Un día antes de que los astronautas estadounidenses Richard E. Gordon, Charles Conrad y Alan L. Bean se embarcaran en la sexta misión tripulada del programa Apolo, el policía colombiano Pedro Pablo Baquero llegó hasta la base de la NASA en Cabo Cañaveral, Florida. Era un jueves de noviembre del año 1969 y el colombiano, atónito por la imponencia del edificio de Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos, apenas creía posible que él hubiera sido el escogido por el presidente Carlos Lleras Restrepo para estar presente en el lanzamiento del segundo cohete que iba a la Luna, el Apolo 12.
En ese entonces, Baquero, oriundo de Chipaque, Cundinamarca, trabajaba en el barrio Los Laches, uno de los más pobres de Bogotá, como policía de protección juvenil y gestor del programa de autoconstrucción del barrio. El oficial se había encargado de que los ciudadanos de Los Laches cambiaran sus casas de lata por cómodas viviendas hechas de ladrillo y teja.
Él fue quien realizó los trámites para que la Caja de Vivienda Popular subsidiara el proyecto, quien convenció a los habitantes del barrio de que ellos fueran los que construyeran sus propias casas y quien habló con el entonces capitán del Ejército Fernando Murillo León, para que le prestara sus hombres al barrio. Durante varios meses la población y los soldados trabajaron de la mano y, finalmente, el 12 de octubre de 1965 el alcalde Jorge Gaitán Cortés, en presencia del entonces candidato a la presidencia de la República Carlos Lleras Restrepo le entregó a 120 familias sus nuevos hogares.
Precisamente ese día el oficial Baquero conoció a Lleras, quien impresionado por su gestión social le prometió que algún día lo recompensaría por su entrega a la comunidad. La recompensa llegó pronto, una tarde de septiembre de 1969, mientras dictaba clase en el colegio Abraham Lincoln, institución que él mismo había fundado, cuando recibió un llamado de la Alcaldía Mayor. Apresurado, llegó hasta la Plaza de Bolívar y se entrevistó con el entonces alcalde Emilio Urrea, quien le preguntó: “Oficial Baquero, ¿está usted en disposición de viajar a los Estados Unidos a ver partir el Apolo 12?”. Acto seguido el policía le dijo: “Señor alcalde, acepto la misión”.
El 13 de noviembre de 1969, después de realizar su primer viaje en avión, Pedro Pablo Baquero, acompañado del alcalde Urrea, de Anadelia Pacheco, una vivandera de la Plaza del barrio 12 de Octubre de Bogotá, quien también fue escogida por su liderazgo, y de cuatro delegados más del gobierno colombiano, fueron recibidos por los funcionarios de la NASA. Esa mañana los investigadores les mostraron los talleres en donde se fabricaban los cohetes, las imágenes digitales del espacio, las naves utilizadas en misiones pasadas y hasta los dejaron subir al Apolo 11, el primer cohete que llegó a la Luna, lanzado unos meses atrás.
“Todo era blanco, blanquísimo. Había banderas de los Estados Unidos e imágenes de los planetas. También vimos los trajes antiguos de los astronautas. Hasta que fui a la NASA comencé a pensar en la posibilidad de que realmente existiera vida en otros planetas, que no éramos los únicos que habitábamos en el universo, que éramos una pequeña parte del mundo”, dice Pedro Pablo Baquero hoy, mientras mira las desgastadas fotografías que dan fe de que fue uno de los pocos colombianos testigos de la salida del Apolo 12.
Aquella tarde corría el rumor de que el vuelo del Apolo 12 iba a ser aplazado hasta diciembre debido a un escape de hidrógeno líquido que había sido descubierto por uno de los técnicos. Pese a las malas noticias, Baquero y los demás colombianos consiguieron el permiso para que los dejaran entrar al Apolo 12. Como si ellos fueran los astronautas que planeaban ser lanzados al espacio por 10 días, los funcionarios de la NASA los hicieron ingresar a una de las salas de abordaje, les pusieron cuidadosamente los trajes espaciales y les abrieron una de las cavidades de la gigantesca nave.
“El cohete parecía como un avión pero vertical. Había distintas cavidades. Vimos el lugar desde donde los astronautas iban a manejar el cohete, las cámaras que estaban conectadas a la estación de monitoreo y el lugar de descanso de cada uno de los integrantes de la tripulación. Esa fue la experiencia más linda de mi vida”, recuerda Baquero.
En la madrugada del 14 de noviembre de 1969 los técnicos reemplazaron el tanque de hidrógeno defectuoso del módulo de mando. Esa mañana los tres astronautas —Gordon, Conrad y Bean— estuvieron dedicados a realizar ejercicios de acrobacia aérea en la base Patrick de la Fuerza Aérea. Mientras tanto, Baquero se alistaba para ir a ver la nave que visitaría por segunda vez la Luna.
