera articulada, mantener la inversión en infraestructura, tecnología e investigación y convertir esos esfuerzos en mejores resultados para los pacientes.</p>

<p>Durante el encuentro también se destacó el programa Regale una Vida, a través del cual LaCardio destina cerca de COP 12.000 millones de pesos al año para facilitar el diagnóstico y tratamiento de niños de bajos recursos con enfermedades cardiovasculares. Según las cifras presentadas, en 2025 el programa valoró 3.435 niños, facilitó el traslado de 214 pacientes y llegó a 326 municipios del país. Para la institución, estos resultados reflejan una visión en la que la atención especializada debe estar acompañada por estrategias que contribuyan a mejorar el acceso de poblaciones vulnerables a servicios de alta complejidad.</p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">LaCardio</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[La fibra es la nueva obsesión de las redes sociales: esto es lo que dice la ciencia]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/la-fibra-es-la-nueva-obsesion-de-las-redes-sociales-esto-es-lo-que-dice-la-ciencia/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Claudia Steiner - Knowable]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[La fibra se convirtió en la nueva obsesión alimentaria. La ciencia muestra cómo puede beneficiar al microbioma, aunque no todas actúan igual]]></description>
			<pubDate>Fri, 28 Aug 2026 19:00:22 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los científicos están avanzando en la comprensión de cómo una dieta rica en fibra puede ayudar a combatir las enfermedades crónicas.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/6VESMLIYRRGU5G22XDLZJVBWI4.jpg" alt="Avena" class="wp-image-1232708" /><figcaption>La avena es rica en fibra, vitaminas y minerales. Una buena opción para empezar el día.</figcaption></figure>

<p>En el mundo de las tendencias alimentarias, el “proteinmaxxing” o consumo de más proteína está pasando a un segundo plano frente a la nueva obsesión: aumentar el consumo de fibra. Desde el verano de 2025, Instagram ha acumulado más de 10.000 publicaciones con la etiqueta #Fibermaxxing y otros hashtags relacionados con la fibra, y la avalancha no parece que vaya a remitir.</p>

<p>Esta tendencia es un guiño a la historia de nuestra especie —y a lo mucho que ha cambiado nuestra dieta—. Con los albores de la agricultura hace unos 12.000 años y la llegada del procesamiento moderno de alimentos hace unos 200 años, <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0002916523275462?__cf_chl_f_tk=9O0VGYZ8iS82L51rqaWQZR94Q33ZzF0ku5iSE.4cYVs-1783025440-1.0.1.1-t3FpVRF9VRoiayA70QgfMHfPIGlTEbFTopfPHiGutkM#s0001" rel="">muchas personas han abandonado los niveles históricos de consumo de fibra</a>. Esto ocurre especialmente en los países desarrollados (los estudios sugieren que el 95 % de los estadounidenses no ingieren la cantidad suficiente), aunque es un fenómeno que se da en todo el mundo. Y ese cambio ha alterado nuestro <a href="https://knowablemagazine.org/content/article/living-world/2017/getting-know-gut-microbiome" rel="">microbioma</a> —esa miríada de microbios que habitan en nuestro sistema digestivo— con consecuencias preocupantes para nuestra salud.</p>

<p>“Al alterar nuestro microbioma, aumentan las enfermedades crónicas”, afirma Jens Walter, científico especializado en el microbioma del University College Cork, en Irlanda.</p>

<p>Walter forma parte de una comunidad de microbiólogos, nutricionistas y otros investigadores que están explorando los efectos biológicos de la fibra sobre las bacterias intestinales y recopilando cada vez más pruebas de que la fibra, y los microbios a los que alimenta, nos protege contra males como la enfermedad inflamatoria intestinal, el cáncer colorrectal y la diabetes. Según estos expertos, esto no solo subraya la importancia de la fibra, sino que también puede conducir a soluciones novedosas —quizá algún día incluso a <a href="https://www.annualreviews.org/content/journals/10.1146/annurev-food-060721-015516" rel="">recetas personalizadas de fibra</a>—.</p>

<h2>Más tipos de fibra</h2>

<p>Las moléculas de fibra dietética son tipos de hidratos de carbono derivados de alimentos vegetales, pero, a diferencia del almidón y los azúcares, el organismo no puede digerirlas. Sin embargo, aportan beneficios de otras formas.</p>

<p>Hasta hace poco, los científicos especializados en nutrición clasificaban la fibra principalmente como insoluble (como el salvado de trigo) o soluble (como la pectina de la fruta), en función de su capacidad para disolverse en agua. Hoy en día, la clasificación es más sofisticada y tiene en cuenta propiedades como la capacidad de aumento de volumen (la capacidad de la fibra para retener agua, aumentar el tamaño de las heces y regular el tránsito intestinal); la fermentabilidad (la facilidad con la que los microbios del intestino la descomponen); y la viscosidad (en qué medida se espesa formando un gel en el sistema digestivo). Entre los alimentos ricos en fibra de diversos tipos se encuentran los frijoles y legumbres, las nueces y semillas, las frutas, las verduras y los cereales.</p>

<p>El estudio de la relación entre la fibra y la salud se remonta, al menos, al siglo XIX, cuando un puñado de cirujanos, médicos e investigadores médicos se interesaron por la dieta como factor determinante de las enfermedades. Aunque muchos no se centraron específicamente en la fibra como factor, observaron patrones de enfermedad entre las poblaciones que seguían dietas bajas en “residuos” o “fibra”. En 1949, dos científicos descubrieron que las ratas sometidas a una dieta baja en fibra vegetal comenzaban a desarrollar divertículos —bolsas en el colon que pueden inflamarse e infectarse— y que la introducción de fibra vegetal, a través de cáscaras de semillas de psyllium, lo prevenía.</p>

<p>En las décadas siguientes, los investigadores se inclinaron por la teoría de que las personas también estaban enfermando debido a la creciente ausencia de fibra en sus comidas, a medida que pasaban a dietas más ricas en cereales refinados y alimentos procesados, especialmente a raíz de la revolución industrial. Dos cirujanos del Reino Unido, Neil Painter y Denis Burkitt, publicaron un artículo en 1971 en el que calificaban la enfermedad diverticular del colon de “<a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC1796198/" rel="">enfermedad por carencia de la civilización occidental</a>”, tras observar bajas tasas de esta afección en algunas zonas de África donde la población mantenía una dieta rica en fibra.</p>

<p>Burkitt, Painter y un colega <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0140673672929741" rel="">publicaron posteriormente un estudio</a> en el que comparaban el tamaño de las heces y el tiempo que tardaban en atravesar los intestinos de sujetos del Reino Unido, Sudáfrica, Uganda y la India. Descubrieron que las personas de las zonas rurales de Uganda y Sudáfrica —que seguían dietas menos procesadas y más ricas en fibra— expulsaban heces más pesadas y blandas con mayor rapidez que sus homólogos urbanos y europeos. Además, su análisis de los registros de más de 200 hospitales en más de 20 países reveló que la apendicitis, el cáncer de colon y la enfermedad diverticular eran poco frecuentes en los países en desarrollo no occidentales, mientras que las tasas habían ido aumentando en lugares como Inglaterra desde 1870. Burkitt, que más tarde se hizo conocido como “<a href="https://www.cambridge.org/core/services/aop-cambridge-core/content/view/1DA569CF06DB93A4FF2DA54629A5D566/S0954422417000117a.pdf/div-class-title-denis-burkitt-and-the-origins-of-the-dietary-fibre-hypothesis-div.pdf" rel="">el hombre de la fibra</a>”, planteó la hipótesis de que la culpa la tenían las dificultades para evacuar: así nació la hipótesis de la fibra.</p>

<p>Burkitt y sus contemporáneos habían especulado sobre el impacto de la fibra en la flora intestinal. En 1977, investigadores de la Universidad Tecnológica de Virginia, en Blacksburg, publicaron un estudio sobre varias especies de bacterias del colon que descomponían las fibras alimentarias mediante fermentación, un proceso que proporcionaba a las bacterias el carbono y la energía necesarios para vivir. Los investigadores también descubrieron que esta digestión de la fibra <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/3678950/" rel="">produce moléculas llamadas ácidos grasos de cadena corta</a> que pasan al torrente sanguíneo. Así que, aunque nosotros no digerimos la fibra por nosotros mismos, obtenemos algo de ella gracias a los microbios.</p>

<p>Hoy en día, los investigadores saben mucho más sobre <a href="https://www.mayoclinic.org/healthy-lifestyle/nutrition-and-healthy-eating/in-depth/fiber/art-20043983" rel="">la relación entre la fibra y la salud</a>. Saben que la fibra aporta volumen a las heces, lo que facilita su paso por el sistema digestivo y hace que las personas se sientan más saciadas después de comer. La fibra viscosa, en particular, se une a los ácidos biliares, lo que reduce <a href="https://es.knowablemagazine.org/content/articulo/salud-enfermedades/2024/todo-sobre-el-colesterol" rel="">el colesterol</a>, ralentiza la absorción de nutrientes y mejora los niveles de azúcar y lípidos en sangre.</p>

<p>Y luego están los efectos de la fibra sobre los microbios intestinales, que la digieren para alimentarse. La fibra “es, de hecho, uno de los ingredientes de nuestra dieta que quizá tenga el mayor impacto en el microbioma”, afirma Mahesh Desai, microbiólogo del Instituto de Salud de Luxemburgo.</p>

<p>A su vez, la investigación ha comenzado a explicar cómo esos microbios intestinales influyen en nuestra salud. Un efecto clave es la forma en que esos microbios influyen en la inflamación, que es un factor conocido que contribuye a enfermedades como el cáncer de colon, las cardiopatías y la diabetes.</p>

<h2>Pistas en el microbioma</h2>

<p>Un enfoque en este tipo de estudios consiste en recopilar datos sobre la dieta de las personas y analizar sus microbiomas y parámetros de salud. En un estudio de 2021, por ejemplo, la epidemióloga Wenjie Ma, del Hospital General de Massachusetts, y sus colegas recogieron muestras de heces <a href="https://link.springer.com/content/pdf/10.1186/s13073-021-00921-y.pdf" rel="">de más de 300 hombres cuya dieta se había seguido a largo plazo</a>.</p>

<p>El equipo analizó el ADN de estas muestras, lo que les permitió identificar qué microbios estaban presentes, así como el ARN que producían dichos microbios, lo que les reveló qué actividad metabólica se estaba produciendo. También examinaron los niveles en sangre de los participantes de una sustancia llamada proteína C reactiva, que está estrechamente relacionada con la inflamación crónica.</p>

<p>Los investigadores descubrieron que un mayor consumo de fibra, especialmente la procedente de la fruta, parecía potenciar la capacidad de digestión de la fibra por parte del microbioma intestinal y modificaba su composición hacia especies asociadas a efectos antiinflamatorios. El consumo de fibra, en muchos casos, también se asoció con niveles más bajos de proteína C reactiva en sangre.</p>

<p>Sin embargo, los efectos beneficiosos de la fibra sobre la proteína C reactiva no se observaron en los participantes cuyos intestinos contenían un microbio concreto, por razones que aún no están claras. Ese ejemplo, afirma Ma, sugiere que no todos los intestinos reaccionan de la misma manera y que, algún día, los consejos nutricionales podrían personalizarse para cada individuo.</p>

<p>Si los microbios interactúan con la fibra para reducir la inflamación, ¿cómo lo hacen? Parte del efecto parece deberse a los ácidos grasos de cadena corta —como el acetato, el butirato y el propionato— que se generan a partir de la digestión de la fibra. Estos ácidos grasos de cadena corta se unen a las células inmunitarias de nuestro intestino; reducen la producción de moléculas que favorecen la inflamación y facilitan la producción de otras que la alivian. Un estudio de 2020 realizado en ratones, por ejemplo, descubrió que el butirato favorece la producción de una proteína generada por las células inmunitarias, llamada IL-22, que combate la inflamación en los intestinos.</p>

<p>En consonancia con esta relación, numerosos estudios han detectado niveles bajos de los principales ácidos grasos de cadena corta producidos por el microbioma en personas con <em>shock</em> séptico, artritis, esclerosis múltiple y cáncer colorrectal, todas ellas afecciones que implican inflamación.</p>

<p>Gran parte de los efectos de estos ácidos grasos parece estar relacionada con la protección del revestimiento intestinal —una sólida barrera mucosa que protege las paredes intestinales de la abrasión e impide que los intrusos microbianos causantes de enfermedades logren atravesarla—.</p>

<p>Desai observó los efectos de la fibra sobre esta barrera en un experimento que diseñó con grupos de ratones. Se sustituyó la flora intestinal de los animales por microbiomas humanos creados en el laboratorio y se alimentó a los ratones con dietas ricas en fibra o deficientes en fibra. Al verse limitada su principal fuente de energía, las bacterias de la dieta deficiente en fibra recurrieron a <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0092867416314647?via%3Dihub" rel="">alimentarse del moco que recubre el colon</a>, lo que debilitó la resistencia del órgano frente a los invasores.</p>

<p>A continuación, los científicos infectaron a estos ratones con un patógeno bacteriano propio de los roedores. “Esto causó muchos problemas al huésped”, dice —los animales desarrollaron casos graves y, en ocasiones, letales de colitis, una inflamación grave del colon—. En otros experimentos, Desai descubrió que los ratones con deficiencia de fibra eran más susceptibles a <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S193131282400060X?via%3Dihub" rel="">padecer enfermedad inflamatoria intestinal</a> y <a href="https://www.nature.com/articles/s41564-023-01464-1" rel="">alergias alimentarias</a> que aquellos alimentados con suficiente fibra.</p>

<h2>Efectos sobre el peso y la salud</h2>

<p>Nathalie Delzenne, investigadora farmacéutica de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, está interesada en otro posible efecto del consumo de fibra: el mantenimiento de un peso saludable. Existen pruebas sólidas de que algunas composiciones del microbioma intestinal están relacionadas con problemas metabólicos como la obesidad y la prediabetes, posiblemente porque dan lugar a una menor producción de butirato. Ciertas fibras, como la inulina, que se encuentra en alimentos como los espárragos, los bananos, la raíz de achicoria, el trigo, el ajo y las cebollas, parecen aumentar los niveles de bacterias intestinales que producen butirato y, tanto en roedores como en personas, producen un efecto “similar al de <a href="https://es.knowablemagazine.org/content/articulo/salud-enfermedades/2024/que-sigue-en-la-era-ozempic" rel="">Ozempic</a>” cuando se ingieren; provocan un aumento de la producción de la hormona de la saciedad GLP-1, lo que reduce el hambre y favorece la pérdida de peso, afirma Delzenne.</p>

<p>En cuanto a otros efectos beneficiosos de la inulina, un estudio de 2025 reveló que los ratones alimentados tanto con sirope de maíz con alto contenido en fructosa como con una dieta rica en inulina <a href="https://www.nature.com/articles/s42255-025-01356-0" rel="">presentaban mayores concentraciones</a> de bacterias intestinales que descomponen la fructosa. Y cuando a los ratones alimentados con sirope de maíz se les administró posteriormente inulina, la fructosa se eliminó de su sistema digestivo y se revirtió la enfermedad del hígado graso que los ratones habían desarrollado a causa de su dieta a base de sirope.</p>

<p>A pesar de la creciente evidencia de la relación entre la fibra, el microbioma y la salud, Ma afirma que aún sería “demasiado tajante” afirmar que los efectos de la fibra sobre el microbioma son causales a la hora de proteger contra las enfermedades. Ese tipo de certeza, señala, requiere estudios en humanos que abarquen varias décadas. Aun así, los científicos especializados en nutrición coinciden en que la población mundial no ingiere suficiente fibra. La recomendación actual es que las mujeres consuman unos 25 gramos y los hombres hasta 38 gramos de fibra vegetal al día. (Aquí hay <a href="https://www.eatright.org/health/essential-nutrients/carbohydrates/easy-ways-to-boost-fiber-in-your-daily-diet" rel="">algunos consejos</a>.)</p>

<p>Pero la fuente de la fibra es importante, afirma Walter, coautor de un artículo publicado en el<em> Annual Review of Food Science and Technology </em>de 2026<em> </em><a href="https://www.annualreviews.org/content/journals/10.1146/annurev-food-052824-044842" rel="">sobre cómo optimizar la ingesta de fibra</a>. El estudio comparó fuentes de fibra procedentes de alimentos integrales y mínimamente procesados, alimentos vegetales procesados, alimentos procesados con ingredientes vegetales añadidos (como un dulce horneado con harina de almendra), alimentos enriquecidos con fibra y suplementos de fibra, como los disponibles en forma de polvos y pastillas.</p>

<p>Los suplementos de fibra como la celulosa, que contienen moléculas de fibra extraídas de fuentes vegetales, tienden a tener efectos menos significativos sobre la actividad del microbioma, afirma Walter. Cuando se aísla la celulosa de la estructura celular completa de un alimento integral, como un trozo de pulpa de manzana, se la separa de su contexto celular original y de su interacción con las sustancias químicas circundantes, lo que puede reducir el impacto beneficioso que puede tener en el intestino.</p>

<p>Los suplementos son mejores que nada, afirma Walter, pero “lo primero es plantearse: ¿cómo puedo conseguirlo con alimentos integrales?”.</p>

<p>A largo plazo, los investigadores esperan contar con enfoques más sofisticados y específicos. Un amplio estudio <a href="https://www.nature.com/articles/s41591-020-01183-8" rel="">que analizó la dieta y los microbiomas de más de 1.000 personas del Reino Unido</a> dejó claro, entre otras cosas, lo diversas que son las poblaciones microbianas de una persona a otra —dependiendo más de su dieta habitual que de los genes—. Y algunas de estas diferencias parecen afectar las respuestas de las personas a las comidas que se les administraron, por ejemplo, cambios en los niveles sanguíneos de sustancias químicas relacionadas con la inflamación y de grasas vinculadas a las enfermedades cardiovasculares.</p>

