Aprovechando la corta tregua que le dio el sol, la señora Gloria Chávez —madre cabeza de hogar, viuda y con dos pequeños— se levantó ayer, escoba en mano, a barrer el lodazal putrefacto en que desde hace una semana se convirtió su casa. Las aguas negras que invadieron el conjunto Tierra Buena II, en el sector de Patio Bonito, Kennedy, alcanzaron a subir casi un metro: perdió la nevera y la lavadora, los colchones se inflaron de inmundicias, también las dos sillas y el sofá de la sala, las ollas, los juguetes del niño y la colección de películas copiadas que guardaba debajo del televisor.
Hace dos años a Gloria le asesinaron a su esposo, un conductor de bus, cuando lo iban a robar en la Primero de Mayo. Hoy, Gloria asegura que lo ha perdido todo.
—Me quedan las paredes— lamenta. Y barre.
Afuera del conjunto de 480 apartamentos, los vecinos iban y venían ayer cargando sus pertenencias; la mayoría con tapabocas, pues el aire que se respira es pestilente. Dos carrotanques del Acueducto brindaban agua y funcionarios del Distrito continuaban con el censo de damnificados para poder establecer la dimensión de la tragedia y desembolsar el mes de arriendo al que se ha comprometido el Distrito.
Las cifras de afectados, sólo en Kennedy, son confusas. La Secretaría de Gobierno asegura que se trata de 6.000 viviendas; los vecinos, dicen que son 9.500.
Hay mucho malestar entre ellos. Mientras que en el Puesto de Mando Unificado, adyacente a la inundación, la secretaria de Gobierno, Mariela Barragán, y otros altos mandos del Distrito analizaban la situación, los habitantes del sector se organizaban en una carpa cercana para escuchar las indicaciones de un abogado. Los 9.500 piensan entablar una demanda, asegura Luz Santamaría, administradora del Condominio III, de Tierra Buena, pues se sienten burlados en su buena fe por aquellos agentes distritales que les vendieron sus viviendas en unos predios ubicados por debajo del nivel del canal de aguas negras, factor de física elemental que produjo el rebosamiento de las aguas.
“Es clara la responsabilidad de constructores e instituciones por su afán de lucrarse con las ilusiones de la población menos favorecida”, se leía en un panfleto que circulaba convocando a una marcha de protesta para hoy a la madrugada.
En conversación con El Espectador (ver entrevista anexa), la gerente de Metrovivienda, Luz Marina Caro, aseguró que su institución no tiene responsabilidad en el asunto, pues las licencias para la construcción de vivienda de interés social son adjudicadas por la curaduría urbana. La secretaria Barragán afirma que le corresponde a los entes de control determinar cuál fue la responsabilidad de los curadores y los constructores de los conjuntos de Bosa y Kennedy.
A mediodía, antes de que comenzara a llover, las 18 motobombas instaladas por el Acueducto y las inundaciones controladas en Soacha habían logrado reducir la inundación en 72 centímetros.
Santamaría, sin embargo, asegura que con el bajar de las aguas han incrementado los malos olores, “ hay niños y adultos enfermos, con diarrea y vómito, así como ratas muertas en varios lugares”.
El secretario de Salud, Jorge Bernal, presente también en el PMU, aseguró ayer que hasta ahora no se han presentado hospitalizaciones y que su Secretaría adelantará desde hoy un amplio operativo de desinfección para evitar los riesgos de enfermedad que conlleva el contacto permanente con las aguas negras.
Hasta el momento nueve personas han sido judicializadas, según el coronel Rubén Darío Jaramillo, subcomandante encargado de la Policía Metropolitana. No obstante, los vecinos denuncian que en la noche proliferan los ladrones y que incluso, el viernes por la noche, hubo tiroteos en las calles cercanas a la inundación.
Eso cuenta Ariel, otro residente de Tierra Buena, proveniente de La Dorada, que se endeudó con su esposa con un crédito bancario para adquirir un pequeño apartamento en el primer piso del conjunto, por un valor de $35 millones. Ariel, quien recién había pintado las paredes, sabe hoy que nadie querrá comprar su vivienda. Una casa expuesta a inundarse de inmundicias es un encarte para el mercado inmobiliario.
Ariel y su mujer, Marleny, aún no pueden regresar al edificio. Todo huele mal. Las aguas negras todavía circulan por los corredores del condominio. No les queda de otra que quedarse donde vecinos de buen corazón. Pero sólo por un par de días.
—Ya sabe—bromea Marleny—. Después de tres días, el muerto y el arrimado huelen a feo.