Hacia las nueve de la mañana comenzaron a llegar los testigos de la partida del Apolo 12. Baquero tuvo la oportunidad de dar un discurso en el que expresó el orgullo que sentía por aquellos hombres que iban a emprender la misión. De regalo les llevó a cada uno de los tripulantes un escudo de la Policía Nacional que aquella mañana puso sobre sus trajes.
A las 11:22 a.m. en punto, y sin importar la fuerte lluvia, la nave fue impulsada por el poderoso cohete Saturno-5. “Todo lo que se oía en ese momento era una cuenta regresiva en ingles, sonó el himno de Estados Unidos y después pareció como si hubiera ocurrido una explosión. A los pocos minutos la nave desapareció en el cielo”. Ésta ha sido la historia que Baquero le ha narrado cientos de veces a sus 60 nietos, 18 hijos y vecinos de Los Laches.
La misión del Apolo 12 era instalar una base científica de energía nuclear en la Luna para comenzar con la primera exploración del hombre en otro mundo. Como lo registró el sábado 15 de noviembre El Espectador: “Los astronautas “Conrad y Bean descenderán en la superficie selenita a primera hora del miércoles próximo e instalarán allí una base científica cuya energía provendrá de una planta nuclear, la primera instalada por el hombre fuera de su propio mundo. Mientras Conrad y Bean maniobran con su módulo lunar, al que han dado el nombre de ‘Intrepid’, Gordon permanecerá a bordo de la nave madre”.
Después del lanzamiento del Apolo 12, Baquero y los demás asistentes fueron llevados al centro de control desde donde pudieron ver las primeras imágenes de la misión. De lo que recuerda el oficial es que todos estaban extasiados y que el presidente Richard Nixon dijo en voz fuerte: “Me siento verdaderamente orgulloso de esos tres hombres que están allá en la altura”.
De regreso a casa
Cuando Baquero volvió al barrio todos lo recibieron como un héroe. Los más chicos no dejaban de preguntarle cómo eran las naves, los astronautas, los trajes y le pedían una y otra vez que les repitiera la historia de su aventura. Su casa se volvió el lugar más visitado, todos querían ver la réplica de juguete del Apolo 12 que le habían regalado en la NASA como recuerdo, y que al poco tiempo sus 18 hijos volvieron pedazos.
Después de cinco días de viaje el oficial llegó a Los Laches y consideró su misión cumplida. Había representado al país con el uniforme de la Policía Nacional siempre puesto. Hoy, a los 77 años, después de 39 de su viaje, y ya jubilado, la gente del barrio todavía lo recuerda como Don Pablo, el que conoció el Apolo 12. En su casa siempre hay un cohete, que él mismo construye cada año para llenarlo con pólvora y lanzarlo al espacio en la conmemoración de cada aniversario de su viaje a Estados Unidos, igual que hicieron en la NASA aquel 14 de noviembre de 1969.
Ayer su familia y amigos se desplazaron hasta Chipaque, el lugar en donde nació y conoció a su mujer, para celebrar los 39 años del lanzamiento del Apolo 12, los 59 de casado y los 408 de fundación de su pueblo natal. Dice que a veces sueña con ir a la Luna, con que el tiempo vuelva atrás y que aquel día, hoy lejano, en que fue testigo del lanzamiento del Apolo 12, no acabe nunca.
Así despegó el Apolo 12
“La tormenta que se desencadenó en la zona de Cabo Kennedy preocupó a las autoridades de la Dirección del Espacio durante toda la mañana, pero 14 minutos antes del momento previsto para el lanzamiento —las 11:22 a.m.— se anunció que el margen de seguridad imperante en la plataforma era satisfactorio, pese a la lluvia que caía en esos instantes.
El gigantesco cohete Saturno-5 comenzó a moverse lentamente a la hora indicada y con la enorme fuerza de sus 3.4 millones de kilogramos de presión aceleró la marcha para perderse en medio de los densos nubarrones oscuros. Repentinamente, sin embargo, se presentaron las dificultades y Conrad, comandante de la expedición, notificó la mala nueva. Horas más tarde la nave siguió su órbita. El miércoles 18 de noviembre (1969) llegó a la Luna”. (El Espectador)
La construcción de Los Laches
Al principio de la década de los 60, cientos de personas de escasos recursos llegaron a los cerros del centro de la ciudad a buscar refugio en la ciudad del cemento. Construyeron sus casas con latón y según lo registró la prensa de la época, Los Laches se convirtió en uno de los barrios más antihigiénicos de la ciudad. Para esa época llegó a trabajar al sector el policía Pedro Pablo Baquero. Él juntó a otros líderes del barrio y se puso en la tarea de buscar subsidios en la Caja de Vivienda Popular para comenzar a urbanizar el barrio.
Los militares se unieron a la causa, trabajaron con la comunidad en la construcción de las nuevas viviendas y para octubre del 65 la antigua zona de tugurios se convirtió en una nueva zona residencial. El 12 de octubre de 1965 se entregó un total de 120 casas.