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Cuarentena en el centro de Bogotá, a media marcha

El sector más dinámico de la ciudad hoy se ve casi desierto, lo que ha propiciado algunos intentos de saqueo. Sin embargo, el problema más grave ocurre en los pagadiarios, donde pasan las noches las poblaciones vulnerables.

07 de abril de 2020 - 08:45 p. m.
Aunque se acata el aislamiento, el sector concentra las poblaciones vulnerables que no reciben ayudas. / Gustavo Torrijos
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La Plaza de Bolívar volvió a estar llena de palomas, pero ya no hay quién las alimente. El centro de Bogotá, escenario habitual de jornadas frenéticas, está irreconocible en estos días de cuarentena: por sus calles apenas se ven algunas personas que, por lo general, van a mercar o a realizar diligencias bancarias. La mayoría acoge las medidas de autocuidado, como el uso de tapabocas y la distancia.

En un nuevo recorrido para verificar cómo transcurre el aislamiento en las localidades de la capital, constatamos que en el centro (La Candelaria, Santa Fe, Los Mártires y Teusaquillo) se está cumpliendo la medida, pero a la vez se tienen los mayores desafíos, ya que allí está gran parte de la población vulnerable de la ciudad.

Líderes, ediles y autoridades de las localidades del centro coinciden en que, si bien no se han presentado mayores inconvenientes de orden público y que los residentes obedecen la restricción en el día, en las noche todo cambia. A esas horas se empiezan a evidenciar los problemas que tienen las poblaciones en riesgo, como habitantes de calle, migrantes, trabajadoras sexuales, que ven imposible el estar confinados.

En términos generales, los “pagadiarios” (una especie de hostales que cobran unos $10.000 por noche), son el principal impedimento para que la cuarentena se desarrolle con normalidad. También hay otros líos como la pobreza oculta, por lo que las ayudas son insuficientes; las falsas informaciones, que prometen ayudas vía cadenas de WhatsApp, y los intentos de saqueo en las madrugadas.

Los Mártires: pocos auxilios

La localidad número 14 tiene una particularidad: es la que tiene más habitantes de calle (1.750, según el último censo) y personas que ejercen la prostitución (21,4 %, del total de trabajadores sexuales). Esta población es la que, por lo general, reside en “pagadiarios” de los que, en días previos, desalojaron a varias personas que no tenían cómo pagar. Según el alcalde local, Raúl García, un segundo lío es la falta de auxilios. “Hemos repartido 1.800 mercados y tenemos un convenio con la Cruz Roja, pero no alcanza”.

En esto coincide el edil Manuel Collazos, quien dice que “hay líos con la entrega de ayudas porque las personas desactivaron sus cuentas, cambiaron sus teléfonos o ya no viven donde registraron”. Agrega que otro lío es la desinformación que proviene de cadenas falsas sobre supuestas ayudas, pero también del cruce de declaraciones entre el Distrito y la Nación.

Un dilema llamado pobreza oculta

En Teusaquillo, aparentemente, la cuarentena transcurre sin problemas. Las discotecas y otros establecimientos están cerrados; el comercio adoptó las medidas de autocuidado y no hay reportes de alteraciones de orden público. Sin embargo, también tiene problemas con la entrega de ayudas, sobre todo para aquellos que no se sabía que las necesitaban. “Pensamos suscribir un convenio con la Cruz Roja para entrega de kits alimentarios, ya que en Teusaquillo hay un gran problema: la pobreza oculta. También tenemos un grupo vulnerable de vendedores informales, y debemos determinar quiénes faltan por recibir auxilios”, manifestó José Vecino, alcalde (e) local.

Natalia Goyeneche, presidenta de la Junta de Acción Local (JAL) de Teusaquillo, destacó que “hay mucha pobreza oculta y, a medida que pasan los días, aumenta la gente que necesita auxilios. Son familias que, aunque viven en sus casas, no tienen sustento”. En principio, afirmó Goyeneche, se han creado redes vecinales de apoyo para hacer aportes voluntarios a esas familias vulnerables.

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Saqueos y llamados de auxilio

Santa Fe, una de las zonas más complicadas y activas del centro de la ciudad, hoy está desolada. Comerciantes de San Victorino aseguran que están cerrando a las 6:00 p. m., debido a la inseguridad y la soledad de las calles. Aunque reconocen que la Policía hace rondas habituales, no ha sido posible evitar el mayor problema de la cuarentena: los intentos de saqueo.

El edil Hernando Franco indicó que la seguridad es compleja, a tal punto que “hace unos días hubo dos intentos de saqueo a un mismo local, a las 3:00 y a las 5:00 a. m. Muchos vendedores reportan robos, porque dejaron mercancía en los locales”.

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Franco añadió que en Santa Fe se necesitan ayudas con urgencia, y que no ha llegado todo el auxilio, por lo que cada vez es más común ver en las ventanas trapos rojos, sistema que se instauró como señal de auxilio. “Si la cuarentena fuera solo hasta el 13 de abril, como se planeó en un principio, el período hubiera acabado sin que llegaran las ayudas”.

El alcalde encargado, Leonel Sánchez, resaltó también el problema con los “pagadiarios”, sobre todo en los barrios La Capuchina, San Bernardo y La Alameda. “Hay población flotante que tiene muchas necesidades básicas insatisfechas y hay mucha pobreza entre la población residente”.

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La Candelaria: golpe al turismo

La localidad más tradicional de la capital presenta inconvenientes similares: pobreza oculta, intentos de saqueos a joyerías y demoras con las ayudas. No obstante, hay un tema más complejo: los turistas desaparecieron. “Hay pequeños comerciantes y artesanos que se dedican a la venta informal. Son personas que viven del turismo local y extranjero y en ocasiones pagan arriendos costosos, pero ahora no están recibiendo un peso”, aseguró la edilesa Ginna Quiroga.

En La Candelaria también se han visto algunas aglomeraciones, sobre todo en la entrega de mercados, y en algunos recorridos que aún se mantienen. Sin duda, en el centro el panorama cambió, pero hacen falta labores para evitar que los más vulnerables sientan que no tienen apoyo. Por ahora, el Distrito reguló el tema de los “pagadiarios” con un decreto, en el que establece faltas para quienes expulsen a los inquilinos, mientras que Integración Social adecuó cinco albergues, en Usme, Engativá, Ciudad Bolívar, Puente Aranda y Tunjuelito, en los que podrán pasar las noches los más vulnerables.

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