Cuando la ciudad está a punto de apagarse y miles regresan a casa, los martes en la noche, en el barrio Policarpa Salavarrieta, localidad Antonio Nariño, se encienden las luces de la Arena, en la Casa Cultural Luis Morales, para darles paso a las máscaras, el performance y el ímpetu de tres mujeres que vieron en la lucha libre una forma de canalizar sus realidades. Allí el escenario es un ring de 5×5, el cual, aunque parece modesto, se siente sagrado.
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