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En fotos: La arena en Bogotá donde las mujeres mantienen viva la lucha libre

En el corazón del barrio Policarpa, la lucha libre es protagonista con rostro de mujer. Detrás de las máscaras, brillos y acrobacias hay madres y jóvenes que en el ring hallaron un espacio donde no hay miedo. Así es un entrenamiento en una de las arenas más antiguas de Bogotá.

14 de junio de 2026 - 12:00 p. m.
Cuando la ciudad está a punto de apagarse y miles regresan a casa, los martes en la noche, en el barrio Policarpa Salavarrieta, localidad Antonio Nariño, se encienden las luces de la Arena, en la Casa Cultural Luis Morales, para darles paso a las máscaras, el performance y el ímpetu de tres mujeres que vieron en la lucha libre una forma de canalizar sus realidades. Aquí Liz, practicando uno de los movimientos.
Mauricio Alvarado Lozada
Solo Lizeth tiene el rostro descubierto, pues su segunda piel son un par de baletas de ballet para entrenar, un surrealismo entre lo delicado y agresivo.
Mauricio Alvarado
Detrás de la máscara roja con estrellas está la Teacher, de 43 años. Ella es esposa, mamá, abuela y fue profesora de preescolar. De ahí el nombre de su personaje. “Piso el ring y soy luchadora. Me olvido de los problemas y tristezas”.
Mauricio Alvarado Lozada
Lunaria, una publicista de 32 años, quien recuerda que junto a su familia veían la lucha libre mexicana. De ahí su gusto por este deporte.
Mauricio Alvarado Lozada
Liz tuvo una mala caída, y aunque el golpe parece serio, se reincorpora y sigue. Su persistencia parece impulsada por el espíritu de las mujeres que hace 60 años fundaron el barrio Policarpa.
Mauricio Alvarado Lozada
El escenario es un ring de 5x5, el cual, aunque parece modesto, se siente sagrado. ¿Y cómo no? Por allí pasaron grandes figuras de un deporte glorioso, donde hubo sudor, gritos y coreografías
Mauricio Alvarado Lozada
En el grupo hay mujeres, a quienes les permitió entrenar gratis, reconociendo que a “puños” y “patadas” se ganaron un espacio en este deporte tan masculinizado.
Mauricio Alvarado Lozada
Ese día la lucha libre se sentía más viva que nunca. Liz, Lunaria y la Teacher comparten el sueño de seguir preparándose para, al menos una vez, presentarse ante un público poco acostumbrado a ver mujeres en el cuadrilátero.
Mauricio Alvarado Lozada
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Cuando la ciudad está a punto de apagarse y miles regresan a casa, los martes en la noche, en el barrio Policarpa Salavarrieta, localidad Antonio Nariño, se encienden las luces de la Arena, en la Casa Cultural Luis Morales, para darles paso a las máscaras, el performance y el ímpetu de tres mujeres que vieron en la lucha libre una forma de canalizar sus realidades. Allí el escenario es un ring de 5×5, el cual, aunque parece modesto, se siente sagrado.

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