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El Rosal, el de menor abstención

Siete de cada 10 habitantes salieron a votar. Cundinamarca, el segundo departamento del país con mayor participación.

29 de mayo de 2014 - 10:00 p. m.
Mario Restrepo, de 72 años, fue uno de los rosalunos que destacaron la importancia de ejercer su derecho al voto. / Liz Durán
Foto: Liz Duran
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Sin lugar a dudas, la abstención fue protagonista de la jornada electoral del pasado domingo. Según la Registraduría, el 60% de las personas con opción de votar no lo hicieron. Sin embargo, el municipio de El Rosal (Cundinamarca) fue ejemplo en el país al registrar la menor tasa de abstención. De 12.280 potenciales sufragantes, 8.138 cumplieron la cita con la democracia, lo que indica que hubo una participación electoral del 66,3% y una abstención del 33,7%. En términos simples, al menos siete de cada 10 personas votaron.

Al igual que El Rosal hay otros cuatro municipios que sorprendieron por su compromiso con la democracia y en donde la participación superó el 60%. Se trata de Bojacá, Sopó, Tocancipá y Subachoque. Marco Tulio Marín, de 56 años, fue uno de los rosalunos que cumplieron la cita y no vaciló en señalar que su mayor motivación fue la democracia: “Si uno no vota, qué va a exigirle a un político (…) eso es la democracia. A veces gana o pierde el candidato que uno apoya, pero lo importante es participar”.

Por los resultados en las urnas se podría decir que El Rosal es un municipio conservador. El ganador fue el candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, quien obtuvo 3.488 votos (49%), seguido por Marta Lucía Ramírez, quien logró 1.864 (24%). Paradójicamente, los resultados contrastan con una valla instalada en la entrada del pueblo, alusiva a un proyecto de alcantarillado construido con el apoyo del gobierno de Juan Manuel Santos, quien obtuvo apenas 923 votos (11,9%).

Pueden ser muchas las razones que motivaron a los rosalunos para cumplir la cita electoral, como elegir un candidato que se ajuste a sus necesidades o acceder a los beneficios que se desprenden del voto: mediodía de descanso remunerado, privilegios en la adjudicación de becas educativas y subsidios de vivienda, y hasta rebajas en el tiempo de prestación del servicio militar obligatorio.

Uno de esos beneficios, acceder a subsidios de vivienda, fue el que llevó a Julio Ernesto Duarte a votar. “Lo hice más por el papelito que me dieron, que por un candidato, porque no hay de dónde escoger. El certificado es uno de los papeles que nos piden para poder acceder a auxilios de vivienda y yo aspiro a tener algún día mi casa”.

El caso de El Rosal no es fortuito, como lo demuestran los comicios para elegir alcalde en 2011, cuando la participación llegó al 78%, o las pasadas elecciones al Congreso, cuando fue casi del 60%. De igual forma, esta tendencia parece estar ligada a la disciplina electoral de Cundinamarca, donde 86 de los 116 municipios tuvieron un promedio de participación superior al del resto del país. El promedio nacional de abstención fue del 60%, pero en el departamento fue del 49%, siendo el segundo con la menor tasa, superado sólo por Casanare (47%).

Este éxito electoral, de acuerdo con el alcalde de El Rosal, Luis Jaime Forero, se debe a la madurez política que ha alcanzado la población y tiene su origen en una educación en ciudadanía desde diferentes escenarios en los que se promueven la democracia y el derecho a elegir. “Históricamente, los rosalunos nos hemos caracterizado por la ‘euforia democrática’. Hemos impulsado su importancia, enfatizando las ideas y las propuestas. Eso nos ha permitido madurar políticamente para saber que el voto fortalece la democracia”, agregó el alcalde.

A pesar de esto, las 4.142 personas que dejaron de votar tuvieron sus razones. Diana López, de 23 años, fue una de ellas. “No voté, porque no creo en la política ni en las mismas falsas promesas que siempre le hacen al país. Ningún candidato me llamó la atención, siempre hablan de lo mismo y cuando suben no se acuerdan de eso. Por eso no voto”, explicó.

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Otra es la historia de Mario Restrepo, de 72 años, para quien el voto es tradición y herramienta para exigir el cumplimiento de sus derechos. “Voté por la seguridad, porque me parece primordial. El pueblo ha sido invadido por la drogadicción y delincuentes que, incluso, se están robando el ganado. Voté porque quiero un mejor pueblo”, puntualizó.

Ahora, El Rosal se prepara para la segunda vuelta presidencial. Si su disciplina y la tendencia se mantienen, esta comunidad saldrá de nuevo a votar masivamente, ya que entiende que ejercer el derecho a elegir es mucho mejor que abstenerse, para luego no estar como muchos: quejándose y sin posibilidad de reclamar.

 

jgonzalez@elespectador.com

@Currinche

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