Durante dos meses el agua llegó con una tonalidad distinta a la acostumbrada porque el suministro del líquido proveía desde Tibitoc, una planta diferente a la de Chingaza. La alteración del agua se debió a los residuos de hierro pegados a las tuberías de esta reserva instalada hace 50 años.
El Acueducto garantizó la potabilidad del agua, pero recomendó hacer una limpieza a los tanques y remover las partículas que quedaron en el fondo o en las paredes de los mismos.
Un análisis en diferentes puntos de la capital comprobó la regularidad del agua con sus condiciones físicas, químicas y bacteriológicas.