<p>Quizás, según opinan algunos científicos, estas diferencias personales podrían llevar a asociar el microbioma individual de una persona con el tipo adecuado de fibra. Las investigaciones han revelado que la producción del ácido graso de cadena corta butirato en respuesta a la dieta varía de una persona a otra, por ejemplo.</p>

<p>Además, en un estudio de diez semanas <a href="https://www.cell.com/cell/fulltext/S0092-8674(21)00754-6" rel="">en el que se compararon dietas ricas en fibra o en alimentos fermentados,</a> los investigadores observaron que las personas con microbiomas diversos al inicio del estudio respondían a la dieta rica en fibra con una reducción de la inflamación. Aquellas con microbiomas de baja diversidad no lo hicieron.</p>

<p>Más recientemente, Walter fue coautor de <a href="https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2025.11.20.25340625v1.full.pdf" rel="">un estudio de 2025, aún sin publicar</a>, que reveló, entre otras cosas, que determinadas fibras tenían efectos diferentes en función del microbioma de cada persona y de su actividad metabólica. Por ejemplo, algunas personas que participaron en el ensayo de seis semanas experimentaron una regulación de la presión arterial al ingerir la fibra de goma de acacia, pero solo si la composición de su microbioma les permitía digerir esa fibra concreta. Es importante destacar que los modelos de aprendizaje automático pudieron predecir varios de los efectos observados en el estudio.</p>

<p>Sin embargo, la implantación a gran escala de estrategias de fibra basadas en los microbiomas de las personas requerirá mucha más investigación. “Diría que esto aún está muy lejos de la realidad”, afirma Walter. “Pero tiene cierta lógica”.</p>

<p><em>Artículo traducido por Debbie Ponchner</em> y publicado originalmente en <a href="https://es.knowablemagazine.org/content/articulo/salud-enfermedades/2026/como-la-fibra-mejora-la-salud" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://es.knowablemagazine.org/content/articulo/salud-enfermedades/2026/como-la-fibra-mejora-la-salud">K<em>nowable</em></a><em>. </em></p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Bruno Scramgnon / Pexels</media:credit>
									</media:content>
							</item>
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			<title><![CDATA[Aspirina para el corazón: la pastilla que millones dejaron de necesitar]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/aspirina-para-el-corazon-la-pastilla-que-millones-dejaron-de-necesitar/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[José David Cruz Cuevas]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Durante años se recomendó aspirina para prevenir infartos. ¿Por qué hoy puede no ser necesaria y en qué casos sigue siendo útil?]]></description>
			<pubDate>Wed, 26 Aug 2026 13:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante décadas, millones de personas tomaron aspirina para prevenir infartos. Hoy la ciencia dice otra cosa. ¿Nos estábamos equivocando? No, el mundo cambió.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/IPS6PAPLUVBWZAEVOPIMXAOFL4.jpg" alt="Tomar aspirina para evitar ataques cardíacos es una vieja práctica en muchos adultos mayores." class="wp-image-1621707" /><figcaption>Tomar aspirina para evitar ataques cardíacos es una vieja práctica en muchos adultos mayores.</figcaption></figure>

<p>“Mi papá tomó aspirina toda la vida y ahora me dicen que ya no la necesita”. Como médico internista, escucho esta frase casi todas las semanas. Y entiendo la confusión: si durante años la aspirina fue sinónimo de proteger el corazón, ¿por qué ahora los médicos estamos diciendo algo distinto? La respuesta corta es que la ciencia no se equivocó. Lo que cambió fue el paciente. Pero para entenderlo hay que ver primero de qué nos estamos protegiendo.</p>

<p>Las enfermedades cardiovasculares — los infartos del corazón y ataques cerebrovasculares — siguen siendo la primera causa de muerte en Colombia, responsables de casi el 28% de todas las defunciones. Solo en 2024, más de 63.000 colombianos murieron por estas causas. En toda América Latina, cobran más de 1,6 millones de vidas cada año.</p>

<p>Con esas cifras, es comprensible que durante décadas los médicos buscáramos cualquier herramienta para prevenirlas. Por esto, la aspirina, económica, accesible y respaldada por estudios, se convirtió en la gran apuesta. Se estima que solo en Estados Unidos más de 25 millones de adultos la tomaban a diario para proteger su corazón, muchos de ellos sin haber tenido jamás un problema cardiovascular.</p>

<h2>No es lo mismo prevenir el primero que evitar el segundo</h2>

<p>Para entender qué pasó con la aspirina, hay que distinguir dos situaciones que la gente suele confundir. La prevención primaria busca evitar que una enfermedad ocurra por primera vez en alguien que tiene riesgo de desarrollarla. La persona nunca ha tenido un infarto, ni un ataque cerebrovascular, ni le han puesto un stent. Está sana y quiere seguir estándolo. La prevención secundaria es distinta: la persona ya tuvo un evento cardiovascular (es muy probable que vuelva a ocurrir) y el objetivo es evitar que se repita.</p>

<p>Si usted ya tuvo un infarto, un ataque cerebrovascular o tiene stents, la aspirina muy probablemente sigue siendo parte de su tratamiento. No la suspenda sin hablar con su médico. Lo que cambió — y de lo que habla este artículo — es la recomendación para personas que nunca han tenido un evento cardiovascular.</p>

<p>Los primeros estudios sobre aspirina en personas sanas (prevención primaria) mostraban una reducción en el riesgo de infarto. Con esa evidencia, era razonable recomendarla, por lo que así se hizo durante años, de buena fe y con respaldo científico. Pero la medicina cardiovascular se ha transformado considerablemente en las últimas dos décadas. Las estatinas — medicamentos para el colesterol — se volvieron de uso extendido. El control de la presión arterial mejoró. La gente fuma menos. En conjunto, el riesgo de sufrir un infarto o un ataque cerebrovascular hoy es mucho menor que hace treinta años, incluso sin aspirina.</p>

<p>El beneficio adicional de la aspirina se fue encogiendo porque el riesgo que pretendía reducir ya estaba siendo atacado por otros frentes. Mientras tanto, su principal efecto indeseado — el sangrado — seguía intacto. No es que antes estuviéramos equivocados. Es que el paciente de hoy no es el mismo de hace 30 años.</p>

<h2>Los estudios que cerraron el debate</h2>

<p>En 2018 se publicaron tres grandes investigaciones que cambiaron las reglas del juego.</p>

<p>· El primero, ARRIVE, evaluó a personas con riesgo cardiovascular moderado sin diabetes. La aspirina no redujo los infartos ni los derrames, pero sí aumentó los episodios de sangrado digestivo.</p>

<p>· El segundo, ASCEND, se enfocó en personas con diabetes que nunca habían tenido problemas del corazón. El resultado fue más matizado: la aspirina sí redujo los eventos cardiovasculares, pero al mismo tiempo aumentó los sangrados mayores en una proporción similar. Al sumar ambos efectos, la ganancia prácticamente se anuló.</p>

<p>· El tercero, ASPREE, estudió a adultos mayores sanos de 70 años o más. La aspirina no prolongó la vida sana, aumentó el sangrado y — algo que nadie esperaba — se asoció con mayor mortalidad por cáncer.</p>

<p>En los tres casos el mensaje fue similar: en personas sin enfermedad cardiovascular previa, el riesgo de sangrar iguala o supera el beneficio de prevenir un infarto.</p>

<p>La aspirina previene coágulos, pero también dificulta que la sangre se detenga cuando debe hacerlo. En prevención secundaria, lo que se gana supera con creces lo que se arriesga. En prevención primaria, esas dos fuerzas se empatan — y en algunos casos, el riesgo gana.</p>

<p>El ejemplo más claro es la diabetes. Tener diabetes eleva el riesgo cardiovascular, así que en teoría la aspirina debería ayudar más. Pero los datos muestran que el aumento en sangrados es proporcional al beneficio obtenido. Por eso, en estos pacientes la decisión no es automática: es una conversación entre usted y su médico, donde se evalúan los riesgos individuales y se decide en conjunto. Eso es una decisión compartida, y es una de las formas más honestas de hacer medicina.</p>

<p>Este es un buen ejemplo de cómo funciona la medicina basada en la ciencia. No nos equivocamos antes: tomamos las mejores decisiones con la evidencia que teníamos. Lo valioso fue lo que vino después — nos hicimos preguntas nuevas, diseñamos mejores estudios y actualizamos las recomendaciones. Eso no es debilidad, es exactamente la mayor fortaleza de la ciencia.</p>

<h2>¿Qué se recomienda hoy?</h2>

<p>· Si tiene más de 60 años y nunca ha tenido enfermedad cardiovascular, no inicie aspirina.</p>

<p>· Si tiene entre 40 y 59 años con factores de riesgo elevados, la decisión es individual: solo si su riesgo de sangrado es bajo.</p>

<p>· Si ya tiene enfermedad cardiovascular establecida, la aspirina sigue siendo fundamental.</p>

<p>· En cualquier caso: no inicie ni suspenda aspirina por su cuenta. Hable con su médico.</p>

<p>Este cambio ya se está reflejando en la práctica. Un análisis de más de 279 millones de consultas en atención primaria mostró que la prescripción de aspirina para prevención primaria se redujo a la mitad entre 2018 y 2025, pasando del 7,4% al 3,2% de las consultas. La comunidad médica no solo actualizó sus guías — está actualizando su forma de prescribir. Si tu papá tomó aspirina durante años, en su momento probablemente fue una decisión razonable. Si hoy tu médico te dice que ya no la necesitas, también lo es. Lo que cambió no fue la aspirina — cambió el mundo en el que la usábamos. Y la mejor decisión siempre será la que tomes informado, de la mano de tu médico.</p>

<p>*José David Cruz Cuevas es médico internista de LaCardio.</p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Wikimedia - Creative Commons</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Por primera vez, trasplantan mitocondrias sanas en los ojos de una mujer ciega]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/por-primera-vez-trasplantan-mitocondrias-sanas-en-los-ojos-de-una-mujer-ciega/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redacción Ciencia]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Un grupo de científicos hizo el primer trasplante de mitocondrias sanas a los ojos de una mujer ciega para evaluar posibles tratamientos.]]></description>
			<pubDate>Mon, 24 Aug 2026 17:51:13 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un grupo de científicos hizo el primer trasplante de mitocondrias sanas a los ojos de una mujer ciega, un método que ya se había ensayado en el corazón y el cerebro humano. Aunque no se observaron mejoras medibles en la visión, los investigadores resaltan que la inyección no tuvo efectos secundarios, lo cual permite seguir estudiando sus posibles efectos clínicos.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/E4F2V4RXOJATNMRARSCCWR3JQM.jpg" alt="Imagen de referencia. Tras la inyección, los científicos detectaron una respuesta automática de ambas pupilas que no habían visto en las 45 mediciones realizadas durante los 71 días previos, aunque fue temporal." class="wp-image-5118953" /><figcaption>Imagen de referencia. Tras la inyección, los científicos detectaron una respuesta automática de ambas pupilas que no habían visto en las 45 mediciones realizadas durante los 71 días previos, aunque fue temporal.</figcaption></figure>

<p>Por primera vez, un grupo de científicos hizo un trasplante de mitocondrias sanas en los ojos de una mujer de 26 años ciega, quien sufrió graves daños en los nervios ópticos de sus dos ojos y las retinas luego de que presentara una hemorragia cerebral. El equipo, básicamente, extrajo mitocondrias de los músculos de la pierna de la paciente y posteriormente se las inyectó en sus ojos, en el humor vítreo, que es una sustancia trasparente de aspecto gelatinoso que llena el interior del globo ocular.</p>

<p>El objetivo de dicho procedimiento era observar su efecto y si podría haber una reacción del sistema inmunitario. Este tipo de trasplante se ha venido investigando como una forma de tratamiento, pues las células dañadas podrían absorber las mitocondrias sanas y, en algunos casos, mejorar la supervivencia celular y restaurar parcialmente las funciones de los tejidos. Algunos ensayos se han realizado en el corazón y el cerebro, pero este es el primer intento en los órganos de la visión.</p>

<p>Luego de que la mujer recibiera una inyección en cada ojo, con 24 horas de diferencia, no hubo inflamación ni otros efectos secundarios. Además, días después, los científicos detectaron una respuesta automática de ambas pupilas que no habían visto en las 45 mediciones realizadas durante los 71 días previos. Eso significa que percibía formas y sombras, especialmente en su ojo izquierdo. Sin embargo, el efecto fue temporal; duró apenas unas cuatro semanas.</p>

<p>El procedimiento, entonces, fue limitado la hora de recuperar la sensibilidad a la luz y los investigadores no registraron mejoras medibles en la agudeza visual. En otras palabras, el trasplante no le devolvió la vista a la paciente. No obstante, <a href="https://www.researchsquare.com/article/rs-10622019/v1" target="_self" rel="" title="https://www.researchsquare.com/article/rs-10622019/v1">los hallazgos preliminares</a>, a la espera de revisión por pares para su publicación, demuestran que inyectar las mitocondrias de la propia paciente en los ojos fue “relativamente seguro”.</p>

<p>Precisamente, el objetivo de la investigación, de acuerdo con uno de sus autores, David Putrino, neurocientífico de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí en Nueva York, era establecer la seguridad de este método. “No podemos demostrar su eficacia, ni lo estamos intentando, pero observamos un efecto significativo en los cambios fisiológicos del ojo”, declaró a <em>Nature News</em>.</p>

<p>En mayo pasado, los investigadores obtuvieron la autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) para llevar a cabo este el trasplante mitocondrial en los ojos de la mujer. Una de las preocupaciones del equipo, según Putrino, era “desencadenar una reacción inmunitaria en la que el sistema inmunitario empezara a atacar estas sustancias extrañas que se inyectan en el cuerpo”. Pero no fue así.</p>

<p>“Ahora que hemos demostrado que podemos hacerlo de forma segura, estamos colaborando con la FDA para desarrollar un protocolo para inyecciones mitocondriales seriadas repetidas”, apuntó Putrino. De ese modo se podrían sumar más esfuerzos para comprender mejor si el trasplante podría tener algún efecto clínico.</p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Pixabay</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Fundación Santa Fe de Bogotá obtiene reconocimiento del American College of Radiology]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/fundacion-santa-fe-de-bogota-obtiene-reconocimiento-del-american-college-of-radiology/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redacción Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[La Fundación Santa Fe de Bogotá recibió una distinción del American College of Radiology por sus estándares en imágenes diagnósticas.]]></description>
			<pubDate>Mon, 24 Aug 2026 16:37:19 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB) recibió un reconocimiento del American College of Radiology por el cumplimiento de estándares internacionales de calidad y seguridad en sus servicios de imágenes diagnósticas.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/II6LYA3LUZCO7JGRYMLPQS73TM.jpeg" alt="El reconocimiento incluye servicios como tomografía, resonancia magnética, mamografía y ultrasonido del Departamento de Imágenes Diagnósticas de la Fundación Santa Fe de Bogotá. /FSFB" class="wp-image-5119048" /><figcaption>El reconocimiento incluye servicios como tomografía, resonancia magnética, mamografía y ultrasonido del Departamento de Imágenes Diagnósticas de la Fundación Santa Fe de Bogotá. /FSFB</figcaption></figure>

<p>La Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB) fue reconocida hace poco por el American College of Radiology (ACR) como ACR® International Center for Quality and Safety, una distinción que la convierte, según informa la institución, en la primera de Latinoamérica en recibir este reconocimiento. La distinción comprende los servicios de Tomografía Computarizada, Resonancia Magnética, Ultrasonido, Ultrasonido de Mama, Biopsia Estereotáxica de Mama y Mamografía del Departamento de Imágenes Diagnósticas.</p>

<p>De acuerdo con la Fundación, el reconocimiento se otorga por el cumplimiento de estándares internacionales relacionados con la calidad y la seguridad en estos servicios.</p>

<p>La acreditación estará vigente hasta junio de 2029.</p>

<p>El American College of Radiology (ACR) es una organización médica estadounidense que desarrolla estándares y programas de acreditación para servicios de imágenes diagnósticas. Sus criterios son utilizados para evaluar aspectos relacionados con la calidad y seguridad de estos servicios.</p>

<p>Para Henry Gallardo, director general de la Fundación Santa Fe de Bogotá, el valor del reconocimiento está en cómo esos estándares se reflejan en la atención de los pacientes.</p>

<p>“Este reconocimiento habla de calidad, de seguridad, de innovación y de altos estándares. Pero para nosotros todos esos conceptos tienen valor únicamente cuando se traducen en algo concreto para nuestros pacientes y sus familias: un diagnóstico más preciso, una decisión más oportuna, la disminución de riesgos y la confianza y tranquilidad que podemos brindar en momentos que muchas veces están acompañados de incertidumbre”, afirmó.</p>

<p>La Fundación Santa Fe de Bogotá señaló que el proceso involucró a médicos radiólogos, tecnólogos, físicos médicos y otros profesionales asistenciales y administrativos vinculados al Departamento de Imágenes Diagnósticas. El reconocimiento también incluye aspectos relacionados con la actualización del conocimiento, el uso de tecnología y la estandarización de procesos para apoyar la toma de decisiones clínicas.</p>

