Justo cuando la ciudad se acerca al pico de contagios y siguen los esfuerzos por contener la velocidad de propagación del coronavirus, surge una nueva preocupación: en plena reactivación económica de algunos sectores los grupos delincuenciales empezaron de nuevo a dar fuertes golpes (al menos mediáticos) con atracos en residencias, comercios, buses y ciclorrutas. La situación llegó a tal punto que, a pesar de la reciente reducción de los delitos de alto impacto en Bogotá, la administración tuvo que hacer un consejo de seguridad para reorientar sus estrategias para contener el crimen.
Más allá de las cifras de hurto que, en términos generales, venían disminuyendo y tuvieron un repunte en mayo, es claro que los recientes hechos dan indicios sobre cómo la seguridad podría deteriorarse cuando termine el aislamiento y plantean la necesidad de caminos para atender la seguridad pospandemia. En el debate hay voces diversas, que se podrían dividir entre los que exigen resultados y los que piden hacer un análisis juicioso para definir bien las estrategias.
En la primer orilla está la oposición, con una postura de exigirle a la administración más autocrítica y el aumento del pie de fuerza. El concejal Andrés Forero (Centro Democrático), por ejemplo, considera que la Secretaría de Seguridad debe tener más protagonismo, pues hay temas que pese a ser de su competencia, tienen más liderazgo otras entidades como la Secretaría de Gobierno. “Lo primero es mayor empoderamiento del secretario de Seguridad. Lo segundo, que la alcaldesa tenga más autocrítica y entender que la ciudadanía no espera trinos, sino acciones. Tampoco está bien que saque pecho con los resultados, pero si algo sale mal culpe a la Policía o al Gobierno”.
En esto coincide Carolina Arbeláez (Cambio Radical), quien cree que la alcaldesa ha tenido salidas en falso en sus redes sociales. Fuera de eso, cree que “como prometió, debe ponerse como jefe de la Policía y diseñar un plan completo, con trabajo de campo y en equipo con la Policía y Fiscalía”. Asimismo, recuerda que en campaña prometió poner 2 mil policías por turnos. “Eso debe articularse con el Gobierno, pero las estrategias son su responsabilidad”, agrega.
En la otra orilla están los analistas y académicos, que consideran que todo se debe examinar con lupa, pues el incremento de la pobreza y el desempleo, por cuenta de la pandemia, podría aumentar la delincuencia común. Néstor Rosanía, director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz, resalta que como las bandas delincuenciales tuvieron impacto en sus actividades, saldrán a retomar con más dureza sus acciones delictivas.
“Las estructuras empezarán a reforzar su logística y ser más violentas. El robo en la joyería de Gran Estación es el mejor ejemplo de que se la van jugar por golpes grandes. Otra preocupación es el crecimiento de la pobreza, pues muchos saldrán a buscar cómo comer. Esto es una situación excepcional, que cambia las dinámicas de seguridad y el plan ordinario no funcionará, así que se necesita otro enfoque no solo desde el Distrito, sino desde Presidencia”.
El director del programa Bogotá Cómo Vamos, Ómar Oróstegui, concuerda en que el crimen se adaptará a las circunstancias y que, ante un escenario de más desempleo y pobreza, los jóvenes vulnerables serán más susceptibles a ser reclutados por bandas criminales. “Estamos cortos en atención a población joven y es algo a lo que se le debe prestar atención. También hay que preguntarse cómo trabajan las cámaras de seguridad, pues la gente se siente segura con ellas, pero en los casos recientes los lugares tenían muchas. Hay que mejorar los protocolos de las empresas privadas e involucrarlas más en la seguridad en la ciudad”.
Por último, Johan Avendaño, experto en seguridad, tiene una visión más optimista y cree que no es necesario enviar un mensaje de alerta, en tanto los hechos están empezando a ocurrir y es la oportunidad de analizarlos y darles solución. Agrega que es necesario hacer alianzas público-privadas, sin entregar la responsabilidad al sector privado. “Es caracterizar el fenómeno mediante conexión con los circuitos cerrados de TV de conjuntos y comercios. También hay que volver a monitorear los lugares más peligrosos de la ciudad y a mediano plazo evaluar temas como la construcción de nuevas URI”.
Aunque era previsible, el tema de seguridad pospandemia se coló antes de lo esperado en la agenda del Distrito y ahora su labor es reconfigurar las estrategias y articularse con la Policía y el Gobierno, para evitar que se pierda el terreno ganado en la lucha contra la inseguridad.
Choque por las responsabilidades del aumento de la inseguridad
Tras la seguidilla de hechos de inseguridad, la alcaldesa Claudia López afirmó que una de las posibles causas es que la Policía estaba menguada. A inicios de semana dijo que un 10 % de la institución disfrutaba de vacaciones o licencias y otro 20 % se encontraba en cuarentena. Su afirmación fue un “florero de Llorente”, que desató una controversia sobre las responsabilidades a la hora de enfrentar la inseguridad.
Muy rápido, dos exconcejales que hoy forman parte del Gobierno, rechazaron las aseveraciones de la mandataria. Diego Molano, director del Departamento Administrativo de Presidencia, consideró “inaceptable” que señalara al Gobierno y a la Policía, y no a los delincuentes. Daniel Palacios, viceministro del Interior, por su parte, le contestó que el Gobierno estaba dispuesto a apoyarla, pero que el tema de seguridad era su responsabilidad.
Incluso el presidente del Concejo, Carlos F. Galán, criticó que la alcaldesa exaltara el trabajo del Distrito cuando se redujeron los índices de inseguridad y que culpara a terceros cuando estos empeoran.