Durante los últimos cuatro meses el fútbol bogotano ha dejado tres muertos. Según los hinchas de los dos equipos capitalinos, son muchas más las víctimas, pero no son reportadas por los medios de comunicación. Semana tras semana los seguidores, los directivos de la Dimayor, los funcionarios del Distrito y la Policía han reiterado un compromiso de paz y goles. Sin embargo, la violencia no cesa. Por el contrario, cada día crece.
La lista de víctimas fatales recuerda que el 23 de junio, John Alexánder Cristancho, alias El Enano, fue atacado con un arma blanca a la salida de un encuentro entre Santa Fe y América, y murió en la Clínica Palermo horas después. Y que Ronald Alexánder Cantor, un ayudante de bus que transportaba aficionados del Santa Fe fue agredido por seguidores del América a la salida del estadio Pascual Guerrero, en Cali.
Las noticias de muertes, sangre y supuesta pasión por el fútbol llenan los periódicos. Los familiares de las víctimas lloran, se lamentan, exigen investigaciones y culpan a la Policía. Nada cambia. “Exigimos que Medicina Legal investigue el cadáver, porque en la clínica dicen que mi hermano falleció por muerte natural y sus amigos dicen otra cosa”, decía ayer Yiseth Bohórquez, hermana de Henry Andrés Bohórquez, la última víctima de la incontrolable pasión de los jóvenes por el fútbol.
En la tarde del sábado pasado, antes de que comenzara el clásico Santa Fe-Millonarios, Bohórquez murió a las afueras del estadio El Campín. Los hinchas que se encontraban cerca del joven aseguraron que todo fue resultado de una golpiza por parte de la Fuerza Pública, mientras que el general Rodolfo Palomino, comandante de la Policía Metropolitana, aseguró que lo que causó su muerte fue un ataque cardíaco. “Claro, si después de una tunda de palo que se muera es normal”, como cantaba Rubén Blades. Ese mismo día los seguidores de Santa Fe destruyeron cerca de 754 sillas, según dicen algunos de los líderes de la barra, porque Goles en Paz les incumplió un acuerdo. “Dijeron que iban a sancionar a los de Millonarios durante cuatro fechas por haber dañado la silletería hace 20 días en el partido contra Cúcuta, pero luego les rebajaron la sanción a solo una fecha. Nos están cambiando las reglas del juego”, aseguró un líder del equipo albirrojo.
Los daños fueron estimados en 37 millones de pesos, los que tendrán que pagar antes del viernes las directivas del Santa Fe. El hecho prendió las alarmas del Distrito y ayer, a primera hora, el alcalde Samuel Moreno, junto con José Tapias, director del IDRD, se reunieron con el padre Alirio López, director de Goles en Paz; Ramón Jesurún, presidente de la Dimayor; Juan Carlos López, presidente de Millonarios y Armando Farfán; presidente de Santa Fe, para tomar medidas al respecto. Los primeros rumores de dicha reunión, que se realizó a puerta cerrada, indicaban que el padre Alirio había presentado su carta de renuncia cansado por la interminable violencia en el estadio, petición que no fue aceptada por el Alcalde.
Jesurún fue enfático en decir que se debía judicializar a los responsables de los daños en el estadio. Farfán anunció el cierre indefinido en la tribuna sur y pidió la carnetización de los hinchas. “O se comportan o no entran al estadio”, dijo. Por su parte, López propuso que se les quitaran los espaldares a las sillas que se habían puesto por reglamentación. Pasado el mediodía el alcalde Samuel Moreno anunció que por la tarde el director del IDRD pondría la denuncia sobre los hechos ocurridos en el estadio para así comenzar con el proceso de judicialización individualizada de los responsables.
Mientras transcurría la reunión, la familia de Henry Andrés Bohórquez seguía pidiendo claridad sobre las causas de la muerte del joven. Aunque Medicina Legal todavía no se ha pronunciado al respecto, Bohórquez ya pasó a ser parte de la lista de las víctimas fatales del fútbol en la capital.
Medidas para recordar
En el año de 1985, durante la final de la Liga de Campeones que enfrentó a la Juventus de Turín y al Liverpooll de Inglaterra, murieron 39 aficionados por disturbios varios en las tribunas del estadio de Heysell, Bruselas. La noticia enlutó al fútbol y a Europa. Las autoridades tomaron medidas de inmediato. La primera ministra británica, Margareth Tatcher, sancionó a todos los equipos ingleses con cinco años de ausencia de cualquier tipo de competencia internacional y al Liverpool, con 10. Las víctimas fueron indemnizadas y los hinchas del cuadro inglés judicializados y enviados a prisión. El fenómeno de los “hooligans” fue desapareciendo.