<p>La Fundación Santa Fe de Bogotá fue creada en 1972 y es una institución privada sin ánimo de lucro. En los últimos años ha recibido distintas acreditaciones nacionales e internacionales relacionadas con la calidad de sus servicios de salud.</p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">FSFB</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Fiebre en niños: cuándo preocuparse y cuándo no es necesario ir a urgencias]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/fiebre-en-ninos-cuando-preocuparse-y-cuando-no-es-necesario-ir-a-urgencias/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Karen Perdomo Sánchez*]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Fiebre en niños: cuándo manejarla en casa, qué errores evitar y cuáles son las señales de alarma para consultar al pediatra.]]></description>
			<pubDate>Sun, 23 Aug 2026 22:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La fiebre es uno de los motivos más frecuentes de consulta en urgencias pediátricas. Estas son las señales de alarma, qué hacer en casa y qué prácticas evitar.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/UKXLUFGM5JHS5OLSEESTMX3OHA.png" alt="Salud de los niños: todas las recomendaciones que necesitas saber" class="wp-image-1586925" /><figcaption>Las causas de la fiebre pueden ser diferentes y deben ser evaluadas por un pediatra para evitar complicaciones.</figcaption></figure>

<p>Una de las consultas más frecuentes en los servicios de urgencias pediátricas es la fiebre. Pero surge una pregunta común entre padres y cuidadores: ¿es realmente la fiebre un enemigo al que siempre se debe acudir a urgencias? ¿Cuándo debe un padre o cuidador preocuparse? ¿Y qué medidas pueden implementarse en casa para su manejo adecuado?</p>

<p>Para empezar, es importante entender que la fiebre no es una enfermedad, sino un síntoma. De hecho, se trata de un mecanismo de defensa del organismo que ayuda a combatir infecciones. Las infecciones pueden ser causadas por distintos agentes, como virus, bacterias y hongos. Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado que la principal causa de infecciones en la edad pediátrica son los virus. Por esta razón, el uso de antibióticos suele ser innecesario en la mayoría de los cuadros febriles en niños.</p>

<p>La fiebre no es una enfermedad en sí misma. En la mayoría de los casos es una respuesta del organismo frente a una infección, especialmente viral, y forma parte del mecanismo natural de defensa del cuerpo. Es importante aclarar que esta recomendación no aplica para todos los casos. Algunos niños requieren una evaluación médica inmediata, como:</p>

<p>· Menores de 3 meses de edad</p>

<p>· Niños con cáncer</p>

<p>· Pacientes con enfermedades crónicas que comprometen el sistema inmunológico</p>

<p>En estos casos, las causas de la fiebre pueden ser diferentes y deben ser evaluadas por un pediatra para evitar complicaciones.</p>

<h2>¿Cómo reconocer la fiebre en un niño?</h2>

<p>Es común escuchar en la consulta de urgencias frases como: “No le tomé la temperatura, pero lo sentí caliente”. Durante un episodio de fiebre, los niños pueden presentar diferentes signos:</p>

<p>· Decaimiento o irritabilidad</p>

<p>· Mayor inquietud de lo habitual</p>

<p>· Respiración o ritmo cardíaco más rápido</p>

<p>· Piel enrojecida</p>

<p>· Escalofríos o sudoración</p>

<p>Ante cualquiera de estos síntomas, es importante medir la temperatura con un termómetro y no confiar únicamente en la percepción al tacto.</p>

<p>La temperatura puede tomarse en diferentes partes del cuerpo, siendo las más comunes:</p>

<p>· Debajo de la axila (axilar)</p>

<p>· En la boca (oral)</p>

<p>· En el oído (timpánica)</p>

<p>Se considera fiebre una temperatura igual o mayor a 38 °C.</p>

<h2>¿Qué hacer cuando un niño tiene fiebre?</h2>

<p>Cuando un padre o cuidador identifica fiebre en un niño, es común recurrir a medidas tradicionales que se transmiten de generación en generación. Sin embargo, algunas de estas prácticas no están recomendadas y pueden incluso resultar perjudiciales.</p>

<p>Entre ellas se encuentran:</p>

<p>· Baños como manejo antipirético, ya que su efecto es transitorio y puede aumentar la incomodidad del niño</p>

<p>· Aplicar paños con alcohol, práctica totalmente contraindicada porque puede producir absorción cutánea y toxicidad</p>

<h2><strong>Medidas recomendadas para manejar la fiebre</strong></h2>

<p>En casa, lo primero es brindar medidas de confort, como:</p>

<p>· Mantener al niño en un ambiente fresco (no frío)</p>

<p>· Vestirlo con ropa ligera y evitar sobreabrigarlo</p>

<p>· Asegurar una adecuada hidratación</p>

<p>La administración de medicamentos antipiréticos no siempre es necesaria. Si el niño está activo, hidratado y cómodo, puede no requerir tratamiento para disminuir la temperatura.</p>

<p>Sin embargo, si el niño está molesto o incómodo, puede administrarse un antipirético. El más recomendado en pediatría por su perfil de seguridad es el acetaminofén, que suele administrarse cada 4 a 6 horas, con una dosis calculada según el peso del niño.</p>

<p>Es importante saber que los antipiréticos no previenen las convulsiones febriles, uno de los temores más frecuentes de los padres ante la fiebre.</p>

<h2>Sobre el uso de antipiréticos</h2>

<p>No es necesario alternar antipiréticos como práctica estándar, ya que esto puede generar errores en la dosificación y su beneficio clínico es limitado. En algunos casos específicos en los que no se logra controlar la temperatura con acetaminofén, puede utilizarse otro antipirético oral como medida de rescate. Sin embargo, se debe evitar el uso de ibuprofeno cuando el niño presenta vómitos o signos de deshidratación.</p>

<p><strong>Cuando consultar al pediatra</strong></p>

<p>Aunque la fiebre suele ser un síntoma benigno, existen situaciones en las que es necesario consultar de inmediato con un pediatra. Se recomienda acudir a valoración médica cuando el niño presenta:</p>

<p>· Dificultad para despertarse o inconsolabilidad</p>

<p>· Signos de dificultad respiratoria (respiración rápida, hundimiento de las costillas, aleteo nasal o coloración azul en labios)</p>

<p>· Incapacidad para beber líquidos</p>

<p>· Vómitos persistentes</p>

<p>· Dolor intenso en cualquier parte del cuerpo</p>

<p>· Fiebre que no disminuye tras la administración de antipiréticos</p>

<p>En términos de tiempo de evolución, la fiebre durante tres o más días también es un motivo para consultar con un profesional de la salud. Además, todos los niños menores de 3 meses o con enfermedades crónicas deben ser evaluados por un pediatra cuando presentan fiebre.</p>

<h2>La fiebre no es el enemigo</h2>

<p>En resumen, la fiebre no debe verse como un enemigo. Es, en realidad, una señal de que el organismo está respondiendo a una infección, y en los niños su causa más frecuente son las infecciones virales. Lo más importante es medir la temperatura de manera objetiva, ofrecer medidas de confort, mantener una buena hidratación y administrar antipiréticos seguros solo cuando sea necesario. Al mismo tiempo, es fundamental reconocer los signos de alarma que deben motivar una consulta médica oportuna.</p>

<p><em>*Karen Perdomo Sánchez es pediatra de LaCardio. </em></p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Getty Images</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[LaCardio, 53 años construyendo el hospital cardiovascular que Colombia necesita]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/lacardio-53-anos-construyendo-el-hospital-cardiovascular-que-colombia-necesita/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redacción SaludConsciencia]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[LaCardio nació hace 53 años atendiendo a niños con enfermedades cardiovasculares. Hoy ha evolucionado sin perder su propósito original.]]></description>
			<pubDate>Sun, 23 Aug 2026 15:19:04 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Fundación Cardioinfantil nació hace 53 años para atender a niños de escasos recursos con enfermedades cardiovasculares. Hoy es un hospital universitario de alta complejidad que combina cardiología de adultos, trasplantes, investigación y responsabilidad social sin haber perdido su propósito original.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/ZDEH565YYVBFFHKZ4MOEODQCV4.jpg" alt="En 2025, LaCardio generó ingresos por $824.391 millones COP, un crecimiento del 8 % frente al año anterior. /LaCardio." class="wp-image-5117678" style="object-fit:cover;object-position:46% 0%" /><figcaption>En 2025, LaCardio generó ingresos por $824.391 millones COP, un crecimiento del 8 % frente al año anterior. /LaCardio.</figcaption></figure>

<p>Construir un hospital de referencia no depende solo de incorporar tecnología o realizar procedimientos cada vez más sofisticados. Implica formar equipos especializados, generar y transferir conocimiento, garantizar estabilidad financiera en un sistema de salud marcado por la incertidumbre y responder a necesidades que muchas veces comienzan antes de que un paciente llegue al hospital. Ese recorrido es lo que explica la historia de Fundación Cardioinfantil.</p>

<p>Hace 53 años nació para atender a niños colombianos de escasos recursos con enfermedades cardiovasculares, una misión que, según el doctor Juan Gabriel Cendales, director ejecutivo de la Fundación, sigue definiendo la identidad de la institución. Lo que ha cambiado no es el propósito, sino la capacidad para cumplirlo. “Nuestra misión ya no tiene como norte únicamente un objetivo social y de atención médica, sino acciones que permitan que ese trabajo se mantenga en el tiempo y crezca”, explica. Esa evolución dio lugar al hospital universitario (LaCardio) que hoy integra cardiología de adultos y pediátrica, trasplantes, cirugía cardiovascular, investigación y formación de talento humano que sobresalen entre más de 60 especialidades médicas y quirúrgicas. Su último informe de gestión describe ese proceso de expansión sin perder de vista el origen.</p>

<p>Para los pacientes, esa transformación se traduce en cifras concretas: en el último año, el Departamento de Cardiología realizó 1.800 cirugías cardiovasculares, 10 trasplantes de corazón y ocupó el primer lugar en cardiología en Colombia de acuerdo con el ranking de InteLlat. Detrás de muchos de esos casos está el Heart Team, un modelo de trabajo que reúne cardiólogos clínicos, electrofisiólogos, hemodinamistas, cirujanos cardiovasculares, especialistas en imágenes cardiovasculares y anestesiólogos, entre otros profesionales.</p>

<p>Todos analizan conjuntamente cada caso antes de definir la estrategia terapéutica. En enfermedades cardiovasculares complejas, la decisión deja de depender de un solo especialista y se construye desde distintas disciplinas.</p>

<p>Aunque la institución ha ampliado progresivamente su alcance, el origen misional sigue presente. Cada año, sus equipos recorren distintos departamentos del país para identificar niños con cardiopatías congénitas (enfermedades que afectan el corazón y el sistema circulatorio), activar la ruta de atención y acompañar a sus familias durante el proceso.</p>

<p>“Hacemos anualmente 15 brigadas, en las que valoramos a cerca de 4.000 niños. De ellos, el 10 % es apto para ser algún tipo de intervención en la institución”, explica Svetlana Noworyta, directora de Donaciones y Sostenibilidad de LaCardio. “Pero no se trata solo de llegar y diagnosticar al niño, sino de hacer un acompañamiento y un manejo integral de su patología sin recobro al sistema de salud”</p>

<p>En el último año, esas brigadas llegaron a 326 municipios de 28 departamentos, realizaron cerca de 1.300 electrocardiogramas y 2.400 ecocardiogramas con fines diagnósticos, y acompañaron 5.348 casos mediante seguimiento social. En LaCardio saben que un diagnóstico abre una ruta clínica, pero no garantiza que una familia pueda recorrerla: la distancia hasta el hospital, el costo de los desplazamientos, el cuidado de otros hijos o la necesidad de dejar de trabajar temporalmente pueden ser barreras tan determinantes como la enfermedad misma. Por eso el acompañamiento no termina con la consulta o la cirugía, sino que se extiende hasta que el paciente completa el tratamiento.</p>

<p>Ese impacto se hace visible cuando un niño recupera su salud y vuelve al colegio, o cuando una familia deja de organizar su vida alrededor de una enfermedad.</p>

<figure><blockquote><p>El año pasado, LaCardio realizó 266 trasplantes de órganos sólidos y, según el Instituto Nacional de Salud, se mantuvo por cuarto año consecutivo como la IPS con mayor actividad trasplantadora del país.</p></blockquote></figure>

<p>La misma lógica explica otros programas que responden a necesidades que no siempre aparecen en la historia clínica. Solo en 2025, el programa de Pedagogía Hospitalaria permitió que 1.489 niños y adolescentes continuaran sus estudios mientras recibían atención médica, un 67 % más que en 2024. Por su parte, Comer con Alegría abordó la malnutrición infantil y gestacional en Usaquén, al norte de Bogotá: de 109 menores evaluados, el 77 % presentaba algún grado de malnutrición y, al cierre del año, 79 de 90 niños y gestantes habían logrado recuperación nutricional.</p>

<p>El acceso al tratamiento, entonces, no comienza en el momento de la cirugía: depende de identificar oportunamente la enfermedad, orientar a las familias y reducir las barreras que pueden impedir que un paciente llegue hasta el hospital. En esa combinación entre expansión y permanencia está buena parte de la evolución de LaCardio. Para Cendales, la apuesta es llegar a atender 1.000 niños, niñas y adolescentes “siendo resolutivos y dando buenos resultados clínicos”.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/UAY2SLOUEZHJVJWBCMIUUXYRIQ.png" alt="Juan Gabriel Cendales, director ejecutivo de la Fundación Cardioinfantil. /LaCardio." class="wp-image-5117667" style="object-fit:cover;object-position:52% 0%" /><figcaption>Juan Gabriel Cendales, director ejecutivo de la Fundación Cardioinfantil. /LaCardio.</figcaption></figure>

<h2><strong>La referencia se construye en la práctica</strong></h2>

<p>Hay capacidades que solo se vuelven visibles cuando un hospital recibe un gran volumen de pacientes. Cada consulta, procedimiento o cirugía obliga a coordinar equipos, tomar decisiones complejas y mantener estándares de calidad de manera sostenida.</p>

<p>Anualmente, LaCardio registra más de 146.000 consultas ambulatorias, más de 100.000 atenciones en urgencias, más de 26.000 egresos, más de 8.000 procedimientos quirúrgicos, cerca de 179.000 estudios de imágenes diagnósticas y más de 1,7 millones de laboratorios clínicos. Para dimensionar esas cifras: solo las consultas ambulatorias equivalen a llenar cuatro veces el estadio El Campín.</p>

<p>Sostener ese volumen sin sacrificar la experiencia del paciente es otro reto. Para medirlo, la institución utiliza indicadores como el Net Promoter Score (NPS), que refleja la disposición de los pacientes a recomendar el hospital. En 2025 ese indicador alcanzó 90,9 puntos, mientras que la satisfacción global con la atención llegó a 97,9 %.</p>

<p>El programa de trasplantes pone a prueba esa capacidad en uno de los escenarios más exigentes de la medicina: cuando aparece un órgano disponible, el tiempo corre en contra y, en cuestión de horas, deben coordinarse cirujanos, anestesiólogos, intensivistas, personal de enfermería, laboratorios y equipos de apoyo para que el paciente reciba seguimiento antes, durante y después de la cirugía. El año pasado, LaCardio realizó 266 trasplantes de órganos sólidos y, según el Instituto Nacional de Salud, se mantuvo por cuarto año consecutivo como la IPS con mayor actividad trasplantadora del país. Ese mismo año realizó cinco trasplantes en un solo día y llevó a cabo el primer autotrasplante de hígado en Colombia, un procedimiento que amplía las opciones terapéuticas para pacientes en quienes un trasplante convencional no siempre es posible.</p>

<figure><blockquote><p>“Nuestra misión ya no tiene como norte únicamente un objetivo social y de atención médica, sino acciones que permitan que ese trabajo se mantenga en el tiempo y crezca”</p><cite>Juan Gabriel Cendales, director de LaCardio.</cite></blockquote></figure>

<p>¿Cómo se sostiene ese nivel de exigencia de manera consistente? En un hospital universitario, cada caso puede convertirse en una oportunidad para generar conocimiento, revisar protocolos e incorporar nueva evidencia a la práctica médica. LaCardio publicó 140 artículos científicos indexados en los últimos 12 meses, un 48 % más que el año anterior, un trabajo que estuvo acompañado por la reacreditación de la Joint Commission International (JCI) y la certificación JCI del Programa de Excelencia Clínica en Revascularización Miocárdica Quirúrgica Aislada —reconocimientos que evalúan la seguridad del paciente, la gestión del riesgo, la estandarización de procesos y la mejora continua—.</p>

<p>Ese conocimiento tiene impacto cuando llega a quienes atienden a los pacientes todos los días. LaCardio cerró 2025 con 2.549 empleos directos y 506.551 horas de formación, un 24 % más que en 2024. A través de Cardio-U, la institución fortaleció la formación de sus equipos en servicio, liderazgo, enfermería e investigación.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/7C6DEEEDRVFPFM7VO27CEQ74FA.jpeg" alt="Resultados de LaCardio durante el último año." class="wp-image-5117656" /><figcaption>Resultados de LaCardio durante el último año.</figcaption></figure>

<h2><strong>La estabilidad financiera también hace parte del cuidado</strong></h2>

<p>Hablar de liquidez o crecimiento financiero puede parecer distante de la atención médica, pero esas cifras son las que permiten incorporar tecnología, mantener equipos especializados y sostener programas que requieren recursos. “Sin excedentes no hay renovación tecnológica, no hay investigación clínica, no hay margen para responder a una crisis. El excedente no es un lujo: es la condición material que permite que la misión asistencial continúe existiendo mañana”, dice Cendales. Un trasplante, una nueva sala de hemodinamia o un programa de investigación no se sostienen solo con conocimiento médico: también dependen de que existan recursos para invertir, mantener equipos y planear más allá de la operación cotidiana.</p>

