Como se lo había indicado la señorita de la academia de conducción, Jairo Domínguez*, un mensajero que acababa de comprar su moto, consignó los 295 mil pesos que costaban el curso de manejo, el trámite del pase y los exámenes médicos. Dejó una foto, suministró su tipo de sangre, programó sus seis horas de clase reglamentarias y se fue contento a su casa porque con la inscripción le regalaron dos cascos y dos chalecos. Ocho días después llegó a recibir su primera clase y encontró justo encima de la mesa de la secretaria su nueva licencia de conducción.
"Cuatro días hábiles después de realizar el pago llegan los pases a la oficina”, fue la explicación que le dieron en la academia. Ese día tomó la clase. Le enseñaron a prender y apagar la moto, a mantener el equilibrio y a maniobrar en curvas. Después de tres horas, él y su acompañante volvieron a la escuela y la señorita le hizo entrega oficial de su licencia. Como era de esperarse, Jairo Domínguez jamás completó el curso, mucho menos tomó las 15 horas de clase teórica que le hacían falta y tampoco acudió al examen médico que probaría su idoneidad para conducir.
Desde ese día, Domínguez se sumó a los dos de cada diez conductores de motocicletas de Bogotá que nunca han tomado un curso de manejo. Desde que bajaron los precios de las motos y más personas han optado por este tipo de transporte, la expedición de licencias de conducción se ha convertido en un negocio redondo en donde los únicos perjudicados son los ciudadanos.
En este momento, cualquiera que gane un salario mayor a $700 mil, con sólo pagar cuotas de $45 mil mensuales, puede comprar una moto. “Ahora la gente está adquiriendo sus motos con lo que antes pagaba el bus”, dijo el subintendente Freddy Acosta, de la Policía de Tránsito de Bogotá. Por otra parte, algunas academias de conducción se han convertido en empresas tramitadoras de todo tipo de certificados y no se interesan por capacitar a los conductores, a pesar de que hacer el curso de conducción es uno de los principales requisitos exigidos por el Ministerio de Transporte para la expedición de la licencia.
El bajo costo de las motos ha hecho que en tres años circulen por la ciudad tres veces más de estos vehículos que antes. Según cifras de la Secretaría de Movilidad, se pasó de 39.049 motos registradas en el año 2005, a 102.305 en 2007. Según la administradora del concesionario Auteco, al día venden entre 150 y 160 motos.
Amigos del riesgo
La falta de capacitación y la imprudencia han hecho que estos vehículos motorizados se hayan transformado en una amenaza constante para los peatones, ciclistas, conductores de automóviles y de servicio público. En las calles bogotanas es común ver a los motociclistas transitando por los andenes, o las vías de la ciclorruta, irrespetando las señales de tránsito y circulando en medio de la calle como si fueran carros.
En este momento, la mayoría de los motociclistas no conoce las normas de tránsito y tampoco las leyes mínimas de gravedad para manejar estos aparatos. Un ejemplo de esto es que de los 51.696 comparendos que se impusieron el año pasado, 24.530 (casi la mitad) fueron por conducir sin observar las normas establecidas en el Código Nacional de Tránsito. Por ejemplo, no transitan por la derecha o utilizan las vías exclusivas para el servicio público.
En Bogotá, diariamente se imponen en promedio 137 comparendos. Algunas de las causas más comunes son: conducir sin portar la licencia de conducción, estacionar en lugares prohibidos, no tener impreso en el casco y el chaleco el número de la placa, transitar sin los dispositivos luminosos requeridos, no detenerse ante una luz roja o amarilla de semáforo y conducir en estado de embriaguez, entre otras cosas.
Zigzag en las calles
Según estudios realizados por el Fondo de Prevención Vial, los motociclistas tienen 4,7 más probabilidades de sufrir un accidente que pueda atentar contra su vida o la de los demás, que los otros conductores. En este momento, la segunda causa de accidentalidad en el Distrito se debe a la imprudencia de éstos.
“La mayoría son mensajeros o repartidores y están presionados para atender los domicilios en tiempos cortos. Por eso, se valen de todo tipo de maniobras para llegar a sus destinos a tiempo”, explicó Francisco José Fernández, director del Fondo de Prevención Vial.
