El año 2010 será crucial para la ciudad. Temas como el metro y el Sistema Integrado de Transporte (SITP), por sólo mencionar dos de los tópicos más populares en materia de movilidad, recibirán las puntadas finales en diferentes instancias para lograr su aprobación e implementación. Una de esas instancias es el Concejo de Bogotá, que este lunes entra de nuevo en sesión.
Aparte de los temas de la ciudad, la discusión del cupo de endeudamiento para los proyectos ya mencionados, por ejemplo, el cabildo distrital tiene de por sí varios retos que superar en 2010. El primero tiene que ver con la limpieza de imagen luego de los escándalos de finales de 2009, algo que no sólo es una estrategia mediática, un espectáculo ante las cámaras, sino que tiene que ver con la credibilidad de la corporación ante los ciudadanos. El segundo es, a juicio de varios concejales, apretar la maquinaria de control político en el tercer año de gobierno del alcalde Samuel Moreno. En tercer lugar está el cumplimiento de los acuerdos que permiten el cambio de presidencia y mesa directiva cada año. Por último, se encuentra, según los mismos cabildantes, mantener la operatividad e independencia del Concejo en pleno año electoral, que en otras palabras es un año de promesas.
Para Fernando López, concejal de Cambio Radical, la mejor manera de limpiar la imagen del Concejo es “empleando a fondo la capacidad de control político, hacerles un seguimiento juicioso a temas como el Plan de Desarrollo o la aprobación de la revisión del Plan de Ordenamiento Territorial”.
“El Concejo tiene que tomar la decisión más importante de los próximos 50 años en un proyecto que aún tiene muchos interrogantes”. Gilma Jiménez, concejal perteneciente al Partido Verde (aunque antes militaba en el Liberal), hace referencia al metro y al SITP y añade: “Evidentemente existen problemas estructurales de la administración que hay que mirar con mucho cuidado, como seguridad, movilidad y contratación; este último ha sido recurrente y se hace necesario examinarlo de manera muy seria”.
Jiménez es una de las proponentes de crear un comité de ética en la corporación para lidiar con hechos como los que se presentaron el año pasado; la propuesta es aún un tema de conversación entre los concejales, nada formal hasta el momento. “Yo los hubiera sancionado drásticamente. El Concejo necesita tener mano dura con estas personas que empañan la labor de toda la corporación”. Habla Hipólito Moreno, del Partido de la U, quien a su vez fue presidente de éste en 2008, y que opina que uno de los mayores retos será mantener el acuerdo que establece que la presidencia del cabildo se rotará cada año. En teoría, y si el pacto no naufraga, la presidencia en 2010 es para el Polo, partido del alcalde.
En año electoral, en que se forjan alianzas que se disuelven en el momento de cierre de las urnas, la fortaleza de este acuerdo será probada. Las consecuencias de su rompimiento, aunque de pronto no fatales para el funcionamiento del cabildo, podrían debilitar la posición de la bancada del alcalde Moreno en un momento en que está en juego el proyecto de metro, la más alta bandera de su administración.
Octubre negro para el Concejo de Bogotá
El 22 de octubre de 2009 el concejal Vladimir Melo Carrillo fue interceptado por agentes del CTI de la Fiscalía, que lo acusaba de haber ordenado el asesinato de su propia esposa. Al día siguiente se iniciaba un escándalo por los supuestos golpes que el concejal Wilson Duarte le habría propinado a su cuñada, María del Pilar López. Apenas un par de semanas después, el 9 de noviembre, un noticiero televisivo difundía en horario triple A las imágenes del concejal Álvaro Caicedo huyendo de agentes de la Policía que lo detuvieron por circular por el carril de Transmilenio. Estos tres hechos marcaron lo que, sin duda, ha sido uno de los tiempos más oscuros para la imagen que el Concejo tiene ante la ciudadanía. Un octubre negro para la imagen del cabildo, que este año tiene que decidir asuntos capitales para la ciudad.