<p>En 2025, LaCardio generó ingresos por $824.391 millones COP, un crecimiento del 8 % frente al año anterior. De ese total, destinó $33.700 millones COP a infraestructura y tecnología, y $10.677 millones COP a inversión social: recursos que le permiten modernizar equipos, ampliar servicios y fortalecer programas que hacen parte de su misión. En un entorno donde muchas instituciones de salud del país enfrentan dificultades financieras, esa capacidad también determina la posibilidad de seguir atendiendo pacientes de alta complejidad en el largo plazo.</p>

<h2><strong>Gestionar un hospital también implica gestionar su impacto</strong></h2>

<p>La actividad de un hospital de este tamaño deja una huella que va más allá de los pacientes que atiende. Equipos de diagnóstico, salas de cirugía, unidades de cuidados intensivos, cadenas de frío y protocolos de bioseguridad requieren grandes cantidades de energía, agua e insumos, y reducir ese impacto exige identificar dónde es posible operar de forma más eficiente sin comprometer la calidad de la atención.</p>

<figure><blockquote><p>“Hay muy pocos hospitales en el mundo que pueden decir que son carbono neutro; no hay más de dos o tres. Pero nos trazamos la meta de trabajar por una reducción de nuestras emisiones”</p><cite>Juan Gabriel Cendales, director de LaCardio.</cite></blockquote></figure>

<p>En el último año, LaCardio reportó una huella de 10.587 toneladas de CO₂ equivalente en sus tres alcances —el cálculo incorporó nuevas fuentes de información, por lo que no es comparable directamente con el de 2024—. “Hay muy pocos hospitales en el mundo que pueden decir que son carbono neutro; no hay más de dos o tres. Pero nos trazamos la meta de trabajar por una reducción de nuestras emisiones”, asegura Cendales.</p>

<p>En el mismo periodo, el consumo de agua en las sedes disminuyó 36 %, hasta 97.793 metros cúbicos. “Hemos desarrollado iniciativas orientadas al ahorro y uso eficiente del agua. Eso pasa no solo por un tema cultural de cada colaborador, sino también por mejoras en la infraestructura y la optimización de procesos”, apunta Noworyta. La institución también gestionó 919.256 kilogramos de residuos —61 % de ellos peligrosos, por la naturaleza de la actividad hospitalaria— y amplió de 10 a 89 el número de proveedores evaluados con criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG).</p>

<p>Detrás de esos resultados hay decisiones menos visibles para los pacientes: renovación de infraestructura, control de fugas, sistemas de ahorro de agua y energía, digitalización de procesos, capacitación de colaboradores y nuevos criterios para la selección de proveedores. No transforman un procedimiento médico, pero sí la manera en que funciona el hospital todos los días.</p>

<p>Esa misma lógica aparece en la forma de gestionar la institución. Durante 2025 se realizaron 15 auditorías internas, se implementaron 119 acciones de mejora y se alcanzó una adherencia del 99 % a los estándares institucionales. El riesgo de corrupción fue evaluado en todas las operaciones de vinculación de contrapartes, y la organización mantuvo, por cuarto año consecutivo, cero accidentes laborales mortales o graves.</p>

<p>Los reconocimientos externos son, en parte, resultado de ese trabajo. En 2025, IntelLat ubicó a LaCardio como el segundo hospital especializado en cardiología de América Latina y el primero de Colombia, y la institución obtuvo el sello ESG Verified de Icontec en categoría Platino. Después de 53 años, la responsabilidad de LaCardio no consiste solo en preservar lo construido, sino en sostener y ampliar la capacidad cardiovascular que el país necesita: resultados clínicos verificables, equipos especializados, investigación, disciplina financiera y una gestión responsable de los impactos sociales y ambientales.</p>

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						<media:content url="https://cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elespectador/ZDEH565YYVBFFHKZ4MOEODQCV4.jpg" type="image/jpeg" height="684" width="1024">						<media:description type="plain"><![CDATA[En 2025, LaCardio generó ingresos por $824.391 millones COP, un crecimiento del 8 % frente al año anterior. /LaCardio.]]></media:description>
										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">LaCardio</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[¿Qué fractura es más común según su edad? Claves para prevenirlas y recuperarse mucho mejor]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/fracturas-segun-la-edad-que-cambia-entre-ninos-jovenes-y-adultos/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Ana Vega]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[¿Por qué una fractura no es lo mismo a los ocho años que a los 80? Médicos explican cuáles son las fracturas más comunes y su tratamiento.]]></description>
			<pubDate>Sat, 22 Aug 2026 15:00:33 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Por qué una fractura no es lo mismo a los ocho años que a los 80? Especialistas explican cuáles son las fracturas más frecuentes en cada etapa de la vida, cómo se tratan y qué factores hacen que el riesgo y la recuperación cambien con la edad.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/WDMLGM3BNBEAFDJUXBXOOUGJMI.jpg" alt="Fracturas según la edad: qué cambia entre niños, jóvenes y adultos" class="wp-image-5113790" /><figcaption>La fractura más común en los niños es la del antebrazo.</figcaption></figure>

<p>Se ha hecho popular una anécdota, de autoría incierta, según la cual una de las primeras señales de civilización habría sido encontrar<strong> un fémur fracturado que había logrado sanar.</strong> La idea detrás de la historia es que alguien tuvo que cuidar, alimentar y proteger a esa persona herida durante su recuperación, cuando, en otras circunstancias, una lesión así podría haberla dejado expuesta a morir. Aunque no es del todo precisa (porque simplifica mucho la evidencia sobre el surgimiento de las sociedades humanas modernas), la creencia puede servir como una buena puerta de entrada a una realidad que la medicina confirma todos los días: <strong>una fractura casi nunca es solamente un problema del hueso.</strong> Por el contrario, también puede reflejar un <strong>problema de cuidado, contexto, edad y, en algunos casos, hasta de salud pública. </strong></p>

<p>Según cifras de la <a href="https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/fragility-fractures" target="_self" rel="" title="https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/fragility-fractures">Organización Mundial de la Salud</a>, en 2019 se registraron <strong>178 millones de fracturas nuevas en el mundo</strong>, un incremento del 33,4 % respecto a 1990. Este aumento ocurre en un contexto marcado por cambios en los hábitos de vida y por el envejecimiento de la población.</p>

<p>“El sedentarismo, el tabaquismo, la obesidad, asociadas o a la osteoporosis<u>,</u> provoca que los pacientes se fracturen mucho más. Y, al mismo tiempo, como estamos viviendo más años y somos personas muy activas, se presenta esa debilidad ósea y aumenta el riesgo de fracturas”, explica Manuel Enrique Vivas, médico cirujano, especialista en Ortopedia y Traumatología de la Fundación Cardioinfantil-LaCardio.</p>

<p>Pero hablar de “fracturas” en general puede resultar demasiado amplio. La fractura de un niño de ocho años que se cae de la bicicleta puede tener poco que ver, en gravedad, tratamiento y consecuencias a largo plazo, con el caso de una mujer de 80 años que se fractura la cadera al tropezar. Así lo confirma el médico Carlos Mario Olarte, ortopedista de traumamusculoesqueletico de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB): “El mismo trauma puede producir distintas fracturas según la edad pues las características del hueso, en cuanto a su densidad, son diferentes”.</p>

<p>Los huesos cambian a lo largo de la vida y, con ellos, también cambian <strong>los mecanismos que producen las fracturas</strong>, las partes que se lesionan con <strong>mayor frecuencia</strong> y las <strong>condiciones </strong>que determinan la recuperación.</p>

<h3><strong>¿Cuáles son las fracturas más comunes según la edad? </strong></h3>

<p><strong>Recién nacidos</strong></p>

<ul><li>Fractura más frecuente: clavícula.</li><li>Principales causas: lesiones relacionadas con el nacimiento.</li><li>Particularidad: “No es tan común ver fracturas en niños menores de dos años. Cuando ocurre, además de hablar con la familia para entender qué pasó, siempre sospechamos de la posibilidad de maltrato”, explica la doctora Verónica Morales, pediatra de LaCardio.</li></ul>

<p><strong>Niños</strong></p>

<ul><li>Fracturas más frecuentes: antebrazo (radio y cúbito).</li><li>Principales causas: caídas, juegos y actividades deportivas.</li><li>Particularidad: una de las comunes es la de “tallo verde”, la cual ocurre cuando el hueso se dobla y se quiebra solo por un lado.</li></ul>

<p><strong>Adultos jóvenes</strong></p>

<ul><li>Fracturas frecuentes: radio distal, tobillo, tibia, peroné, clavícula y fémur.</li><li>Principales causas: accidentes de tránsito, especialmente de alta energía, y lesiones deportivas.</li><li>Particularidad: la gravedad depende en buena medida de la energía del trauma, es decir, con la fuerza y el mecanismo con los que se produjo el impacto.</li></ul>

<p><strong>Adultos mayores</strong></p>

<ul><li>Fracturas frecuentes: cadera, vértebras y radio distal (muñeca).</li><li>Principales causas: caídas desde la propia altura y traumatismos de baja energía.</li><li>Factores asociados: osteoporosis, pérdida de masa muscular y alteraciones del equilibrio, que aumentan el riesgo de caídas y fracturas.</li></ul>

<h3><strong>La edad cambia la forma de sanar</strong></h3>

<p>Una vez ocurre la fractura, comienza otro proceso: <strong>la consolidación del hueso.</strong> Y para esta recuperación no todas las edades juegan bajo las mismas condiciones.</p>

<p>En los niños, <strong>la capacidad de reparación es especialmente alta</strong>. “Usualmente los niños presentan una recuperación muy veloz. Las tasas de consolidación son mucho más rápidas”, explica Abelardo Tinoco Galeano, ortopedista y traumatólogo de LaCardio. Con “consolidación”, los expertos hacen alusión al proceso mediante el cual el organismo repara el hueso fracturado y restablece, de manera progresiva, su continuidad y resistencia. En algunas fracturas, agrega, pueden encontrarse signos de consolidación incluso después de apenas unas semanas de inmovilización.</p>

<p>Pero una recuperación rápida no significa que todas las fracturas infantiles sean simples. Hay una particularidad que requiere especial seguimiento: <strong>las lesiones que comprometen las zonas de crecimiento. </strong>“En los niños, las fracturas que involucran las zonas de crecimiento o las fisis, pueden comprometer el crecimiento lineal o angular de los huesos”, advierte Olarte, médico de la FSFB.</p>

<p>Morales, especialista en pediatría, explica que estas zonas de crecimiento se encuentran en los extremos de los huesos largos, como el fémur y la tibia, y son las responsables de que los huesos se “alarguen” durante la infancia. Si una fractura las afecta, <strong>puede alterar el crecimiento normal del hueso</strong>, por lo que es necesario realizar controles periódicos durante la recuperación.</p>

<p>En los adultos, la recuperación también depende de las características de la fractura, pero el objetivo es, en muchos casos,<strong> recuperar la función lo antes posible. </strong></p>

<p>“Con los adultos jóvenes, con la tecnología que tenemos hoy, con los materiales y los implantes, la idea es hacer una rehabilitación lo más temprano posible. Utilizamos implantes, placas, tornillos y dispositivos endomedulares que permiten que el paciente, una vez operado, empiece su rehabilitación al día siguiente”, explica Tinoco.</p>

<p>El tipo de tratamiento, por supuesto, depende de las características de cada fractura. No todas necesitan cirugía y no todas requieren el mismo tiempo de inmovilización o rehabilitación.</p>

<h3><strong>Adultos mayores: osteoporosis y fracturas por fragilidad</strong></h3>

<p>En los adultos mayores, la recuperación puede ser más compleja porque al daño producido por la fractura se suman otros factores. Con el envejecimiento, <strong>el hueso puede perder densidad y calidad</strong>, aumentando su fragilidad y la posibilidad de que una caída de baja energía termine en una fractura.</p>

<p>Esa fragilidad es uno de los rasgos característicos de la <strong>osteoporosis</strong>, una de las enfermedades óseas más comunes entre las personas mayores. Según la<a href="https://www.osteoporosis.foundation/health-professionals/about-osteoporosis/epidemiology" target="_self" rel="" title="https://www.osteoporosis.foundation/health-professionals/about-osteoporosis/epidemiology"> International Osteoporosis Foundation (IOF)</a>, <strong>una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores </strong>de 50 años sufrirá una fractura relacionada con la osteoporosis a lo largo de su vida.</p>

<p>“Las personas mayores tienen huesos más porosos y descalcificados y, por eso, se considera que es un hueso frágil, más propenso a las fracturas”, explica Diana Atencio, geriatra de LaCardio.</p>

<p>El problema es que una persona puede no saber que tiene osteoporosis hasta que sufre una fractura.<strong> La enfermedad suele avanzar sin síntomas evidentes.</strong> Incluso puede haber lesiones vertebrales que se producen sin una caída o un golpe evidente. “Pacientes con osteoporosis severa que no han recibido tratamiento pueden presentar fracturas, por ejemplo, de la columna vertebral sin trauma, sin caerse”, explica el especialista Tinoco. <strong>Estas fracturas con el tiempo pueden producir pérdida de estatura, deformidad de la columna y dolor crónico. </strong></p>

<p>Por eso, una fractura producida por un trauma de baja energía como una caída desde la propia altura o una lesión leve, en una persona mayor puede ser mucho más que el resultado de un accidente. También puede ser una señal de que la salud del hueso necesita ser evaluada.</p>

<p>La osteoporosis, además, no es el único factor que puede explicar una fractura a esta edad y dificultar la recuperación. En los adultos mayores suelen coexistir otras enfermedades que pueden influir en el proceso de consolidación.</p>

<p><strong>“En los pacientes adultos mayores tenemos ya comorbilidades:</strong> usualmente son pacientes que tienen hipertensión, que pueden cursar con diabetes o enfermedades cardiovasculares, que pueden afectar la consolidación del hueso”, explica Tinoco.</p>

<p>A esto se suma la pérdida de masa y fuerza muscular, conocida como sarcopenia, y las alteraciones del equilibrio. Ambos factores pueden aumentar el riesgo de sufrir una caída y, después de una fractura, dificultar el regreso a la movilidad.</p>

<p>Por eso, en una persona mayor, el éxito del tratamiento no se mide únicamente por si el hueso consolidó. También importa si la persona vuelve a caminar, recupera fuerza, retoma sus actividades cotidianas y <strong>conserva su independencia. </strong></p>

<h3><strong>La prevención comienza mucho antes</strong></h3>

<p>Si la salud del hueso se construye durante toda la vida, la prevención tampoco debería comenzar con la llegada de una fractura. La recomendación de la geriatra Atencio es <strong>aprovechar la juventud para alcanzar una buena masa ósea y conservarla durante el envejecimiento.</strong> Para ello, señala la importancia de una alimentación adecuada, con suficiente calcio y proteínas, además de mantener niveles adecuados de vitamina D y realizar actividad física.</p>

<p>El <strong>ejercicio de fuerza y los ejercicios con carga de peso</strong> son particularmente importantes para conservar huesos y músculos fuertes. Los especialistas recomiendan incorporar actividades que utilicen el propio peso corporal, como sentadillas, subir escaleras, flexiones y ejercicios para fortalecer el cuerpo. El objetivo es mantener activo todo el aparato locomotor y <strong>trabajar tanto la fuerza como el equilibrio. </strong></p>

<p>La prevención, entonces, no consiste en esperar a que aparezca la primera fractura para ocuparse de los huesos. Empieza mucho antes, con hábitos que se construyen a lo largo de la vida y <strong>que pueden ayudar a llegar a la vejez con una mejor salud ósea.</strong></p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">rawpixel.com / Chanikarn Thongsu</media:credit>
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							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[El verdadero valor de la ortopedia moderna]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/el-verdadero-valor-de-la-ortopedia-moderna/</link>
			<guid isPermaLink="true">https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/el-verdadero-valor-de-la-ortopedia-moderna/</guid>
			<dc:creator><![CDATA[Jorge Rojas Lievano]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[La artrosis rara vez irrumpe en la vida de una persona: la va estrechando. Envejecer no obliga a entregar la autonomía por cuotas.]]></description>
			<pubDate>Sun, 16 Aug 2026 21:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La tecnología es una herramienta. El resultado que importa es devolverles a las personas el movimiento y la autonomía para volver a hacer aquello que valoran.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/2IH3LISWHNATPF37BVULQ6E7SE.jpg" alt="El verdadero valor de la ortopedia moderna" class="wp-image-5106005" /><figcaption>La ortopedia moderna combina innovación, criterio clínico y equipos coordinados para devolverles a las personas movimiento, función y autonomía</figcaption></figure>

<p>La artrosis rara vez irrumpe en la vida de una persona: la va estrechando. Primero duele al subir una escalera o levantarse de una silla. Después se camina menos, se rechazan invitaciones y se pide ayuda para lo que antes se hacía solo. Como el cambio es lento, casi nadie mide cuánto perdió. Una frase termina por normalizarlo: “son cosas de la edad”.</p>

<p>Esa frase, a menudo dicha con cariño, les ha costado a muchos su independencia. Envejecer no obliga a entregar la autonomía por cuotas.</p>

<p>Supongamos que alguien consulta y que, después de una conversación seria —y no solo de mirar una radiografía—, se concluye que le conviene una cirugía de reemplazo articular. Aparece entonces una pregunta para la que casi nadie lo preparó: ¿dónde operarse?</p>

<p>Para responder, el paciente cuenta con pocas herramientas: el prestigio del hospital, una recomendación, la confianza que le inspiró el cirujano. Y una pregunta que parece resumir la modernidad: “¿Tienen robot?”.</p>

