Hemos hecho nuestras diversas herencias culturales locales y universales. Nosotros, hijos de esta caótica posmodernidad tercermundista, somos los nuevos bárbaros que invaden el mundo con un arma poderosa: la música.
Esta es la historia: el indio trajo su gaita, el negro sus tambores, el español sus versos, se pegaron tremenda borrachera y de ahí nació la cumbia, mestiza y bastarda. Mientras ocurre la matanza de las bananeras, los músicos transforman las bandas de guerra en orquestas de baile, Escalona construye una casa en el aire y Francisco el Hombre derrota al diablo. Luego vino el gran Joe Arroyo, que aprendió de Fruko, que aprendió de los Corraleros de Majagual, que aprendieron de Alejo Durán, que aprendió de Toño Fernández, que sabía muy bien de qué se trataba el asunto. Y nosotros aprendimos de todos ellos y nos comimos todo: afro-beat nigeriano, tropicalismo brasileño, dub jamaiquino, salsa, rock, funk, jazz, hip-hop. La música es una máquina del tiempo. De los ritmos de los tambores ancestrales, al sonido primigenio de las cantaoras, las estructuras musicales arcaicas se encuentran con los beats también circulares del loop electrónico.
A mediados de los 90, un grupo de amigos esquizofónicos, entre ellos Teto Ocampo y Richard Blair, nos encerramos en una finca con Carlos Vives para parir La tierra del olvido, un álbum que si bien es un éxito comercial, se hizo con toda la libertad de una producción independiente. Paralelamente a esto, nacieron otros dos proyectos que ayudan a construir las bases del actual paisaje sonoro colombiano: Bloque de Búsqueda y Sidestepper. Uno más roquero, el otro más electrónico. Son algo más de 15 años, pero me siento hablando de historia patria. Fue una explosión de creatividad que ha dejado sus huellas y marcó un rumbo.
Las nuevas propuestas florecen ahora en las manos de nuevas generaciones como ChocQuibTown, Bomba Estéreo, Systema Solar, Mojarra Eléctrica, Velandia y La tigra, Puerto Candelaria, la Distritofónica, junto con otras propuestas que hacen de la escena independiente colombiana una de las más vivas en la actualidad.
La electricidad se ha encontrado con los tambores y la calle. La legendaria Macondo se ha transformado en la cosmopolita Mcondo. La música está más viva que nunca.