Las elecciones legislativas no pasaron inadvertidas en las campañas para la votación de la revocatoria del mandato de Gustavo Petro. Los votos que consiguió el uribismo en la capital, los resultados de la izquierda, la abstención marcada, los problemas de gobernabilidad y la proximidad de los comicios presidenciales marcaron una semana con movimientos políticos que trascenderán en lo nacional. En las toldas del No, las del petrismo, nueve congresistas recién electos se sumaron a la defensa del alcalde, mientras en el Sí, que hasta hace poco tenía tres focos de campaña diferentes, el mensaje fue la unidad.
En lo judicial, el alcalde está igual que en la semana previa a las elecciones: sigue en ascuas. Aún no se sabe cuál será el sentido de la decisión del Consejo de Estado sobre un grupo de tutelas que, por ahora, suspenden la destitución que le impuso la Procuraduría en diciembre pasado. Las esperanzas del gobierno progresista están concentradas en que la decisión del alto tribunal le sea favorable, aunque parezca improbable; y, sobre todo, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que podría, o no, otorgar medidas cautelares a Petro para protegerlo frente a la sanción que le impuso el organismo de control.
En lo político, el panorama de la capital sí es muy distinto. El fin de semana previo a las elecciones al Congreso se advertía la aspiración de la Unidad Nacional del presidente Juan Manuel Santos de congraciarse con el electorado bogotano mediante la firma del “Pacto de Bogotá”, un documento pactado por Cambio Radical y los partidos Liberal y el de la U, en el que la campaña de reelección asumía la responsabilidad de sacar de la crisis a la ciudad. Pero en los comicios, ese electorado no respondió positivamente a ese mensaje. El Partido de la U, que en la legislatura 2010-2014 tenía siete curules en la Cámara de Representantes por Bogotá, fue derrotado.
El Centro Democrático de Álvaro Uribe le quitó cinco escaños a la U, que se quedó sólo con dos. El expresidente, y ahora senador electo, destacó la votación de su joven movimiento en la capital. Así lo replicaron líderes como Carlos Holmes y el mismo Francisco Santos, que, después de perder en su lucha por quedarse con la candidatura uribista a la Presidencia, se concentró en promover el Sí en la revocatoria. Para Santos, que el uribismo haya sacado 317.898 votos a la Cámara, casi triplicando la marca del liberalismo o de los verdes, garantiza que la revocatoria que se votará el próximo 6 de abril pase el umbral del 1’200.000 votos que se necesitan para que sea válida.
“Es que no se trata sólo de los votos que logró el Centro Democrático. Si sumamos lo que obtuvieron para la Cámara partidos que tienen facciones a favor de la revocatoria como Cambio Radical, la U, el movimiento MIRA y el conservatismo, sin duda, lograremos una mayoría abrumadora. Estamos hablando de más de 900.000 votos que se convirtieron en una fuerza que se opone al populismo de Gustavo Petro”, dijo Santos. Además, advierte que gran parte del electorado, al ver que él estaba liderando la revocatoria, asumió que el voto por el Centro Democrático era contra “el modelo Petro”.
Incluso, dentro de las líneas de la campaña por el Sí, hay quienes dicen que los buenos resultados de Uribe en Bogotá fueron un impulso para la unidad. Esta semana Miguel Gómez, el recolector de firmas; Clara Sandoval, representante de gran parte del cristianismo en la capital, y el mismo Pacho Santos, los tres líderes más significativos de la campaña a favor de la revocatoria, dieron una rueda de prensa conjunta en la que acusaron a Petro, con un par de documentos en mano, de favorecer a los corruptos con contratos del Instituto de Desarrollo Urbano.
Si bien la sustancia del acto, las denuncias de corrupción, terminó siendo desmentida con creces por el gobierno distrital, el fondo del asunto era un mensaje político de unidad que se soportó en las elecciones legislativas. “Estamos trabajando juntos por un bien común, que es la salida de Gustavo Petro de la Alcaldía. No somos un solo proyecto político, pero sí creo que la votación de Uribe marca un antes y un después. Lo primero que marca es que la gente no está con el alcalde como él pensaba y se ufanaba en la plaza pública. Lo otro que se probó es que los votantes no le creen a Petro cuando se defiende atacando a otros y no con su obra de gobierno”, dice Sandoval.
