Apreciados empresarios: Seguramente están enterados de la sentencia del Consejo de Estado que ordena a la Nación tomar medidas para descontaminar el río Bogotá en un plazo no mayor a 30 años, la cual nos atañe a todos. En la cuenca del río Bogotá se produce aproximadamente la cuarta parte del producto interno bruto del país y alberga casi 10 millones de habitantes. Me llama la atención, que entre los 72 actores que convoca la sentencia no se encuentren ni las industrias, ni la sociedad civil. La industria de las curtiembres es parte fundamental de los actores involucrados para lograr el reto de recuperar el río que propone el fallo.
Les escribo esta carta porque creo que la sentencia significa un momento histórico para ustedes. El fallo tiene fuerza de ley y, aunque tiene tono de regaño por ser una obligación legal, es una oportunidad maravillosa para las curtiembres. Esta coyuntura trae consigo fondos, voluntad política, atención de los medios e interés de gobiernos y entidades internacionales que las curtiembres deberían aprovechar. No quiero desconocer los esfuerzos que han hecho en los últimos años para mitigar su impacto ambiental. El cambio de procedimientos industriales, como el descarne y pelos de las pieles que ya no son vertidos y son convertidos en abonos orgánicos, son cambios importantes. Sin embargo, son solo el comienzo.
Desde los años 60, las curtiembres han venido vertiendo químicos como sulfuros, cal y cloruros al río. El mismo río que irriga cultivos y pastos para ganado, que son alimento de millones de colombianos. Entiendo que cerca de mil empleos directos y sus familias viven de las curtiembres, pero estoy convencida de que podrían vivir mucho mejor y de paso eliminar del todo el complicado pasivo ambienta.
Los invito a que pasen de ser los primeros en el recorrido del río Bogotá en comenzar a envenenarlo, a ser los primeros en transformar su industria como ejemplo nacional e internacional. Que ayuden a Colombia a quitarse del lado de Bangladesh, India y Argentina, como países con las industrias de curtiembres más contaminantes del mundo, a ser líder de producción limpia, por los cuales el mercado internacional esté dispuesto a pagar altos precios por sus sellos verdes.
Salir de la ronda del río en tres años no es imposible. Los niños y los habitantes de Villapinzón, Chocontá y la localidad de Tunjuelito, en Bogotá, necesitan la ronda del río para que vuelva la fauna y espacios de educación y recreación. ¡Únanse a esta oportunidad! Es mejor aprovechar los recursos y medidas que la sentencia conlleva para revolucionar su industria, aumentar sus ingresos y cambiar su prestigio, que resistirse y tan solo conseguir ínfimas indemnizaciones. Cambien el papel de víctima por la posibilidad de ser protagonistas de la recuperación del río Bogotá.
* Candidata Maestría en Urbanismo, Paisajismo y Ecología 2015, Universidad de Harvard