Mientras la industrialización gana terreno, en su camino agota los pocos recursos que nos quedan. ¿Qué pasaría si hoy fuera el día cuando no quedaran ríos limpios? ¿Habrá un lugar secreto del que se pudiera sacar agua para sobrevivir?
Tal vez para muchos no sea desconocido que el mundo entero cuenta con aguas subterráneas desde hace millones de años. Tal vez otros nunca lo imaginaron. Debajo de la sabana de Bogotá existen acuíferos, que son formaciones geológicas, como depósitos subterráneos, que permiten la circulación del agua por sus poros y grietas. Entre estas formaciones se encuentran materiales como gravas de río, calizas agrietadas, areniscas porosas poco cementadas, arenas de playa y algunas formaciones volcánicas. Este material permite que en algunas partes haya más agua que en otras por su permeabilidad.
La historia
Según cuentan los expertos, la forma de obtener agua subterránea data de hace casi 150 años. Los primeros habitantes de la sabana de Bogotá, al necesitar agua para consumo y riego de sus tierras, y al estar alejados de los ríos y quebradas, comenzaron a excavar a mano. Estos aljibes tenían una profundidad de casi diez metros. Ya con la ola de la industrialización, especialmente con los floricultivos, la explotación de aguas subterráneas comenzó a hacerse más continua.
“En 1950 llegaron al país dos científicos alemanes: el profesor Diseman y Enrique Hoobak. Ellos hicieron los primeros estudios sobre la posibilidad de sacar agua subterránea de la sabana de Bogotá y allí comenzó todo”, cuenta Mario Valencia, Presidente de la Asociación Colombiana de Hidrogeólogos.
Según Valencia, desde ese momento comenzaron a desarrollarse programas agroindustriales en la sabana. Surgió entonces la idea de sacar agua del río Bogotá. “Pero al tener una corriente de agua tan dispersa que no cubre la sabana sino que pasa por los laditos, entonces ¿quien está lejos qué hace?”. En ese momento surgieron las primeras ideas y se creó el Servicio Geológico Nacional (actualmente Ingeominas). Esta institución, junto con los científicos alemanes, comenzó a trabajar en el tema.
Pero, ¿cuántos acuíferos habrá debajo de la sabana de Bogotá y cuánta agua almacenan? Según los estudios de hidrogeología hay tres clases de acuíferos: el cuaternario, o formación sabana; el terciario, también conocido como Guaduas y el cretáceo, o Guadalupe. Todos se encuentran uno debajo del otro, mezclados con capas de arcilla y arena. “En este momento el acuífero más importante es el Guadalupe. Ahora, en cálculos de volúmenes es difícil determinar. Unos hablan de 10 mil millones de metros cúbicos, otros de 20 mil, algunos más de 40 mil”, afirma Jamer Zúñiga, geólogo bogotano con maestría en ingeniería civil.
¿Quiénes y cómo la obtienen?
Debido a la expansión de los floricultivos, que en la década del 70 asentaron sus industrias en Bogotá, el agua subterránea fue la más indicada para suplir la demanda del precioso líquido. Asimismo, los municipios que no cuentan con servicio de alcantarillado también hacen uso de ella. Para poder perforar un pozo el dueño del predio debe pasar por un proceso que puede tardar varios días, en el cual solicita la adjudicación de licencias, bien sea ante la Secretaría de Ambiente para perforar en Bogotá, o la CAR para los municipios de la sabana de Bogotá.
Con maquinarias de más de 500 mil dólares se hacen perforaciones en la tierra para obtener agua. Y es tan sólo en cuestión de dos o tres días que se perfora un pozo, de acuerdo con las necesidades de consumo.
Otros consumidores son las empresas embotelladoras, los lavaderos de carros y las estaciones de servicio antiguas. Estas últimas contaminan silenciosamente el subsuelo debido a la corrosión de los tanques subterráneos en donde almacenan el combustible. Con el paso del tiempo las gotas de óxido caen a la tierra y llegan a los acuíferos.
La ilegalidad
Como en tantas otras cosas hay quienes quieren sacar ventaja evadiendo responsabilidades. Por eso, en un fin de semana, cuando los funcionarios de las entidades ambientales no trabajan, hay personajes que se reúnen en una zona alejada de la vista de los curiosos y pintan de verde toda la maquinaria. En un par de días terminan el trabajo de perforación.