<p>No es una mala pregunta. Quien la hace intenta distinguir un sitio de otro sin ser médico. Pero también revela una asociación extendida: moderno equivale a tecnológico. Como consumidores, aprendimos que lo nuevo suele ser mejor. En salud, una innovación debe demostrar su valor.</p>

<p>El robot no opera por sí solo. Ayuda al cirujano a planear y ejecutar con mayor precisión algunos pasos, como los cortes del hueso o la posición del implante. Esa precisión es real y valiosa, pero es un resultado intermedio. Nadie se opera para ganar unos milímetros en una imagen; se opera para caminar, dormir sin dolor, volver al trabajo o conservar su independencia.</p>

<p>La cirugía robótica ha demostrado mayor exactitud técnica. Lo que aún no ha demostrado con igual consistencia es una mejoría clínicamente importante en dolor, función, complicaciones o duración de la prótesis. La evidencia puede cambiar con mejores estudios; ese camino aún está por recorrer. Todo indica que los robots llegaron para quedarse y terminarán incorporándose a la práctica habitual. Ese progreso merece entusiasmo, pero también una exigencia: que se traduzca en mejores resultados.</p>

<p>Hay algo, sin embargo, que la pregunta “¿tienen robot?” no alcanza a tocar. Cuando esta tecnología sea parte del estándar, dejará de distinguir a una institución de otra. Por sí sola, seguirá sin decidir quién necesita una cirugía, qué espera recuperar, cómo debe prepararse, cómo reducir complicaciones o si logró volver a hacer aquello que le importa.</p>

<p>Ese es el punto central: la ortopedia moderna necesita tecnología, pero no se define por ella. Su valor está en combinar innovación, criterio clínico y equipos coordinados para devolverles a las personas movimiento, función y autonomía. No basta con una herramienta más precisa; hay que demostrar que produjo una vida mejor.</p>

<p>Dos pacientes sometidos a un reemplazo de rodilla obtienen, a los tres meses, el mismo puntaje en un cuestionario de dolor y función. Una es una maestra jubilada de 74 años que quería recorrer el supermercado sin dolor: está feliz. El otro es un obrero de 58 años que necesitaba volver a subir escaleras cargando herramientas: camina con menos dolor, pero no ha podido regresar a su oficio.</p>

<p>El mismo puntaje representa dos resultados muy distintos. La escala no mintió: simplemente no sabía qué había ido a buscar cada uno.</p>

<p>Por eso, uno de los actos de mayor valor en ortopedia no cuesta un peso. Consiste en hacer, antes de operar, una pregunta de cinco palabras: “¿Qué quiere volver a hacer?”. Y anotar la respuesta. Sin ella, lo que se mida después será apenas una verdad a medias.</p>

<p>La pregunta importa aún más para quien tiene mucho dolor, pero conserva una función razonable. Camina y trabaja, aunque le cueste. No basta con prometerle que el dolor mejorará. Necesita saber si la cirugía le permitirá conservar lo que hoy hace y qué actividades quizá no podrá retomar.</p>

<p>Hoy podemos estimar, antes de operar, la probabilidad de obtener una mejoría relevante. Importan el diagnóstico y la gravedad, pero también la función previa, otras enfermedades, la fragilidad, la salud emocional, la red de apoyo y las expectativas. Usar esos datos para aconsejar —incluso cuando conviene esperar o no operar— distingue una atención de alto valor de otra que simplemente ofrece procedimientos.</p>

<p>Hay un dato incómodo: según los estudios, entre uno de cada diez y uno de cada cinco pacientes no queda satisfecho después de un reemplazo de rodilla, aun con la prótesis bien puesta. Pueden influir las complicaciones, el dolor persistente, la rehabilitación, otras enfermedades y las expectativas. La ansiedad y la depresión previas también se asocian con peores resultados. Y una prótesis no corrige una depresión.</p>

<p>Una ortopedia de alto valor comienza antes del quirófano: con el diagnóstico, la indicación correcta y una decisión compartida. Incluye saber cuándo no operar. Continúa con una buena preparación, un equipo entrenado, protocolos de seguridad y rehabilitación oportuna. Y no termina con el alta: exige seguimiento y la medición del dolor, la función y la calidad de vida desde la perspectiva del paciente.</p>

<p>Nada de esto es tan visible como un robot. Sin embargo, todo ello puede influir mucho más en el resultado. Un hospital puede tener la tecnología más avanzada y aun así ofrecer una atención fragmentada. También puede exhibir una radiografía perfecta sin saber si la persona volvió a vivir como esperaba.</p>

<p>Quienes dirigimos servicios de salud tenemos una responsabilidad adicional. Si esperamos que los pacientes escojan bien, no podemos pedirles que decidan solo con reputación, publicidad y testimonios. Las instituciones deberían medir sus resultados, compararlos, aprender de ellos y explicarlos con claridad. No basta con proclamar excelencia: hay que demostrarla con resultados comprensibles para los pacientes.</p>

<p>Mientras esa transparencia se vuelve la norma, quien considere un reemplazo articular puede llevar cuatro preguntas a la consulta: ¿cuántas de estas cirugías realiza al año este equipo? ¿Conoce sus tasas de infección, complicaciones y reingreso, y sabe cómo se comparan? ¿Evalúa el dolor y la función reportados por sus pacientes antes y después de la cirugía? ¿Me preguntará qué quiero volver a hacer y me acompañará para comprobar si lo logré?</p>

<p>Un equipo que crea valor tiene esas respuestas y no se incomoda al darlas.</p>

<p>La mejor ortopedia no es solo la que incorpora la tecnología más avanzada, sino la que sabe para quién usarla, con qué propósito y qué resultado debe demostrar. Es la que elige bien a quién operar, lo hace con seguridad, mide con honestidad y acompaña la recuperación. Su valor no se mide en milímetros, radiografías o puntajes, sino en movimiento recuperado y posibilidades devueltas. La vara final es sencilla y exigente: ¿pudo esa persona volver a hacer aquello que le importa?</p>

<p><em>*Jorge Rojas Lievano es jefe del Departamento de Ortopedia y Traumatología de la Fundación Santa Fe de Bogotá. </em></p>

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						<media:content url="https://cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elespectador/2IH3LISWHNATPF37BVULQ6E7SE.jpg" type="image/jpeg" height="683" width="1024">						<media:description type="plain"><![CDATA[La ortopedia moderna combina innovación, criterio clínico y equipos coordinados para devolverles a las personas movimiento, función y autonomía]]></media:description>
										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Fundación Santa Fe de Bogot</media:credit>
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							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Así es crecer en 2026: los desafíos para una infancia saludable]]></title>
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			<dc:creator><![CDATA[Ana Vega]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Las infancias de hoy están expuestas a nuevos estímulos, pantallas y productos de consumo. ¿Cómo influyen estos cambios en su desarrollo?]]></description>
			<pubDate>Sun, 16 Aug 2026 15:55:34 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las infancias de hoy están expuestas a nuevos estímulos, pantallas, alimentos ultraprocesados y formas distintas de jugar y entretenerse. ¿Cómo influyen estos cambios en su desarrollo y qué necesitan los niños para crecer saludablemente? Esto dicen los especialistas.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/GFO4GTFDQRBTBBBO7K5BBKV3SE.jpg" alt="El uso de pantallas en niños" class="wp-image-5106051" /><figcaption>La OMS sostiene que el tiempo frente a una pantalla no debería desplazar el juego activo, el sueño ni las actividades interactivas  como leer, contar cuentos o jugar.</figcaption></figure>

<p>Es fácil decir que la infancia ya no es como antes. Casi todos los adultos, en algún momento, terminan soltando esa frase como si fuera una verdad absoluta y usan como argumento los recuerdos de las tardes que pasaban jugando con los “amigos de la cuadra”, creando un juguete nuevo con lo que hubiera a mano, leyendo una y otra vez el mismo cuento e inventando cualquier forma de pasar el tiempo hasta que se hiciera de noche. Para muchos de quienes hoy son padres, madres, tíos o abuelos, <strong>esa es la imagen de una infancia más libre, más sencilla y, quizás, más saludable</strong>.</p>

<p>Pero es posible que idealizar el pasado no resuelva las dudas del presente. Hoy, las condiciones en las que crecen los niños han cambiado: <strong>hay nuevas formas de entretenerse, de alimentarse y de ocupar el tiempo,</strong> y cada una plantea sus propios desafíos para las familias y para quienes acompañan el desarrollo infantil.</p>

<p>Por eso, antes de comparar la infancia de hoy con la de otras generaciones, el Dr. Jaime Céspedes, de la Fundación Cardioinfantil – LaCardio, propone partir de una pregunta más básica: <strong>¿qué significa que un niño tenga una infancia saludable?</strong> Quizá, responde, “implica mantener la vida del niño en las mejores condiciones: darle amor y satisfacer sus necesidades de educación, alimentación, techo y recreación”.</p>

<p>A partir de allí, la pregunta es cómo garantizar esas condiciones en un entorno que también ha cambiado: <strong>los niños tienen nuevas formas de entretenerse, de alimentarse y de ocupar su tiempo</strong>, mientras las familias enfrentan desafíos que no necesariamente existían de la misma manera para las generaciones anteriores.</p>

<h3><strong>Una infancia digital</strong></h3>

<p>Es claro que las pantallas hacen parte cada vez más temprano de la vida de los niños. Celulares, videojuegos y contenidos audiovisuales ofrecen estímulos permanentes y, para los especialistas consultados, ese es uno de los desafíos que más preocupa en las infancias actuales. “El mundo de la actualidad, los estímulos fáciles y las tentaciones que ponen las pantallas,<strong> son el mayor desafío que tenemos ahora</strong>”, advierte la Dra. Catalina Ayala Corredor, médica psiquiatra de niños y adolescentes de la Fundación Santa Fe de Bogotá.</p>

<p>La discusión, sin embargo, no se resuelve solo preguntándose si las pantallas son buenas o malas. Para la Dra. Martha Solano, neuróloga pediatra de LaCardio, lo que importa es <strong>cuándo se introducen y qué lugar ocupan en el desarrollo del niño. </strong></p>

<p>Su explicación parte de una distinción entre las habilidades que suelen asociarse con el <strong>desempeño académico </strong>y aquellas que permiten a los niños <strong>relacionarse con otras personas, reconocer emociones y construir vínculos. </strong>En las primeras, dice Solano, las pantallas, usadas correctamente, incluso pueden tener algunos beneficios: “Han sido un buen estímulo para la memoria visual, para la memoria auditiva”. Pero su preocupación está en lo que puede ocurrir con las segundas <strong>cuando el uso de dispositivos aparece demasiado temprano o termina desplazando la interacción con otras personas.</strong> “¿En dónde nos golpean a los niños cuando tú introduces las pantallas tan temprano? En ese desarrollo de la inteligencia emocional, en ese vínculo que tienen que hacer con las demás personas”, opina la médica.</p>

<p>En ese sentido, los científicos acumulan cada vez mayor evidencia sobre los <strong>riesgos de una introducción temprana y sin control</strong> de las pantallas. Un videojuego o una plataforma de entretenimiento ofrece estímulos y recompensas de manera inmediata y constante, y cuando esa respuesta está siempre disponible, puede desaparecer un espacio que la doctora Ayala, de la FSFB, considera clave durante la infancia: “la posibilidad de aburrirse, de tener que inventarse qué hacer”. Y ese, agrega, es “<strong>el terreno perfecto para la creatividad, para la imaginación y para el juego</strong>”</p>

<p>Solano lo resume desde la lógica del estímulo mismo: “Esa respuesta [de las pantallas] empieza a ser casi adictiva porque necesito muchos estímulos para poder llegar a esa respuesta de satisfacción”. Es decir, la preocupación es que la exposición constante a estímulos y recompensas inmediatas puede hacer que actividades que requieren más tiempo, espera o iniciativa propia resulten menos atractivas para los niños, como <strong>el juego libre o una conversación. </strong></p>

<p>A ese impacto que los médicos describen en el comportamiento se suma <strong>una preocupación física.</strong> La doctora Solano, de LaCardio, llama la atención sobre los efectos que pueden tener ciertos estímulos visuales de las pantallas, especialmente en niños susceptibles: “La <strong>fotosensibilidad </strong>también es una afectación directa física de la pantalla sobre un cerebro que no tolera esta carga”. Entre sus preocupaciones menciona la epilepsia fotosensible, los tics motores y los trastornos de ansiedad. Esto no significa que todos los niños expuestos a pantallas vayan a desarrollar estos problemas. El riesgo depende de factores individuales y, en el caso de la fotosensibilidad, de una susceptibilidad particular a determinados estímulos visuales. La advertencia de los especialistas está, sobre todo, en reconocer esas diferencias y <strong>evitar una exposición excesiva o sin acompañamiento.</strong></p>

<p>Desde hace un tiempo, se discute en el ámbito médico y científico cuál es la mejor manera de incorporar las pantallas a la vida de los niños. La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, recomienda que <strong>los menores de un año no tengan exposición a pantallas</strong> y que los niños de un año tampoco pasen tiempo sedentario frente a ellas. Para los niños de dos años, establece un máximo de una hora al día y, entre los tres y cuatro años, también de una hora: en ambos casos, cuanto menos, mejor.</p>

<p>Estas recomendaciones hacen parte de una guía más amplia sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño, en la que la OMS plantea que la salud infantil no depende de una actividad aislada, sino de cómo se distribuyen las 24 horas del día. Por eso, dice la organización,<strong> el tiempo frente a una pantalla no debería desplazar el juego activo, el sueño ni las actividades interactivas sin pantallas con los cuidadores</strong>, como leer, contar cuentos, cantar o hacer rompecabezas. La idea, en últimas, es que reducir el sedentarismo no significa quitar una pantalla, sino recuperar el tiempo para que los niños se muevan, jueguen, descansen y se relacionen con otras personas.</p>

<h3><strong>El peso de lo que comen y de lo que ya no hacen</strong></h3>

<p>“Un niño que no hace actividad física, que prefiere estar enfocado en una pantalla y que evita salir a jugar, no solamente pierde socialización, también puede presentar <strong>mayor riesgo de sobrepeso y obesidad</strong>”, explica la Dra. Ayala, de la FSFB. Pero, agrega, atribuir ese aumento de peso solo a la quietud que provocan las pantallas sería simplificar el problema: la alimentación también cambió, y los niños crecen hoy rodeados de una oferta de <strong>productos ultraprocesados</strong> que antes no existía.</p>

<p>Para la doctora Paola Durán, médica endocrinóloga de LaCardio, ambos fenómenos hacen parte de una transformación que ha contribuido al aumento de la obesidad infantil. “La mayor pandemia de la que se ha hablado es la pandemia de obesidad, sobre todo en los niños”, señala. Su preocupación está en la combinación de factores: “menos actividad física, más tiempo sedentario, más exposición a alimentos ultraprocesados”.</p>

<p>La magnitud del problema ya se refleja en las cifras. Según <a href="https://www.unicef.org/lac/comunicados-prensa/indice-mundial-obesidad-supera-primera-vez-bajo-peso-entre-ninos-ninas-adolescentes?utm_source=chatgpt.com" rel="">UNICEF</a>, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, en 2025 la obesidad superó por primera vez al bajo peso como la forma más prevalente de malnutrición entre los niños, niñas y adolescentes de 5 a 19 años: <strong>se estima que 188 millones, uno de cada diez, viven con obesidad. </strong>La prevalencia pasó de 3 % en 2000 a 9,4 % en 2025, mientras que la del bajo peso cayó de casi 13 % a 9,2 %.</p>

<p>“Mientras los productos industrializados reciben todo el mercadeo, la comida natural tiene que competir por la atención de los niños en los colegios y ahora en las redes sociales”, señala Durán. “Hay que comer frutas, hay que comer verduras, hay que comer proteína, hay que tener un plato equilibrado”.</p>

<p>Esa alimentación natural y equilibrada, coincide el Dr. Jaime Céspedes, <strong>se debe enseñar desde el nacimiento.</strong> “La alimentación empieza con la mamá gestante, la cual debe comer muy saludablemente. Más adelante, lo importante es mantener esos buenos hábitos”, explica.</p>

<p>A la alimentación se suma<strong> la actividad física</strong>, otra pieza fundamental para el desarrollo infantil. Para Céspedes, no es necesario convertirla en una actividad costosa o estructurada: “No se necesita ir a clases, ni gastar mucho dinero. Jugar con una pelota, caminar, correr, salir al parque, el triciclo, todo eso es actividad física”. El especialista recomienda que los niños acumulen al menos<strong> 300 minutos de actividad física moderada</strong> o vigorosa a la semana. Se trata, explica, de actividades que aumentan la intensidad del esfuerzo y pueden hacer que el niño entre en calor y sude.</p>

<p>La importancia de moverse no termina en el gasto de energía. Cuando la actividad física ocurre en compañía de otros niños, el juego y el deporte también se convierten en<strong> espacios para aprender a relacionarse.</strong> Allí aparecen habilidades que van más allá de lo físico: seguir reglas, esperar turnos, manejar la frustración y aprender a ganar y perder. “Saltar, brincar, vincularse en deportes de equipo donde aprendemos a trabajar con el otro, donde aprendemos reglas, normas, frustración, espera, a ganar, a perder, son cruciales en el desarrollo psicoafectivo y social de los niños y de los adolescentes”, explica la doctora Ayala.</p>

<h3><strong>El juego como espacio de desarrollo</strong></h3>

<p>Es aquí donde el <strong>juego</strong>, una actividad que siempre ha estado ligada a la infancia, adquiere otra importancia, “<strong>el juego es la universidad de la infancia”</strong>, afirma Céspedes. Después de hablar de pantallas, sedentarismo y estímulos constantes, aparecen esos espacios sencillos en los que un niño puede moverse, imaginar, crear sus propias reglas y relacionarse con otros.</p>