Manejar en zigzag o en “culebreo”, que consiste en adelantar los carros por la derecha y, si es necesario, movilizarse hacia la mitad de la vía, es una de las estrategias más comunes que utilizan los motociclistas para evitar el tránsito, pero también de las más peligrosas para los peatones.
El año pasado, en los 37.426 accidentes de tránsito originados por motos, 5.039 peatones resultaron lesionados y 304 murieron. En lo corrido de este año ya se han presentado 965 accidentes, en los que 103 peatones han quedado lesionados y siete han fallecido.
Medidas al respecto
Las diferentes autoridades de tránsito han comenzado a tomar medidas al respecto. Uno de los puntos centrales ha sido la capacitación, tanto teórica como en las vías, debido a que el Fondo de Prevención Vial pudo establecer que solamente el 14% de los motociclistas de todo el país ha recibido una clase de conducción.
Uno de los programas liderados por la Policía de Tránsito, la ANDI, la Secretaría de Movilidad y el Comité de Ensambladoras Japonesas es la campaña “Calle de la Seguridad”, que en 2007 capacitó a más de 1.000 motociclistas y revisó 900 motos.
Lo cierto es que cada vez son menos las escuelas de conducción que dictan clases de conducción a motos y a la vez, como lo dijo Carlos Sierra, conductor habitual, “de un tiempo para acá las motos se han convertido en una plaga. ¡Están en todas partes!”.
*Nombre cambiado a petición del protagonista.
¿Quién defiende a los motociclistas?
Parece un mal chiste, pero no lo es. A pesar de los centenares de accidentes, muertos y heridos, el Código Nacional de Tránsito no hace distinción entre la persona que maneja una bicicleta y quien conduce una moto: “Los conductores de bicicletas, triciclos —¿triciclos?—, motocicletas, motociclos y mototriciclos, estarán sujetos a las siguientes normas”.
El Estado ha dejado en manos de particulares las campañas pedagógicas. El Fondo de Prevención Vial es un organismo privado, con funciones públicas, conformado por las mismas empresas cuyo negocio es evitar que la gente se accidente: las aseguradoras.
Pero lo realmente preocupante es que las normas y el Estado propicien la accidentalidad. Suficiente hay con los huecos en las vías, como para que los motociclistas tengamos que soportar las letales inconsistencias de la normativa. Después de equiparar a un automotor con una bicicleta, el Código Nacional de Tránsito deja ver su perla más peligrosa: “Deben transitar por la derecha de las vías a distancia no mayor de un metro de la acera u orilla”.
Aunque somos miles, pareciera que en Colombia los motociclistas no existimos o, por lo menos, no tenemos un espacio para transitar. Que una bicicleta, cuya velocidad máxima no supera los 25 kilómetros por hora, transite a un metro del andén, es una obviedad; que una moto lo haga, a 60 kilómetros por hora, una locura.
Claro que he recibido volantes oficiales que indican la forma de transitar en carretera. Para tomar una curva a la izquierda, se aconseja llevar la moto hasta el extremo izquierdo del carril. La razón: la fuerza de giro lleva la moto inevitablemente a la derecha, a utilizar el carril completo.
La exigencia de transitar cerca de las aceras, apenas lógica para las bicicletas, ha degenerado, sobre todo en la capital, en un alto número de motociclistas que adelantan por el carril derecho: algo prohibido. Aunque las motos deban transitar preferiblemente por el costado derecho, con el gran número de factores que intervienen en la accidentalidad es imprescindible que todo el carril e incluso el izquierdo deje de ser un territorio vedado.
Normas de tránsito
Transitar por la derecha de las vías a distancia no mayor de un metro de la acera.
Nunca utilizar las vías exclusivas para servicio público colectivo.
Vestir chalecos o chaquetas reflectivos de identificación que deben ser visibles cuando se conduzca entre las 18:00 y las 6:00 horas del día siguiente, y siempre que la visibilidad sea escasa.
No transitar sobre las aceras, lugares destinados al tránsito de peatones y por aquellas vías en donde las autoridades competentes lo prohíban.