Por una bala perdida murió Ayda Marcela Segura, de 16 años. Cuando salía de clases un hombre perseguía a un delincuente a punta de disparos. “El callejón de la muerte”, al lado del colegio Los Alpes, fue el escenario donde ocurrió la tragedia los primeros días de junio.
Una semana después pereció Laura Andrea Triana, de 14 años, mientras la Policía cruzaba fuego con tres delincuentes que acababan de robar un local de chance en el barrio Álamos.
La más reciente víctima fue Álex Guiza Quiroga, de 11 años. Mientras observaba un partido de fútbol el pasado viernes, un hombre –’José’, según los vecinos–, accionó su pistola ante un resultado del juego que no quiso tolerar. El niño fue herido en la cabeza y remitido de inmediato al Hospital Simón Bolívar. De acuerdo con el doctor Juan Carlos Solano, jefe de urgencias de la clínica, al menor se le practicó una cirugía. “Su estado es crítico, pero estable”, aseguró el médico. Emilse Quiroga, la madre del pequeño, aún espera con angustia el progreso de su hijo, que se encuentra en cuidados intensivos.
Por su parte, la Policía tiene identificado al sujeto, de acuerdo con el comandante César Augusto Pinzón. En un comienzo algunos medios de comunicación aseguraron que el arma y el auto del sospechoso pertenecían a la Policía. Horas después la misma entidad desmintió esa versión.
Para Máximo Alberto Duque, ex director de Medicina Legal, las lesiones por causa de balas perdidas son intencionales y no accidentales y deberían ser investigadas como tales. De ser juzgado así, éste delito no tendría derecho de excarcelación.