Gustavo Adolfo Gómez Silva, 76 años, taxista desde hace 45 años. Blanca María Giraldo, 76 años, ferromoza (la versión sobre rieles de una azafata). Junto a ellos 141 personas más, todas vinculadas con el transporte público; conductores de buses, busetas, taxis y sus familias, esposas y en algunos casos sus hijos también. El sábado, todos recibieron un diploma que, para algunos, llegó con varias décadas de retraso. En letras grandes al lado de cada nombre se leía la palabra “bachiller”.
Desde hace cuatro años Carmen Sofía Ribero, directora ejecutiva de la Fundación Latinoamericana para el Liderazgo de los Transportadores (Fulltrans) decidió abrir el Centro de Estudios Latinoamericano para la Formación Humana Integral (Celfhi): un colegio para conductores de servicio público que ha graduado hasta la fecha ocho promociones de bachilleres, cerca de 1.800 personas. “La educación es una de las mayores necesidades de los conductores. Por falta de ésta, en muchos casos, ellos generan sentimientos negativos que salen a relucir cuando están en su trabajo, llevando y trayendo a la gente”, dijo esta mujer de baja estatura, modales suaves y quien sonríe invariablemente cuando habla de la Fundación o de Celfhi.
Antes de entrar a la ceremonia, mientras esperaban afuera, los graduandos se mostraban nerviosos, reían casi por inercia, como si una voluntad juguetona los dominara. Ya adentro todos adoptaron una pose, cómo decirlo, más ceremoniosa, protocolaria. A don Gustavo se le escurrían un par de lágrimas mientras regresaba a su asiento, luego de recibir el premio a los “Estudiantes que con su esfuerzo dignifican a la institución”. Miraba su diploma con cierto asombro. La vida poniéndose al día. “Estoy demasiado feliz, agradecido. No sé qué tanto le pueda decir, las palabras están un poco cortas”, contaba este bogotano mientras sus ojos refulgen allá, entre el metal y el vidrio de sus gafas.
“Muy contenta. Imagínese, tantos años montada en un tren y ahora bachiller. Pero el estudio se queda acá. A mi edad quiero descansar un poco más”, decía doña Blanca mientras busca entre el reguero de gente a sus familiares.
Celfhi es un colegio particular, por decir lo menos. No sólo asisten los alumnos, sino a veces la familia entera. “Premio a la pareja del año”, era una de las distinciones de la graduación, como si se tratara de un reinado. Al instante saltó de su silla una pareja de esposos, quienes sacaron adelante su bachillerato en los días en que él, o ella, tienen pico y placa. Estudio de tamaño familiar.
“Mi mujer ya dijo que el próximo año se matricula en el colegio”, decía, entre risas, don Gustavo, mientras sus hijos y nietos celebran el anuncio.
Según Romero: “Ahora estamos trabajando en un bachillerato a distancia con énfasis en prevención de accidentes que estará a cargo de Pedro Julio Valderrama, quien público el libro El conductor más grande del mundo y ha estudiado mucho el tema del perfil psicológico del conductor”. Y añade: “Nuestro colegio queda en el barrio Santa Sofía. La patrona de los conductores es la Virgen del Carmen. Mi nombre es Carmen Sofía. El mundo es un lugar muy curioso, ¿no?”.