En cinco años, el Distrito espera que 800 toneladas menos de desechos electrónicos sean enterradas en el relleno sanitario Doña Juana. Hoy en día, según cálculos de la Secretaría de Ambiente, la ciudad produce cada año cerca de 20 mil toneladas de este tipo de basura, de las cuales dos mil terminan bajo tierra en el relleno. Esto no sólo representa un problema ambiental, debido a la toxicidad de algunos componentes de estos aparatos, sino también un desperdicio de dinero, pues algunas de estas materias primas pueden reutilizarse, una operación que crea empleos y dividendos.
En cabeza de la Secretaría, y con el apoyo de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp, entidad encargada de supervisar el manejo de las basuras en la capital), la ciudad lanzó un programa para incrementar el reciclaje de aparatos electrónicos y eléctricos, una labor que hoy en día realizan a gran escala cuatro empresas autorizadas por el Distrito, además del gremio de recicladores. Actualmente, por iniciativa del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial existen puntos de entrega de baterías usadas de los teléfonos celulares.
Como toda iniciativa de carácter ambiental, los primeros pasos se dan en el terreno de la educación y la creación de conciencia. Por esto, el programa contempla que desde el primer trimestre de este año habrá, durante un fin de semana cada mes, seis puntos en almacenes de grandes superficies para la entrega de aparatos electrónicos y eléctricos en desuso, según Octavio Reyes, subdirector de recurso hídrico y suelo de la Secretaría. La disposición de estos elementos estará a cargo de dos de las empresas que se encargan del tema en la ciudad: Lito S.A. y Gaia Vitare Ltda.
Gaia Vitare, cuya planta, inaugurada en 2006, queda en la localidad de Fontibón, se encarga de la disposición adecuada de los residuos electrónicos, principalmente del sector corporativo. Todo elemento que ingresa a la línea de producción es destruido y los materiales que se pueden aprovechar, en su mayoría una combinación de algunos metales y plásticos, se reutilizan; lo demás es descartado, explica Adriana Moreno, coordinadora ambiental de Gaia Vitare. La empresa, que abrió una sede en México en 2008, asegura ser la primera en hacer presencia en este ramo de servicios en el exterior.
Reyes explica que el programa de manejo de residuos electrónicos tiene como modelo el que funciona actualmente para el reaprovechamiento de aceites, que a cinco años de su implementación ha ampliado el número de empresas que se dedican a esta labor (18 hoy en día) y que maneja cerca del 60% de estos desechos en una ciudad que espera tener, en los próximos 10 años, más de tres millones de vehículos.
Uno de los objetivos primordiales del programa es fortalecer la cadena de gestión de los residuos electrónicos, una tarea que incluye la creación de más empresas y la capacitación de personal, así como la inversión en tecnología e investigación para lograr un mejor aprovechamiento. Este punto es fundamental para Nohora Padilla, líder nacional del gremio de recicladores, quien asegura que “Bogotá es una ciudad que no ha avanzado mucho en el desarrollo de ciencia y tecnología para el reciclaje. La Administración tiene que invertir en investigación de nuevos procesos porque no puede dejar todo a la voluntad libre del mercado. Acá hay unas cadenas muy convencionales del aprovechamiento de estos recursos, que benefician a las grandes empresas”. Padilla asegura que 5% del total del material que llega a las bodegas de los recicladores corresponde a partes de equipos eléctricos y electrónicos.
En países como Estados Unidos una sola empresa puede tener hasta 15 plantas de gran tamaño, distribuidas en varias ciudades, en donde se reciben desde casetes de audio hasta discos duros, pasando por adaptadores de video y cámaras digitales. Incluso hay empresas que se dedican a comprar la tecnología en desuso para, a su vez, revenderla a las plantas que realizan disposición final.