Pocas actividades en el día a día de un bogotano generan tanto estrés como la movilidad. Las obras de construcción, ampliación o mantenimiento de vías, los embotellamientos surgidos de alguna falla en la semaforización o el accidente de tránsito de turno, son fantasmas con los que nadie quisiera encontrarse, menos aún en época decembrina, cuando el número de carros que ruedan por las calles parece multiplicarse.
Pero, ¿por qué la situación no mejora ni siquiera en las horas de vigencia del Pico y Placa? La respuesta parece estar en un boom de falsificación de placas que permite burlar la norma desde $25 mil y que tiene cinco modalidades, según el gusto y el bolsillo del consumidor. Las tarifas cambian dependiendo de si se quiere una placa diplomática, oficial o una cinta de discapacidad (todas ellas permiten circular sin restricciones) o una particular que no tenga pico y placa en determinado día.
Los sitios más conocidos para hacerle trampa a la norma operan en las calles de Paloquemao, Álamos y San Diego, en donde sin ningún recato se venden tiras de 25 calcomanías en alto relieve para cambiarle las placas al carro en cuestión de segundos y hasta recomiendan “untarlas de tierrita para que se vean más reales”.
Con la idea de promover un debate sobre el tema, el concejal Felipe Ríos quiso comprobarlo y descubrió además que un par de placas oficiales valen $150 mil. La diligencia tarda tres horas, ofrecen varios tipos de lata y las entregan con los visos en alto relieve y la contramarca de las autoridades de transporte. Al cabildante también le ofrecieron unas placas diplomáticas a $240 mil, fabricadas en dos horas. Ríos no sabe que en lo que no reparan mucho los falsificadores es en la numeración de la placa: pueden ponerle tres letras y tres números a una placa diplomática, cuando éstas en realidad son de dos letras y cuatro números, y no se dan cuenta.
La Policía les sigue la pista a redes del sector de Venecia, desde donde surten en motocicleta a los tramitadores de Paloquemao. Frente a los juzgados de ese sector, cualquier tramitador le informa al interesado cómo adquirir tarjetas de propiedad falsas por $200 mil por si a algún policía se le ocurre comparar los documentos del vehículo con la placa falsa. De lo que no hay idea es de cuántas placas adulteradas hay en Bogotá. Según la Secretaría de Movilidad, a septiembre 30 circulaban en Bogotá 1’233.014 vehículos, 1.119.740 de ellos particulares, 100.325 públicos y 12.949 oficiales. Con el nacimiento del pico y placa, hace 11 años, se buscaba reducir en un 40 por ciento el tránsito de carros por la capital.
Se trata de un nuevo desafío para la norma, a la que algunos acusan de no mejorar la calidad del aire ni la movilidad y ser en cambio generadora de conflictos con el sector del comercio, que alega impactos negativos en la productividad de la ciudad.
Lo que tal vez ignoran quienes hacen trampa para evadir la restricción es que están incurriendo en las mismas estrategias empleadas en modalidades delictivas tan graves como el sicariato. Por no respetar la norma o acudir a la avivatada para eludir la multa de $248.000, podrían terminar en la cárcel hasta por siete años.
Las cinco formas de esquivar la restricción
1. Las 25 calcomanías: cuestan $25 mil, están listas en 20 minutos y son elaboradas con Photoshop. Si lo descubren, le inmovilizarán el vehículo.
2. Placas oficiales: valen $150 mil. Portarlas es causal de prisión.
3. Placa diplomática: cuestan $240 mil. Tiene la pena más alta, hasta siete años.
4. Sellos de pasajero discapacitado: valen $30 mil. Requieren de un certificado médico, que en el mercado negro puede valer $120 mil. Es la trampa más común.
5. Identificación de servicio público superior a una tonelada.
También es posible conseguir improntas falsas para los motores de los carros.
La evolución del pico y placa en Bogotá
La restricción a la movilidad de vehículos en la capital se hizo a partir de experiencias como las de Chile y México, así:
El decreto 626 del 15 de julio de 1998 estableció la restricción para los particulares.
El 26 de diciembre de 2000 se instituyó la restricción de un día completo para el primer jueves de febrero. La idea fue retomada de Rochelle, Francia.
El 1 de agosto de 2001 se extendió la restricción por placas al transporte público colectivo e individual.
También en 2001, y ante la protesta de los transportadores, se redujo al 20% la restricción para el servicio público (estaba en el 40%), incluyendo los sábados y la modalidad rotativa.
En enero de 2002 hubo una nueva modificación para incentivar a los conductores a matricular sus carros en Bogotá y disminuir la congestión que se presentaba una hora antes del pico y placa.
Desde el 14 de julio de 2003 la medida ha sufrido varias modificaciones tanto en la rotación de placas como en el horario de la restricción.