<p>Pero esos espacios no siempre aparecen solos: “Hay que buscar que los niños de edades similares se reúnan, para eso sirven los parques y los jardines. Hay que ser muy creativos para que se reúnan”, plantea el especialista.</p>

<p>Y no se trata necesariamente de llenar la agenda de los niños de actividades. Para el pediatra, <strong>el desarrollo está en esas experiencias cotidianas como bailar, jugar, cantar o leer.</strong> “Leerle es una actividad sagrada que desde que nace un bebé todo papá debe cumplir, 10, 15 minutos de lectura todos los días”. Todas estas actividades, especialmente el juego libre, pueden realizarse de formas distintas según la época, la cultura, el lenguaje o el lugar, pero siguen siendo parte de ese espacio común de la infancia que, como señala Céspedes, <strong>“une universalmente a todos los niños”. </strong></p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Unsplash</media:credit>
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			<title><![CDATA[Consejos útiles, basados en ciencia, para llegar con salud a la vejez]]></title>
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			<dc:creator><![CDATA[Ana Vega]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[¿Se puede aprender a envejecer bien? Los especialistas explican qué hábitos ayudan a llegar a la vejez con más autonomía y calidad de vida.]]></description>
			<pubDate>Sat, 08 Aug 2026 21:17:49 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Vivimos más años que nunca, pero el gran reto ya no es solo aumentar la esperanza de vida, sino llegar a la vejez con autonomía, independencia y buena calidad de vida. Especialistas explican cómo ha cambiado el concepto de envejecimiento saludable, cuáles son los hábitos que más influyen en ese proceso y qué señales de alerta conviene identificar a tiempo.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/TLY7QPB5GFBANF47ASHWZAPBG4.jpg" alt="En un país donde la población mayor de 60 años crece rápidamente, herramientas como esta pueden ser clave para promover un envejecimiento activo y saludable." class="wp-image-1729667" /><figcaption>Ningún hábito garantiza un envejecimiento perfecto, pero sí aumenta las posibilidades de vivir más años con funcionalidad, independencia y una mejor calidad de vida.</figcaption></figure>

<p>Es un hecho, la población mundial está envejeciendo rápidamente. Según lo reporta la Organización Mundial de la Salud (OMS), para 2030 una de cada seis personas en el planeta tendrá 60 años o más, lo que significa que habrá cerca de 1.400 millones de adultos mayores. Lejos de ser solo una cifra demográfica, este cambio pone sobre la mesa una pregunta aún más importante para todos: si cada vez vivimos más años, ¿sabemos cómo envejecer bien?</p>

<p>Durante mucho tiempo, la respuesta a esa duda pareció sencilla: envejecer bien era no enfermarse. Sin embargo, esa idea ha cambiado. “Inicialmente, el concepto de envejecimiento saludable estaba relacionado con la ausencia de enfermedad. Hoy, se considera que envejecer saludablemente no implica exclusivamente tener ausencia de enfermedad, sino hacerlo con la mejor capacidad funcional posible, de manera independiente”, explica Ana Milena López, especialista en medicina y geriatría y directora del Centro de Cuidado Clínico de Ortogeriatría de la Fundación Santa Fe de Bogotá.</p>

<p>La funcionalidad es, precisamente, uno de los pilares de este renovado concepto de envejecer. Se entiende que con el paso de los años es más o menos natural que el organismo experimente cambios y que aparezcan algunas enfermedades. Sin embargo, lo que se conoce como envejecimiento exitoso consiste en que ese proceso no impida mantener la autonomía, la independencia ni la posibilidad de seguir siendo activo.</p>

<p>“Realmente, un envejecimiento exitoso consiste en que, a pesar del paso de los años, de los cambios propios del envejecimiento en algunos de nuestros organos y de la posible aparición de algunas enfermedades crónicas, conservemos la capacidad de ser independientes y de realizar actividades que nos permitan disfrutar de la vida”, explican en esa línea Diana Atencio, jefe de Geriatría de la Fundación Cardioinfantil LaCardio, y Andrea Hernández Borja, geriatra de LaCardio.</p>

<h2>¿Existe una fórmula?</h2>

<p>Los especialistas consultados coinciden en que no existe una receta única ni una fórmula que garantice llegar a la vejez con la autonomía y la funcionalidad deseadas. Sin embargo, aseguran que sí hay una serie de hábitos que, incorporados desde edades tempranas, o al menos lo antes posible, aumentan efectivamente las probabilidades de envejecer con una mejor calidad de vida.</p>

<p>Uno de los más importantes es la alimentación. La forma en que una persona come a lo largo de su vida influye directamente en cómo envejece su organismo. “Desde siempre, desde joven, desde niño, tenemos que propender por una alimentación basada en las plantas”, explica Carlos Ortiz, jefe de cardiología de LaCardio. El especialista añade que “se debe disminuir el consumo de alimentos procesados, especialmente las carnes rojas ultraprocesadas, ya que estas están asociadas con mayor riesgo cardiovascular y mayor mortalidad”. A esas recomendaciones, la geriatra Atencio, también de LaCardio, suma la importancia de evitar “estar picando, picando” comida durante el día, mantener horarios regulares para la alimentación cotidiana y procurar un peso saludable desde edades tempranas.</p>

<p>El ejercicio es otro de los pilares. Más allá de ayudar a mantener un peso adecuado, determina la reserva física con la que el cuerpo afrontará el desgaste propio del envejecimiento. “Definitivamente crear reserva muscular y reserva ósea nos va a ayudar a envejecer mucho mejor”, afirma López. Sin embargo, advierte que no basta con un solo tipo de actividad física. La especialista de la Fundación Santa Fe de Bogotá recomienda combinar ejercicio aeróbico, entrenamiento de fuerza y estiramientos para obtener mayores beneficios.</p>

<p>El descanso también desempeña un papel clave. Dormir bien ayuda a preservar “la salud tanto cardiovascular como metabólica y cognitiva”, explica Atencio. Aunque reconoce que los patrones de sueño cambian con la edad, insiste en que mantener una buena higiene del sueño sigue siendo una prioridad durante toda la vida.</p>

<p>En cuanto a los hábitos de consumo, los especialistas son contundentes. “Los hábitos que nos van a permitir envejecer mejor son definitivamente cero cigarrillo, no consumo de licor y no consumo de otro tipo de sustancias tóxicas”, afirma López. Ortiz coincide y añade que el alcohol aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, fibrilación auricular e insuficiencia cardíaca. Además, recuerda que la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, organismo especializado de la OMS, clasifica las bebidas alcohólicas como carcinógenas del Grupo 1.</p>

<p>Finalmente, los geriatras llaman la atención sobre un factor del que se habla menos: el entorno. Para Atencio y Hernández, “el entorno hace parte de los factores a trabajar en una política de envejecimiento saludable” y comprende dos dimensiones. La primera es el entorno físico: las calles, la calidad del aire, los espacios verdes o el transporte. La segunda es el entorno percibido, es decir, qué tan seguro y amigable siente una persona el lugar donde vive. Los especialistas señalan que espacios verdes, ciudades más caminables, menor contaminación y redes de apoyo favorecen un envejecimiento activo. En ese sentido, recomiendan pasar al menos 15 minutos al día en un ambiente verde, pues esto puede disminuir el riesgo cardiovascular y mejorar la función cognitiva.</p>

<h2>Los retos del envejecimiento</h2>

<p>Así como los hábitos saludables ayudan a construir una mejor vejez, los controles médicos periódicos también son importantes para detectar de forma temprana enfermedades que pueden presentarse con el paso de los años.</p>

<p>Una de las condiciones que más preocupa a los geriatras es la fragilidad, un síndrome silencioso que puede marcar la diferencia entre un envejecimiento saludable y uno con dependencia. “La fragilidad es el síndrome que hace que una persona mayor pierda la capacidad de mantener el equilibrio de su funcionamiento corporal cuando aparece un agente estresor, como una infección o una enfermedad aguda”, explica Atencio, jefe de Geriatría de LaCardio. En términos sencillos, el cuerpo pierde la capacidad de recuperarse de eventos que antes superaba con relativa facilidad, lo que lo hace mucho más vulnerable a hospitalizaciones, discapacidad y pérdida de independencia.</p>

<p>La especialista añade que “la fragilidad sería todo lo contrario a un envejecimiento exitoso”. Uno de los factores que más contribuyen a su aparición es la pérdida de masa y fuerza musculares, conocida por los médicos como sarcopenia. Por eso insiste en la importancia de un seguimiento médico periódico que permita detectar estas señales de forma temprana e intervenir antes de que la pérdida de autonomía avance.</p>

<p>En el ámbito cardiovascular, Ortiz, de LaCardio, explica que hay tres enfermedades que se vuelven especialmente frecuentes con el paso de los años. La primera es la hipertensión arterial. Según el especialista, esto ocurre porque “las arterias se van volviendo rígidas y van cogiendo calcificaciones”, lo que hace que aumente la presión arterial, especialmente la presión sistólica, dando lugar a la llamada hipertensión sistólica aislada. En palabras mucho más sencillas, las arterias pierden elasticidad y se endurecen, por lo que el corazón debe hacer más esfuerzo para impulsar la sangre.</p>

<p>La segunda enfermedad es la diabetes tipo 2. Ortiz explica que, en muchos adultos mayores, esta enfermedad está relacionada con la pérdida progresiva de masa muscular y el aumento de la grasa visceral, cambios que favorecen la resistencia a la insulina.</p>

<p>Por último, el especialista llama la atención sobre fibrilación auricular, una arritmia que puede pasar desapercibida durante años. El mayor problema aquí, advierte, es que muchas veces “la primera manifestación puede ser una trombosis cerebral”, de ahí la importancia de los controles y la detección temprana.</p>

<h2>La salud mental</h2>

<p>Más allá de los cambios propios del organismo, llegar a la vejez también implica afrontar una serie de transformaciones importantes en la vida cotidiana. La jubilación, la pérdida de seres queridos, la salida de los hijos del hogar, los cambios en el rol dentro de la familia y la sociedad, e incluso el edadismo (la discriminación basada en la edad) pueden afectar el bienestar de las personas mayores.</p>

<p>Para el doctor Santiago Solano, psiquiatra de LaCardio, uno de los mayores factores de protección sigue siendo mantener una vida social activa. “Una de las cosas que más se relaciona con tener buena salud mental son los vínculos sociales, las relaciones de calidad. No tienen que ser muchas, pero sí gratificantes”, explica. A eso se suma conservar un propósito de vida, mantenerse intelectualmente activo y seguir participando con normalidad en actividades cotidianas. “Una mente que se mantiene ocupada en las actividades del día a día le va mejor que una mente que no está ocupada”.</p>

<p>Incluso cuando existen esos factores de prevención, es importante estar atentos a los cambios que pueden indicar que algo no está del todo bien. El especialista advierte que es frecuente normalizar algunos síntomas bajo la idea de que “son cosas de la edad”, cuando en realidad pueden ser señales de un problema que requiere pronta valoración médica.</p>

<p>“Se han normalizado frases como ‘se me olvidan las cosas por la edad’, pero no todas las fallas de memoria son normales”, advierte el especialista. También recomienda consultar cuando aparecen cambios marcados en la personalidad.</p>

<p>“Hay personas que empiezan de pronto a ponerse agresivas o personas que han sido muy juiciosas con el orden y que de pronto empiezan a volverse desorganizadas”, ejemplifica Solano. Otras señales de alerta son las dificultades para manejar el dinero, así como la pérdida de interés por las actividades que antes disfrutaban, el aislamiento social o el desinterés. En estos casos, concluye, el acompañamiento del círculo cercano resulta fundamental para identificar estos cambios a tiempo y facilitar una valoración profesional cuando sea necesaria.</p>

<p>Si hay algo en lo que insisten los especialistas es que la forma en que llegamos a la vejez depende, en buena medida, de las decisiones que tomamos a lo largo de la vida. Mantenerse físicamente activo, preservar la masa muscular, alimentarse de forma equilibrada, dormir bien, cuidar la salud mental, conservar los vínculos sociales y asistir a controles médicos periódicos son algunas de las acciones que, según los especialistas, pueden ayudar a llegar a la vejez con mayor autonomía.</p>

<p>Ningún hábito garantiza un envejecimiento perfecto, pero sí aumenta las posibilidades de vivir más años con funcionalidad, independencia y una mejor calidad de vida.</p>

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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Getty Images</media:credit>
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							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[La vida después de un trasplante: medicamentos, hábitos y el compromiso de cuidarlo]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/la-vida-despues-de-un-trasplante-medicamentos-habitos-y-el-compromiso-de-cuidarlo/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Ana Vega]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Un trasplante devuelve la vida, pero proteger el nuevo órgano exige medicamentos, controles y hábitos que duran toda la vida.]]></description>
			<pubDate>Sun, 02 Aug 2026 21:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un trasplante no termina en el quirófano. Después de la cirugía comienza un proceso de cuidados permanentes que incluye medicamentos, controles y cambios en el estilo de vida para proteger el órgano trasplantado. En un país donde más de 4.000 personas esperan un órgano, la donación sigue siendo un acto que puede cambiar vidas.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/LW7QMBY23BFD3LGX75USJLCIBI.jpg" alt="Este es el equipo de investigadores del Hospital Universitario de Zúrich que consiguió el trasplante de hígado." class="wp-image-1626177" /><figcaption>Este es el equipo de investigadores del Hospital Universitario de Zúrich que consiguió el trasplante de hígado.</figcaption></figure>

<p>Para Jairo, recibir un trasplante de hígado significó mucho más que una cirugía. “Ha sido volver a nacer. Es despertar cada día con la oportunidad de seguir escribiendo mi historia y de disfrutar esos pequeños momentos que antes pensaba que desaparecerían”, cuenta. A Adriana, su trasplante de pulmón le devolvió mucho más que la capacidad de respirar: “me devolvió la posibilidad de vivir plenamente y de cumplir sueños que pensé que no alcanzaría a ver realizados”, dice. Uno de ellos era convertirse en abuela y ver crecer a su nieta.</p>

<p>Para otros pacientes, recibir un trasplante ha significado volver al trabajo, retomar sus estudios, practicar algún deporte, cuidar de sus hijos o, simplemente, comer, caminar y respirar sin dificultad. Todos hablan de un renacer, de una segunda oportunidad e, incluso, de un “milagro”.</p>

<p>Llegar a un trasplante no es un proceso sencillo. Implica enfrentar una enfermedad que deteriora progresivamente la calidad de vida, ingresar a una lista de espera, encontrar un donante compatible, vivo o cadavérico, y, finalmente, esperar un llamado del que no hay certeza de cuándo pueda llegar. En Colombia, ese proceso es aún más complejo: el país registra apenas 7,4 donantes efectivos por cada millón de habitantes, una cifra que limita la disponibilidad de órganos y prolonga la espera de miles de pacientes. Actualmente, 4.170 colombianos permanecen en lista.</p>

<p>Para quienes finalmente reciben esa llamada, el trasplante significa mucho más que una cirugía para reemplazar un órgano que dejó de funcionar. Pacientes como Jairo y Adriana lo describen como la posibilidad de recuperar la calidad de vida y de retomar proyectos que una enfermedad había puesto en pausa.</p>

<p>“El trasplante no solo reemplaza un órgano; devuelve salud, esperanza y años de vida. El beneficio no es solo para el paciente y su familia, sino también para el sistema de salud y para el país, al recuperar personas activas, productivas e independientes que pueden reintegrarse plenamente a la sociedad”, explica el doctor Alonso Vera, cirujano de trasplante hepático y cirugía hepatobiliar, y jefe de Trasplantes de la Fundación Santa Fe de Bogotá.</p>

<p>Cada trasplante, añade Vera, “representa una nueva oportunidad”. Pero, como señala Jairo, la cirugía en sí no marca el final del proceso. Convivir con un órgano trasplantado implica asumir nuevos hábitos y responsabilidades que acompañarán a los pacientes durante el resto de su vida y que determinarán, en gran medida, el éxito o no del procedimiento.</p>

<h2><strong>Un compromiso de por vida</strong></h2>

<p>Si hay un factor que determina el éxito de un trasplante, es la adherencia al tratamiento inmunosupresor. Nataly Ramírez, cirujana de trasplantes de la Fundación Cardioinfaltil - LaCardio, explica que “es un órgano que, de cualquier manera, va a ser extraño para tu cuerpo y hay que aprender a cuidarlo para que el organismo lo tolere y lo acepte”. Por eso, considera que la efectividad de los medicamentos que se recetan de por vida, y que buscan evitar que el sistema inmunológico ataque al órgano trasplantado, es lo más importante.</p>

<p>La especialista advierte que suspender el medicamento puede tener consecuencias graves. “Si no se toma la medicación, las defensas se disparan, reconocen el órgano como extraño y lo atacan. Ese proceso genera lo que llamamos rechazo del injerto: una inflamación que, con el tiempo, puede terminar dañando el órgano trasplantado”.</p>

<p>Pero el cuidado no termina con la medicación. Los controles y exámenes periódicos también son fundamentales para vigilar el funcionamiento del órgano, ajustar las dosis de los inmunosupresores y detectar de manera temprana cualquier señal de rechazo o complicación. Durante los primeros meses postrasplante, el seguimiento suele ser mucho más frecuente (semanal, quincenal o mensual), pero, a medida que el paciente evoluciona, las consultas y los exámenes pueden espaciarse más nunca desaparecer.</p>

