Bogotá es una de las ciudades más densas del planeta, con 21.276 habitantes por kilómetro cuadrado, según el más reciente estudio de la Secretaría de Planeación. Los datos varían según la fuente, pero la capital aparece consistentemente entre los 10 primeros lugares en este tema, incluso por encima de Shangái, uno de los mayores centros urbanos de China, a su vez el país más poblado del planeta.
Sin embargo, las condiciones de densificación de Bogotá distan mucho de aquellas del corazón financiero del país asiático, en donde priman los rascacielos de oficinas y viviendas. En la capital, la vasta mayoría de la población, que hoy está por encima de los siete millones de habitantes, habita viviendas de no más de tres pisos. ¿Qué quiere decir esto? Que la ciudad se ha expandido en los últimos años sobre grandes extensiones de terreno, utilizando el suelo disponible para urbanizar a un ritmo desmedido. “Desde 1993 la ciudad ha ido consumiendo su área libre. Hoy tiene apenas cuatro mil hectáreas para este fin”, asegura Jorge León Téllez, director de estudios macro de la Secretaría.
De acuerdo con el estudio, Bosa, Kennedy, Rafael Uribe Uribe, San Cristóbal y Engativá son las localidades más densamente pobladas, con un promedio de entre 239 mil y 294 mil habitantes por hectárea. Otro de los datos que confirma la investigación es que la capital, a pesar de la inversión en temas sociales de los últimos gobiernos distritales, continúa siendo una ciudad enormemente segregada. Los habitantes más pobres siguen asentándose en las periferias, lejos de los centros de empleo, y en condiciones precarias. Varias zonas de Kennedy y Suba cuentan con menos de 10% de área privada libre y en Patio Bonito, Bosa, Suba occidental o Ciudad Bolívar el hacinamiento ha aumentado; esta última localidad concentra la mayor tasa de hacinamiento, con 9,1%. Entre 2003 y 2007 este indicador creció únicamente en Usaquén y bajó en Bosa y Tunjuelito.
¿Qué hacer con esta información? “Tenemos que buscar esquemas viables de renovación urbana”, afirma León. La renovación urbana es la estrategia que la ciudad persigue, al menos desde el papel, para redensificar ciertas zonas. Uno de los grandes problemas que tiene hoy Bogotá es que una inmensa cantidad de ciudadanos desea llegar a lo que se conoce como el centro expandido (un área que abarca el Centro Histórico y que sobre la séptima y la Avenida Caracas se extiende, más o menos, hasta un poco más allá de la calle 82). El resultado es el caos en movilidad de todos los días. El espíritu de repoblar el centro de la capital es que más personas vivan a cortas distancias de sus sitios de trabajo, lo que a su vez le quita carga a Transmilenio y a las congestionadas vías. Además, esta estrategia busca elevar el valor de los terrenos y devolverles la vida a sectores que han sido prácticamente abandonados como lugares residenciales.
De la misma forma, la renovación urbana permitiría solucionar, al menos en una buena proporción, el déficit de suelo para nuevas viviendas y así reducir la presión urbanística que hay sobre zonas de reserva o sobre la sabana de Bogotá, un área altamente codiciada por los constructores y que representa el terreno de batalla de los próximos años entre la urbanización desmedida y la conservación ecológica y agrícola.
Sin embargo, esta estrategia plantea serios retos a futuro para la ciudad, ya que típicamente este plan se aplica en zonas antiguas, por lo que la inversión en modernización de redes de servicios públicos suele ser elevada. Además, es necesario poner al día las normas urbanas que permitan la renovación y este tal vez sea el mayor problema, pues la discusión tiene que comenzar por el tipo de densidad que necesita Bogotá: de gran o mediana altura, con qué espacios públicos, con cuáles vías y sistemas masivos de transporte, en dónde. En últimas, el debate sobre la densidad es, en el fondo, el del futuro de una ciudad que busca expandirse, pero que debe hacerlo sosteniblemente y con mejores condiciones para sus habitantes.