En la Avenida Caracas con calle 26, decenas de carros quedaron enterrados bajo una capa de hielo que superaba el metro de altura. Era un sábado, el 3 de noviembre de 2007, y sobre Bogotá caía la granizada más fuerte de los últimos 30 años. Las personas salían por las ventanillas de los vehículos, el agua les llegaba al pecho. Los 19 pasajeros de un colectivo apresado formaron una cadena con las manos para escapar. Uno de ellos fue atendido por hipotermia.
Se dijo que la emergencia fue causada por el taponamiento de las alcantarillas. “El agua arrastró el granizo hasta los sumideros, impidiendo la circulación”, explicó Luis Fernando Ulloa, gerente de la zona centro de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá.
Cuatro meses después –el pasado sábado 8 de marzo– se repitió la escena, casi idéntica y en el mismo sector: inundaciones, seis vehículos atrapados, 20 personas afectadas, algunos casos de hipotermia. Los motivos también fueron los mismos: las rejillas estaban taponadas.
Los culpables, señaló Javier Gallón Mahecha, operador de alcantarilla del Acueducto, son “los trabajadores que hacen obras en las calles y tiran los escombros en los pozos. Los recicladores también hacen lo mismo, seleccionan el material que les sirve y lo otro lo botan allí”.
También son responsables del represamiento del agua las personas que en su rutina diaria arrojan basuras a las tuberías. “O si no, vea –dice Javier Gallón señalando un pozo de aguas negras estancadas–. ¿A quién se le ocurre tirar ganchos de ropa a los pozos y papel higiénico y toallas sanitarias? Todo eso retiene el agua, provoca malos olores y después llaman al Acueducto a quejarse”.
Para contrarrestar esta situación, el Acueducto de Bogotá, la Unidad Administrativa de Servicios Públicos y la Secretaría del Medio Ambiente crearon una alianza llamada “Con pie firme”.
Según Luis Fernando Ulloa, se van a realizar acciones preventivas, educativas y de ingeniería. “Vamos a intensificar las labores de mantenimiento en toda la ciudad. Al año retiramos alrededor de 40 mil toneladas de lodo, limpiamos unos 20 mil sumideros y ocho mil pozos de inspección. Además le hacemos mantenimiento a 22 mil metros de tubería de alcantarillado”.
En la parte de ingeniería, explicó Ulloa, se van a realizar obras que estaban planeadas para los años 2010 y 2012, como renovación de redes, ampliación de la capacidad hidráulica de algunos ríos y construcciones de interceptores en el río Bogotá.
El trabajo educativo se va a hacer en conjunto con la Secretaría del Hábitat y otras entidades distritales. “Es un plan de conciencia ciudadana para que los usuarios hagan un manejo adecuado de los residuos sólidos, para que la gente no tire escombros en la calle, para que saque la basura en los días correspondientes. También vamos a trabajar con los recicladores para que no dejen el material que no pueden vender en las calles o en los pozos”.
Después de la granizada del 3 de noviembre, operadores del Acueducto de Bogotá visitaron semanalmente la calle 26 para hacerle mantenimiento al alcantarillado. Llegaron con los enormes carros Vactor, llamados también elefantes, para limpiar los pozos con mangueras de succión y de presión.
El pasado sábado, después de la lluvia que inundó otra vez la calle 26, se hizo una limpieza a las redes del acueducto, pero al día siguiente las rendijas estaban nuevamente taponadas con bolsas y cartones y escombros, contó Ulloa. Por estas razones cientos de quejas llegan al Acueducto. Y también por estas razones los operadores del alcantarillado se quejan: “¿A quién se le ocurre tirar ganchos de ropa a los pozos, papel higiénico y toallas sanitarias?”.