<p>Y aunque el objetivo es que el paciente retome lo antes posible sus actividades cotidianas, la recuperación también dependerá del tipo de trasplante. En la mayoría, según, Magda Castañeda, enfermera de enlace de trasplante de LaCardio, la recuperación inicial suele ser rápida y, en muchos casos, los resultados de la cirugía se evidencian en poco tiempo. En un trasplante de riñón, por ejemplo, “podemos saber si fue exitoso de manera inmediata. Una vez el paciente empieza a orinar, ya comprobamos que la función de eliminación está siendo efectiva. Al siguiente día, hacemos exámenes y verificamos que la función renal empiece a mejorar”, explica.</p>

<p>Pero un posoperatorio favorable no significa que el trabajo haya terminado. A partir de ese momento, empieza una nueva etapa en la vida de los pacientes, en la que más que nunca es importante incorporar hábitos diarios que ayuden a proteger el órgano trasplantado y a reducir el riesgo de complicaciones.</p>

<p>En la alimentación, por ejemplo, los especialistas recomiendan evitar alimentos crudos, consumir agua potable o embotellada, comer frutas sin cáscara o cocidas y limitar las comidas grasosas, fritas o muy condimentadas. “Una intoxicación alimentaria en un paciente que está tomando inmunosupresores puede convertirse en una infección severa e, incluso, requerir manejo en una unidad de cuidados intensivos”, advierte la doctora Ramírez.</p>

<p>A estas recomendaciones se suman medidas para disminuir la exposición a bacterias, infecciones y hongos, entre las que están mantener una buena higiene del hogar, evitar la acumulación de polvo y cuidar la salud sexual con el uso de preservativo. Castañeda, señala además que “muchas de las medidas de autocuidado que el mundo adoptó durante la pandemia del COVID-19, como el uso de tapabocas, el evitar las aglomeraciones y el lavado frecuente de manos, son cuidados clave para proteger a las personas trasplantadas”.</p>

<h2><strong>El ejercicio, una herramienta</strong></h2>

<p>Volver a moverse también hace parte del tratamiento después de un trasplante. La actividad física no solo representa el regreso a la cotidianidad, es una herramienta clave para recuperar las capacidades que muchos pacientes suelen perder durante meses o incluso años de enfermedad.</p>

<p>Como explica la doctora María Fernanda Osejo, médica especialista en medicina del deporte de la Fundación Santa Fe de Bogotá: “muchos pacientes llegan a la cirugía con desacondicionamiento, menor capacidad cardiorrespiratoria, pérdida de masa y fuerza muscular, fatiga, fragilidad y limitaciones para realizar actividades cotidianas. Por eso, recuperar el movimiento no es un objetivo secundario; es parte de la recuperación funcional y de la prevención de complicaciones a largo plazo”.</p>

<p>Esto no significa que el paciente pueda retomar el ejercicio por cuenta propia. La actividad física debe iniciarse de forma progresiva y bajo la orientación del equipo de salud, ya que el momento adecuado y el tipo de entrenamiento dependen de factores como el órgano trasplantado, la técnica quirúrgica empleada, la evolución clínica, las posibles complicaciones y las condiciones de salud de cada persona. “No se prescribe ejercicio únicamente para un órgano; se prescribe para una persona con un trasplante, una historia clínica, una capacidad física y unos objetivos concretos”, señala la especialista.</p>

<p>Una vez establecido ese plan de entrenamiento, mantener la constancia es fundamental para recuperar la fuerza, la resistencia y la independencia. Sin embargo, la doctora Osejo, advierte que existen señales de alarma que no se pueden pasar por alto, entre ellas, el dolor u opresión en el pecho, los desmayos, las palpitaciones persistentes, el dolor intenso o cambios en la herida quirúrgica, así como cualquier debilidad súbita o pérdida del equilibrio.</p>

<p>Todos estos cuidados tienen un mismo objetivo: hacer que esa segunda oportunidad, ese renacer y eso a lo que muchos pacientes llaman “milagro”, perdure en el tiempo. Recibir un trasplante no solo significa obtener un nuevo órgano, sino también asumir la responsabilidad de protegerlo cada día.</p>

<p>“Hoy siento una profunda responsabilidad de honrar el inmenso regalo que recibí. Lo hago cuidando mi salud y compartiendo mi experiencia para que quienes esperan un trasplante no pierdan la esperanza y para que más personas comprendan el valor de la donación de órganos”, afirma Adriana Rodríguez. Por su parte, Jairo Suaréz, lo resume en otra frase: “El trasplante marcó el comienzo de una nueva vida que hoy valoro y cuido con una profundidad que antes no conocía”. Y añade que para él “cada día, es un recordatorio del inmenso amor de quienes dicen ‘sí’ a la donación”.</p>

<p>Ese es justamente el mensaje que los especialistas buscan reforzar: la importancia de la donación de órganos. Como señala el doctor Alonso Vera, “cada trasplante representa una nueva oportunidad y nos recuerda que, incluso en medio de la pérdida, la solidaridad humana puede convertirse en esperanza para muchos otros”.</p>

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						<media:content url="https://cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elespectador/LW7QMBY23BFD3LGX75USJLCIBI.jpg" type="image/jpeg" height="655" width="984">						<media:description type="plain"><![CDATA[Este es el equipo de investigadores del Hospital Universitario de Zúrich que consiguió el trasplante de hígado.]]></media:description>
										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Agencia EFE</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Gestionar la salud más allá de la enfermedad]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/gestionar-la-salud-mas-alla-de-la-enfermedad-el-trabajo-poblacional-de-la-fundacion-santa-fe-de-bogota/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redacción Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[U.nidos y Sentido Pleno muestran cómo intervenir antes de la enfermedad puede transformar la salud de las personas y las comunidades.]]></description>
			<pubDate>Sun, 26 Jul 2026 16:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las personas transitamos nuestra vida en un continuo entre la salud y la enfermedad. A partir de historias, evidencia científica y trabajo con comunidades, la Dirección de Salud Poblacional de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB) busca mantener a las personas más sanas y fortalecer sus capacidades en sus diferentes entornos: donde las personas viven, estudian, trabajan y toman decisiones cotidianas.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/ZZSBVVYWIZC45JGQKVJTHVI5IQ.jpeg" alt="Más de cinco décadas de trabajo en los territorios han permitido a la Fundación Santa Fe de Bogotá construir estrategias basadas en la evidencia científica y las necesidades de las comunidades. /FSFB" class="wp-image-5089541" /><figcaption>Más de cinco décadas de trabajo en los territorios han permitido a la Fundación Santa Fe de Bogotá construir estrategias basadas en la evidencia científica y las necesidades de las comunidades. /FSFB</figcaption></figure>

<p>Martha Escobar, directora de Salud Poblacional de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB), explica que quienes integran su equipo han aprendido, desde distintas experiencias, que involucrar a las comunidades desde el inicio del diseño de las estrategias es fundamental. Ese trabajo implica un proceso continuo de escucha y comprensión de los saberes, las necesidades y las prioridades de los diferentes actores. “Nosotros somos un grupo de personas al servicio de las necesidades de las comunidades”, entendió Escobar.</p>

<p>Desde su creación, la Fundación fue concebida con una visión que iba más allá de atender enfermedades: prevenirlas, promover la salud y restaurarla. Hoy ese propósito se articula bajo el enfoque de salud sostenible, que entiende que cuidar la vida implica mucho más que prestar servicios de salud. “Desde nuestro enfoque de salud sostenible, entendemos el componente social como la capacidad de generar un impacto positivo y duradero en las personas, las familias y las comunidades. A través de este componente buscamos contribuir al desarrollo social del país y a la construcción de un sistema de salud más equitativo, resiliente y preparado para los desafíos del futuro”, afirma, en esa línea, Henry Gallardo, director general de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB),</p>

<figure><blockquote><p>El equipo trabaja bajo la premisa de que la salud no comienza cuando una persona llega a un servicio de urgencias ni termina cuando recibe el alta. Se construye a lo largo de toda la vida.</p></blockquote></figure>

<p>Escuchar para comprender apenas es el primer paso. Esto ayuda a consolidar una metodología que hoy atraviesa los más de 400 proyectos que la Dirección de Salud Poblacional ha desarrollado en sus más de cinco décadas de trabajo, en los 32 departamentos del país. Todo comienza entonces con la generación de conocimiento: estudiar la evidencia científica, analizar datos, recorrer los territorios y entender, junto con las comunidades, cuáles son los problemas y por qué ocurren. Solo después vienen las intervenciones, que pueden traducirse en estrategias innovadoras, educativas, herramientas digitales o cambios en la forma en que se organizan los servicios de salud.</p>

<p>El objetivo, explica entonces Escobar, es que esas acciones produzcan transformaciones duraderas y, cuando la evidencia lo permita, sirvan para impulsar políticas públicas.</p>

<h2><strong>“La salud es un continuo” </strong></h2>

<p>“Cuando uno habla de salud, tiene que entender que existe un continuo del cuidado”, dice Escobar. En otras palabras, la salud no comienza cuando una persona llega a un servicio de urgencias ni termina cuando recibe el alta médica. Es un proceso que atraviesa toda la vida e incluye la promoción de hábitos saludables, la prevención de enfermedades, la atención oportuna, la recuperación y la rehabilitación. “Todos nacemos con un grado de salud, mayor o menor. Todos nos vamos a enfermar en algún momento, eso hace parte de la vida. Lo ideal es que nos enfermemos lo menos posible de cosas que pueden evitarse y que, si eso ocurre, recibamos la mejor atención lo más rápido posible”, señala la directiva.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/ZOU36LJ3MRDZXEH4TTDITOCRQY.jpeg" alt="Escuchar a las comunidades, comprender sus necesidades y diseñar soluciones junto con ellas hace parte del modelo de trabajo que impulsa la Dirección de Salud Poblacional de la Fundación Santa Fe de Bogotá. /FSFB" class="wp-image-5089540" /><figcaption>Escuchar a las comunidades, comprender sus necesidades y diseñar soluciones junto con ellas hace parte del modelo de trabajo que impulsa la Dirección de Salud Poblacional de la Fundación Santa Fe de Bogotá. /FSFB</figcaption></figure>

<p>Desde esa lógica, la Dirección de Salud Poblacional no reemplaza el trabajo clínico de la Fundación Santa Fe de Bogotá, sino que lo complementa. Tanto en el interior como en el exterior del hospital se trabaja en el continuo del cuidado. Salud poblacional identifica riesgos, trabaja con las comunidades en sus diferentes entornos, desarrolla estrategias de prevención y promoción, y busca fortalecer las capacidades de las personas para cuidar su salud. Ese enfoque parte de una realidad respaldada por la ciencia: el bienestar de las personas no depende solo de la atención médica. “La salud también está determinada por las condiciones sociales, económicas y ambientales, y actúa de manera articulada para contribuir a un sistema de salud más humano, equitativo, resiliente y preparado para los desafíos del futuro”, dice Gallardo. En otras palabras, la forma en que las personas nacen,crecen, estudian, trabajan o envejecen influye de manera decisiva en su salud.</p>

<p>Por eso, muchas de las intervenciones ocurren en diferentes grupos poblacionales, donde esos factores terminan moldeando las decisiones cotidianas de las personas.</p>

<p>“Cada contribución nos permite innovar y fortalecer un modelo de atención integral, humano y centrado en las necesidades de las personas”, agrega Gallardo, director de la FSFB. “Nos brinda la posibilidad de ofrecer servicios de excelencia con la infraestructura, el talento humano y la tecnología necesarios para responder a los desafíos actuales y futuros en salud. Asimismo, impulsa la investigación científica como motor para generar conocimiento, desarrollar soluciones a los grandes retos de salud poblacional y extender nuestro impacto en diferentes regiones donde las necesidades son mayores”.</p>

<figure><blockquote><p>“Desde nuestro enfoque de Salud Sostenible, entendemos el componente social como la capacidad de generar un impacto positivo y duradero en las personas, las familias y las comunidades. A través de este componente, buscamos contribuir al desarrollo social del país y a la construcción de un sistema de salud más equitativo, resiliente y preparado para los desafíos del futuro”.</p><cite>Henry Gallardo, Director General de la Fundación Santa Fe de Bogotá.</cite></blockquote></figure>

<p>Un ejemplo ocurrió cuando el equipo buscaba promover hábitos de alimentación saludables en un grupo de escolares. Al principio la estrategia parecía evidente: enseñarles a los estudiantes qué alimentos eran más saludables y cuáles debían evitar. Sin embargo, el trabajo de campo volvió a mostrar que el problema era mucho más complejo. “Nos dimos cuenta de que podíamos hacer un gran esfuerzo por educar a los niños, pero cuando salían del colegio encontraban un entorno que iba en la dirección contraria”, recuerda Escobar.</p>

<p>En los alrededores de muchas instituciones educativas predominaban puestos y tiendas donde la oferta estaba compuesta, principalmente, por bebidas azucaradas y productos ultraprocesados. La decisión de un niño no dependía solo de lo que había aprendido en clase, sino también de aquello que tenía disponible a pocos metros de la salida. Ese hallazgo cambió la perspectiva del equipo. Ya no era suficiente trabajar con los estudiantes. También había que entender qué papel jugaban las familias, los comerciantes, los directivos de los colegios, las autoridades locales e, incluso, las normas que regulaban esos entornos.</p>

<p>“Entendimos que la salud no depende solo de la decisión individual; depende también del contexto en el que todos vivimos el día a día”, resume Escobar. A partir de esa experiencia, la intervención dejó de centrarse únicamente en cambiar comportamientos y pasó a preguntarse cómo modificar las condiciones que los hacían posibles. Con el tiempo, ese trabajo aportó evidencia para las discusiones sobre entornos alimentarios saludables en Colombia y mostró, una vez más, que la salud debe fortalecerse de manera integral.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/4AA66I36IFCVDD7OJJOKHPMIAE.jpeg" alt="El trabajo de la Dirección de Salud Poblacional parte del diálogo con las comunidades y la evidencia científica para diseñar intervenciones que respondan a las necesidades de cada territorio. / FSFB" class="wp-image-5089542" /><figcaption>El trabajo de la Dirección de Salud Poblacional parte del diálogo con las comunidades y la evidencia científica para diseñar intervenciones que respondan a las necesidades de cada territorio. / FSFB</figcaption></figure>

<p>Esa lógica ha guiado decenas de iniciativas impulsadas por la Dirección de Salud Poblacional durante las últimas cinco décadas. Hoy, esa visión toma forma en dos de sus principales apuestas: U.nidos y Sentido Pleno.</p>

<h2>Cuando prevenir significa intervenir antes</h2>

<p>Una adolescente que enfrenta un embarazo no planeado rara vez llega al hospital por un único motivo. Detrás suelen acumularse barreras para acceder a información y anticonceptivos, violencias normalizadas o servicios de salud que no lograron responder a tiempo. Algo similar ocurre con la salud mental: una crisis casi nunca aparece de un día para otro. Antes suelen existir señales de alerta y oportunidades para intervenir que pasan inadvertidas. Es en ese espacio es donde hoy existen dos de las principales apuestas de la Dirección de Salud Poblacional de la FSFB: U.nidos y Sentido Pleno.</p>

<p>En el caso del programa U.nidos, el objetivo es contribuir a reducir los embarazos en adolescentes, las complicaciones maternas graves y la mortalidad en mujeres menores de 19 años y mayores de 35. La necesidad es evidente. En 2025, la tasa de fecundidad entre niñas de 10 a 14 años fue de 1,6 nacimientos por cada 1.000 habitantes, según el DANE. Ese año la razón nacional de morbilidad materna extrema alcanzó los 83,9 casos por cada 1.000 nacidos vivos, mientras que en algunos de los escenarios donde hoy trabaja la estrategia la cifra fue mayor: 115,9 en Kennedy y Ciudad Bolívar, 108 en Cartagena y 87 en Pereira. Sin embargo, Escobar insiste en que las cifras solas no explican el problema.</p>

<figure><blockquote><p>“El bienestar de las personas no depende exclusivamente de la atención médica. Esto implica reconocer que la salud también está determinada por las condiciones sociales, económicas y ambientales, y actuar de manera articulada para contribuir a un sistema de salud más humano, equitativo, resiliente y preparado para los desafíos del futuro”.</p><cite>Henry Gallardo, Director General de la Fundación Santa Fe de Bogotá.</cite></blockquote></figure>

<p>Durante los dos primeros años del programa, el equipo inició con una etapa de caracterización e investigación. Se evaluaron los conocimientos, actitudes y prácticas sobre la sexualidad en 1.626 adolescentes y mujeres gestantes, se realizó un mapeo de 359 actores institucionales y comunitarios, se revisó la implementación de la ruta materno perinatal y la adherencia a guías de práctica clínica para la atención de complicaciones obstétricas en 15 instituciones prestadoras de servicios de salud y se caracterizaron 47 farmacias comunitarias. Ese trabajo dejó al descubierto barreras que difícilmente aparecen en los indicadores. “Encontramos, por ejemplo, grupos poblacionales jóvenes que normalizan la violencia y la violencia sexual, y muchas veces esos embarazos son producto de esa violencia”, recuerda Escobar. También identificaron dificultades para acceder a métodos anticonceptivos y fallas en la articulación entre los distintos actores del sistema.</p>

<p>En algunos lugares, incluso, persistía la idea de que los adolescentes no debían recibir anticoncepción sin el acompañamiento de su cuidador, a pesar de que la normatividad lo permite. Fue entonces cuando la estrategia dejó de centrarse exclusivamente en las adolescentes y amplió su mirada hacia todo el entorno que influye en sus decisiones.</p>