Por los lados del No, los resultados de Uribe tampoco pasaron inadvertidos. El pasado miércoles, el mismo Gustavo Petro sostuvo reuniones con parlamentarios recién electos del Polo Democrático y de la Alianza Verde. No eran sus alfiles en las elecciones, pues, desde un principio, pese a que sus principales defensores se inscribieron por las listas verdes, el mandatario tomó distancia de los comicios. Sin embargo, el producto de esos encuentros fueron una fotos en las que, explícitamente, nueve congresistas se matricularon con el No.
“No nos preocupa la votación de Uribe en Bogotá. Cualquier campaña presidencial o proyecto político que respalde la injusticia y el atentado contra la democracia que se construyó alrededor del alcalde saldrá derrotado. Pero si usted suma las votaciones de los congresistas que nos apoyaron igualan a las de Uribe. Nosotros sabemos que la gente que votó por ellos nos apoyará el 6 de abril”, le dijo a este diario Guillermo Alfonso Jaramillo, el exsecretario de Gobierno que hoy lidera el comité por el No en la revocatoria.
A partir de las palabras de Jaramillo queda claro que, de parte del petrismo, se mantiene el interés en mezclar los escenarios jurídico y político. Para ellos la destitución y la inhabilidad que la Procuraduría le impuso al alcalde y el proceso de revocatoria son las etapas finales de un complot urdido por sectores de derecha que pretenden “sacar de la carrera política a Petro antes de que se les crezca lo suficiente como para ser presidente”, sostiene Jaramillo. Aunque no todos los que se tomaron la foto con el alcalde están de acuerdo con esa tesis, como la senadora electa Claudia López, que dice que el interés de esa reunión fue “defender el derecho del alcalde a que sean los ciudadanos los que decidan en las urnas si se debe ir o debe continuar en la Alcaldía”.
Sin embargo, El Espectador estableció, por testimonios de algunos de los asistentes a esas reuniones, que el interés de dichos encuentros no fue sólo sentar posición de cara a la revocatoria. Ahora, el alcalde y los parlamentarios tienen sobre la mesa la posibilidad de crear un “frente amplio democrático” que aglutine a la mayoría de las fuerzas de izquierda del momento político. Un escuadrón de parlamentarios que sea ambicioso en cuanto a reformas que faciliten el camino de la paz y que satisfagan las demandas que ni la Unidad Nacional ni el uribismo han sabido concretar en la última década.
Un frente que, si se concreta, tendrá como primer reto ganar la revocatoria para enviar el mensaje de que el electorado, el poder constituyente primario, defiende la posibilidad de que Petro se quede hasta el último día de 2015 en el Palacio Liévano. Un escenario difícil, pues, si en las legislativas hubo una abstención cercana al 65%, en la revocatoria ese porcentaje puede ser mayor. Además, ese proyecto de unidad deberá contar con el aval de las mayorías de los verdes y del Polo, cosa que parece difícil en la eterna guerra de egos y rencores de la izquierda en Colombia.
A tres semanas de que se vote la revocatoria, la tendencia política que marcaron las legislativas dictaría que Petro será derrotado. Pero en Bogotá, como advierten los analistas, hay un electorado “rebelde e impredecible”. Ambos sectores se la juegan por el favor popular. Para ello tienen dos monstruos políticos que han marcado la agenda nacional por lo menos durante los últimos tres lustros: Uribe y Petro. En el entretanto, la Unidad Nacional, la del presidente Santos, no entra en esa guerra de posiciones sobre la cual, tarde o temprano, tendrá que opinar.
Sin soluciones para Transmilenio
Después de las protestas que se presentaron en diferentes portales de Transmilenio por los inconvenientes que se venían presentando en el servicio, el Distrito anunció que estudiaba la ampliación del corredor de la autopista Norte y la avenida Caracas con la incorporación de un tercer carril. Sin embargo, el alcalde Gustavo Petro reversó la medida justo siete horas después de que la Contraloría de Bogotá advirtiera que un tercer carril no es viable.
El ente de control sustentó su advertencia en un estudio contratado por el Distrito en 2011, que señalaba que el problema radica en la falta de capacidad de las estaciones y no en las vías. El estudio, que costó $94’626.250, fue realizado por la firma Steer Davies Gleave. Aún no está claro cuál es el plan del Distrito para Transmilenio. Este viernes el secretario de Movilidad, Rafael Rodríguez, le dijo a Noticias Caracol que “en la avenida Caracas no se descarta la utilización de los carriles mixtos, pero no por ahora, porque tenemos una labor de mantenimiento que tenemos que ver, como la reconstrucción de losas de Transmilenio”.