La Secretaría Distrital de Ambiente, por medio de la Oficina de Control de Calidad y Uso del Agua, controla diariamente la proliferación de pozos ilegales, que en el lenguaje oficial se denomina: pendientes de actuación. “Los profesionales hacen un seguimiento constante a industrias, establecimientos, empresas, lavado de vehículos, estaciones de servicio y también atendemos las denuncias que llegan de la comunidad”, dice una voz de la Secretaría.
Por su parte la CAR, a pesar de hacer estudios de monitoreo, no cuenta con el personal necesario para el manejo de este tema. “Especialistas somos pocos. El Estado no tiene la capacidad suficiente para manejar el tema”, afirma Rómulo Camacho, quien pertenece a la subdirección de recursos naturales.
Hay quienes dicen que los estudios realizados por las entidades ambientales no son los más confiables, ni tampoco la tecnología con que los realizan. Según César Rodríguez, director de la maestría en hidrología de la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional, “algunos estudios están basados en una inadecuada conceptualización del subsuelo”. La Secretaría de Ambiente responde: “No es que los datos no sean confiables, el modelo que tenemos se está mejorando y perfeccionando”.
Abastecimiento
¿Cómo se puede recuperar el agua extraída de las explotaciones? Por medio de recargas naturales y artificiales. La primera corresponde a la lluvia, sin embargo, queda la pregunta: ¿cuánto tardaría el agua en llegar hasta los acuíferos, enterrados en las profundidades del subsuelo? “No es cierto que se necesiten miles de millones de años para abastecer de nuevo las aguas subterráneas, porque cuando llueve esta agua va empujando y todos los años se va recargando” afirma Rodríguez.
Ahora, ¿este recurso se puede acabar en algún momento? “En el norte de la sabana de Bogotá se ha encontrado un descenso de cinco metros. Entonces, lo que sí se evidencia es que en la región el nivel del acuífero cuaternario está bajando”, explica el hidrólogo Jamer Zúñiga.
Mario Valencia coincide con esta opinión y asegura que el recurso debe administrarse mejor, ya que si la demanda sigue creciendo no habrá cómo abastecer de agua al mundo. “¿Qué le vamos a dejar a las generaciones futuras si se sigue explotando de esta manera”, se pregunta Valencia.
Lo cierto es que la misma necesidad del hombre por abastecerse de agua en lugares a donde no llegan la redes de acueducto, y la expansión incontrolable de la industria, ha generado que la sobre explotación del agua subterránea sea algo normal, un hecho peligrosamente cotidiano. Lo inquietante es que, a pesar de la alta calidad de esta agua (sólo algunos residuos de hierro o sales propias de la tierra la contaminan), sean unos pocos los que la administren. Debido a los altos costos de explotación de un pozo —un millón de pesos por metro perforado—, sólo unas pocas grandes empresas tienen el músculo financiero necesario para poder hacer uso de estas reservas hídricas.
El presente, con un panorama en donde la escasez aún es un término lejano, una catástrofe futura, permite utilizar el recurso a nuestro antojo. Pero, ¿Cómo serán los días por venir cuando el agua sea un bien codiciado por su rareza?
La posición del Acueducto y Alcantarillado de Bogotá
Desde el año 2000 el Acueducto ha trabajado en el estudio de abastecimiento sostenible de agua para Bogotá a través de la agencia japonesa JICA. Con esta firma se han buscado alternativas de emergencia frente a un sismo o algún evento de gran magnitud. Una de ellas es el Plan Maestro de Expansión del Sistema de Abastecimiento. Este estudio cubre toda la sabana de Bogotá. Ya han identificado 62 pozos en los cerros orientales de Bogotá, Ciudad Bolívar y Soacha que producen más de 1,5 metros cúbicos por segundo. En una segunda fase se calculan costos reales de tratamiento de aguas subterráneas. Pero, ¿cuáles son los puntos clave del plan maestro? ¿Cuáles son las medidas que se implementarán en caso de emergencia? ¿Los datos suministrados por la agencia japonesa son confiables? El Acueducto no se refirió al respecto.