<p>Hoy el programa desarrolla educación sexual integral en 18 instituciones educativas, donde trabaja con estudiantes, docentes y familias; impulsa un modelo de farmacias amigables para facilitar el acceso oportuno a anticonceptivos y fortalecer la orientación a los jóvenes, y complementa ese trabajo con Sexperto, una plataforma digital que responde dudas sobre sexualidad con información basada en evidencia y lenguaje cercano.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/AYN7X4LZKRCMDM7EBBAO2SBUAA.jpeg" alt="Programas como U.nidos y Sentido Pleno reflejan una apuesta por prevenir riesgos en salud materna y fortalecer el bienestar emocional antes de que aparezcan complicaciones o crisis. /FSFB" class="wp-image-5089538" /><figcaption>Programas como U.nidos y Sentido Pleno reflejan una apuesta por prevenir riesgos en salud materna y fortalecer el bienestar emocional antes de que aparezcan complicaciones o crisis. /FSFB</figcaption></figure>

<p>La otra línea de acción se concentra en las mujeres con mayor riesgo durante el embarazo. Allí el énfasis está en identificar tempranamente a las gestantes en las comunidades, valorar su nivel de riesgo, ofrecer acompañamiento a profesionales de salud no especializados mediante teleorientación y teleexperticia, y fortalecer las capacidades del personal de salud para responder de forma más oportuna.</p>

<p>La apuesta, explica Escobar, no consiste en crear un sistema paralelo, sino en lograr que el que ya existe funcione de manera coordinada. “Nosotros no venimos a inventarnos la rueda. Lo que hacemos es entender qué acciones ya tiene el sistema de salud y cómo fortalecer su articulación para que las mujeres, en lo posible, no queden en embarazo en situaciones de riesgo y, si lo hacen, reciban la mejor atención posible”. Más que medir el éxito únicamente por el número de personas atendidas o involucradas, Escobar dice que el propósito es dejar capacidades instaladas en los lugares de acción. “Siempre pensamos las acciones para que generen transformación. De nada sirve desarrollar una estrategia que desaparezca cuando termina el proyecto”. Esa es la razón por la que buena parte del trabajo se concentra en fortalecer colegios, servicios de salud, plataformas digitales y redes comunitarias para que continúen funcionando incluso después de que el equipo se retire.</p>

<p>Si el programa U.nidos busca intervenir antes de que un embarazo se convierta en una situación de alto riesgo, Sentido Pleno parte de una pregunta similar: ¿por qué esperar a que una persona esté en crisis para hablar de salud mental? “Por estigma, cada vez que hablamos de salud mental, la gente inmediatamente piensa en enfermedad mental, pero no es correcto. Realmente todos tenemos un grado de salud mental”, explica Escobar. Ese cambio de perspectiva es el punto de partida de una estrategia que busca fortalecer el bienestar emocional antes de que aparezcan trastornos graves o una urgencia psiquiátrica.</p>

<p>En Colombia, más del 75 % de las personas con un trastorno mental no reciben ningún tipo de tratamiento. A ello se suma una disponibilidad limitada de especialistas: el país cuenta con cerca de 3,1 psiquiatras por cada 100.000 habitantes y apenas 0,22 psiquiatras infantiles por cada 100.000 menores.</p>

<p>Para Escobar, esas cifras muestran una falla estructural: el sistema suele intervenir cuando el problema ya escaló. “Hoy en día básicamente nos paramos en blanco y negro”, dice. “O la salud mental no existe en nuestras vidas o aparece cuando ya hay enfermedad. Y cuando hay enfermedad pasan tres cosas: o la ignoras, que es frecuente; o terminas en un servicio de urgencias, cuando tal vez no era necesario, o tienes que sacar dinero de tu bolsillo para pagar una consulta que muchas personas no pueden costear, dado que usualmente las citas con especialistas a través del sistema son demoradas”.</p>

<figure><blockquote><p>“Cada contribución nos permite innovar y fortalecer un modelo de atención integral, humano y centrado en las necesidades de las personas”</p><cite>Henry Gallardo, Director General de la Fundación Santa Fe de Bogotá.</cite></blockquote></figure>

<p>La apuesta de Sentido Pleno consiste precisamente en construir ese espacio intermedio. La estrategia desarrolla herramientas para fortalecer la salud mental en distintos momentos del curso de vida. Una de ellas es Apega —también llamado Sentido Pleno Kids—, un programa que desarrolla habilidades socioemocionales en la infancia y que actualmente está siendo adaptado a una plataforma digital para llegar a instituciones educativas. También incluye Bienestar Joven, una herramienta que nació para acompañar a participantes de Jóvenes en Acción y que ahora se ajusta para responder a las necesidades de estudiantes universitarios; iniciativas enfocadas en los estresores del entorno laboral, y un modelo escalonado de atención construido junto con el hospital, que busca ofrecer alternativas antes de que una persona requiera una atención especializada.</p>

<p>“La atención no debería empezar de la nada y pasar al psicólogo o al psiquiatra“, resume Escobar. “Lo ideal sería que una persona aprendiera estrategias para gestionar sus emociones, que pudiera recibir orientación, tener consultas de acompañamiento y solo cuando realmente lo necesite llegar a un servicio de urgencias”. Ese enfoque también ha llevado al equipo a mirar un problema que, según Escobar, cobrará cada vez más importancia en Colombia: el envejecimiento. A medida que aumenta la población mayor, explica, la soledad emerge como uno de los principales factores de riesgo para múltiples problemas de salud física y mental. Por eso, una parte de Sentido Pleno también está orientada a desarrollar estrategias que fortalezcan el bienestar emocional de esta población antes de que el aislamiento termine traduciéndose en enfermedad.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/OJYKAA6KM5E77JVW7GZYXVPH7M.jpeg" alt="La Dirección de Salud Poblacional de la Fundación Santa Fe de Bogotá desarrolla estrategias que buscan intervenir antes de que aparezca la enfermedad, trabajando junto con las comunidades para fortalecer la prevención y el bienestar. /FSFB" class="wp-image-5089539" /><figcaption>La Dirección de Salud Poblacional de la Fundación Santa Fe de Bogotá desarrolla estrategias que buscan intervenir antes de que aparezca la enfermedad, trabajando junto con las comunidades para fortalecer la prevención y el bienestar. /FSFB</figcaption></figure>

<p>Mantener estrategias de este tipo implica una apuesta que va más allá de la atención clínica y cuyos resultados suelen verse a mediano y largo plazo. Según Gallardo, buena parte de esa capacidad de actuar antes de que aparezca la enfermedad se sostiene en la filantropía, entendida no como beneficencia, sino como una inversión para generar conocimiento, fortalecer la investigación y desarrollar soluciones a los principales retos de salud poblacional. “Cada donación representa una oportunidad para generar un impacto real, medible y duradero en la vida de miles de personas, y contribuir a construir un sistema de salud más equitativo, innovador y sostenible para Colombia”, afirma.</p>

<p>Por eso, agrega el directivo, “apoyar a la Fundación Santa Fe de Bogotá es apostar por ideas transformadoras que contribuyen a redefinir el futuro del cuidado de la salud. Desde la Fundación buscamos convocar a más personas y organizaciones que compartan nuestra misión, nuestros valores y nuestro compromiso con la excelencia”.</p>

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						<media:content url="https://cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elespectador/ZZSBVVYWIZC45JGQKVJTHVI5IQ.jpeg" type="image/jpeg" height="683" width="1024">						<media:description type="plain"><![CDATA[Más de cinco décadas de trabajo en los territorios han permitido a la Fundación Santa Fe de Bogotá construir estrategias basadas en la evidencia científica y las necesidades de las comunidades. /FSFB]]></media:description>
										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Cristian Prieto Avila</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Usted podría tener hepatitis sin saberlo: las claves para prevenirla y detectarla a tiempo]]></title>
			<link>https://elespectador.rt.gw/salud/salud-consciencia/usted-podria-tener-hepatitis-sin-saberlo-las-claves-para-prevenirla-y-detectarla-a-tiempo/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redacción Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Millones de personas podrían tener hepatitis sin saberlo. Estas son las claves para prevenirla, detectarla a tiempo y evitar complicaciones.]]></description>
			<pubDate>Sat, 25 Jul 2026 15:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque muchas hepatitis pueden pasar años sin causar síntomas, detectarlas a tiempo puede evitar complicaciones graves como cirrosis o cáncer de hígado. Estas son las claves para prevenirlas, identificar los factores de riesgo y proteger uno de los órganos más silenciosos del cuerpo.</p>

<figure class="size-full"><img src="https://elespectador.rt.gw/wp-content/uploads/elespectador/MLS2IM3X3BDWPJNRSJTOZJ5IYU.jpg" alt="PESHAWAR (Pakistan), 28/07/2025.- A barber changes razor blades at a roadside shop, as the world observes International Hepatitis Day, in Peshawar, Pakistan, 28 July 2025. According to doctors, pricking in a drip bottle, reuse of syringes, blood transfusion, ear-nose piercing equipment, and the reuse of razor blades at barber shops are the main causes of Hepatitis spread. The 2025 World Hepatitis Day theme is &apos;Hepatitis: Let&apos;s Break It Down&apos;. EFE/EPA/BILAWAL ARBAB
" class="wp-image-1978970" /><figcaption>Según los médicos, la manipulación de equipos de suero intravenoso, la reutilización de jeringuillas, las transfusiones de sangre, el instrumental para perforaciones (piercings) y la reutilización de cuchillas en las barberías son las principales causas de la propagación de la hepatitis. EFE/EPA/BILAWAL ARBAB</figcaption></figure>

<p>El hígado es uno de los órganos más trabajadores del cuerpo humano. Mientras dormimos, comemos, hacemos ejercicio o simplemente caminamos, filtra la sangre, procesa nutrientes, almacena energía, produce proteínas y ayuda a eliminar sustancias tóxicas. Lo hace de manera tan eficiente que, incluso cuando empieza a enfermarse, puede seguir funcionando durante años sin dar señales. Esa capacidad de compensar el daño explica por qué las hepatitis continúan siendo uno de los grandes desafíos de la salud: millones de personas conviven con ellas sin saberlo, hasta que la enfermedad ya ha dejado secuelas.</p>

<p>En términos sencillos, una hepatitis no es otra cosa que la inflamación del hígado. Cuando esa inflamación es causada por un virus, explica la doctora Cristina Torres, internista de la Universidad del Rosario, hepatóloga del Hospital Italiano de Buenos Aires e integrante del grupo de Hepatología y Trasplante Hepático de LaCardio, el organismo activa una respuesta para combatir la infección y, durante ese proceso, las células del hígado infectadas pueden resultar lesionadas. Al inflamarse, dice Torres, “muchas células del hígado pueden morir”.</p>

<p>Cuando la infección se manifiesta como una hepatitis aguda, el organismo puede dar señales de alerta. En cuestión de semanas pueden aparecer cansancio intenso, malestar general, náuseas, dolor abdominal y un signo muy característico: la ictericia, que hace que la piel y, sobre todo, la parte blanca de los ojos adquieran un tono amarillento. A esto pueden sumarse orina oscura y heces claras o blanquecinas. Ante estos síntomas, advierte Torres, es importante consultar al médico. Pero no siempre ocurre así. Aunque suele hablarse de la hepatitis como si fuera una sola enfermedad, en realidad existen cinco virus distintos (A, B, C, D y E) capaces de provocarla. Todos afectan el hígado, pero ahí terminan las similitudes: se transmiten de maneras diferentes, no todos producen el mismo tipo de enfermedad y tampoco cuentan con las mismas estrategias de prevención o tratamiento.</p>

<p>Según los datos más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las hepatitis B y C son responsables del 95 % de las muertes asociadas a las hepatitis virales en todo el mundo. Solo en 2024, causaron 1,34 millones de fallecimientos y, pese a los avances en prevención y tratamiento, la transmisión no se ha detenido: cada día se producen cerca de 4.900 nuevas infecciones, lo que equivale a 1,8 millones de casos al año.</p>

<p>La hepatitis B, explica Torres, se transmite principalmente por vía sexual y también puede pasar de una madre infectada a su hijo durante el embarazo o el parto, un fenómeno conocido por los médicos como transmisión vertical. Una vez que el virus entra al organismo, el desenlace no es el mismo para todas las personas. Cuando la infección se adquiere al nacer, el riesgo de que se vuelva crónica puede alcanzar el 90-95 %. En cambio, cerca del 95 % de los adultos elimina el virus de manera espontánea en los primeros seis meses, mientras que alrededor del 5 % desarrolla una hepatitis B crónica.</p>

<p>En estos últimos casos, el virus permanece en el organismo y puede seguir dañando el hígado de forma progresiva, por lo que requiere tratamiento para suprimir su replicación y reducir el riesgo de complicaciones como la cirrosis o el cáncer de hígado.</p>

<p>A diferencia de la hepatitis B, cuya principal vía de transmisión es la sexual, la hepatitis C se transmite sobre todo por el contacto con sangre contaminada. “El paciente puede haber tenido antecedentes de transfusiones, sobre todo antes del año 1992 en Colombia, cuando se desconocían estos virus. También por compartir agujas, especialmente entre usuarios de drogas endovenosas”, explica Mónica Tapias, internista, hepatóloga clínica y de trasplante hepático de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Mientras que infecciones como la hepatitis A, que se producen por el consumo de agua o alimentos contaminados con el virus, suelen resolverse en pocas semanas y no evolucionan a la cronicidad, otras, como la hepatitis B y la C, pueden persistir durante años en el organismo y convertirse en infecciones crónicas, aumentando el riesgo de desarrollar cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.</p>

<h2><strong>¿Qué podemos hacer?</strong></h2>

<p>Las metas fijadas por la OMS en su Estrategia Mundial sobre las hepatitis víricas buscan eliminar las hepatitis B y C como una amenaza para la salud pública antes de 2030. Para lograrlo, el organismo se ha propuesto reducir en un 90 % las nuevas infecciones, disminuir en un 65 % la mortalidad asociada a estas enfermedades y lograr que la prevalencia del virus de la hepatitis B en niños menores de cinco años sea inferior al 0,1 %.</p>

<p>Para las especialistas, buena parte de las herramientas para lograr esas metas ya existen: vacunas para prevenir algunas hepatitis, tratamientos altamente efectivos y estrategias para evitar la transmisión de madre a hijo. El desafío ahora, dicen, es fortalecer la prevención, la concientización, el diagnóstico oportuno y garantizar que los pacientes lleguen a tratamiento. En Colombia, las vacunas contra las hepatitis A y B hacen parte del Programa Ampliado de Inmunizaciones. La de hepatitis B se aplica inmediatamente después del nacimiento y se refuerza a los dos, cuatro y seis meses de vida, mientras que la de hepatitis A se administra al cumplir el primer año. Gracias a estas estrategias, muchas de las infecciones que antes eran frecuentes durante la infancia hoy pueden prevenirse.</p>

<p>En el caso de la hepatitis B, la prevención empieza incluso antes del nacimiento. Durante los controles prenatales se realiza una prueba para identificar si la madre está infectada. Si el resultado es positivo, explica Torres, la mujer puede recibir tratamiento durante el embarazo para disminuir la cantidad de virus en su organismo y, una vez que nace el bebé, este recibe una inmunoglobulina (que le aporta defensas inmediatas) además de la vacuna.</p>

<p>Esa combinación ha permitido reducir de manera importante la transmisión del virus de madre a hijo. Además, pero en esa misma línea, Tapias recuerda que muchos adultos no saben si fueron vacunados cuando eran niños, por lo que vale la pena revisar el carné de vacunación y consultar con el médico si existe la necesidad de completar el esquema.</p>

<p>La hepatitis C plantea un desafío distinto. No existe una vacuna para prevenirla, aunque hoy cuenta con medicamentos capaces de curar más del 98 % de los casos en apenas unas semanas. El problema, coinciden Torres y Tapias, es que miles de personas viven con el virus sin saberlo, porque la infección puede permanecer silenciosa durante años antes de producir síntomas. Por eso, Tapias recomienda que todos los adultos se realicen al menos una vez la prueba para hepatitis C y que quienes tengan factores de riesgo (como antecedentes de transfusiones antes de 1992, procedimientos médicos antiguos, consumo de drogas inyectables o exposición a sangre contaminada) consulten con su médico sobre la conveniencia de hacerse el examen. Encontrar a esos pacientes, insisten las especialistas, es hoy uno de los principales retos para cumplir las metas de la OMS.</p>

<p>Pero proteger el hígado va mucho más allá de prevenir una hepatitis. Tapias explica que hoy una de las causas más frecuentes de consulta en hepatología ya no son las hepatitis, sino la enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica, antes conocida como hígado graso. Se trata de una condición diferente, que no es causada por virus, pero que también inflama y puede deteriorar progresivamente este órgano. Entre los principales factores que aumentan el riesgo se encuentran la obesidad, la diabetes, el colesterol y los triglicéridos elevados, el sedentarismo y el consumo frecuente de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados. A ello se suman la automedicación y el uso indiscriminado de suplementos, vitaminas y productos herbales o naturistas. Aunque suelen promocionarse como alternativas “naturales”, algunos pueden producir toxicidad hepática, especialmente en personas que ya tienen una enfermedad del hígado o que toman varios medicamentos.</p>

<p>En últimas, coinciden las especialistas, cuidar el hígado implica una combinación de medidas. Mantener al día la vacunación, realizarse las pruebas cuando existan factores de riesgo, consultar ante síntomas sugestivos y adoptar hábitos saludables, como una alimentación equilibrada, una buena hidratación, actividad física regular, eliminar el consumo de alcohol y evitar la automedicación, son acciones que ayudan a proteger un órgano que suele enfermarse en silencio y dar señales cuando el daño ya es considerable.</p>

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